Seis meses. Sin sexo. Sin preguntas. Sin sentimientos.
Camila firmó el contrato sin dudarlo. Necesitaba el dinero para salvar a su madre. No le importaba casarse con un hombre frío, poderoso y peligroso.
Pero hay dos cosas que él sabe y ella no.
Primera: él ya sabe que ella es la hermana gemela de su ex prometida, la mujer que él cree haber matado.
Segunda: él también sabe que ella tiene un hijo de tres años. Un hijo que él nunca ha visto.
Él busca la verdad. Ella busca venganza. Ambos ocultan secretos mortales.
Pero cuando el contrato se rompa y la verdad explote, descubrirán que el amor puede ser el arma más peligrosa de todas.
💣 ¿Podrá el odio convertirse en amor? ¿O la venganza lo destruirá todo?
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Capítulo 16: Secretos Revelados.
Capítulo 16: Secretos Revelados
La entrevista se publicó una semana después. La revista Éxito Empresarial llegó a los kioscos un jueves por la mañana. En la portada aparecía una foto de nosotros, en el jardín de la mansión. Nico aparecía recortado para su protección, pero se le veía feliz.
El título decía: "El CEO que lo perdió todo y lo reconstruyó desde el amor". Dentro estaba la entrevista completa. Mis palabras, las suyas. Y la historia de cómo nos conocimos y nos odiamos. De cómo aprendimos a querernos. Pero había algo que no salió en la revista. Algo que nadie sabía y que podía cambiarlo todo. Esa tarde recibí una llamada.
— ¿Señora Montes?
—Sí, ¿quién habla?
—Soy el Dr. Paredes. El médico que hizo la prueba de ADN de Nicolás.
Mi corazón se aceleró.
— ¿Qué pasó, doctor?
—Necesito verla. Tengo información importante que no puedo darle por teléfono.
— ¿Puede venir a la mansión?
—Por supuesto. Estaré allí en una hora.
Colgó. Mis manos temblaban. ¿Qué más podía salir a la luz? ¿Acaso no habíamos sufrido suficiente?
Sebastián entró en la habitación.
— ¿Quién era?
—El Dr. Paredes. Dice que necesita vernos.
— ¿No te dijo para qué?
—No quiso decirme.
— ¿Crees que sea algo malo?
—No lo sé. Pero tengo miedo.
—Pase lo que pase, lo enfrentamos juntos.
— ¿Y si es sobre Nico?
—Lo que sea, lo enfrentaremos juntos, de nuevo.
El doctor llegó puntual. Lo recibimos en la biblioteca. Estaba nervioso. Las manos le sudaban, tenía la mirada esquiva.
—Doctor, ¿qué pasa? —pregunté.
—Señora Montes... señor Montes... tengo que confesarles algo.
—Diga.
—La prueba de ADN que hice... la primera, no fue manipulada por Rebeca.
— ¿Qué?
—Así como lo escuchó. Esa muestra no fue Rebeca quien la manipuló.
—Entonces, ¿quién la manipuló?
Él tragó saliva.
—Yo.
El silencio se hizo eterno.
— ¿Usted? —preguntó Sebastián, con una calma que asustaba.
—Sí. Rebeca me pagó. Me dio mucho dinero. Pero también Elena Montes me presionó. Las dos estuvieron detrás de esto. Una por venganza, la otra por poder. Yo solo fui un peón.
— ¿Y usted aceptó?
—No tuve opción. Dijeron que si no lo hacía, matarían a mi familia.
— ¿Y ahora?
—Ahora no puedo seguir mintiendo. Pasé semanas en el hospital después de aquel golpe. Cuando desperté, supe que tenía que decir la verdad.
—Entonces... —mi voz se quebró—. ¿Nicolás es o no hijo de Sebastián?
El doctor bajó la cabeza.
—La verdad... es que no lo sé.
— ¿Cómo que no lo sabe?
—La muestra que usted me dio, señora Montes, era de Nicolás. Pero la muestra del señor Montes... yo la cambié por la de un hombre cualquiera.
— ¿Por qué?
—Porque Rebeca me dijo que quería sembrar la duda. Que no importaba quién fuera el padre real. Que lo importante era que ninguno de los dos estuviera seguro.
—Y usted accedió.
—No tuve opción.
Sebastián se levantó.
— ¿Sabes cuánto daño hiciste? Cuántas noches lloramos. Cuántas veces dudamos el uno del otro. Cuánto sufrió Camila pensando que su hijo no era mío.
—Lo sé. Y no hay dinero que pague ese daño. Por eso vengo a decir la verdad.
— ¿Y ahora qué espera? ¿Que lo perdonemos?
—No. Espero que me denuncien. Merezco ir a la cárcel.
— ¿Y su familia? ¿No dijo que Rebeca amenazó con matarlos?
—Rebeca desapareció. Ya no hay amenaza.
— ¿Está seguro?
—La busqué. No la encontré. Nadie sabe dónde está.
El doctor se puso de pie.
—Dejo en sus manos mi destino. Hagan lo que crean correcto.
Salió de la biblioteca y nos quedamos solos en silencio. Procesando lo que escuchamos.
— ¿Qué vamos a hacer? —pregunté al fin.
—No lo sé.
— ¿Vamos a denunciarlo?
—No lo sé.
— ¿Vamos a hacer otra prueba de ADN?
Sebastián me miró.
— ¿Para qué?
—Para saber la verdad.
— ¿Y si la verdad duele?
—Entonces dolerá. Pero prefiero el dolor a la duda.
—Eso dijiste una vez.
—Y lo sigo creyendo.
Al día siguiente, fuimos a otro hospital. Uno lejos, donde nadie nos conociera. Donde nadie pudiera manipular nada. Hicimos la prueba de ADN. Esperamos cuarenta y ocho horas, que fueron las más largas de mi vida. El resultado llegó un sábado por la mañana. Lo abrí con manos temblorosas y lo leí en silencio. Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas.
—Camila... ¿qué dice? —preguntó Sebastián.
—Dice —respondí, con la voz quebrada— que eres el padre. Que siempre lo fuiste.
— ¿Estás segura?
—Completamente. No hay duda. Esta prueba no fue manipulada por nadie.
Sebastián me abrazó y lloramos juntos por el tiempo perdido. Por las dudas. Por el dolor. Pero también por la alegría y la certeza en el futuro.
Esa noche celebramos. Nico estaba feliz sin saber por qué. Corría por el jardín con sus juguetes. Lucía había venido a visitarnos. Mi madre también. Cenamos en la terraza y compartimos historias. Reímos y lloramos.
Cuando todos se fueron, Sebastián y yo nos quedamos solos.
— ¿Sabes? —dijo—. A pesar de todo, no me arrepiento de nada.
— ¿Ni siquiera de haberme conocido?
—Especialmente de haberte conocido.
—Eres un mentiroso.
—Soy un hombre enamorado, y eso es peor.
Nos besamos y en ese momento supimos que nada ni nadie podría separarnos.
—ESE FINAL: "En ese momento supimos que nadie podría separarnos."
—Like si lloraste con la reconciliación.
—Comenta: ¿Qué personaje te ha dado más rabia? (Yo digo Elena)