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BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Amor eterno / Mujer poderosa
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

En el reino de Aethelgard, el príncipe Aelion es un guerrero élfico invicto, de alma pura y de magia indomable. Pero cuando una traición lo expone a un afrodisíaco, su cordura se desmorona en las profundidades del bosque. Allí se cruza con Mia, una mestiza de ardientes ojos ámbar que, para salvarlo del fuego que lo consume, accede a entregarse a él.
En medio del calor de la pasión, Aelion descubre lo impensable: ¡ELLA ES SU ALMA GEMELA!
Sin embargo, cuando Mia acepta su dinero por desesperación para salvar la vida de su tío enfermo, el orgullo del príncipe se rompe al creer que la mujer de su vida no tiene honor. Obligados a reencontrarse bajo la mirada de la realeza y aplastados por malentendidos, celos e impulsos incontrolables, ambos descubrirán que la peor cicatriz no es la que se lleva en la piel... sino la que se queda grabada en el alma.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 15 CONFIDENCIAS Y LA HISTORIA DE ELIZABETH

Mia

El eco del veredicto del Archimago Vaelin aún resonaba en mis oídos mientras me abría paso por el intrincado laberinto de pasillos y escaleras de caracol que conducían a la Torre Este de los Iniciados. Aún sentía el cosquilleo en la palma de mi mano, el calor residual de esa vegetación salvaje que había brotado con una fuerza desmedida frente a los ojos incrédulos del tribunal.

Caminaba con la llave de latón comprimida contra mis nudillos, buscando el número de habitación asignado: el trescientos cuatro. Los pasillos de la torre eran cálidos, iluminados por antorchas de fuego azul que no emitían humo y protegidos por arcos de piedra gótica que susurraban cánticos arcanos al paso de los estudiantes.

Al llegar a la puerta de roble oscuro con el número grabado en bronce, tomé un aire profundo. Estaba agotada. El viaje, la tensión de la prueba y la constante marea de miradas sospechosas me habían dejado sin aliento. Giré la llave en la cerradura y empujé la madera pesada.

La puerta se abrió, e inmediatamente fui recibida por una ráfaga de aire caliente cargado con el aroma dulce de la canela, la ceniza y el sándalo.

—¡Espero que no seas una de esas elfas estiradas que se quejan por el humo! —resonó una voz femenina, clara, firme y llena de una chispa peligrosa.

Al pie de una de las dos camas de dosel de la habitación, una joven de mi edad se giró para mirarme. Tenía una cabellera rizada de un rojo cobrizo tan vibrante que parecía una llamarada viva cayéndole por la espalda.

Sus ojos eran de un verde esmeralda deslumbrante, y su piel clara estaba salpicada por pequeñas pecas en el puente de la nariz. Vestía pantalones de cuero ajustados y una blusa sin mangas que dejaba al descubierto sus brazos, donde finas cicatrices en forma de espiral testimoniaban el manejo del fuego.

Se quedó paralizada un segundo al verme, y luego una sonrisa amplia y franca se dibujó en sus labios.

—¡Por los dioses! —exclamó, dejando caer sobre el colchón el mazo de cartas de tarot arcano que estaba ordenando—. Tú eres la chica del anfiteatro. La que hizo pedazos el pedestal de cuarzo con una maldita selva luminosa.

—Sí... soy yo —admití con timidez, dejando mi bolso de lona en el suelo cerca de la puerta—. Me llamo Mia.

—Serena —se presentó, cruzando la estancia con pasos rápidos y decididos para estrechar mi mano con fuerza. Su contacto era sorpresivamente cálido, como si llevara un pequeño brasero bajo la piel—. Bruja de la Casa de Ignis, del sur del continente. Y tu nueva compañera de cuarto, para mi suerte. Pensé que me asignarían a alguna noble estirada del Reino Élfico que se pasaría el día criticando mis hábitos o quejándose de mis canalizaciones de fuego.

La franqueza de Serena me arrancó una sonrisa espontánea, la primera en muchos días.

—No te preocupes por eso. Yo estoy muy lejos de ser una noble —dije, quitándome la capa oscura y colocándola sobre el respaldo de la cama vacía.

Serena me observó atentamente mentre acomodaba mis pocas pertenencias. Su mirada no era despectiva ni altanera como la de los estudiantes de la entrada; era la mirada inquisitiva de una practicante de la brujería antigua, de alguien que leía los secretos del aire. De pronto, la bruja pelirroja frunció el ceño levemente y dio dos pasos hacia mí, entrecerrando los ojos verdes.

—Es increíble... —murmuró Serena, rodeándome despacio con los brazos cruzados.

—¿Qué ocurre? —pregunté, sintiéndome repentinamente cohibida.

—Tu aura, Mia —dijo Serena, bajando la voz a un tono de fascinación genuina—. Las brujas del fuego nacemos con el instinto de leer la energía térmica y la resonancia mágica de los demás. La mayoría de los magos aquí tienen un pulso constante, como una corriente de agua o una vela encendida. Pero tú... a tu alrededor el aire vibra. Es como si llevaras un volcán colosal dormido justo debajo de la piel, cubierto por una capa fina de nieve. Lo que hiciste hoy en el pedestal fue solo un estornudo de esa cosa enorme que llevas dentro.

Un escalofrío me recorrió la nuca. Escuchar a alguien verbalizar de esa forma el temor que siempre había sentido por mi propia energía me hizo apretar el amuleto de mi madre sobre mi pecho.

—Tengo miedo de no poder controlarlo —confesé en un susurro, mirando mis manos—. En mi hogar no había nadie que me enseñara. Para mí, la magia siempre fue un peligro o una anomalía.

—Bueno, para eso estás aquí, ¿no? —sonrió Serena, dándome una palmadita afectuosa en el hombro, rompiendo la tensión del momento—. Y no te preocupes. Si ese poder tuyo intenta salirse de control y quemar la torre, yo me encargaré de consumir el exceso con mis llamas. Nos vamos a llevar de maravilla, Mia de las Comarcas.

La noche cayó rápidamente sobre las cumbres de la academia. La barrera mágica que cubría la cúpula comenzó a reflejar las constelaciones de la bóveda celeste, tiñendo la habitación de un tono azul profundo y sereno.

Tras una cena ligera en el gran comedor —donde Serena se encargó de espantar con miradas asesinas y pequeñas chispas en los dedos a varios estudiantes de cursos superiores que intentaban acercarse a cotillear sobre mi prueba—, nos retiramos a nuestros aposentos.

Con las túnicas de dormir puestas y el fuego de la chimenea proyectando sombras doradas sobre las paredes de piedra, Serena y yo nos acomodamos en la alfombra de pieles frente al hogar, compartiendo una tetera de infusiones aromáticas.

La complicidad entre ambas había surgido de manera fluida, como si nos conociéramos de toda la vida. Serena me contó sobre su clan en los volcanes del sur, sobre la disciplina férrea de las brujas de fuego y cómo había tenido que luchar contra la desaprobación de sus mayores para ingresar a la academia.

—Mi familia es muy tradicional —decía Serena, haciendo bailar una pequeña llama con la forma de un ave en la punta de su índice—. Querían que me quedara en el aquelarre jurando lealtad a las matronas. Pero yo quería más. Quería entender el mundo, viajar, ser dueña de mi propio destino. ¿Y tú, Mia? Hoy mencionaste que venías de las Comarcas. Dorian, el hombre del que me hablabas antes... ¿él es tu padre?

Negué con la cabeza lentamente, mirando el líquido ámbar de mi taza. El calor de la chimenea y la atmósfera de confianza sincera que Serena emanaba me invitaron a abrir una puerta de mi pasado que rara vez exploraba con extraños.

—No, Dorian es mi tío —empecé a explicar, sintiendo una mezcla de nostalgia y melancolía—. Él fue quien me crió, quien me enseñó a leer, a cultivar la tierra y quien me cuidó cada vez que la fiebre o los brotes incontrolables de magia me atormentaban de niña. Mi madre se llamaba Elizabeth.

—¿Y tu madre...? —preguntó Serena con delicadeza, notando el matiz de dolor en mi voz.

—Murió cuando yo era apenas una bebé —suspiré, abrazando mis rodillas contra el pecho—. Y la historia de mi familia es... compleja. Dorian y mi madre no eran hermanos de sangre completa, sino medios hermanos. La historia comenzó mucho antes de que yo naciera, con mi abuelo.

Serena se acomodó en la alfombra, escuchando con atención absoluta mientras la llama de la chimenea crepitaba.

—Mi abuelo era un hombre respetado en las tierras del sur, casado con una mujer de buena cuna —continué—. De ese matrimonio nació Dorian. Sin embargo, durante un largo viaje por los límites del reino, mi abuelo tuvo un romance extramatrimonial, un engaño que mantuvo en secreto durante años. De esa relación prohibida nació mi madre, Elizabeth. Cuando la esposa legítima de mi abuelo descubrió la existencia de esa hija bastarda, el escándalo y el rechazo en la familia fueron devastadores. Elizabeth fue repudiada por la rama principal y obligada a crecer en las sombra, al margen de cualquier privilegio.

—La típica hipocresía de las grandes familias —masculló Serena con indignación en los ojos—. Castigar al hijo por los errores del padre.

—Exactamente —asentí con una sonrisa amarga—. Pero a pesar de que la familia legítima despreciaba la existencia de Elizabeth, Dorian era diferente. Cuando Dorian creció y descubrió que tenía una media hermana viviendo en la indigencia y rechazada por todos, buscó a Elizabeth. No le importó el escándalo ni lo que dijera su propia madre. La aceptó, la protegió y entabló con ella un lazo de hermandad hermoso y profundo.

Tomé el amuleto de plata que colgaba de mi cuello y lo mostré a la luz de las brasas. La piedra de luna parecía absorber el fuego.

—Dorian me contó que Elizabeth era una mujer fascinante, pero atormentada. Poseía una magia inusual que nadie lograba comprender, muy parecida a la que yo manifesté hoy. Ella sabía que su vida corría peligro porque ciertas fuerzas o personas no querían que su linaje continuara. Pocos meses después de que yo naciera, mi madre fue encontrada muerta cerca de los límites del bosque. La causa de su muerte nunca se esclareció; las autoridades dijeron que fue un ataque de bestias salvajes, pero mi tío siempre supo que fue asesinada por alguien que le temía a su poder o a lo que ella representaba.

Serena dejó escapar un chasquido de indignación con la lengua, y una chispa brotó de su nudillo al apretar el puño.

—Por eso tu tío te protegió tanto... —dedujo la bruja con voz suave.

—Sí —asentí, limpiándome una lágrima traicionera que rodó por mi mejilla—. Dorian renunció a su propia vida, a su apellido y a cualquier pretensión en su familia para llevarme a las Comarcas del Valle, el lugar más aislado del mundo. Se hizo pasar por mi tutor y tío, ocultándome del mundo para que nadie supiera quién era la hija de Elizabeth. Se enfermó cuidándome, trabajó la tierra hasta desgastarse las manos solo para que yo tuviera un techo y pan en la mesa.

Me quedé en silencio durante unos segundos, recordando las manos temblorosas de Dorian entregándome el amuleto esa misma mañana antes de subir al carromato.

—Por eso tenía que venir aquí, Serena —confesé, mirando a mi amiga a los ojos—. No solo para aprender a controlar los chispazos de mis manos. Necesito ser fuerte para proteger a mi tío, para que su sacrificio no haya sido en vano. Y necesito averiguar la verdad sobre mi madre. Necesito entender qué herencia me dejó Elizabeth y por qué su magia quemaba con la misma fuerza que la mía.

Serena se acercó a mí y me rodeó los hombros con un brazo firme y cálido, apretándome con un afecto que me reconfortó el alma de inmediato.

—Te juro por el fuego de mi sangre, Mia, que no vas a recorrer ese camino sola —dijo la bruja con una convicción feroz que me hizo sonreír—. Quienquiera que haya lastimado a tu madre o intente hacerte daño a ti, va a tener que pasar primero sobre la magia de la Casa de Ignis. Aquí en la academia vas a volverte poderosa, de eso no tengo ninguna duda. La prueba de hoy fue solo el comienzo.

Nos quedamos mirando el fuego durante un largo rato, sintiendo que un lazo indestructible de lealtad y amistad se había sellado entre ambas en esa primera noche.

Al acostarme en mi cama de dosel, envuelta en las cobijas suaves de la academia, apreté el amuleto contra mi pecho. Por primera vez en mucho tiempo, la soledad y la incertidumbre no me pesaban en el alma.

Tenía una causa, tenía una amiga a mi lado y, en lo más profundo de mi corazón, el recuerdo de la promesa de Aelion continuaba ardiendo como una llama eterna que nada ni nadie podría apagar.

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Nery Guerrero
así me gusta q te superes y le calles la boca a la gente
Nery Guerrero
así es Mia para adelante y más nada
Nery Guerrero
q bien Mia les diste en la mera torre nadie se burla de ti
Nery Guerrero
así es demuestra lo que eres y lo q sabes q todos te respeten
Nery Guerrero
te admiro Mia supérate para q estés a la altura del Príncipe no dejes q nadie te pisotee
Nery Guerrero
Bueno Mia ese es un riesgo que tú tienes que correr
Nery Guerrero
q Rico y a la vez frustrante la interrupción pero lo disfrutaron un rato
Nery Guerrero
bien por Dorian y Mia pero los humillaran por ser pobres los defenderá la reina estará embarazada Mia
Nery Guerrero
q lindo conquista a tú chica ella es una buena niña no la hagas sufrir
Nery Guerrero
esa Mia si es boba dígale la verdad y punto deja q el Príncipe crea lo peor de ella en el fondo ellos dos se gustan
Nery Guerrero
q Mia ella sabe que el Príncipe la consigue dónde sea pero es una necia y el Príncipe la humilló muy feo
Nery Guerrero
q chimbo Mia de dijo lo del novio para no delatar al Príncipe pero el Príncipe no se lo q está pensando
Nery Guerrero
será q la reina se dará cuenta de lo q pasó entre ellos
Nery Guerrero
hay q ver q los hombres son idiotas la embarran y después se hacen los inocentes después de q la disfruta la caga
Nery Guerrero
q rico seguro q ella queda embarazada más a favor de el
Nery Guerrero
wow ese afrodisiaco si q es fuerte ojala y la chica le haga el favor y después q castigue a la princesa por mala gente
Nery Guerrero
por el pedazo que leí se ve q va ser buena
Zaida Sanchez
primera vez que la protagonista quiere el aborto 😭🤔
Zaida Sanchez
excelente historia me encanta 😍😍😍😍
Zaida Sanchez
puro fuego 😵‍💫🫨🥵
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