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Cautiva

Cautiva

Status: Terminada
Genre:Elección equivocada / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Amar es lindo, que te ame y elija vez tras vez la misma persona que amas, es inexplicable. Pero lamentablemente, en este mundo, hay demasiadas personas rotas, demasiadas personas tratando de curar sus heridas, demasiadas personas sin saber reconocer cuando son amadas y cuando solamente son un paso en la vida. Y muchas personas olvidan lo más importante, para amar a otros sin lastimar, primero debemos amarnos nosotros mismos

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 17 La noche no protege a nadie

El bosque dejó de ser un refugio.

Ahora era un laberinto sin salida.

Ana Laura sentía cada sonido amplificado: las ramas moviéndose, el viento entre los árboles, su propia respiración descontrolada. Todo parecía delatar su posición.

Jared se mantenía unos pasos delante, guiándola entre la maleza con una precisión casi instintiva. No corría. Ya no podían correr sin hacer ruido. Ahora todo era control, silencio y cálculo.

Pero Ana sentía que su cuerpo ya no respondía igual.

El miedo empezaba a pesar más que las piernas.

—No puedo más… —susurró, casi sin voz.

Jared se detuvo de inmediato.

Se giró.

—Sí puedes.

Ana lo miró con rabia agotada.

—No entiendes… no soy como tú.

Él no discutió.

Solo la observó.

Y luego habló más bajo.

—Respira conmigo.

Ana frunció el ceño.

—¿Qué?

—Respira.

Silencio.

—Uno… dos… tres…

Jared inhaló lentamente.

Ana dudó.

Pero lo imitó.

El aire entró tembloroso en sus pulmones.

Salió igual.

Una vez.

Dos veces.

El mundo no dejó de ser peligroso.

Pero el pánico bajó un poco.

Solo un poco.

—Bien —dijo Jared.

Ana lo miró.

—Esto no cambia nada.

—No.

—Nos siguen.

—Sí.

—Y no sabemos hacia dónde vamos.

Jared bajó la mirada.

—Sí.

Ana soltó una risa breve, sin humor.

—Perfecto.

El sarcasmo no escondía el terror.

Detrás de ellos, una linterna cortó la oscuridad.

Luego otra.

Voces.

Más claras ahora.

—¡Se movieron hacia el oeste!

—¡No deben salir del perímetro!

Ana sintió un escalofrío.

—¿Perímetro? —susurró.

Jared tensó la mandíbula.

—Esto ya no es un grupo improvisado.

—¿Entonces qué es?

Él no respondió de inmediato.

Siguieron avanzando.

Hasta que finalmente habló.

—Es coordinación.

Ana sintió un vacío en el estómago.

—¿Militares?

—No.

Pausa.

—Peor.

Ana lo miró.

—¿Peor que militares?

Jared no contestó.

Y ese silencio fue la respuesta más clara.

El terreno comenzó a descender.

Un pequeño barranco natural.

Jared bajó primero, ayudándola a seguirlo.

Ana resbaló, pero él la sostuvo del brazo.

El contacto fue breve.

Firme.

Necesario.

Pero Ana lo notó.

Y eso la confundió más de lo que quería admitir.

—¿Por qué sigues ayudándome? —preguntó de pronto.

Jared se detuvo.

La miró.

—Porque no tengo otra opción.

Ana lo sostuvo con la mirada.

—Siempre tienes otra opción.

Silencio.

Jared apartó la vista.

—No esta vez.

La respuesta no fue clara.

Pero sí honesta.

De repente, un sonido seco resonó arriba.

Un disparo.

Ana se congeló.

—¡¿Qué fue eso?!

Jared la empujó hacia el suelo sin dudar.

—¡Baja!

Otro disparo.

Luego otro.

Las ramas explotaron en pequeños fragmentos.

Ana sintió el corazón en la garganta.

—¡Nos están disparando!

Jared se movía rápido.

—No apuntan a matar todavía.

—¿Cómo sabes eso?!

—Porque no han bajado el ritmo.

Ana lo miró incrédula.

—¿Eso debería tranquilizarme?

—No.

Pausa.

—Debería motivarte a correr.

Y corrieron otra vez.

El bosque se volvió más denso.

Más oscuro.

Más hostil.

Ana sentía que cada paso era un esfuerzo extremo.

Pero Jared no se detenía.

Finalmente, llegaron a una zona donde el terreno se abría ligeramente.

Un claro.

Ana se detuvo, respirando con dificultad.

—No puedo…

Jared la miró.

Y por primera vez su voz fue más dura.

—Ana, escúchame.

Ella levantó la vista.

—Si te detienes aquí, te encuentran.

Silencio.

—Y si te encuentran…

No terminó la frase.

No hizo falta.

Ana tragó saliva.

—¿Y tú?

Jared la miró.

—Yo también.

El aire se volvió más pesado.

Ana sintió algo extraño.

No era solo miedo.

Era algo más.

Una mezcla de rabia, confusión… y una mínima, mínima confianza que no quería admitir.

—¿Por qué te importa tanto que sobreviva? —preguntó ella.

Jared se quedó inmóvil.

El silencio fue largo.

Demasiado largo.

—Porque tú no pediste nada de esto —dijo finalmente.

Ana lo observó.

—Eso no responde.

Jared la miró directamente.

Y por un segundo su expresión cambió.

Ya no era el estratega.

Ni el hombre frío.

Era alguien más cansado.

Más humano.

—Porque si te pasa algo… todo esto no tiene sentido.

Ana sintió un nudo en la garganta.

Pero no respondió.

No podía.

Las luces aparecieron de nuevo.

Esta vez desde ambos lados.

Ana se giró.

Y lo entendió.

Los estaban cerrando.

—Jared…

Él ya lo había visto.

—Nos empujaron aquí.

Ana sintió un escalofrío.

—¿A una trampa?

Jared asintió.

—Sí.

Silencio.

Ana retrocedió un paso.

—Entonces estamos perdidos.

Jared negó.

—No todavía.

Se acercó a ella.

—Escúchame.

Ana dudó.

Pero lo miró.

—Hay un punto ciego en el perímetro.

—¿Dónde?

Jared señaló hacia el norte.

—Allí.

Ana siguió su mirada.

Oscuridad.

Solo árboles.

—No lo veo.

—Por eso es un punto ciego.

Silencio.

—Si corremos ahora…

—¿Qué?

Jared la miró.

—Solo uno puede cruzar sin ser visto.

Ana sintió que el estómago se le encogía.

—No.

—Ana…

—No voy a dejarte atrás.

Jared la observó en silencio.

Y por primera vez no respondió de inmediato.

Las luces se acercaban.

Más cerca.

Más cerca.

—No hay tiempo —dijo él.

Ana negó con fuerza.

—No.

Jared dio un paso hacia ella.

—Tienes que confiar en mí.

Ana lo miró con rabia.

—Eso es lo único que no puedo hacer.

Silencio.

Jared apretó los labios.

Y entonces hizo algo inesperado.

Se acercó más.

Demasiado cerca.

Ana se tensó.

—¿Qué haces?

Jared bajó la voz.

—Si no sales ahora… no vas a salir nunca.

Ana lo miró.

Y por primera vez lo vio claramente.

No estaba intentando salvarse a sí mismo.

Solo a ella.

Y eso la desarmó un segundo.

Solo un segundo.

—No te estoy dejando —susurró Jared.

Ana sintió un nudo en el pecho.

—Entonces ven conmigo.

Jared negó.

—No puedo.

Silencio.

Ana sintió que el mundo se rompía un poco más.

—¿Por qué?

Jared la miró.

Y su respuesta fue apenas un susurro.

—Porque ellos me están buscando a mí también.

Ana sintió un escalofrío profundo.

—¿Quién eres tú realmente, Jared?

El silencio cayó como una sentencia.

Las luces se acercaban.

El bosque se cerraba.

Y en medio de todo eso, Jared tomó una decisión.

Una decisión que cambiaría todo lo que Ana creía saber de él.

Y de la verdad.

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Primi Mendez
pero no tiene sentido que diga que no podrá escaparse de su pasado si ella es lo que esta buscando. y lo que se busca siempre se encuentra /Bye-Bye/
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