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Asado, Mate Y Destino

Asado, Mate Y Destino

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance / Yaoi
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nuestros sueños

Valentín Bianchi, un omega porteño de veinticinco años, está acostumbrado al ritmo frenético de Buenos Aires. Su vida gira entre cafeterías, subtes, reuniones y el ruido constante de la ciudad.
Todo cambia cuando hereda una antigua estancia en plena pampa bonaerense. Su único objetivo es venderla cuanto antes, volver a la Capital y olvidarse del barro, las vacas y los caminos de tierra.
Pero la estancia no está vacía.
Tomás Ferreyra, un alfa gaucho nacido y criado allí, administra el lugar desde hace años. Es serio, orgulloso, amante de los caballos y defensor de las tradiciones. Para él, esa estancia no es un negocio: es su hogar.
Desde el primer encuentro, ninguno soporta al otro.
—¿Vos sos el nuevo dueño? Mirá vos... pensé que mandaban a alguien que supiera ensuciarse las botas.
—Y yo pensé que los gauchos eran más educados.
Entre mates compartidos a regañadientes, asados con los peones, cabalgatas interminables y noches bajo un cielo lleno de estrellas, ambos descubrirán que hay se

NovelToon tiene autorización de nuestros sueños para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: La entrada al pasado

El motor de la camioneta aún seguía encendido.

El viento de la tarde levantaba polvo alrededor de Julián y de los tres hombres que lo acompañaban.

En la estancia nadie decía una palabra.

Tomás permanecía delante de Valentín con los brazos cruzados.

—No vas a dar un paso más —dijo con firmeza.

Julián sonrió con tranquilidad.

—Qué carácter...

—Andate.

—No vine a pelear.

—Entonces subite a la camioneta y desaparecé.

Julián negó lentamente.

—No puedo.

Miró la abertura que había en el piso del antiguo box.

—Esperé muchos años para encontrar ese lugar.

Valentín dio un paso al frente.

—¿Cómo sabías que existía?

Julián desvió la mirada hacia él.

—Porque mi abuelo trabajó para el tuyo.

Todos quedaron sorprendidos.

—¿Qué...? —susurró Don Ramón.

—Cuando yo era chico escuché muchas historias sobre un sótano escondido.

Pero nadie logró encontrarlo.

Tomás frunció el ceño.

—¿Y por eso querés comprar la estancia?

Julián no respondió.

Su silencio fue suficiente.

Nico tomó discretamente el celular.

Aprovechando que nadie lo miraba, le envió un mensaje al comisario del pueblo.

"Venga a La Esperanza. Urgente."

Guardó el teléfono sin hacer ruido.

—Escuchame bien, Julián —dijo Valentín con calma—. Esta estancia es de mi familia.

No voy a dejar que entres por la fuerza.

Julián soltó una pequeña risa.

—No hace falta usar la fuerza.

Sacó un papel doblado del bolsillo.

—Solo quiero proponer un trato.

Tomás dio un paso más.

—No queremos ningún trato.

—Capaz que cuando sepan lo que hay ahí abajo cambian de opinión.

Valentín sintió curiosidad.

—¿Vos sabés qué hay?

—No exactamente.

Pero sé que vale muchísimo más que la tierra.

Aquellas palabras aumentaron todavía más el misterio.

El silencio volvió a instalarse.

Hasta que Don Ramón habló.

—Basta.

Todos lo miraron.

El viejo peón avanzó lentamente hasta quedar entre ambos grupos.

—Don Ernesto me enseñó que los problemas se arreglan hablando.

No a las amenazas.

Julián respiró hondo.

—Tiene razón.

Miró nuevamente a Valentín.

—Hagamos una cosa.

Entren ustedes.

Descubran qué hay ahí abajo.

Después hablamos.

Tomás no terminaba de confiar.

Pero Valentín tomó una decisión.

—Vamos a bajar.

El alfa lo miró sorprendido.

—¿Estás seguro?

—Sí.

Si mi abuelo dejó todo esto preparado... quiero conocer la verdad.

Tomás tomó una linterna.

Valentín hizo lo mismo.

Don Ramón y Nico decidieron acompañarlos.

Marta se quedó arriba, junto a Pampa.

—Tengan cuidado.

—Volvemos enseguida —respondió Valentín.

La vieja escalera de piedra crujía bajo sus pasos.

El aire era fresco.

Olía a humedad y madera antigua.

Cada escalón parecía acercarlos más a un secreto olvidado durante décadas.

Finalmente llegaron al fondo.

La linterna iluminó una pequeña habitación construida con ladrillos antiguos.

Había estanterías cubiertas de polvo.

Un viejo escritorio.

Y varias cajas de madera.

—Increíble... —susurró Nico.

Tomás pasó lentamente la mano sobre una mesa.

—Nadie entró acá en años.

Valentín avanzó hasta el escritorio.

Encima había un cuaderno de cuero.

Lo abrió con cuidado.

En la primera página podía leerse:

"Diario de Ernesto Bianchi."

El corazón de Valentín comenzó a latir con fuerza.

Las primeras hojas hablaban de la estancia.

De las cosechas.

De los animales.

Pero varias páginas después apareció un nombre repetido muchas veces.

Ferreyra.

Valentín levantó la vista.

—Tomás...

El alfa se acercó.

—¿Qué pasa?

—Tu apellido está por todos lados.

Tomás frunció el ceño.

Comenzaron a leer juntos.

"Hoy volví a hablar con Manuel Ferreyra. Sin su ayuda jamás habría podido salvar estas tierras."

Otra página.

"Le prometí que mientras un Bianchi viviera en La Esperanza, un Ferreyra siempre tendría un hogar aquí."

Tomás quedó completamente inmóvil.

—Mi abuelo...

Don Ramón sonrió con emoción.

—¡Manuel era tu abuelo!

Tomás asintió lentamente.

Nunca había sabido toda la historia.

Valentín siguió leyendo.

"Nuestros hijos y nuestros nietos deberán cuidar esta estancia juntos. No por obligación... sino porque aprendieron a quererse como una familia."

Los ojos de Tomás se humedecieron.

Durante toda su vida había pensado que simplemente era un empleado de la estancia.

Ahora entendía que Don Ernesto siempre lo había considerado parte de ella.

En ese mismo instante, desde arriba se escuchó la voz de Marta.

—¡Valentín! ¡Tomás!

Los cuatro levantaron la vista.

—¡Vengan rápido!

Había preocupación en su voz.

Tomás corrió hacia la escalera.

Cuando salió al exterior encontró a Julián discutiendo con uno de los hombres que había llevado.

—¡Te dije que no tocaran nada! —gritaba.

El hombre respondió nervioso.

—¡No fui yo!

De pronto...

Un fuerte crujido recorrió el antiguo box.

Las viejas vigas comenzaron a moverse.

Don Ramón abrió los ojos con horror.

—¡Todos afuera!

El techo del establo acababa de empezar a derrumbarse.

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Amparo Carvajal
historia diferente que relata la libertad de poder amar, sin señalamientos, además muestra el amor tierno de la pareja de amantes.
Pollo
Okeeeeeey, recién empiezo a leer pero ya quedé enganchada, me encanta 😁
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