**Una promesa sellada con sangre y eternidad.**
Tras la traición de su prometido, Cecil intenta concentrarse en lo único que siempre le ha dado sentido a su vida: la medicina. Como parte de una comisión médica de Oxford, viaja al reino de Kratos, sin imaginar que aquel viaje cambiará su destino para siempre.
Desde su llegada, extraños sueños y recuerdos que no le pertenecen comienzan a atormentarla. Al mismo tiempo, se siente inexplicablemente atraída por el rey Azharel, un hombre tan poderoso como enigmático, cuyos ojos parecen guardar el dolor de siglos enteros.
Lo que Cecil ignora es que su historia con Azharel comenzó mil años atrás, cuando él era un príncipe vampiro que renunció a todo por amor. Separados por la tragedia y la muerte, una promesa sellada con sangre y eternidad los mantuvo unidos a través del tiempo.
Ahora, mientras los secretos del pasado resurgen y antiguos peligros vuelven a despertar, Cecil deberá descubrir quién fue realmente y por qué el rey vampiro la mira como si hubiera esperado mil años para volver a verla.
Una apasionante historia de amor, destino y reencarnación, donde ni siquiera la muerte puede romper los lazos de un amor eterno.
NovelToon tiene autorización de Gloria Escober para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
¿Y te importa más eso que ser besada por un idiota?
Esa tarde, Merida iba caminando hacia la torre del príncipe.
El pequeño león iba detrás de ella corriendo alegremente.
Cuando llegara a la torre lo metería en el costal, como siempre.
Aquella mañana Merida llevaba un vestido azul cielo sencillo, bordado con flores azules más oscuras.
Su cabello iba suelto, como de costumbre, y una cinta del mismo color rodeaba su cabeza.
El pequeño león también llevaba una cinta azul alrededor del cuello, del mismo tono que la de Merida.
De pronto escuchó que la llamaban.
—¡Merida!
Ella volteó.
—¿Jackson? ¿Qué haces aquí?
El muchacho sonrió.
—Vine a buscarte para invitarte a dar un paseo.
Merida lo miró.
—No puedo, Jackson. Tengo trabajo que hacer.
—Vamos, Merida.
—Es en serio, Jackson. Hay un invitado y tengo que atenderlo.
El joven levantó una ceja.
—¿Un invitado hombre?
—Sí.
—¿Es de gran importancia?
—Sí.
—¿Quién es?
Merida negó.
—No puedo decirlo.
Jackson tomó las manos de Merida.
—Vamos, Merida.
Ella retiró las manos suavemente.
—No puedo.
El chico suspiró.
—¿Y mañana por la tarde? Vamos a dar un paseo.
—Grrr.
Merida miró hacia abajo.
El pequeño león estaba parado sobre dos patas.
Ella sonrió y lo tomó en brazos.
Jackson sonrió.
Le acarició la cabeza.
—Está grande.
—Sí.
—¿Cuántos meses va a cumplir?
—Tres meses.
—Será muy grande.
—Claro que sí.
Merida sonrió.
—Será un gran león.
Incluso protegerá nuestra aldea en el futuro.
Jackson volvió a mirarla.
—Merida... acepta pasear conmigo.
Sabes que me gustas mucho.
Mientras hablaba, apartó unos mechones del cabello de Merida.
Ella se sintió incómoda y dio un paso atrás.
—Jackson, no sé si pueda.
Me tengo que ir porque me esperan.
Iba a darse la vuelta.
Pero Jackson la jaló suavemente hacia él, tomándola de la cintura y, sin previo aviso, le dio un ligero beso en los labios.
Luego sonrió.
—Nos vemos después, Merida.
Y salió corriendo, sin darle tiempo a reaccionar.
Merida se quedó quieta.
—Está loco.
Miró al pequeño león.
—Mi Lord, está loco. Me besó.
¿Qué le pasa?
Iba a seguirlo para hablar seriamente con él.
Pero recordó que debía regresar a trabajar.
—Después lo busco.
No puede hacer eso.
Dijo aquello para sí misma.
Luego continuó caminando hacia la torre del príncipe.
Sin imaginarse que unos ojos furiosos la observaban desde lo alto de la torre.
Merida llegó hasta la entrada.
Metió al pequeño león en el costal, cerca de su pecho.
Tocó la puerta.
Esta se abrió sola.
Merida entró.
La puerta se cerró detrás de ella.
Pero, de pronto, alguien la pegó contra la pared.
Al levantar la vista, vio al príncipe.
Sus ojos estaban rojos como la sangre.
—¿Quién es él? —preguntó.
Merida lo miró sorprendida.
—¿Príncipe?
—Contesta.
¿Por qué ese hombrecito toca tu cabello?
¿Por qué te toma así por la cintura?
¿Por qué te besa?
El pequeño león soltó un:
—Grrr.
Merida lo miró y respondió:
—Mi vida personal no es asunto suyo, príncipe.
Entonces Azharel colocó una mano a un lado de la pared, acercándose más a ella.
El cachorro se agitó y lanzó un pequeño zarpazo al pecho de Azharel.
Pero él ni siquiera lo sintió.
—Dime quién es.
¿Qué hay entre ustedes?
¿Son novios?
¿Son amantes?
—¡No! —respondió Merida.
—Es un amigo.
Azharel la miró.
—¿Así te comportas con tus amigos?
—¡No!
Entonces Azharel tomó al cachorro por la piel de la parte trasera del cuello y lo alzó.
Merida intentó tomarlo.
Pero él no se lo permitió.
El pequeño león pataleaba y gruñía.
—Dime quién es.
¿Qué hay entre ustedes?
O lo haré tapete.
Merida abrió los ojos.
—Se llama Jackson.
Es el hijo del molinero.
Él está enamorado de mí, eso creo.
Su padre le pidió a Imelda que lo dejara cortejarme.
Pero yo le dije que no.
Él insiste en que paseemos y tengamos citas, pero yo siempre le digo que estoy ocupada.
No quiero estar así con él.
Y hoy me tomó por sorpresa.
De hecho, iba a buscarlo más tarde para decirle que no volviera a hacer lo mismo.
Merida terminó de hablar rápidamente.
Mirando a Azharel a los ojos.
Él la observó unos segundos.
—¿Y por qué no le dices que no te interesa?
¿Por qué no le dices que no te gusta?
Ella bajó la mirada.
—No quiero parecer grosera.
Azharel soltó una pequeña risa.
—¿Y te importa más eso que ser besada por un idiota?
¿O solo te gusta que te bese?
—¡No!
—¿Cuántas veces se han besado?
—No nos hemos besado.
Solo hoy, cuando me besó.
—¿Te has besado con alguien más?
—Sí.
Azharel la miró fijamente.
—¿Con quién?
—Con usted.
Azharel se quedó quieto.
Luego soltó al cachorro.
El pequeño cayó al suelo.
Y, sin apartar la mirada de Merida, se acercó a ella.
Después la besó.
Fue un beso intenso y posesivo.
Merida intentó apartarse.
Pero se quedó inmóvil.
Su respiración comenzó a acelerarse.
Sin entender por qué, terminó correspondiendo aquel beso.
El pequeño cachorro, mientras tanto, solo veía a Merida pegada a la pared y a aquel hombre inclinándose sobre ella.
—¡Grrrr!
Comenzó a lanzar pequeños zarpazos a las botas de Azharel.
Pero Merida ni siquiera se daba cuenta.
Por unos instantes quedó completamente distraída por aquel beso que parecía quitarle la respiración.
…………………………………………………………………………………………….
En otro lugar, la reina Aura caminaba por los pasillos de Kratos.
Como siempre, iba acompañada por sus damas y varios guardias.
Su vestido blanco avanzaba elegantemente por los enormes corredores del palacio.
Poco después llegó a los jardines.
Era el único lugar donde había rosas rojas, sembradas por la propia reina.
Aura tomó una canasta que llevaba una de sus damas.
Luego tomó unas tijeras y comenzó a cortar las rosas.
Una por una.
Con delicadeza.
En ese momento, el encargado del jardín se acercó.
Hizo una reverencia.
—Majestad, las rosas blancas están listas.
Aura sonrió.
—Vamos.
La reina acompañó al hombre hacia otra parte del jardín.
Allí crecían cientos de rosas blancas.
Aura las observó detenidamente.
Luego señaló algunas.
—Quiero esas.
El jardinero comenzó a cortarlas.
Las fue colocando cuidadosamente dentro de la canasta.
Debajo de las rosas blancas había una pequeña nota.
La reina la vio.
Y discretamente asintió.
El jardinero colocó más rosas encima para ocultarla.
Después de eso, Aura se retiró.
Caminó nuevamente por los pasillos del palacio.
Hasta llegar a su habitación.
Los guardias permanecieron afuera.
La reina pidió a sus damas varios floreros.
Ellas comenzaron a distribuir las rosas por la habitación.
Una vez terminado el trabajo, hicieron una reverencia y se retiraron.
Aura se quedó sola.
Entonces tomó la nota escondida entre las flores.
La abrió lentamente.
Y comenzó a leer.
Mi estimada abuela y reina:
Te escribo para darte la noticia de que los huevos se han movido. Hay vida en su interior.
Aunque tomará un tiempo para que eclosionen y otro más para que crezcan, Melisandre acelerará su desarrollo con su magia.
Todo va por buen camino.
Falta muy poco para que el mundo cambie y un nuevo orden se establezca.
Pronto nadie volverá a ver a los humanos como seres débiles o inferiores.
Ningún humano tendrá que someterse.
Y, sobre todo, a ninguna madre le será arrebatado su legítimo derecho a criar a sus hijos con todo el amor del mundo.
Tu nieto, que tanto te ama.
El rey Agust Elarion, de Oferia.
Tu amado nieto.
La reina permaneció en silencio.
Sus ojos recorrieron aquellas palabras.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Se acercó a la chimenea.
Y besó la nota.
—Pronto... muy pronto.
Susurró.
Luego la dejó caer entre las llamas.
La reina observó cómo el papel se consumía lentamente.
Hasta convertirse en cenizas.
Después levantó la vista.
Y miró por la enorme ventana.
Por un instante, un recuerdo atravesó su mente.
Un niño de cinco años corriendo por los jardines de su reino.
Una pequeña bebé de apenas tres meses descansando en sus brazos.
Y luego la oscuridad.
La guerra.
Las lágrimas.
El rey vampiro arrebatándole su libertad.
Separándola de su tierra.
Separándola de sus hijos.
Sus ojos se humedecieron apenas un instante.
Pero rápidamente recuperó la compostura.
Porque sabía que ya no podía regresar al pasado.
Entonces pensó en el único hijo que había tenido en Kratos.
Azharel.
Su expresión se volvió seria.
—No eres como tu padre.
Susurró.
—Y espero que nunca lo seas.
La reina guardó silencio.
Porque, aunque amaba profundamente a Azharel, jamás olvidaría que él era el resultado de la violencia, del dolor y del cautiverio que había vivido durante tantos años.
La brisa movió ligeramente las cortinas blancas de la habitación.
Aura observó el cielo oscuro.
Y su expresión volvió a endurecerse.
Porque había tomado una decisión hacía mucho tiempo.
Y no pensaba retroceder.
Aunque para lograrlo tuviera que destruir el mundo que conocía.
……………………………………………………………………………………………
Por otro lado, Merida permanecía contra la pared mientras el príncipe vampiro la observaba fijamente.
El pequeño león lanzaba pequeños zarpazos a las botas de Azharel.
—¡Grrr!
Pero ninguno de los dos parecía prestarle atención.
Merida y Azharel se quedaron mirando a los ojos durante unos segundos.
Un silencio extraño se apoderó de la sala.
Como si, por un instante, el resto del mundo hubiera desaparecido.
Entonces Azharel volvió a acercarse.
Merida sintió que su corazón latía con fuerza.
Pero, antes de que pudiera pensar en lo que estaba ocurriendo, el pequeño león volvió a protestar.
—¡Grrr!
Esta vez el sonido fue más fuerte.
Azharel la tomó de la mano y la condujo hasta una mesa cercana, apartando algunos papeles y objetos que había encima.
Merida permaneció inmóvil.
No sabía qué decir.
No sabía qué estaba pasando.
Lo único que entendía era que todo aquello estaba ocurriendo demasiado rápido.
Azharel la miró.
Ella lo miró de vuelta.
Y por unos instantes ninguno habló.
El pequeño león volvió a correr hacia ellos.
Esta vez dio un pequeño salto.
Intentó trepar por el vestido de Merida y, antes de caer, se aferró a su pantorrilla con sus pequeñas uñas.
—¡Ay!
Merida volvió en sí inmediatamente.
Se agachó.
Tomó al pequeño felino en sus brazos.
Y el cachorro, en cuanto estuvo seguro, lanzó un pequeño zarpazo en dirección a Azharel.
—¡Grrr!
Merida abrazó más al animal.
Luego miró al príncipe.
Su respiración todavía estaba acelerada.
Y habló en voz baja.
—Esto... no debió pasar.
Azharel permaneció en silencio.
Merida negó ligeramente con la cabeza.
—No debió pasar.
Dijo nuevamente.
Luego abrazó a Mi Lord contra su pecho.
Y salió rápidamente de la sala.
Caminó deprisa.
Después comenzó a correr.
Sin mirar atrás.
El pequeño león escondió la cabeza en su cuello, como siempre hacía cuando estaba nervioso.
Mientras tanto, Azharel permaneció inmóvil en el lugar.
Mirando hacia la puerta por donde Merida acababa de desaparecer.
Poco a poco levantó la mano.
Y rozó sus propios labios con los dedos.
Su expresión cambió.
Por primera vez en mucho tiempo, no entendía lo que estaba sintiendo.
Se quedó en silencio.
Completamente quieto.
Entonces un pensamiento atravesó su mente.
—¿Qué me está pasando?
Susurró.
Miró la sala vacía.
Luego miró la puerta.
Y, sin darse cuenta, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Porque Merida no se había marchado enfadada por ser su sirvienta.
Ni por mover muebles.
Ni por escribir cartas.
Se había marchado porque aquello había cruzado un límite que ella no esperaba.
Azharel suspiró.
Luego volvió a sentarse.
Pero apenas habían pasado unos segundos cuando escuchó una pequeña voz en su memoria.
"Mi vida personal no es asunto suyo, príncipe."
Azharel soltó una pequeña risa.
—Y aun así me importa.
Se quedó pensando unos instantes.
Luego negó con la cabeza.
—Demasiado.
Mientras tanto, lejos de allí, Merida seguía caminando rápidamente hacia su torre.
Con Mi Lord escondido en sus brazos.
Y una sola pregunta daba vueltas en su cabeza.
—¿Por qué hizo eso?
El pequeño león levantó la cabeza.
La miró.
Y soltó un pequeño:
—Grrr.
Merida lo abrazó un poco más.
—Sí, Mi Lord.
Yo tampoco lo entiendo.
no me cambies el testo ellos se estaban besando luego se miran y despues la tomo en brazos y la lleba a la mesa
Por otro lado, Merida permanecía contra la pared mientras el príncipe vampiro la besaba.
El pequeño león lanzaba zarpazos a las botas.
Ya estaba cansado.
Pero tanto Azharel como Merida sentían que el mundo no existía.
Como si solo estuvieran ellos dos.
Finalmente, ambos se separaron por la falta de aire.
Y se quedaron mirando a los ojos.
Sin decir una sola palabra.
Entonces volvieron a besarse otra vez.
Esta vez de una forma más intensa.
—¡Grrr!
Se escuchó.
Pero, por primera vez, Merida no le prestó atención a Mi Lord.
En ese momento, el príncipe vampiro la tomó en sus brazos.
Sin dejar de besarla, la llevó hasta una mesa.
Apartó lo que había encima.
Y la sentó allí.
Después volvió a besarla.
Merida sentía su corazón acelerarse.
Y, sin darse cuenta, abrazó la espalda de Azharel.
El pequeño león, al ver aquello, volvió a correr hacia ellos.
Esta vez dio un salto.
Intentó llegar hasta Merida y, antes de caerse, se aferró a su pantorrilla con sus pequeñas uñas.
Al sentir el dolor, Merida volvió en sí.
Se separó rápidamente de Azharel.
Entonces tomó al pequeño felino en sus brazos.
Y el cachorro, apenas estuvo seguro, lanzó un pequeño zarpazo hacia Azharel.
Merida lo abrazó más contra su pecho.
Luego lo miró.
Y dijo:
—Esto no debió pasar.
Acto seguido, salió de la sala.
Y salió corriendo de la torre con Mi Lord en brazos.
Azharel quedó paralizado en el lugar.
Con los dedos sobre sus labios.
Mirando hacia la puerta por la que Merida acababa de irse.
Permaneció inmóvil unos segundos.
Luego bajó la mirada.
Y una extraña sensación invadió su pecho.
Porque, por primera vez en mucho tiempo, no sabía explicar lo que estaba sintiendo.
Mientras tanto, Merida corría hacia su torre.
Con Mi Lord abrazado contra su pecho.
El pequeño león escondía la cabeza en su cuello, como siempre hacía cuando estaba asustado.
Merida respiraba agitadamente.
Y una sola frase daba vueltas en su mente.
—Esto no debió pasar.
Una y otra vez.
Sin darse cuenta de que, desde aquel momento, algo había cambiado entre ella y el príncipe vampiro.
y el no cae en cuenta como es manipulado por ella , ciego por no querer ser menos en un mundo donde las bestias tienen poder y eso le va a jugar en contra 🤔
y el rey segado por el dolor tomando malas decisiones😡😡