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Omega De Sangre Real

Omega De Sangre Real

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Vampiro / Posesivo
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

Su sangre puede coronar reyes... o enterrarlos.

Cuando un omega despierta con la marca de un alfa vampiro ardiendo en su cuello, descubre demasiado tarde que no es una víctima: es la última arma que todos quieren poseer.

Y el alfa que lo reclamó no piensa soltarlo... ni vivo, ni muerto.

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Capítulo 13: Lo que la oscuridad guarda

Lo que la oscuridad guarda

El silencio después de la pelea pesaba más que cualquier grito.

Kael caminaba detrás de Damien, la mano todavía entrelazada con la del alfa. El vínculo latía entre ellos con un ritmo distinto: más pesado, más consciente. Cada vez que Damien respiraba, Kael lo sentía. Cada vez que el dolor residual de las heridas se removía, lo compartía. Ya no había forma de fingir que eran dos personas separadas.

El pasaje se estrechaba cada vez más. La luz ámbar que salía de la marca de Kael y de los dos medallones pegados a su pecho era lo único que les permitía ver. Las paredes parecían acercarse, húmedas, cubiertas de runas que se iluminaban débilmente al paso de la sangre real y luego se apagaban, como si saludaran… o advirtieran.

Damien se detuvo de pronto.

Kael casi chocó contra su espalda. El alfa giró la cabeza apenas, escuchando algo que Kael todavía no percibía del todo. A través del vínculo llegó una oleada de tensión concentrada.

—Hay algo más adelante —susurró Damien—. No es Draven. Es más viejo.

Kael apretó los medallones a través de la tela de la camisa. El poder dentro de él se agitó, inquieto, como si reconociera lo que se acercaba.

—¿Uno de los antiguos?

—Peor —respondió Damien—. Uno de los que eligieron no dormir del todo. Los que se quedaron vigilando los sellos.

Siguieron avanzando con más cuidado. El aire cambió. Se volvió más frío, más denso, cargado de un olor metálico que le recordó a Kael el sabor de la sangre de Damien. El túnel se abrió de pronto en una cámara circular. El techo era tan alto que la luz no lo alcanzaba. En el centro había un puente de piedra estrecho que cruzaba un abismo sin fondo. Al otro lado, apenas visible, se adivinaba una puerta sellada con las mismas runas que habían visto en el Corazón de la Piedra.

Y en medio del puente… una figura.

No era sólida. Era una silueta hecha de sombra y fragmentos de luz ámbar, alta, envuelta en capas que parecían hechas de humo antiguo. Cuando habló, la voz resonó tanto en el aire como dentro de la mente de Kael y de Damien al mismo tiempo.

—Sangre Real. Voss. Han llegado más lejos de lo que la mayoría logra.

Damien se colocó un paso delante de Kael, sin soltar su mano.

—Identifícate —exigió.

La figura inclinó la cabeza, como si la demanda le resultara entretenida.

—Fui el guardián del segundo sello cuando tu antepasada todavía caminaba sobre la tierra, príncipe. Fui quien la ayudó a dividirlo. Y ahora soy quien decide si ustedes dos son dignos de seguir… o si deben quedarse aquí abajo para siempre.

Kael sintió que el poder dentro de él respondía a esas palabras con un calor agresivo. Damien notó el cambio y apretó su mano en advertencia.

La figura extendió un brazo hecho de sombra. En la palma apareció una imagen flotante: el segundo medallón que Kael llevaba contra el pecho.

—Ya tienes ambas mitades. Eso te convierte en una amenaza… o en una esperanza. Dependiendo de lo que elijas hacer con ellas. Pero antes de que puedas llegar a la puerta del otro lado, deben pasar la prueba.

Damien entrecerró los ojos.

—¿Qué prueba?

La figura sonrió sin boca.

—La prueba de la sangre compartida. El vínculo que han formado es reciente. Poderoso… pero incompleto en su confianza. La oscuridad de este abismo se alimenta de dudas. Si hay alguna grieta entre ustedes, la encontrará. Y los destruirá a ambos.

Kael y Damien se miraron. A través del vínculo fluyó un entendimiento silencioso y absoluto.

*No hay grieta*, envió Damien.

*Entonces demostremoslo*, respondió Kael.

La figura antigua dio un paso atrás, desapareciendo parcialmente en la penumbra.

—Cruzan el puente juntos. Sin soltarse. Si el vínculo se rompe aunque sea un segundo… el abismo se los llevará. Y no habrá antiguos que puedan devolverlos.

Damien no esperó más. Ajustó su agarre alrededor de la mano de Kael y dio el primer paso sobre el puente estrecho. La piedra era lisa, casi resbaladiza. No había barandas. Solo el vacío a ambos lados y un viento frío que subía desde abajo, trayendo olores que Kael prefería no identificar.

Avanzaron con lentitud. Cada paso resonaba. El vínculo se convirtió en su único ancla. Kael podía sentir el control férreo de Damien, la forma en que el alfa medía cada movimiento, cada respiración. Y Damien, a su vez, sentía el poder inquieto de Kael, la determinación y, debajo de todo, un miedo que el omega ya no intentaba ocultar.

A mitad del puente, la oscuridad atacó.

No fue un enemigo físico. Fue una oleada de visiones. Kael vio de pronto un futuro posible: Damien muerto a sus pies, la marca apagada, los medallones rotos. Sintió el vacío que dejaría el vínculo si se rompía. El dolor fue tan real que casi soltó la mano del alfa.

Damien sintió la misma visión a través del lazo… pero invertida. Vio a Kael cayendo al abismo, la luz de la sangre real extinguiéndose, y una soledad de siglos regresar para reclamarlo.

Ambos se detuvieron al mismo tiempo.

—No mires —ordenó Damien entre dientes—. No es real. Es el abismo. Quiere separarnos.

Kael apretó los ojos con fuerza. El poder dentro de él rugió, pidiendo salir y destruir la ilusión. Pero recordó las palabras del guardián. Si usaba demasiado, el puente podría no resistir.

—Damien… —susurró.

—Estoy aquí —respondió el alfa. Su voz era ronca, pero estable—. Siente el vínculo. No la visión. A mí.

Kael se concentró. Buscó la presencia oscura y constante de Damien dentro de su mente. La encontró. La agarró con todo lo que tenía. La visión se resquebrajó como cristal negro y se disolvió.

Siguieron caminando.

El resto del cruce fue un tormento silencioso. Cada pocos pasos la oscuridad intentaba otra vez: recuerdos distorsionados, miedos antiguos, promesas falsas de seguridad si solo soltaban la mano del otro. Cada vez, el vínculo los devolvía al presente.

Cuando por fin alcanzaron el otro lado, ambos temblaban. Damien atrajo a Kael contra su pecho con fuerza, casi brutal, y enterró el rostro en su cuello, justo sobre la marca. Respiró su olor como si necesitara recordar que seguía vivo.

—Nunca vuelvas a dudar de que estoy aquí —murmuró contra su piel—. Aunque el mundo se caiga. Aunque los antiguos se despierten. Aunque yo mismo me convierta en monstruo. Estoy aquí.

Kael cerró los ojos. El olor de Damien, la sangre seca, el sándalo y las feromonas oscuras lo envolvieron por completo. Por primera vez desde que había entrado en las catacumbas, permitió que el vínculo lo sostuviera sin resistirse.

La figura del guardián se materializó otra vez frente a la puerta sellada.

—Han pasado la prueba de la duda —declaró—. Pocas parejas lo logran. El vínculo es real. Fuerte. Pero todavía incompleto en una cosa.

Damien levantó la cabeza, sin soltar a Kael.

—¿Qué falta?

El guardián miró directamente a la marca brillante en el cuello de Kael.

—El poder de la sangre real no puede alcanzar su plenitud mientras el ancla —tú, príncipe Voss— siga conteniendo parte de su propia naturaleza. Has bebido de él. Él ha bebido de ti. Pero todavía no has permitido que el vínculo los cambie a ambos por igual. La próxima puerta no se abrirá del todo hasta que eso ocurra.

Kael sintió que el corazón se le aceleraba. A través del vínculo percibió la tensión que esas palabras provocaron en Damien.

—¿Qué estás pidiendo exactamente? —preguntó el alfa con voz peligrosa.

El guardián inclinó la cabeza.

—No estoy pidiendo. Estoy informando. El sello final está más adelante. Pero el camino solo responderá a una sangre real que haya sido completamente aceptada… y a un Voss que haya dejado de temer lo que esa aceptación implica.

Dicho eso, la figura se disolvió en humo negro. La puerta frente a ellos se iluminó con runas nuevas, pero no se abrió. Solo mostró un símbolo que Kael reconoció de inmediato: dos medallones unidos.

Damien guardó silencio durante un largo rato. Su mano seguía en la cintura de Kael, posesiva, casi temblorosa.

—Sabes lo que significa —dijo al fin.

Kael asintió. Lo sabía. El vínculo estaba completo en lo básico… pero todavía no en lo más profundo. Damien había reclamado. Había protegido. Había bebido. Pero todavía no se había entregado del todo. Todavía mantenía una parte de su poder y de su control bajo llave, como si temiera que, al soltarla, pudiera destruir a Kael.

—No tienes que hacerlo ahora —susurró Kael—. Podemos encontrar otra forma.

Damien negó con la cabeza. Sus ojos rojos brillaban con una intensidad casi dolorosa.

—No hay otra forma. Y lo sabes. Cada minuto que pasa, Draven reúne más fuerza. Los antiguos se inquietan. Tu poder crece sin control completo. Si no damos el siguiente paso… uno de los dos va a romperse.

Kael levantó una mano y tocó el pecho de Damien, justo sobre el lugar donde el corazón debería latir.

—Entonces no lo hagas por el poder. Ni por los sellos. Hazlo porque lo eliges.

Damien capturó esa mano y la apretó contra su piel fría. A través del vínculo fluyó una emoción tan cruda y antigua que Kael casi retrocedió: siglos de soledad, de deber, de miedo a volver a perder lo único que había importado.

—Si me entrego del todo —dijo Damien con voz ronca—, no habrá forma de que vuelvas a ser libre de mí. Ni siquiera si algún día lo deseas. El vínculo se volverá absoluto. Eterno. Hasta que uno de los dos deje de existir.

Kael sostuvo su mirada.

—Ya no soy libre desde el momento en que me marcaste en ese callejón. Y… ya no estoy seguro de que quiera serlo.

El silencio que siguió fue denso, cargado de todo lo que no habían dicho todavía.

Damien cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, la decisión ya estaba tomada.

—No aquí —dijo—. No en este umbral. Hay una cámara más adelante, más allá de esta puerta. Un lugar donde la última reina y el Voss que la protegió sellaron su propio vínculo completo. Allí… lo haremos bien.

Kael asintió.

Damien se giró hacia la puerta sellada. Colocó una mano sobre las runas y, con la otra, mantuvo a Kael pegado a su costado. La sangre real y la sangre de Voss tocaron la piedra al mismo tiempo. Las runas brillaron con más fuerza. La puerta comenzó a abrirse con un gemido profundo, antiguo, como si llevara siglos esperando exactamente a esas dos sangres juntas.

Detrás de ella se extendía un pasillo corto bañado por una luz ámbar suave que no provenía de la marca de Kael. Al fondo se adivinaba una cámara circular, más cálida, casi íntima.

Damien miró a Kael una última vez antes de cruzar el umbral.

—Una vez que entremos… no hay vuelta atrás. Ni para ti. Ni para mí.

Kael apretó su mano.

—Entonces dejemos de mirar atrás.

Juntos cruzaron.

La puerta se cerró detrás de ellos con un sonido final, sellándolos dentro de la cámara donde, siglos atrás, otra sangre real y otro Voss habían tomado la misma decisión.

Y en la oscuridad de las catacumbas, lejos de allí, Lord Draven sonrió al sentir el cambio en el poder antiguo.

El verdadero juego… acababa de comenzar.

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Victor Cueto
Quiero saber más..mm😭
Victor Cueto
Se pone cada vez más interesante
Victor Cueto
Me encanta....
Victor Cueto
Buenas trama para solo tener 3 capítulos por favor publicar más.
Victor Cueto
para iniciar apenas, está buena la trama.
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