Micaela es una joven humilde y llena de sueños que gana una beca para estudiar Literatura en una de las universidades más importantes del país.
Allí conoce a Nicolás, el director: un hombre atractivo, poderoso y verdadero dueño de la universidad.
Todos conocen su fama: relaciones ocultas con alumnas y un corazón que nunca se queda con nadie.
Pero cuando Micaela llega, algo empieza a cambiar.
Ella no quiere dinero ni poder, solo estudiar y salir adelante.
Aun así, el amor aparece cuando menos se espera, incluso donde no debería existir.
#Contiene: #RomanceProhibido #DirectorYAlumna #DiferenciaDeEdad
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capitulo 2: Malú
Después del momento que pasó la profesora Sonia con el apuesto director, llegó al salón donde debía iniciar su clase.
—Buenos días, estudiantes. Saquen su libro de “Crítica y Análisis de la Narrativa Moderna”, del autor Héctor Luján —dijo Sonia, aunque en su mente aún revivía lo que acababa de pasar con el director De la Vega.
Kenta, quien tenía una pequeña rivalidad con la profesora, no tardó en lanzar una indirecta. Sabía que algo pasaba entre ella y el director, y le molestaba que él nunca le prestara atención.
—Vaya, profesora, se demoró bastante, ¿no cree? —comentó Kenta.
—Digamos que el tiempo me rinde bastante bien, no como a usted, al parecer —contestó Sonia, con un gesto que mostraba que entendía lo que Kenta insinuaba.
Kenta se quedó en silencio, claramente molesta, mientras la profesora seguía la clase sin fijarse en la nueva estudiante. Desde su asiento, Micaela notó la rivalidad que había entre ellas, aunque no entendía bien por qué.
—MÁS TARDE…—
Tras cuatro largas horas de clase, llegó el recreo. A los estudiantes les daban una hora para comer o descansar. Micaela, en cambio, se quedó en una banca del patio de la universidad, abrió su libro y empezó a leer. No tenía hambre; lo único que deseaba ahora era seguir aprendiendo para asegurarse de no perder su beca.
A unos metros, Kenta y su grupo de amigas no le quitaban la vista de encima. Al verla tan concentrada, se miraron entre ellas y sonrieron con malicia, como si hubieran encontrado una nueva forma de divertirse.
—Ay, pero miren a la becada, toda concentradita —dijo Kenta con burla—. A ver, déjame ver qué lees.
Se acercó a Micaela y, de un tirón, le arrebató el libro, provocando las risas de sus amigas.
—Devuélveme el libro, por favor —pidió Micaela, nerviosa.
—Ay, la becada está leyendo historias de amor —se rió Kenta con sus amigas, sin prestarle atención a lo que le decía Micaela.
Pero antes de que siguiera molestándola, Malú una chica también de clase alta se interpuso. No tenía nada que ver con ellas, pero estaba cansada de ver cómo Kenta y su grupo humillaban a los demás.
—Déjala en paz, Kenta —advirtió Malú y le arrebató el libro de las manos.
—Oh, pero si es Malú. ¿También vienes a defender becadas ahora? —comentó Kenta con burla.
Malú se acercó lo suficiente para que solo ella la escuchara:
—Mejor déjala en paz. No querrás meterte en problemas, ya sabes que mi padre tiene buena relación con el director. Si se entera, podrías ser expulsada.
Kenta no dijo nada, solo tragó saliva con rabia y se dio la vuelta. Sus amigas la siguieron, refunfuñando, mientras Micaela respiraba aliviada.
—Gracias —agradeció Micaela, sonriendo tímidamente
—No hace falta que me agradezcas. Esas arpías siempre buscan a quién molestar. Por cierto, soy Malú Rodríguez —le dijo con confianza, como si la conociera de toda la vida.
—Te agradezco de nuevo por intervenir y un placer conocerte, soy Micaela Chávez. —respondió ella, todavía un poco tímida.
—Mmm, ¿eres nueva, verdad? —preguntó Malú.
Micaela asintió.
—Bien, entonces te mostraré la universidad. Aunque te aviso, hay gente horrible, como esas arpías —dijo Malú, soltando una pequeña risa.
Micaela sonrió apenas y aceptó sin dudar, sintiendo que Malú era diferente a las otras chicas que la habían molestado antes.
Minutos después
Malú le enseñó algunos lugares de la universidad, sin recorrer demasiado porque el campus era gigante. Se detuvieron en un césped amplio y cuidado, justo a tiempo antes de volver a clase.
—Cuéntame, Mica, ¿qué estudias aquí? —preguntó Malú.
—Estudio literatura —contestó Micaela—. La lectura y la escritura siempre han sido mi pasión; disfruto aprender de cada historia que leo.
Contarlo con Malú la hacía sentir cómoda, algo que hasta ahora solo compartía con Sisi.
—Vaya, interesante —dijo Malú sonriendo—. Estudio diseño gráfico y no me concentro mucho en los libros. Pero tú pareces muy inteligente; seguro que lo harás muy bien. Solo ten cuidado con Kenta, aunque conmigo cerca no tendrás problemas. Y hay otro que debes tener presente: el director De la Vega.—Quiso comentarle sobre él, pues sabía cómo era: se relacionaba con algunas alumnas, aunque nunca le había pasado a ella; sabía que era un hecho que no se debía ignorar.
—¿Qué pasa con él? —preguntó Micaela, curiosa.
Pero antes de que Malú pudiera responder, el timbre anunció que era hora de regresar a clases.
—Te veo mañana. Ya somos amigas, ¿vale? —le dijo Malú, dando unos pasos hacia atrás.
Oficina De la Vega
Berenice, la asistente administrativa y la misma señora que había recibido a Micaela al llegar a la universidad, entró con cautela a la oficina del director. Aunque nunca lo dijera en voz alta, le temía por su carácter tan severo.
—Señor director, quería informarle que la estudiante que obtuvo la beca empezó clases hoy.
—Bien. Espero que mantenga su promedio; fui muy generoso al entregar estas becas —contestó el director.
El director había otorgado veinte becas a estudiantes de escuelas públicas, no por altruismo, sino para mejorar su imagen y aparentar generosidad.
—Sí, señor. Estoy segura de que la chica hará todo lo posible por mantener su beca.—se atrevió a comentar Berenice.
El director no dijo nada; lo único que esperaba era que la chica hiciera valer la beca, pues, según su criterio, no podía permitir que su gesto se malgastara con alguien sin metas.
Poco después de que Berenice se marchara, Fabián, siempre alegre y amigo cercano, entró sin tocar. Solo el director le dejaba gastar bromas, pese a su estricta personalidad.
—Hola, mi querido director, ¿cómo amaneció su genio hoy? —bromeó Fabián, como siempre hacía.
—Estoy ocupado, Fabián —aseguró el director, mientras revisaba los documentos con sus gafas puestas—. ¿Qué necesita?
—Tranquilo, mi querido director. Este sábado lo invito a un par de copas para distraernos un poco. ¿Qué le parece? —le propuso Fabián con su típica tranquilidad.
—Fabián, Fabián, ¿vienes a mi oficina solo a decirme eso? La respuesta es no, no tengo tiempo para salir. Soy el director, realmente el dueño de esta universidad, y tengo mucho trabajo por hacer —contestó el director, dejando patente que no podía ni deseaba salir.
—Cógela suave, mi querido director. Será otro día —dijo Fabián con exagerada resignación, y antes de irse por completo añadió: —¡Amargado! —cerrando la puerta antes de que su amigo pudiera responderle.
Kenta moon ( antagonista)
Malú amiga de Micaela
sisi amiga de Micaela
Sonia ( antagonista)