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Mi exesposa de pueblo es una heredera millonaria

Mi exesposa de pueblo es una heredera millonaria

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Juego de roles / Amante arrepentido
Popularitas:116
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Para Alejandro Montenegro, su esposa no era más que una chica de pueblo. Nunca imaginó todo lo que ella había dejado atrás por amor.
Durante tres años, ella ocultó su identidad y lo dio todo por él. El día de su cumpleaños, recibió su recompensa: un acuerdo de divorcio. Alejandro quería casarse con la mujer que nunca había olvidado.
Ella se marchó sin aceptar un solo peso.
Pero aquella esposa a la que todos despreciaban era Valeria Duarte, heredera de una de las familias más poderosas del país.
Lejos de los Montenegro, Valeria recupera su nombre, su fortuna y una vida en la que ya no necesita pedir permiso. Mientras sus talentos y secretos salen a la luz, quienes antes la humillaban descubren que se metieron con la mujer equivocada.
Ahora Alejandro quiere recuperarla.
Pero Valeria ya aprendió a vivir sin él. Y esta vez, será él quien tenga que soportar el rechazo.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16

Mi ex era la más hermosa

—Mira quién está con ella. ¿No es Mateo Duarte, el director del Grupo Duarte?

Héctor alzó una ceja, divertido.

—Creía que nunca pisaba estos lugares. ¿Esta noche decidió bajar de su altar?

No era raro que los dos lo confundieran.

Los cuatro hermanos de Valeria eran cuatrillizos. Y Mateo y Nicolás se parecían tanto que, a primera vista, alguien que no los conociera bien podía tomarlos por la misma persona.

—Me está dando envidia —continuó Héctor—. Una mujer así debería estar conmigo. ¿Qué va a hacer con Mateo? ¿Sentarse en la cama, agarrarse de la mano y rezar?

Abajo, Valeria le sonreía a su acompañante con dulzura.

Alejandro sintió que le faltaba el aire.

Antes, aquella sonrisa había sido solo para él.

Lo peor era que las acusaciones de internet no parecían afectarla. Hasta tenía ganas de salir a divertirse.

Él, en cambio, había pasado el día arreglando problemas y pensando cómo explicárselo todo.

—Podría conquistarla esta misma noche —dijo Héctor, cada vez más interesado—. Que esté con Mateo no me importa. Aunque haya portero, igual puedo meter un gol.

—Ni se te ocurra. Es mi esposa.

Héctor abrió los ojos.

Alejandro corrigió, con la garganta ardiéndole:

—Mi exesposa.

—¡¿Qué?! ¡¿Ella es la esposa aburrida y sin gracia de la que me hablabas?! ¿Estás ciego, eres idiota o las dos cosas? ¡Es espectacular! Le da cien vueltas a Emilia.

Alejandro le lanzó una mirada helada.

Héctor levantó las manos.

—Solo digo lo que veo. Cuando quise conocerla, me dijiste que no valía la pena. Pensé que sería horrible. Y resulta que… ¡Oye! ¿Adónde vas?

Alejandro ya había salido.

* * *

Valeria llevaba varias copas y tenía las mejillas encendidas.

—¿Estás bien? —preguntó Nicolás.

—¡Otra ronda! ¡Y trae los dados!

Solía aguantar bien el alcohol, pero aquella noche bebía con demasiada tristeza acumulada.

El teléfono de Nicolás sonó. Era su superior y podía tratarse de un asunto importante.

—Espérame aquí. Voy a contestar y vuelvo enseguida.

Valeria le hizo un gesto solemne.

—Tienes mi permiso.

En cuanto desapareció su protección, varios hombres comenzaron a acercarse.

Valeria los miró con desgana, como si estuviera escogiendo a quién dejar llegar.

Ese era demasiado bajo. Aquel, demasiado delgado. Otro tenía la nariz demasiado plana. Otro, los ojos demasiado pequeños.

Ninguno era tan atractivo como su exmarido.

Qué desperdicio de rostro. Por fuera era perfecto. Por dentro, no había sabido valorar nada de lo que ella le entregó.

Entonces se fijó en la mesa de al lado.

Varios jóvenes animaban a un hombre que obligaba a una muchacha a seguir bebiendo.

El hombre era Bruno Rivas, el hermano de Emilia.

Y Valeria vio algo más.

Uno de sus amigos vertió a escondidas una sustancia en una copa y se la pasó a Bruno.

La rabia la hizo levantarse de golpe.

Caminó hacia ellos.

—¡Vaya! ¡Qué belleza! —exclamó uno.

Bruno la miró y perdió todo interés en la muchacha que tenía junto a él.

—Parece que se están divirtiendo. ¿Puedo jugar? —preguntó Valeria.

El alcohol le daba a su mirada un brillo seductor.

Bruno se humedeció los labios.

—Lo que quieras, preciosa.

Valeria tomó la copa que habían adulterado.

—Muy fácil. Bébete esto.

La mesa quedó en silencio.

Bruno endureció el rostro.

Todos sabían lo que llevaba la copa. No iba a beberla.

—¿No quieres? Entonces te ayudo.

Valeria le arrojó todo el contenido a la cara.

Los demás se quedaron atónitos. La muchacha soltó un grito y se apartó.

Bruno se limpió el rostro con rabia.

—¡Maldita! ¡¿Sabes quién soy?!

—Me da igual. De tu boca solo sale mierda. Obligas a una chica a beber y encima intentas drogarla. Ni un perro haría eso.

Valeria se acomodó el cabello sin perder la calma.

Bruno ardía de furia.

Si no hubiera tanta gente alrededor, le habría dado una bofetada.

Llegaron dos guardaespaldas de los Rivas.

Bruno les ordenó que sacaran a Valeria.

No solo quería golpearla. También quería aprovecharse de ella en una cama.

Los dos hombres se lanzaron sobre ella.

Aunque estaba bebida, sus reflejos seguían intactos. Se apartó con rapidez y ambos pasaron de largo.

Valeria bostezó.

—Demasiado lentos.

—¡Agárrenla! —gritó Bruno, todavía secándose la cara.

Uno de los guardaespaldas volvió a acercarse y estiró la mano hacia su hombro.

Antes de que la tocara, Alejandro se interpuso.

Le sujetó el brazo, lo giró y lo arrojó al suelo.

El hombre, de más de un metro ochenta, cayó en un instante.

—Buen movimiento…

Valeria soltó un hipo y se inclinó hacia atrás.

Alejandro la sostuvo por la cintura. Su respiración le rozó la mejilla.

Qué caliente. Qué cerca.

—¿Quién eres? No me toques…

Ella intentó apartarse.

—Clara. Abre los ojos y mírame.

La voz le resultaba demasiado conocida.

Fría, grave, capaz de acelerar el corazón.

Valeria alzó la vista poco a poco y encontró los ojos de Alejandro.

Él la observó con más atención.

Labios rojos, una sensualidad que antes no había mostrado… Solo aquella mirada clara, todavía inocente, le permitía reconocer a la mujer con la que se había casado.

—¿Ahora que Mateo te protege vas por ahí buscando peleas?

Valeria arrugó la nariz, desafiante.

—Sí. ¿Y qué? Veo a alguien de los Rivas y me dan ganas de pegarle. ¿Te molesta? No me importa.

Alejandro le apretó un poco la cintura, como si quisiera castigarla.

—Me duele… Suéltame…

Valeria se removió entre sus brazos. Después del esfuerzo y del enfado, el alcohol le estaba pegando más fuerte.

Su voz se había vuelto suave.

La mirada de Alejandro se oscureció.

—¡¿Cuñado?! —exclamó Bruno.

Alejandro lo miró con frialdad.

—¿Qué significa esto, señor Rivas? Y todavía no estoy casado con Emilia. No me llame cuñado.

Bruno se quedó sin respuesta.

Valeria sintió asco al oír el nombre de Emilia en aquella voz.

Durante tres años, Alejandro siempre la había llamado por su nombre completo. Nunca le había dedicado ni un apodo cariñoso.

El recuerdo le dolió.

Se soltó de sus brazos con todas sus fuerzas. Prefería tambalearse sola a dejar que él la tocara.

—Discúlpese con ella —ordenó Alejandro.

Hablaba con Bruno, pero seguía mirando a Valeria. Estaba demasiado borracha para mantenerse firme.

—¡Ella vino como loca, me tiró la bebida en la cara y me insultó! ¡La que tiene que disculparse es ella!

—Cuide cómo habla.

Alejandro endureció la mirada.

—Es mi exesposa.

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