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El Caos En Mi Refugio

El Caos En Mi Refugio

Status: En proceso
Genre:Escuela / Romance
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Lola vive bajo una regla de oro: su espacio personal es sagrado. Es inteligente, retraída y encuentra paz en el silencio. Su único error fue dejar entrar en ese refugio a Mateo, su mejor amigo, un torbellino de imprudencia que solo entiende de tácticas de fútbol y de cómo hacerla reír cuando más lo necesita.

Pero el equilibrio se rompe cuando el "Rey del Campo" se convierte en el objetivo de la chica más popular, y un rival inesperado decide que la brillante timidez de Lola es el trofeo que realmente quiere ganar

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Capítulo 13: El Radar del Capitán

​El vestidor del equipo de fútbol olía a una mezcla densa de césped húmedo, pomada para los músculos y sudor acumulado. El murmullo de las risas y las palmadas en la espalda resonaba contra los casilleros de metal, pero Mateo estaba sordo a todo lo que no fuera la pantalla de su teléfono.

​Sentado en el banco de madera, con las cintas de sus tacos aún desatadas, sus ojos clavados en la aplicación. Era una foto rápida en las historias de Andrés: una mesa de madera oscura, dos tazas de té echando humo y, al fondo, el perfil de Lola, ligeramente desenfocado, sonriendo mientras sostenía un libro. La descripción era una sola frase corta, pulcra, impecable: “Tardes de café y buena poesía.”

​Mateo sintió un golpe seco en el estómago, parecido al impacto de un balón a bocajarro en pleno esternón.

​Su mente empezó a formular imágenes a una velocidad destructiva. Imaginó a Andrés usando sus palabras elegantes, inclinándose sobre la mesa con esa postura perfecta, explicando metáforas raras que a Lola le encantaban. Se imaginó a Lola mirándolo con esa fascinación silenciosa, esa misma mirada que él intentaba ganarse cada día a base de tropiezos y esfuerzo. Un sentimiento amargo, caliente y sofocante le subió por la garganta.

​—¡García! ¡Al campo en dos minutos! —gritó el entrenador desde la puerta, haciendo sonar el silbato.

​Mateo guardó el teléfono de un golpe en el bolsillo de su maleta y se puso de pie bruscamente, tirando su botella de agua contra el suelo.

​El entrenamiento de esa tarde fue un desastre absoluto. Mateo no estaba en la cancha; su cuerpo corría por inercia, pero su mente seguía atrapada en esa mesa del Café de los Versos. En los ejercicios de pase, llegó tarde a tres balones divididos. En la jugada táctica, desobedeció la indicación del entrenador y se lanzó en solitario contra la defensa, perdiendo la pelota de manera ridícula.

​—¡Concéntrate, Mateo! —le gritó el entrenador desde la banda—. ¡Parece que estás pensando en las musarañas!

​Pero el colmo llegó durante la tanda de penaltis. Mateo era el tirador oficial del equipo, el tipo que nunca fallaba bajo presión. Colocó el balón en el punto de cal. Dio tres pasos hacia atrás. Respiró profundo, pero en lugar de visualizar la red, vio la foto de Andrés. Vio la sonrisa de Lola.

​Corrió hacia el balón con una rabia torpe y pateó con toda la fuerza de su pierna derecha. El balón salió volando tres metros por encima del travesaño, perdiéndose en los árboles detrás de la portería.

​El silbato del entrenador retumbó con furia.

​—¡Otra vez! ¡Acomoda otro balón!

​El segundo intento fue peor: buscando asegurar la esquina, le pegó tan mal con el interior del pie que el balón rodó sin fuerza hacia las manos del portero, quien ni siquiera tuvo que lanzarse. Para el tercer penalti, la frustración le nublaba la vista. Mateo le pegó con la punta del taco; el balón impactó de lleno en el poste izquierdo con un sonido metálico y seco que resonó en todo el campo desierto.

​—¡Suficiente! —gritó el entrenador, arrojando la libreta al césped—. ¡A las duchas todos! ¡Mateo, si vas a jugar así el viernes, te quedas en la banca!

​El equipo se retiró en silencio. Nadie se atrevió a bromear con el capitán. Mateo se quedó tirado sobre el césped artificial, mirando hacia el cielo gris de la tarde, sintiendo que los muslos le quemaban y que el pecho le iba a estallar. Se sentía profundamente insuficiente. Por primera vez, su fuerza física, su velocidad y su liderazgo en el campo no le servían de nada. No podía competir contra los versos de un tipo que no necesitaba sudar para llamar la atención de Lola.

​Quince minutos después, los vestidores ya estaban vacíos. Mateo salió solo, cargando la maleta sobre el hombro, con el cabello aún mojado tras la ducha y la cara ensombrecida por la derrota.

​En las gradas vacías, apoyada contra la barandilla de metal, lo esperaba Patricia.

​Llevaba una chaqueta de cuero negra y los labios pintados de un rojo impecable. Al verlo acercarse con el paso pesado, bajó lentamente de los escalones y se colocó en medio de su camino.

​—Se notó desde la calle que tuviste un día terrible —dijo Patricia con un tono suave, casi compasivo.

​Mateo no tenía ganas de hablar. Intentó esquivarla por la derecha.

​—No estoy de humor, Patricia. Por favor.

​—Vi la historia de Andrés —soltó ella de golpe, con una voz calmada pero precisa.

​Mateo se congeló. No se giró, pero su espalda se puso rígida.

​Patricia dio dos pasos hacia él, colocándose a su lado. Dejó que su mirada recorriera el rostro cansado de Mateo, leyendo la vulnerabilidad que él intentaba esconder tras esa postura de tipo duro.

​—No tienes por qué fingir conmigo, Mateo —continuó ella, bajando el tono hasta convertirlo en un murmullo confidencial—. Sé perfectamente cómo te sientes. Es frustrante ver cómo te esfuerzas por ella, cómo cambias tu forma de ser, solo para que ella corra al lado de alguien que pertenece a su "mismo nivel".

​—Tú no sabes nada sobre Lola y yo —masculló Mateo, apretando la correa de su maleta hasta que las costuras crujieron.

​—Sé más de lo que crees —respondió Patricia, dando un paso más para invadir su espacio de forma calculada. Estiró la mano y, con una suavidad ensayada, le acomodó el cuello de la sudadera que le había quedado doblado—. Sé que eres el tipo más leal de esta escuela. Sé que lo das todo por la gente que te importa. Y me da rabia ver cómo te arrastras por alguien que no sabe valorar lo que tiene enfrente.

​Mateo sintió el contacto de los dedos de Patricia en su cuello. Su mente, debilitada por el cansancio del entrenamiento y el dolor de los celos, dudó por un segundo. La tentación de dejar que alguien lo consolara, de escuchar que él no tenía la culpa, se sintió como una trampa dolorosamente atractiva.

​—Lola no es así... —murmuró él, aunque su voz carecía de la convicción habitual.

​—¿Ah, no? —sonrió Patricia con amargura, inclinando la cabeza—. Mientras tú fallabas penaltis pensando en ella, ella estaba en un café elegante riéndose de las bromas de Andrés. Despierta, Mateo. Andrés le ofrece el mundo que ella siempre ha querido. Tú solo le ofreces ruido.

​Las palabras de Patricia cayeron como gotas de ácido sobre la herida abierta en el orgullo de Mateo. Se quedó inmóvil, mirando al suelo, absorbiendo el veneno sutil que ella le suministraba con la excusa de protegerlo.

​Patricia vio la duda en sus ojos y decidió dar el golpe final. Se acercó un centímetro más, apoyando una mano sobre su pecho, justo encima del corazón que no dejaba de latir a mil por hora.

​—No tienes que estar solo en esto —susurró Patricia, mirándolo fijamente a los ojos—. Hay personas que sí sabemos lo que vales, Mateo. Que no te pediríamos que cambiaras ni que leas libros aburridos para ganar nuestro atención. Si me dejaras... yo podría hacer que te olvidaras de todo este lío.

​Mateo sintió el calor de la mano de Patricia sobre su pecho. Por un instante, la fragancia de su perfume costoso eclipsó el olor a césped y lluvia. Su mente confundida le gritó que aceptara, que se dejara llevar, que se vengara del dolor amargo que sentía.

​Pero entonces, en medio de la neblina de su rabia, el teléfono en su bolsillo vibró. Un patrón corto. Una sola vibración.

​Mateo reaccionó como si le hubieran dado una descarga eléctrica. Dio un paso hacia atrás, rompiendo el contacto con la mano de Patricia, que se quedó flotando en el aire.

​—No, Patricia —dijo Mateo, con la voz ronca pero recuperando la firmeza en la mirada—. No hagas esto.

​—Mateo, no seas tonto... —empezó ella, con la sorpresa dibujada en el rostro.

​—Me voy a casa —la interrumpió él, dándole la espalda sin contemplaciones.

​Sacó el teléfono del bolsillo mientras caminaba a paso rápido hacia la salida del complejo deportivo. Dejó a Patricia sola en la penumbra de las gradas, mordiéndose el labio de pura rabia contenida.

​Mateo miró la pantalla iluminada. El mensaje de Lola acababa de entrar:

​"Todo bien. Estaba fuera. Mañana asegúrate de llevar tus pensamientos doloridos a la escuela, que tienes que devolverme un libro."

​Mateo se detuvo bajo la luz amarilla del poste del estacionamiento. El aire frío de la noche le llenó los pulmones. La opresión en su pecho no desapareció del todo, pero el veneno de Patricia comenzó a perder su efecto.

​Lola no estaba presumiendo a Andrés. Lola lo estaba citando a él para el día siguiente. Lola seguía esperando que él fuera a buscarla.

​Con las manos temblorosas por la mezcla de adrenalina y alivio, Mateo empezó a teclear una respuesta torpe, sabiendo que, aunque fallara tres penaltis y no entendiera una sola palabra de poesía, no estaba dispuesto a entregar su lugar sin dar el último aliento en la cancha.

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Carolina A²V
ese es mi Mateo lento pero seguro 😊🥰
Carolina A²V
estoy de acuerdo con Andrés mueve ese lindo trasero y pídele a Lola que vaya contigo al baile de graduación 😜
Carolina A²V
era no es el centro de su mente 🤔
Carolina A²V
te va a reventar tu linda carita opps 🫣🫢
celimar
me encanta 💯💯
Fernanda
cada capitulo es un aprendizaje para lola tiene que crecer más en ellos me encanta esta historia 💯💯
Betty Saavedra Alvarado
Hay personas en la vida que le gusta hacer daño no dejar a que sean felices meten cizaña para que una relación no prospere
Carolina A²V
nunca hubo hay ni abra lástima entre ustedes así que ya deja esos fantasmas que solo te atormentan y sobre todo no escuches a la venenosa de patricia que sólo tiene envidia de ti
Carolina A²V
tu apoyo de siempre Lola
Carolina A²V
todo lo contrario a lo que Lola esperaba 🤔😉
Carolina A²V
ayyy Lola y tus inseguridades 😟
Betty Saavedra Alvarado
Esa Patricia ves una bruja
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Celina Espinoza
firme lola no le agas caso
Celina Espinoza
que lindo capitulo 👍👍
Fernanda
patricia solo quiere hopacarte no le des el gusto
Fernanda
lola no caigas
Carolina A²V
Lo estás desarmando Lola, lo harás caer en un abismo de incertidumbres ese del cual salió anoche ya hoy vuelve a el
Carolina A²V
pregunta le a la bruja de patricia
Carolina A²V
ayyy‼️ no Lola 🤦🏻‍♀️
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