Elena yacía en el asfalto, envuelta en su propia sangre, preguntándose cómo el amor de su vida, su hermana y su mejor amiga habían terminado convirtiéndose en sus verdugos. Diez años de matrimonio, confidencias y promesas rotas se desvanecían en un segundo de traición absoluta.
Pero la muerte no fue el final.
Un parpadeo, un susurro de deseo no pronunciado, y el tiempo retrocedió. Diez años exactos. El mismo día, la misma decisión fatal que lo cambió todo. Ahora Elena despierta con el sabor metálico del miedo en la boca y un fuego frío en las venas: sabe lo que viene. Sabe quiénes son en realidad.
Esta vez, no será la víctima.
Una mujer traicionada, un plan imposible, y una fortuna que todos quieren.
¿Hasta dónde llegará Elena para evitar que la historia se repita?
¿Y qué precio pagará por jugar con el destino?
HASTA QUE EL DIVORCIO NOS SEPARE
Porque algunas segundas oportunidades no son un regalo… son una guerra.
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El Cebo Perfecto
Los días siguientes transcurrieron con una precisión casi quirúrgica que me proporcionaba una satisfacción profunda y constante, como si cada hora que pasaba me acercara aún más al momento en que todo el castillo de mentiras que Marcos y Sofía habían construido se viniera abajo de forma estrepitosa. Marcos, cegado por su propia euforia, actuaba con una confianza renovada que rozaba lo ridículo; llegaba a casa con excusas cada vez más absurdas, enviaba mensajes presumidos a sus socios sobre grandes cambios inminentes, y gastaba dinero que ya no le pertenecía en regalos para Sofía.
Yo observaba todo desde la distancia recibiendo informaciones diarias del detective; las grabaciones que Evans había conseguido, dejando que su arrogancia creciera como una burbuja a punto de estallar. Cada te amo falso que me decía al pasar, cada mirada de superioridad disfrazada de preocupación, alimentaba mi determinación. No respondía con ira; respondía con un silencio calculado y sonrisas que él interpretaba como rendición.
Evans y yo nos encontrábamos casi a diario, y esas citas ya no se limitaban a oficinas frías o despachos impersonales. Las sesiones de estrategia se extendían hasta la noche en su ático, con vistas a una ciudad que parecía celebrar nuestros avances, o en restaurantes discretos donde la tenue luz favorecía largas conversaciones y roces inevitables.
Una de esas noches, dos días antes de la fiesta de aniversario, llegué a su ático con el informe final del detective: fotos de Marcos firmando cheques dudosos, mensajes en los que presumía ante Sofía que Elena ya cedió todo, y la confirmación de que Carla había estado en contacto esporádico con ellos, cubriendo pistas menores sin sospechar nada mayor. Evans me recibió en la puerta, con la camisa ligeramente desabotonada, dejando entrever el contorno de su pecho entrenado; me sirvió una copa de vino tinto antes de que pudiera quitarme el abrigo.
Nos sentamos en un amplio sofá frente al ventanal, con la ciudad brillando abajo como un mar de luces cómplices, y extendí los documentos sobre la mesa mientras él los revisaba con la concentración absoluta que tanto admiraba. Cuando terminó, dejó los papeles a un lado y se recostó, mirándome con una intensidad que ya no disimulaba, sus ojos grises recorriéndome como si intentara descifrar cada nueva capa que había descubierto en mí desde que comenzamos esta alianza.
—Elena… —dijo al fin, con voz baja y pensativa, girando la copa entre sus dedos— Tengo que decirlo. Has cambiado drásticamente. Hace meses eras la mujer reservada y controlada que rechazaba mis ofertas con una cortesía fría y mantenía todo a distancia. Y ahora… ahora eres esto: decidida, implacable, con una frialdad que corta como un bisturí. Planeas cada movimiento como si hubieras nacido para esto.
Hice una pausa, dando un sorbo al vino para ganar tiempo, sintiendo su mirada fija en mí. No podía contarle la verdad, no podía mencionar la segunda oportunidad que me había transformado desde dentro, pero sus palabras me golpearon con una precisión que me hizo sonreír por dentro.
—¿Y eso te molesta? —pregunté, inclinándome ligeramente hacia él, dejando que mi rodilla rozara la suya.
—Al contrario —respondió, dejando la copa en la mesa y tomando mi mano con una firmeza que envió una corriente cálida por mi brazo—Me fascina. Me gusta este cambio, mucho. La Elena de antes era admirable; inteligente, poderosa, intocable. Pero esta… esta es peligrosa. Y peligrosa de la mejor manera. Me atrae más de lo que las palabras pueden expresar. Es como si hubieras despertado algo que siempre estuvo ahí, dormido, y ahora… ahora eres imparable. Me gusta verte así: vengativa, estratégica, sin piedad para quienes te lastimaron. Me hace querer estar aún más cerca, no solo como aliado, sino como… todo lo demás.
Sus palabras flotaban en el aire, cargadas de una honestidad cruda que aceleró mi pulso. Lo miré directamente, sintiendo que alguien no solo apreciaba mi fuerza actual, sino el camino que me había llevado hasta aquí, aunque él no conociera los detalles oscuros.
—Entonces quédate cerca —respondí, soltando mi mano de la suya solo para posarla en su pecho, sintiendo el latido firme bajo la camisa— Porque esto no termina con la fiesta. Después de que Marcos y Sofía caigan, habrá un después. Y quiero que lo vivamos juntos.
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