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El Monstruo Sin Nombre

El Monstruo Sin Nombre

Status: En proceso
Genre:Venganza / Romance / Mafia
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Black_Dragon

En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.

NovelToon tiene autorización de Black_Dragon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: El nombre de aquel sentimiento

El mundo volvió a moverse cuando nuestros labios se separaron.

Permanecimos inmóviles.

Frente a frente.

Sin decir una sola palabra.

Los fuegos artificiales seguían iluminando el cielo, pero durante unos instantes dejaron de importar.

Solo podía verla a ella.

Rose.

Sus mejillas estaban completamente rojas.

Sus ojos evitaban los míos por un segundo... hasta que volvieron a encontrarse.

Ninguno sabía qué decir.

Yo, porque no entendía lo que acababa de pasar.

Ella... porque parecía demasiado avergonzada para hablar.

Entonces ocurrió algo que rompió el silencio.

Rose sonrió.

No era una sonrisa tan grande como las de siempre.

Era más pequeña.

Más tímida.

Pero seguía siendo esa sonrisa cálida que conocía desde hacía tantos años.

Apretó un poco mi mano.

—Sigamos viendo los fuegos artificiales...

Asentí en silencio.

Los dos volvimos la vista hacia el cielo.

Rojo.

Azul.

Dorado.

Verde.

Los colores explotaban sobre nosotros mientras el pueblo entero aplaudía.

Nuestras manos permanecieron unidas durante todo el espectáculo.

Y, por alguna razón...

Ninguno de los dos quiso soltarse.

---

Cuando el último fuego artificial desapareció, la gente comenzó a regresar lentamente a sus casas.

El festival seguía lleno de música y risas, pero ya era muy tarde.

Rose bostezó.

Intentó ocultarlo.

No lo consiguió.

Sonreí apenas.

—Estás cansada.

Ella desvió la mirada.

—Un poquito...

Volví a agacharme frente a ella.

—Sube.

Rose soltó una risa bajita.

—Otra vez...

—Sí.

Después de unos segundos, volvió a subir a mi espalda.

Esta vez lo hizo con más confianza.

Apoyó la cabeza sobre mi hombro mientras comenzábamos el camino de regreso.

La noche era tranquila.

Solo se escuchaba el viento y el crujir de la nieve bajo mis botas.

—Gracias por traerme.

Su voz era apenas un susurro.

—No tienes que agradecerme.

—Sí tengo.

Guardó silencio unos segundos.

—Fue el mejor festival de mi vida.

Aquellas palabras me hicieron sonreír.

Porque eran exactamente lo que había esperado escuchar cuando decidí trabajar durante meses.

Continué caminando.

Mi paso era largo y constante.

El entrenamiento que había recibido durante mi infancia seguía formando parte de mí.

Aquello que antes había servido para hacer daño...

Ahora me permitía cuidar de alguien.

Y esa diferencia hacía que cada paso valiera la pena.

---

Cuando las primeras luces del amanecer comenzaron a asomarse en el horizonte, el pueblo ya estaba frente a nosotros.

Entramos en silencio para no despertar a nadie.

La casa permanecía completamente oscura.

Dejé los zapatos junto a la puerta.

Rose hizo lo mismo.

Los dos subimos lentamente las escaleras.

Al entrar en la habitación, cerré la puerta con cuidado.

Durante unos segundos ninguno habló.

Hasta que no pude seguir guardándome la pregunta.

—Rose.

Ella giró la cabeza.

—¿Sí?

La observé unos instantes.

—¿Qué fue eso?

Parpadeó.

—¿Qué cosa?

—Lo de... nuestras bocas.

El silencio duró apenas un segundo.

Después...

Su rostro se volvió completamente rojo.

—¡L-Leon!

Se llevó ambas manos a las mejillas.

—¿No sabes qué fue?

Negué lentamente.

—Nunca había pasado.

Rose respiró hondo varias veces, intentando calmarse.

Luego se sentó en la cama.

Hizo un pequeño espacio a su lado para que yo también me sentara.

Obedecí.

Ella jugueteó nerviosamente con el borde de la manta.

—Eso... se llama un beso.

Repetí la palabra mentalmente.

"Beso."

Era la primera vez que alguien me la explicaba.

—Es una forma de demostrar un cariño muy especial por otra persona.

Guardé silencio.

Escuchándola.

—No es algo que hagas con cualquiera.

Su voz era muy bajita.

—Solo con alguien que significa mucho para ti.

La habitación quedó completamente en silencio.

Yo seguía intentando comprender aquellas palabras.

Rose sonrió con timidez.

—No tienes que entenderlo todo esta noche.

Me dio un pequeño golpecito en el brazo.

—Ahora hay que dormir.

Asentí.

Todavía tenía demasiadas preguntas.

Pero esperaría.

---

Rose se quedó dormida rápidamente.

Su respiración volvió a ser lenta y tranquila.

Yo, en cambio, permanecía despierto.

Mirando el techo.

Como tantas otras noches.

Pero esta vez era diferente.

No pensaba en la mansión.

No pensaba en mi padre.

No pensaba en las pesadillas.

Pensaba en aquel beso.

Pensaba en la forma en que Rose había sonreído después.

Pensaba en cómo mi corazón no había dejado de latir con fuerza desde entonces.

Entonces recordé una conversación de hacía años.

"El amor hace sentir cosquillas en el estómago."

En aquel momento pensé que era hambre.

Después creí que era otra cosa.

Y ahora...

Sonreí para mí mismo.

Qué tonto había sido.

No era hambre.

Nunca lo fue.

Era esa sensación que aparecía cada vez que Rose sonreía.

Cada vez que tomaba mi mano.

Cada vez que reía.

Cada vez que pronunciaba mi nombre.

Era aquello que la gente llamaba amor.

Y, por primera vez en mi vida...

Comprendí que yo también era capaz de amar.

Cerré lentamente los ojos.

Y aquella noche dormí con una tranquilidad que jamás había conocido.

---

El aroma del desayuno me despertó.

Bajé las escaleras.

Toda la familia ya estaba reunida.

Los gemelos discutían por la última rebanada de pan, como de costumbre.

La madre servía el té.

El padre leía un periódico.

Y Rose...

Rose evitaba mirarme.

Se quedó completamente concentrada en su taza.

Cuando levanté la vista hacia ella, giró rápidamente la cabeza hacia la ventana.

Sus mejillas seguían ligeramente sonrojadas.

Me senté frente a ella.

Esperé unos segundos.

Ella seguía sin mirarme.

Fruncí un poco el ceño.

"¿Habrá pasado algo?"

Durante toda la comida ocurrió lo mismo.

Si nuestras miradas estaban a punto de encontrarse, Rose apartaba los ojos inmediatamente.

Los gemelos comenzaron a hablar sobre el festival.

La madre les hizo algunas preguntas.

El padre sonrió al escuchar las anécdotas.

Rose respondía con normalidad a todos...

Menos a mí.

No entendía qué estaba ocurriendo.

La observé una vez más.

Ella volvió a mirar hacia otro lado.

"¿Estará enojada?"

Aquella idea comenzó a crecer dentro de mí.

Tal vez había hecho algo mal.

Tal vez había reaccionado de forma incorrecta.

Tal vez aquel beso había significado que debía hacer algo que yo desconocía.

No tenía respuestas.

Y, por primera vez desde que llegué a aquella casa...

Sentí miedo de perder la sonrisa que más había iluminado mi vida.

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