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Ya No Te Espero

Ya No Te Espero

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Reencuentro / Amor de la infancia
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

EL MEJOR AMIGO DE MI HERMANO Si el cliché Ella lo amó toda su vida. Él tardó tres años en notar su ausencia. Desde niña, estuvo enamorada del mejor amigo de su hermano. Él siempre formó parte de su vida: conocía a su familia, tenía un lugar en su casa y sabía perfectamente que ella suspiraba por él. Y cuando le prometió que recibiría el mejor regalo de su vida al cumplir dieciocho años, ella creyó que, por fin, sus sentimientos serían correspondidos. Pero aquella noche, durante su propia fiesta de cumpleaños, descubrió que había esperado por el hombre equivocado. Él estaba con otra chica. Una chica que la había humillado durante años y que se aseguró de que ella los encontrara juntos. Esa noche, la niña que soñaba con ser elegida por él se marchó con el corazón destrozado. Tres años después, regresó. Ya no era la adolescente que se sonrojaba cada vez que él la miraba. Ahora era una joven atrevida, segura de sí misma y dispuesta a disfrutar de todo aquello a lo que había renunciado por amor. Seguía siendo dulce, pero había aprendido a no esperar nada de quien nunca supo valorarla. Para ella, él era parte del pasado. Para él, ella seguía siendo la hermanita de su mejor amigo… hasta que comenzó a notar las miradas que otros hombres le dedicaban, las sonrisas que ya no eran para él y la facilidad con la que ella podía marcharse sin siquiera despedirse. Y entonces apareció el problema. El mejor amigo de su hermano estaba empezando a desear a la única mujer que jamás había pensado que podría perder. Pero ¿qué sucede cuando el hombre que te rompió el corazón finalmente quiere conquistarte… y tú ya no estás segura de querer entregárselo otra vez?

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La vida que nunca me permití vivir

Isabella

La universidad no se parecía en nada a lo que había imaginado.

Era más grande, más ruidosa y estaba llena de personas que caminaban de un lado a otro como si tuvieran el mundo entero esperándolas.

Y, por primera vez en mucho tiempo, yo quería ser una de ellas.

Auqnue el llorón de Mateo me siguió escusandose de ayudarme con las maletas en un pequeño viaje

—¿Estás segura de que no vas a llorar cuando me vaya? —preguntó Mateo, dejando mi última maleta junto a la cama.

Lo miré con una ceja levantada.

—¿Quieres que llore para que te sientas importante?

—Un poco de respeto. Soy tu hermano mayor.

—Por cinco años, no por cincuenta.

Mateo soltó una carcajada y me revolvió el cabello. Después se quedó mirándome con una seriedad que me hizo suspirar.

—Isa, si necesitas algo, me llamas. Lo que sea. ¿Entendido?

Sonreí suavemente.

—Lo sé, Mati.

No le dije que una parte de mí estaba aterrada.

Tampoco le dije que, durante años, había imaginado mi futuro de una manera completamente diferente. En aquella fantasía, Nicolás siempre estaba presente. A veces como mi novio, otras como mi primer beso, pero siempre ocupando un lugar que yo daba por hecho que algún día sería suyo.

Ahora estaba a cientos de kilómetros de él.

Y, aunque dolía, también sentía algo parecido a la libertad.

Mateo me abrazó antes de marcharse.

—Estoy orgulloso de ti, pequeña.

Cuando la puerta se cerró, me senté en la cama y contemplé la habitación que compartiría con una desconocida.

Después respiré profundamente.

—Muy bien, Isabella. Es hora de dejar de ser una idiota.

Hice una pausa.

—Una idiota enamorada, al menos.

Y por primera vez en meses, me reí de mí misma sin terminar llorando.

Mi compañera de habitación se llamaba Camila.

Tenía el cabello corto, una colección de esmaltes de colores y una facilidad extraordinaria para hablar con desconocidos.

En menos de veinte minutos ya sabía de dónde venía, qué carrera estudiaba y que yo tenía una tendencia preocupante a ordenar mis libros por tamaño.

—Necesitas salir más —declaró, observándome mientras acomodaba mi escritorio.

—Acabo de llegar.

—Precisamente. Es el momento perfecto para comenzar a ser una persona interesante.

Me giré hacia ella.

—¿Estás diciendo que no soy interesante?

—Estoy diciendo que pareces una chica que pide permiso antes de respirar.

Abrí la boca, indignada.

Camila se echó a reír.

Y yo terminé riéndome con ella.

Estudiaba Diseño de Interiores, una carrera que había elegido porque desde pequeña me encantaba transformar espacios. Podía pasar horas dibujando habitaciones, combinando colores y buscando formas de convertir un lugar común en algo especial.

Era una de las pocas cosas que nunca había tenido relación con Nicolás.

Mis dibujos eran míos.

Mis sueños eran míos.

Y quería que mi futuro también lo fuera.

La primera semana fue agotadora. Me perdí dos veces buscando un aula, llegué tarde a una clase y casi derramé café sobre los apuntes de un chico que parecía demasiado guapo para estar tan concentrado en sus fórmulas.

—¿Siempre caminas mirando hacia otro lado? —me preguntó mientras recogíamos las hojas.

—Solo cuando intento sobrevivir a la universidad.

Él sonrió.

—Soy Gabriel.

—Isabella.

—¿Puedo invitarte un café para compensar el intento de asesinato académico?

Lo miré unos segundos.

Antes, probablemente habría rechazado la invitación por miedo a que alguien confundiera mi amabilidad con interés. Durante años había evitado situaciones como aquella porque, en el fondo, seguía reservando una parte de mí para un hombre que jamás me había pedido que lo hiciera.

Pero Nicolás no estaba allí.

Y yo no le debía explicaciones.

—Está bien —respondí—. Pero el café lo eliges tú. Si sabe horrible, será tu culpa.

Gabriel volvió a reírse.

Y acepté aquella invitación sin sentir que estaba traicionando un amor que ni siquiera había sido mío.

Los primeros meses no fueron mágicos.

Hubo días en los que extrañé a mi familia hasta querer regresar a casa. No siempre entendía los trabajos de la carrera y algunas noches me preguntaba si realmente sería capaz de construir una vida lejos de todo lo que conocía.

También hubo momentos en los que pensé en Nicolás.

Cuando escuchaba una canción que solíamos cantar durante los viajes familiares.

Cuando veía una camiseta del equipo de fútbol que él seguía.

O cuando mi teléfono vibraba y, por una fracción de segundo, esperaba encontrar su nombre en la pantalla.

Nunca ocurrió.

Al principio me dolió.

Después me acostumbré.

Y un día comprendí que llevaba semanas sin revisar sus redes sociales.

Aquello me pareció tan insignificante que ni siquiera se lo conté a Camila.

Sin embargo, fue el comienzo de algo importante.

Empecé a salir con mis compañeros, a conocer lugares nuevos y a aceptar invitaciones sin analizar cada posible consecuencia. Descubrí que me gustaba bailar, aunque no tuviera el ritmo de una persona especialmente talentosa, y que podía conversar durante horas con alguien sin preguntarme si Nicolás habría aprobado a ese chico.

También aprendí a decir que no.

A expresar mis opiniones.

A dejar de disculparme por ocupar espacio.

Y, sobre todo, a entender que ser dulce no significaba estar disponible para todo el mundo.

Gabriel y yo nos hicimos amigos. Algunas veces coqueteábamos, otras discutíamos por tonterías y, en ocasiones, me invitaba a salir con sus amigos.

No me enamoré de él.

Pero tampoco descarté la posibilidad de conocer a alguien algún día.

Por primera vez, esa idea no me parecía una traición a mis sentimientos.

Era simplemente una posibilidad.

Al cumplir diecinueve años, celebré mi cumpleaños en una pequeña cafetería con mis nuevos amigos.

Hubo una torta improvisada, fotografías horribles y un regalo de Camila que consistía en una camiseta con la frase «No necesito un hombre, necesito dormir ocho horas».

Me reí tanto que terminé llorando.

Esa noche, cuando regresé a la residencia, encontré una notificación antigua entre mis recuerdos del teléfono.

Era una fotografía de hacía dos años.

Yo aparecía junto a Nicolás, sonriendo como si no existiera nadie más en el mundo.

Me quedé mirándola.

No sentí odio.

Tampoco aquel dolor insoportable que me había acompañado durante meses.

Sentí ternura por la chica de la fotografía.

Por la niña que había amado con todo su corazón sin saber que también debía cuidarse a sí misma.

—Espero que estés bien, Isa —murmuré, imitando las palabras que me habría gustado escuchar de él.

Después guardé el teléfono.

Ya no necesitaba imaginar conversaciones que nunca tendríamos.

Al comenzar mi tercer año de carrera, Isabella Varela era una persona bastante diferente de aquella chica que había abandonado su casa con el corazón roto.

Seguía llamando a su madre casi todos los domingos. Continuaba enviándole a Mateo fotografías de sus trabajos y pidiéndole consejos cuando tenía algún problema.

Pero ahora también tenía sus propios planes, sus propias amistades y una vida que no dependía de nadie más.

Una tarde, mientras salía de la facultad con Camila, esta me observó con una sonrisa sospechosa.

—¿Sabes qué es lo mejor de ti ahora?

—¿Mi extraordinaria capacidad para elegir ropa?

—Tu ego está creciendo demasiado.

—Estoy trabajando en ello.

Camila negó con la cabeza, divertida.

—Antes hablabas de un tal Nicolás como si fuera el protagonista de todas tus historias. Ahora casi nunca lo mencionas.

Bajé la mirada hacia mis apuntes.

—Porque ya no tengo nada que contar sobre él.

—¿Y si vuelve?

La pregunta me tomó desprevenida.

Durante un instante, imaginé a Nicolás frente a mí, con aquella sonrisa despreocupada y la misma voz que había escuchado desde que era pequeña.

Mi corazón todavía recordaba cosas que mi cabeza había decidido dejar atrás.

Pero ya no era aquella niña de dieciocho años.

—Si vuelve —respondí finalmente—, tendrá que conocerme otra vez.

Camila sonrió.

—Eso me gusta.

Yo también sonreí.

No sabía que, muy lejos de allí, Nicolás seguía convencido de que algún día podría hablar conmigo y arreglar las cosas.

No sabía que todavía guardaba mi número.

Ni que, de vez en cuando, preguntaba por mí a Mateo, recibiendo siempre respuestas cortas y distantes.

Y mucho menos imaginaba que nuestros caminos volverían a cruzarse antes de lo que esperaba.

Porque yo había necesitado tres años para aprender a vivir sin él.

Y Nicolás estaba a punto de descubrir que el tiempo no siempre devuelve las cosas a su lugar.

A veces, simplemente, las cambia para siempre.

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Miriam Colín
Espero que pronto se armé de valor y le pida perdón a Isabella, para que los dos puedan cerrar ese capítulo y sigan adelante con sus vidas sin ninguna cuenta pendiente.
Miriam Colín
Por fin te diste cuenta de lo que perdiste Nicolás y eso era un amor sincero.
Miriam Colín
Hay Nicoĺás pensaste que Isabella siempre iba a estar enamorada de ti y que no importa lo que hicieras ella siempre iba a estar ahí.
Paola Gonzalez
ME ENCANTA!!💙💙
Miriam Colín
Amo a Gabriel , es un gran chico y ama a Isabella sinceramento y no le pidé que deje de ser ella para que alguien la amé.
Miriam Colín
Nicolás por fin se dio cuenta de que Isabella ya lo superó y que ya no tiene ninguna oportunidad.
Miriam Colín
Así es Isa solo mira pa' delante y daté una oportunidad de ser feliz y amar a alguien que te eligé.
Miriam Colín
A mi me gustaría que se de una oportunidad con Gabriel y Nicolás se quedé chiflando en la loma.
Miriam Colín
Lastima Margarito porque Isa va concentrar su tiempo y amor en Gabriel.
Nerida Navas
Es muy interesante la historia, agradecida por ser una de las personas interesadas en este proyecto... aunque no me percaté que, es una novela en proceso... espero no olvidarme pues, tengo esa peculiaridad... já já já já...y, que la concluyan rápido 🙏💐🌹... felicitaciones de antemano, parece una excelente historia 🙏💐🌹
Miriam Colín
Nicolás ahora sabes lo que significa ser ignorado y pudrete maldito cucaracho.
Miriam Colín
Nicolás ahora te toca a ti ser el que esté detrás de ella como un perro faldero.
Miriam Colín
Ahora será Nicolas quién sentira lo que es que alguien te ignoré, sufre maldito cucaracho imbécil.
Miriam Colín
Es un maldito desgraciado, humillarla de esa manera en su casa y lo peor faltarle el respeto a la familia que lo recibio como un hijo.Es una basura de hombre😡.
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