Melanie conoció a Brandon. Un hombre brillante, intenso, imposible de ignorar, se enamoró de él sin medir consecuencias. Él la miraba, la deseaba, la tenía… pero nunca la eligió. le daba un amor a cuotas largas
Porque hay amores que no se olvidan.
Y secretos que tarde o temprano tocan la puerta.
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capitulo 6
Melanie
Lo vi apenas puso un pie adentro
Estaba en la barra con Pamela y Stephanie, matándonos de la risa con una anécdota de la universidad, cuando la puerta del reservado se abrió y él apareció con su séquito habitual. Traje oscuro impecable, camisa blanca sin una sola arruga y esa cara de querer estar en cualquier otro lugar del planeta que llevaba puesta como una armadura.
Y yo, que me había prometido a mí misma no volver a darle bola, me le quedé mirando como una estúpida
— Allí está tu obsesión Mel
soltó Stephanie, siguiendo la dirección de mis ojos
— No es ninguna obsesión
— Por favor, Melanie. Llevas toda la noche volteando a la puerta cada vez que entra alguien. Te tiene mal
Le di un trago largo a mi copa para no admitir lo evidente. Tenía razón. Llevaba cuatro días enteros con ese tipo metido entre Ceja y Ceja. Cuatro días repasando el baile, las cuatro palabras contadas que cruzamos, la cara de incrédulo que puso cuando le dije Feote. Me daba rabia conmigo misma, qué carajos tenía un hombre tan rígido para no podérmelo sacar de la cabeza?
Y ahí estaba otra vez. A pocos metros de mí. Acomodándose en el sillón de cuero de siempre, pidiendo su infaltable vaso de agua, con esa postura de superioridad que me daba ganas de moverle el piso a la fuerza.
— Voy a ir a saludar
— Mel, no te regalés
me frenó Pamela
— solo es un saludo
Pamela me atajó del brazo
— Otra vez, ya se te olvidó cómo te cortó la última vez?
— No me olvidé. Por eso mismo voy. Para que vea que a mí no me intimida nadie
Me solté de su agarre con una sonrisa de lado y me encaminé al reservado. Esta vez no fui con la curiosidad de la primera noche. Fui más filosa. Con el orgullo tocado. Porque una cosa era jugar y otra muy distinta que un tipo se diera el lujo de ignorarme después de haber pagado diez mil dólares por su atención
Llegué a la mesa. Su amigo me recibió con una sonrisa cómplice y Lin me midió con curiosidad nuevamente, ya no me estaba callendo bien esa mujer. Brandon, por su parte, mantuvo la misma cara de mármol
— Buenas noches, Brandon
dije, ignorando olímpicamente a los otros dos
— Buenas noches
— Otra vez agua?
señalé su vaso con la barbilla
— Nunca te relajas un poco?
— No me gusta tomar cuando al otro día trabajo
— Y tampoco te gusta bailar, ni sonreír, ni cruzar tres palabras seguidas, o la fobia es solo conmigo?
Vi de reojo a su amigo que tuvo que taparse la boca para no soltar la carcajada. Lin no pestañeaba. Él no movió un solo músculo de la cara
— No es nada personal, Melanie
— Ah, claro. Es que eres así de aburrido de nacimiento
Le estiré la mano. Directa. Sin rodeos
— Vas a bailar o te vas a quedar ahí empotrado?
— No
— No?
— No
Me quedé ahí parada, con la mano estirada en el aire y la sangre hirviéndome por dentro. No era el primer rechazo del mundo, pero viniendo de él me dolió el doble. Me estaba cerrando la puerta en la cara sin siquiera mirarme a los ojos.
— Feo y arrogante
solté, forzando la sonrisa más ácida que me salió
— Eso es lo que eres. Un hombre Feo y arrogante
— Me estás faltando al respeto?
— Te estoy describiendo. Hay una diferencia enorme
Giré sobre mis talones antes de darle el gusto de verme descompuesta. Caminé hacia la barra con la espalda recta y la barbilla en alto, aunque por dentro me quemaba la bronca. Pamela y Stephanie me esperaban con cara de, te lo dijimos
— Ves lo que te decimos?
suspiró Stephanie
— Cállate, no me digas nada
— Nena, olvídalo. Ese tipo es un amargado, no vale la pena
— Ya lo sé, ya no voy a insistir mas
Pero era mentira. No podía olvidarlo. Mientras bailaba con ellas, mientras me terminaba la copa, mientras trataba de seguirles el ritmo, la cabeza se me iba directo a su mesa. En su frialdad. En la soltura con la que me soltó ese No seco, como si yo fuera transparente
Era un capricho absurdo, lo sabía. Pero cuando a mí se me mete algo en la cabeza, no paro
Bailé con mis amigas. Bailé un rato con un chico que se me acercó a hablar y que era simpatiquísimo, pero al que no le presté ni la más mínima atención. Bailé hasta que los tacones me empezaron a molestar. Y en todo ese tiempo, él no se movió del reservado. Con su agua, su cara de nada y su distancia calculada
Hasta que lo vi ponerse de pie
Se despidió de los amigos con un gesto rápido y caminó hacia la salida. Pasó a escasos metros de la barra y ni siquiera volteó. Nada. Pasó de largo como si yo fuera parte de la decoración del lugar
Y ahí se me terminó de saltar mi locura
— Ya vuelvo
les dije a las chicas
— A dónde vas, Melanie?
— A tomar aire, he tomado mucho
Tome su bolso y salí del club en caliente. El frío de la calle me pegó en la cara y me espabiló un poco. Pero él estaba ahí mismo, en la vereda, esperando su auto de espaldas y con las manos metidas en los bolsillos del pantalón
Apreté el paso hacia él
— Tan temprano te vas?
Se giró de golpe. Por una fracción de segundo vi un destello de sorpresa en su mirada, algo que no era su típica indiferencia, pero lo tapó de inmediato
— Tengo que trabajar temprano mañana
contestó seco
— Y eso qué, los tipos serios tampoco tienen vida nocturna?
— Algo así
Me le planté a un metro. Lo miré fijo, de frente. Se me habían acabado las ganas de sonreír o de hacerme la chistosa
— Sabes qué es lo que me revienta?
solté en voz baja, sin despegar la vista de sus ojos
— No es que no quieras bailar. Es que me tratas como si fuera invisible. Como si no valiera la pena ni que me mires bien
— No es eso, Melanie
— oh recuerda mi nombre, Entonces dime qué carajos es?
Se quedó en silencio. Con esa expresión de no saber qué responder. Y la poca paciencia que me quedaba se terminó de romper
— Eres un cobarde
le dije, y esta vez no hubo tono burlesco
— Un cobarde con traje caro y cara de amargado
Me di la vuelta furiosa y me encaminé hacia la esquina. La calle estaba desierta, no se veía ni un solo taxi a la redonda y la zona a esa hora era bastante fea. Pero me daba igual. Solo quería salir de su rango de visión
En eso escuché el motor de un auto frenando junto al frente de el. Volteé de reojo, era el suyo. El el club se bajó y le entrego las llaves
Y ahí, sin pensarlo dos veces y llevada por el impulso puro, me di la vuelta, caminé a paso firme hacia el auto, abrí la puerta del copiloto y me acomodé adentro de un tirón
— Qué haces?
alcanzó a decir él desde afuera, mirando la escena con los ojos desorbitados
— Te dije que no me gusta que me ignoren
contesté desde el asiento de cuero, acomodándome la chaqueta
— Ahora me llevarás a mi casa, por ser un grosero conmigo