Dos amigos, un destino marcado por la sangre y una búsqueda desesperada. Cuando su amiga de la infancia desaparece sin dejar rastro, Joan y Ralph deberán despertar el poder oculto de sus linajes. Desde las sombras de la Hermandad del AMO hasta los secretos prohibidos de civilizaciones ancestrales, descubrirán que la realidad es solo un velo... y que para rescatar a quien aman, primero deben aceptar quiénes son en realidad.
En el juego del AMO, la lealtad es un mito y la sangre es la única moneda. ¿Estás listo para cruzar el umbral?
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CAPITULO 15 DESESPERACIÓN
Joan siguió su camino. Daba pequeños pasos mientras atendía a cualquier sonido por insignificante que fuera, en eso escucho un llanto ahogado. Siguió el rastro de ese llanto, pero, esta vez serpenteando por el suelo. En medio de uno de esos lagos con líquido viscoso y apestoso vio a Vicky, atada y con cinta aislante en la boca.
Esa posición y el lugar, estaba claro que querían ofrecerla en sacrificio a algún ser más poderoso para obtener su alianza contra los servidores del AMO. Joan se introdujo en el agua viscosa, se fue acercando lentamente. No era muy profundo cuando vio que sus pies tocaban suelo más o menos firme. Se acercó hasta la hoja de nenúfar gigante en la que estaba Vicky.
- Hey, no grites soy Joan. – se identificó tras subir a la hoja, ella al verle sintió una alegría difícil de expresar. Pues temía no volver a ver a ninguno de sus amigos. Él le quitó la cinta adhesiva de su boca.
- Joan, gracias por salvarme. – se le abrazó con gran dulzura. En eso notaron que las viscosas aguas empezaban a moverse como si de un pequeño oleaje se tratara, al tiempo que salían más burbujas que explotaban en la superficie.
- Esto no me gusta, súbete a mi espalda que nos vamos de aquí.
Se metieron de nuevo en el agua, el olor era cada vez más nauseabundo. Del vaho que salían les provocó que sus ojos se enrojecieron y saltasen lágrimas. Llegando a la orilla, salió a la superficie un híbrido entre pez y humanoide, con un cetro hecho de huesos de humanoides y sujetando un ojo anaranjado que emitía unas descargas eléctricas hacia las garras que lo sujetaban.
Los dos lo miraron con cierta preocupación, pues se veían vulnerables para poder escapar. Joan descargó a Vicky para enfrentarse a él, pero ella le tomó del brazo, Joan se volvió a ella con mirada desconcertada.
- Ten cuidado, por favor.
- No tardaré en regresar. – le dijo con una sonrisa afectuosa.
El ambiente se encareció, impregnándose en el aire olor azufre y pólvora. Joan se volvió a introducir en el lago. Vicky lo miraba con tensión y miedo al monstruo, pero más a Joan. Un sentimiento golpeaba a su corazón con fuerza. El híbrido se lanzó sobre Joan con el cetro levantado para golpearle en la cabeza. Joan lo esquivó y logró subirse a su espalda con gran agilidad.
Salieron, en busca de un refugio. Ralph iba apoyándose en Annie. Recorrieron tan deprisa como el malherido Ralph pudo, hasta que llegaron a una cueva. Annie lo tumbó con cuidado. Ralph temblaba, empapado en sudor y sangre, la fiebre empezó a subir con rapidez.
- Ralph aguanta, traeré algo para curarte – le suplicó con tristeza. Salió, pero entre la oscuridad, el ambiente enrarecido y la detección de unos ojos rojos brillantes en las entrañas de la oscuridad, hicieron que regresara desesperada.
Volvió arrodillarse a su lado, colocando su mano en su mejilla, rompió a llorar al verle inconsciente. Sus lágrimas se deslizaban como gotas de aceite caliente por sus mejillas, un sonido estridente interrumpió su llanto, alzó la vista, con terror, vio que los ojos se habían multiplicado, acercado más y los estaban acorralando. Se volteó de nuevo a un inconsciente Ralph que temblaba por la fiebre. Ella, se le acercó a su frente y le besó.
- Cumple con tu cometido, Ralph.
Salió poniendo los brazos en cruz, con firmeza sacó una empoderada fortaleza de su corazón protector. Su último acto sería salvar a Ralph para que pudiera cumplir con su destino de salvar a Sally y poner a salvo a Vicky de los Dracon.
- Atrás, no os permitiré que os lo comáis. Primero tendréis que matarme a mí.
Como misiles en la noche saltaron sobre ella, que cerró los ojos esperando el dolor que la acechaba, su cuerpo temblaba a la espera que sus dientes se le clavaran como agujas en su fina piel. Solo de pensar en el desgarro que le producirían en sus carnes un escalofrío la invadió por su columna vertebral. Pero el empoderado coraje de proteger a Ralph hizo que aceptara su destino.
Sintió que algo la agarraba por la cintura y la hacía volar por los aires, para terminar encima de ese cuerpo como si fuera su tabla de surf, el grito de dolor de Ralph al tiempo que se volteó para ver quien era le rebajó el miedo para concebir en su interior un alivio al pensar que Ralph estaba vivo y a su lado. La veloz bajada por el terraplén terminó en un terreno llano.
Se incorporaron ambos tras recuperarse de la caída. Los dos se miraron a los ojos, Ralph sin previo aviso la abrazó dejándola sin respiración. Durante unos segundos solo escucharon sus corazones martilleando ferozmente en sus pechos.
- No estoy dispuesto a pagar el precio de perderte, por favor deja de hacer cosas peligrosas.
- Ralph. – sollozó Annie derrumbándose por las palabras de él.
- Mira Annie, ¿qué es esa luz que vibra? – le dijo Ralph al ver la luz destellante a unos metros de ellos.
Las puertas de la hacienda se abrieron, para dejar pasar un coche negro todoterreno. Estacionó en la misma puerta y de él bajaron un par de guardaespaldas junto a un hombre con traje. Entraron en la casa. El hombre trajeado no tenía muy buena cara, se colocaba los botones de la chaqueta muy nervioso.
Llamaron a la puerta, pasaron y el hombre trajeado se sentó mientras que sus guardaespaldas se quedaron en la puerta por orden de él. Al momento entró por otra puerta un hombre que se estaba colocando un batín. Tenía el pelo canoso y cortado a lo militar. Su mirada era fría y calculadora.
- Espero que tengas buenas noticias para mí.
- Me gustaría que así fuera, pero me temo que el inútil de tu apadrinado ha dejado escapar a la chica. Está desaparecida.
- ¿Cómo? – sacó su móvil y llamó de inmediato a su apadrinado.
- Hola jefe, ¿qué pasa? – dijo al otro lado del auricular una voz nerviosa.
- ¿Dónde está la chica? Tendría que estar ya lista para llevarla a Yucatán.
- Verás jefe…- su inquietud fue creciendo como sus nervios.
- No hay peros que valgan o me la traes para esta noche o eres hombre muerto.
Colgó y se sentó en su sillón. Tiró de mala gana el móvil y cruzó sus manos acomodándose en el sillón.
- Hay una noticia bastante interesante entre los Dracon.
- ¿De qué se trata?
- Hay dos desertores, uno irlandés y otro japonés. Ambos pertenecen a descendientes importantes tanto en Irlanda como en Japón como servidores del AMO.
- Interesante, ¿de qué linajes estamos hablando?
- De los que si los exterminas te consagras como el puto amo de los Dracon. Los linajes Degoh y Nakashaki. ¿te suenan?
- He oído hablar de ellos, los desertores deben ser sus hijos.
- Exacto. Ambos progenitores murieron en acto de servicio, pero dejaron su legado a sus cachorros y ahora éstos van algo perdidos, puesto que se introdujeron en los Dracon buscando al asesino de sus respectivos padres y han acabado huyendo por patas estando en busca y captura por los Dracon irlandeses y japoneses.
- Buen trabajo. Quiero que los encuentres y me los traigas.
- Así será, pero voy a darte una grata noticia.
- Soy todo oídos – se acercó a la mesa con las manos cruzadas encima de la mesa.
- La chica que buscas va con ellos. Será un placer traerte a los tres en bandeja.
- Hazlo y serás mi socio en la repartición de los tres territorios Dracon.
Ambos se levantaron y sellaron el pacto con un apretón de manos firme junto a una sonrisa complaciente. El hombre trajeado se marchó. Mientras que el hombre de cabello gris canoso en batín se desplomó en el asiento con cierta impotencia pensando en su apadrinado.
La historia te engancha enseguida, espero tenga más éxito.