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Mi exmarido no sabía que tuve a sus gemelos

Mi exmarido no sabía que tuve a sus gemelos

Status: Terminada
Genre:CEO / Madre soltera / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:323
Nilai: 5
nombre de autor: StudioVM

Hace cuatro años, Isabella firmó los papeles del divorcio, empacó su vida en una sola maleta y se marchó de la casa de los Valença sin decirle a Leonardo lo único que habría cambiado todo.

Ahora tiene dos hijos, una carrera que levantó desde cero y la costumbre de no esperar nada de nadie.

Hasta que un proyecto de trabajo la obliga a cruzarse otra vez con su exmarido. Él sigue siendo el heredero que lo controla todo, y ella, la única que sabe lo que él ignora.

Entre juntas, reglas inquebrantables y niños que ven más de lo que deberían, Isabella tendrá que decidir si una segunda oportunidad es una trampa o la primera elección que de verdad hace por sí misma.

NovelToon tiene autorización de StudioVM para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿DÓNDE ESTABAS?

Leonardo tardó unos segundos en responder.

Theo no apartó los ojos.

—No sabía que existían.

La voz de Leonardo salió baja. Sin excusas. Sin explicaciones largas.

—¿Por qué? —preguntó Theo.

Leonardo me miró. Esta vez hablé yo.

—Porque yo no se lo conté.

Luna frunció el ceño.

—Otra vez eso.

—Sí.

Theo seguía mirando a Leonardo.

—Entonces no nos dejaste.

—No.

Leonardo respondió rápido.

—Me fui de tu mamá antes de saber que ustedes venían en camino.

Se me encogió el corazón. La honestidad dolió. Pero era necesaria.

—¿Por qué? —preguntó Luna.

Los niños de verdad no tenían misericordia.

Leonardo respiró hondo.

—Porque cometí un error.

Luna ladeó la cabeza.

—¿Grande?

Él me miró.

—Muy grande.

Theo lo absorbió en silencio.

—¿Y ahora?

—¿Ahora qué?

—¿Te vas a quedar?

La pregunta detuvo la sala. Leonardo se inclinó un poco hacia adelante.

—Si ustedes me dejan, quiero formar parte de su vida.

—¿Todos los días?

—No sé si todos los días.

—¿Por qué?

—Porque su mamá y yo tenemos que organizar algunas cosas.

Theo me miró.

—Otra vez los adultos complicando todo.

Leonardo soltó una risa baja.

—Parece que sí.

Luna ya parecía satisfecha. Theo, no.

—¿Te gusta el futbol? —preguntó Leonardo.

Theo se encogió de hombros.

—Más o menos.

—¿Los carritos?

—No mucho.

—¿Los dinosaurios?

—Sí.

—Por fin acerté una.

Theo casi sonrió.

Casi.

Luna se señaló a sí misma.

—A mí me gustan los unicornios.

—Lo voy a recordar.

—Y la fresa.

—Eso ya lo sé.

Abrió los ojos de par en par.

—¿Cómo?

Leonardo me miró.

—Tu mamá me lo contó.

Luna sonrió.

—Habla de mí.

—Mucho.

—¿Y de Theo?

—También.

Theo fingió que no le importaba. Yo lo vi.

Los siguientes veinte minutos fueron extraños. Y normales. Luna habló por todos. Contó de la escuela. De la maestra. Del conejo sin oreja. De una compañera que se había cortado el pelo sola. Theo corregía detalles. Leonardo escuchaba. No fingía. Escuchaba de verdad. Hacía preguntas. Guardaba las respuestas.

En algún momento, Luna se subió a su regazo sin pedir permiso.

Leonardo se congeló. Literalmente.

Casi me río. Me miró como si necesitara instrucciones.

—Ella hace eso —dije.

—¿Con todo el mundo?

—Con quien le cae bien.

Su expresión cambió.

Luna no lo notó. Siguió hablando. Leonardo pasó el brazo alrededor de ella con cuidado, como si sostuviera algo demasiado valioso.

Se me apretó el pecho. Era exactamente el tipo de escena que había imaginado cuando estaba embarazada. Solo que con cuatro años de retraso.

Theo observaba. Luego se levantó.

—Voy por una cosa.

Salió.

Leonardo me miró.

—No le caigo bien.

—Acaba de descubrir que existes.

—Luna también.

—Son distintos.

—Lo sé.

—No lo presiones.

—No lo haré.

La respuesta fue inmediata.

Theo volvió cargando una caja y la puso sobre la mesa.

—¿Qué es eso? —preguntó Leonardo.

—Fotos.

El corazón se me detuvo.

—Theo.

Me miró.

—¿Qué?

—Nada.

Quizá debí impedirlo. No lo impedí.

Theo la abrió. Fotos impresas. El primer cumpleaños. La playa. La Navidad. El hospital. Los primeros pasos. Luna sin un diente. Theo cubierto de pintura. Cuatro años.

Leonardo tomó la primera. Se quedó mirándola.

—¿Cuándo fue esta?

—Un año —respondió Theo.

Leonardo tomó otra.

—¿Y esta?

—Dos.

Otra.

—Tres.

Guardó silencio. Las manos no le temblaban. Pero los ojos cambiaron. Yo conocía a Leonardo. Sabía cuándo estaba luchando contra algo.

—Puedes quedarte con una —dijo Luna.

Levantó la vista.

—¿Puedo?

—Puedes.

—¿Cuál?

Ella empezó a buscar.

—Esta.

Era una foto de los dos sentados en el piso, cubiertos de pastel. Segundo cumpleaños. Leonardo la sostuvo.

—Gracias.

La voz le falló. Theo lo notó. Yo también.

—¿Estás triste? —preguntó Luna.

Leonardo miró la foto.

—Un poco.

—¿Por qué?

Respiró hondo.

—Porque me habría gustado ver esto mientras pasaba.

Silencio.

Theo lo miró. Por primera vez, la desconfianza disminuyó. Solo un poco.

—Mamá tiene videos.

Se me detuvo el corazón.

Leonardo me miró fijamente.

—¿Tiene?

—Algunos.

—Muchos —corrigió Luna.

—Miles —añadió Theo.

Traidores.

Leonardo casi sonrió.

—Quizá algún día pueda verlos.

Lo miré. No lo exigió. Lo preguntó.

—Quizá.

Asintió.

Una hora después, Leonardo se levantó.

—Tengo que irme.

Luna hizo un puchero.

—¿Ya?

—Tengo una junta.

—¿Siempre trabajas?

Casi me atraganto. Leonardo me miró.

—Menos que antes.

—¿Mañana vuelves?

Silencio. No respondió sin mirarme antes. Lo aprecié.

—Lo organizamos —dije.

Luna aceptó.

Theo acompañó a Leonardo hasta la puerta. Antes de que saliera, lo llamó:

—Leonardo.

Él se volvió.

—¿Sí?

Theo tardó.

—¿Te vas a ir otra vez?

El aire se volvió pesado. Leonardo se agachó hasta quedar a su altura.

—Hoy me voy porque tengo que trabajar.

Theo siguió serio.

—No fue eso lo que pregunté.

Se me apretó el pecho.

Leonardo entendió.

—No.

La respuesta llegó firme.

—No voy a desaparecer de su vida.

Theo le sostuvo la mirada.

—¿Lo prometes?

Leonardo no dudó.

—Lo prometo.

Cerré los ojos un instante.

Porque las promesas eran fáciles. Y yo sabía exactamente el daño que hacían cuando alguien no las cumplía.

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