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Fuera De La Niebla: "El Despertar De La Difunta"

Fuera De La Niebla: "El Despertar De La Difunta"

Status: En proceso
Genre:Venganza de la protagonista / Traiciones y engaños / Venganza de la Esposa
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Arianna Rose

"¿Qué harías si el hombre que juró amarte te roba la vida, tu fortuna y a tus hijos?"
Valeria Estrada lo tenía todo: una familia hermosa y el control de la corporación más grande del país. Pero su mundo se volvió cenizas cuando su esposo, Adrián Montero, la traicionó de la forma más cruel. No solo le quitó su dinero y la engañó con su mejor amiga, sino que la encerró en un hospital psiquiátrico de alta seguridad, drogándola durante años para borrar su lucidez y hacerle creer que estaba loca.
Para el mundo exterior, Valeria Estrada murió. Para sus hijos, ella es solo un recuerdo borroso reemplazado por una madrastra cruel.
Pero tras cinco años de oscuridad, Valeria logra despertar de la niebla. Con la ayuda de dos aliados que el destino puso en su celda, finge su propia muerte y escapa de su prisión de pesadilla.
Ahora, Valeria ha regresado con un nuevo rostro y una identidad impenetrable
La "difunta" ha despertado... y la verdadera pesadilla para los Montero está a punto de comenzar.

NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El rastro del papel

La biblioteca de la mansión Estrada era un santuario de madera de caoba y olor a papel antiguo. Para Elena, entrar allí fue como atravesar un portal hacia su propia infancia. Adrián la había dejado sola con una pesada caja de llaves y una lista de archivos que "necesitaban organización". Él creía que le estaba dando un trabajo administrativo; no sabía que le estaba entregando el arma de su propia destrucción.

Elena cerró la puerta con doble cerrojo. Sus dedos temblaban ligeramente mientras recorría los lomos de los libros de contabilidad de hace diez años. Adrián, en su arrogancia, pensó que el tiempo había borrado el rastro de sus crímenes, o quizás confiaba en que nadie tendría la agudeza mental para entender el complejo entramado que él mismo había tejido.

Pero ella no era "nadie". Ella era la mujer que había diseñado la estructura original de esa fortuna.

Tras horas de búsqueda meticulosa, Elena se detuvo frente a un estante oculto tras una colección de leyes mercantiles. Allí, al fondo, encontró una carpeta de cuero desgastado que no figuraba en el inventario oficial de Adrián. Al abrirla, el corazón le dio un vuelco.

Eran los contratos de transferencia originales.

—Aquí estás —susurró, con la voz quebrada.

Allí estaban las pruebas que durante años le habían faltado: documentos con firmas falsificadas donde se simulaba que ella, Valeria Estrada, cedía sus acciones a una empresa fantasma llamada Velasco Group días antes de su supuesta "muerte". Lo que Adrián no sabía era que el notario que certificó aquello era un hombre que ya estaba muerto, y las fechas no coincidían con los registros de entrada y salida de la clínica donde él la había recluido.

Pero el hallazgo más letal fue una carta manuscrita, oculta entre dos hojas de balance. Era una confesión de intenciones dirigida a un antiguo socio, donde Adrián detallaba cómo planeaba "limpiar el camino" para quedarse con la totalidad del patrimonio Estrada.

Elena sintió una mezcla de náusea y triunfo. Por años, había dudado de su propia cordura, preguntándose si había pasado por alto algún detalle legal. Ahora, la verdad estaba en sus manos, fría y contundente. Adrián no solo le había robado su dinero y su nombre; había planeado su anulación civil con la precisión de un cirujano.

De repente, el recuerdo de Sebastián Vogel cruzó su mente. Pensó en lo que él le había dicho durante el almuerzo: "Adrián es un hombre débil, y los hombres débiles son los más peligrosos cuando se sienten acorralados". Sebastián tenía razón. Estos papeles eran su seguro de vida, pero también su sentencia de muerte si Adrián llegaba a descubrir que ella los tenía.

Elena sacó su teléfono y, con manos rápidas, fotografió cada página del expediente. No podía llevarse los originales aún; Adrián notaría su ausencia. Tenía que devolverlos al polvo, como si nadie los hubiera tocado.

Justo cuando terminaba de colocar la carpeta en su lugar, escuchó pasos en el pasillo. Guardó el teléfono en su bolsillo y se sentó frente al escritorio, fingiendo que analizaba un árbol genealógico familiar.

La puerta se abrió y Adrián entró, observándola con esa mirada que mezclaba deseo y propiedad.

—¿Cómo va el progreso, Elena? —preguntó él, apoyando las manos en el escritorio, inclinándose hacia ella.

—Es un trabajo fascinante, señor Montero —respondió ella, forzando una sonrisa tranquila que ocultaba el fuego de su odio—. La historia de los Estrada es mucho más compleja de lo que imaginaba. Hay documentos que cuentan historias muy... reveladoras.

Adrián soltó una pequeña risa, ignorando el doble sentido en sus palabras.

—Me alegra que te guste. Siempre supe que tenías el ojo entrenado para los detalles.

Él le puso una mano sobre el hombro, y Elena tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no estremecerse. En su mente, solo podía pensar en la imagen de Sebastián: su voz educada, su mirada sensible y la forma en que él la trataba con una dignidad que Adrián jamás entendería.

—¿Sabes? —dijo Adrián, bajando la voz—. A veces me pregunto qué habría pasado si te hubiera conocido hace años. Tienes una elegancia que me recuerda a la dueña original de esta casa, pero con una chispa que ella nunca tuvo.

Elena sintió un escalofrío. El cinismo de Adrián no tenía límites.

—El pasado es inalterable, señor. Lo único que importa es lo que construimos ahora.

—Tienes razón —concluyó él, apretando suavemente su hombro antes de salir—. Sigue con tu trabajo. Me gusta saber que estás aquí, rodeada de mi historia.

Cuando la puerta se cerró, Elena se quedó en silencio, mirando sus manos. Tenía las pruebas. Tenía el acceso. Y ahora, tenía un aliado inesperado en Sebastián Vogel, aunque él todavía no supiera la magnitud de lo que ella estaba a punto de desatar.

La red se estaba cerrando, y por primera vez, Valeria sentía que el peso de la justicia estaba de su lado.

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Elvia Ramona Barreto
uuuf! Cuanta tención, me pone los pelos de punta este suspenso
yanetsi izarra: 🥰👏🏻👏🏻👏🏻
total 1 replies
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