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Ecos De Luz Y De Sombras

Ecos De Luz Y De Sombras

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Amor prohibido / Completas
Popularitas:702
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16 — La grieta que respira sombras

Kael:

El aire en este mundo ajeno era denso, como si cada bocanada exigiera voluntad. El cielo estaba dividido en franjas violetas y gris acero, cruzado por destellos que no eran relámpagos, sino respiraciones lumínicas de la misma grieta que nos había tragado. Caminábamos despacio, con la prudencia instintiva de quien sabe que está siendo observado por algo sin ojos.

Sarem avanzaba unos pasos por delante. Su figura era como una vara confiable en medio de la inestabilidad del terreno; aun así, el brillo contenido en sus manos traicionaba su inquietud. Cada tanto, giraba la cabeza apenas para asegurarse de que seguíamos detrás.

—Deberíamos encontrar algún punto alto —murmuro, más para mí que para Elara.

Pero ella caminaba a mi lado, con una mano apoyada en su vientre, ese que ya parecía irradiar una pulsación propia que comenzaba a mezclarse con la mía. No había querido alarmarla, pero desde que cruzamos a esta dimensión, podía sentir el eco de nuestro hijo como si su esencia vibrara en el tejido mismo de este lugar. Y eso… me asustaba más de lo que estaba dispuesto a admitir en voz alta.

De pronto, Sarem se detuvo. Sus hombros se tensaron.

—Necesito hablar contigo, Kael —dijo sin mirarme—. A solas.

Elara me dirigió una mirada breve: mezcla de confianza y ligera preocupación. Pero asintió.

Me aparté con el maestro unos metros, lo suficiente para que ella no escuchara pero pudiera vernos.

Cuando Sarem se volvió hacia mí, ya no era solo el maestro curandero, sino un hombre que cargaba siglos de sabiduría… y contradicciones.

—Supongo que sabes de qué quiero hablar —comenzó, con la serenidad de quien mide cada palabra.

—Lo imagino.

—No te agradas desde el inicio —continuó con franqueza—. No porque seas oscuridad… sino porque su luz es demasiado valiosa para que se desgaste en un vínculo desigual.

Unos segundos de silencio se extendieron como un filo entre ambos.

—No busco dañarla —respondí con firmeza.

—Lo sé —dijo, sorprendiéndome—. Y ese es precisamente el problema. Ya la amas más de lo que puedes manejar. Más de lo que tu propia esencia permite sin quebrarte.

Respiré hondo, conteniendo una mezcla incómoda entre orgullo herido y angustia protectora.

—No voy a alejarme.

—Y no debería pedirte que lo hagas —agregó Sarem, suave—. Porque ella no te dejaría. Y porque lo que vi en ustedes… ya estaba escrito cuando la primera chispa de ambos nació en mundos distintos.

Sus ojos, normalmente cálidos, tenían un borde húmedo que nunca había visto en él.

—Aunque no lo creas, Kael… les doy mi bendición.

Eso me tomó por completo desprevenido. Mi pecho se tensó, como si un puño se aflojara dentro.

Sarem apoyó una mano en mi hombro.

—Protege esa unión. Protégenla a ella. Y protege lo que lleva dentro. Esa criatura… no pertenece a un solo mundo. Ni siquiera a uno solo de ustedes.

La emoción fue desplazada por una punzada de alerta.

—¿Qué estás tratando de decir?

—Ya lo sentirás. Ambos lo harán.

Pero antes de poder preguntarle más, un estruendo partió el aire detrás de nosotros.

Un chillido agudo, húmedo, como el desgarramiento de carne.

Corrimos hacia Elara.

Elara:

El suelo vibraba bajo mis pies como si algo subterráneo intentara salir a la superficie. Antes de que Kael y Sarem regresaran, la grieta se abrió unos metros frente a mí, exhalando un aliento helado.

De esa apertura emergió una presencia.

Alto. Delgado. De piel pálida como mármol nocturno. Su cabello largo y plateado caía hasta su pecho, y sus ojos…brillaban como lunas rotas.

Lo reconocí de inmediato .

Aeryn.

El nombre golpeó mi mente como una memoria ajena. No sabía de dónde venía, pero lo sentí: él me conocía. Y su mirada era dolorosa y feroz al mismo tiempo, como la de alguien que sostiene una esperanza que el mundo ya le arrebató muchas veces.

—No pensé que vendrías aquí —dijo con una voz que no vibraba en los oídos, sino directamente en el pecho.

Retrocedí un paso.

—No te conozco —respondí, aunque algo en mi interior negaba mis propias palabras.

Aeryn avanzó un paso, levantó una mano como si quisiera tocarme, pero se contuvo.

—Tu esencia recuerda más de lo que tu memoria acepta. Tú y yo… estábamos destinados antes de él.

Supe exactamente a qué “él” se refería.

Y como si la herida del nombre convocara su presencia, Kael apareció de golpe entre nosotros, interponiéndose con una furia contenida que atravesó la tensión del aire.

—Aléjate de ella —ordenó con voz baja, casi animal.

Aeryn sonrió. No con burla. Con nostalgia.

—Siempre tan impulsivo, Kael. Hasta en este mundo tu oscuridad respira más fuerte.

La atmósfera se densificó de inmediato.

Sarem llegó justo después, sin alzar su voz, pero su energía rodeó la escena como un escudo.

—No es el momento ni el lugar para viejas disputas —advirtió.

Aeryn me miró entonces como si quisiera memorizarme de nuevo.

—Elara… te prometí que volvería por ti. Y cumpliré.

Kael estalló.

Un golpe de energía oscura se disparó desde su mano, tan rápido que apenas pude procesarlo. Aeryn lo desvió sin esfuerzo aparente, y una onda expansiva me hizo caer de rodillas.

El cielo se quebró en un crujido.

La lucha no fue física al principio. Fue una confrontación de fuerzas puras: oscuridad contenida contra luz distorsionada. Dos potencias chocando, generando pulsos que hacían vibrar mis huesos.

—¡Basta! —grité, más por instinto que por autoridad.

Pero ninguno me escuchó.

Aeryn extendió una mano hacia mí en un intento desesperado de alcanzarme.

Kael lanzó una estocada de sombra que casi lo atraviesa.

Sarem intervino de inmediato, levantando ambas palmas. Un círculo de runas flotantes surgió alrededor, encerrando a Kael y Aeryn en un campo de contención que chispeaba como fuego líquido.

—¡Deténganse los dos! —rugió.

El campo se quebró. No pudo contenerlos.

Aeryn retrocedió un paso. Luego otro. Como si algo detrás de él lo halara.

—Este mundo me consume… —susurró—. Pero regresaré por ella. Por lo que nos pertenece.

Y desapareció.

No caminó. No voló. No se disolvió. Simplemente dejó de existir en ese espacio, como si hubiera sido arrancado por un vacío hambriento.

Kael quedó inmóvil, respirando con violencia, las manos temblorosas. Cuando me vio, la tormenta en su mirada se rompió al instante. Corrió hacia mí, me sostuvo con ambas manos, palpó mi rostro como si necesitara asegurarse de que estaba completa.

—¿Estás bien?

Asentí. Aunque mi corazón seguía latiendo descontrolado.

—Él… me conoce —dije, intentando comprender mis propias palabras—. Conoce algo de mí que yo no…

Kael cerró los ojos apenas un segundo.

—No importa lo que crea conocer. No te llevará de mí. No otra vez.

Sus palabras encendieron una sensación cálida y dolorosa en mi pecho. Algo primitivo y verdadero.

Kael:

Sarem no habló durante varios minutos. Observó la grieta, observó el lugar donde Aeryn había desaparecido… y luego nos observó a nosotros.

—Debemos salir de este mundo de inmediato —dictaminó con gravedad—. Cada segundo aquí debilita las barreras que los protegen.

La grieta detrás de nosotros emitió un pulso, como un latido gigantesco.

—¿A dónde iremos? —pregunté.

Sarem extendió sus manos. Las runas brillaron en su piel como si siempre hubieran estado ahí.

—A un lugar que no pertenece a luz ni oscuridad. Un refugio. La única opción si quieren mantener su vínculo… y al pequeño que crece en ella.

Elara se llevó la mano al abdomen, sus ojos llenándose de emoción y desconcierto.

—Lo que llevas dentro no es solo vida dijo Sarem. Es un puente. Y eso es exactamente lo que la oscuridad busca… y lo que la luz teme.

Antes de poder procesarlo, el suelo empezó a romperse bajo nuestros pies.

Sarem golpeó el aire con ambas manos.

La grieta se abrió delante.

Pero esta vez no nos tragó.

Nos llamó.

—Agárrense —ordenó—. El portal no se mantendrá estable.

Tomé la mano de Elara con fuerza. Ella entrelazó los dedos con los míos sin vacilar.

Sarem pronunció una palabra antigua.

La luz y la sombra se mezclaron en un remolino.

Y saltamos.

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