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El Legado De Las Sombras

El Legado De Las Sombras

Status: Terminada
Genre:Romance / Edad media / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:6.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

La paz en el Imperio costó sangre, pero una nueva generación de lobos ha despertado. A sus treinta años, Theo Valerius es el implacable General de Hierro del Norte; a sus dieciocho, el arrogante príncipe Alexander lidera las Black Shadows. Ambos son letales, posesivos y capaces de quemar el reino por proteger a su familia... especialmente a Lucero, la indomable joya de veinticuatro años que adora desafiar su control y volver locos de celos a su hermano y a su primo.
Entre bailes de gala plagados de pretendientes en la mira, secretos oscuros y pasiones prohibidas que amenazan con romper la corte, los herederos del trono deberán enfrentar su propio destino. El juego de poder ha cambiado, y el verdadero caos apenas comienza.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: La confrontación del Heredero y el pacto de sangre

El viento del este arrastraba la marea alta contra los cimientos de piedra del viejo distrito portuario, pero Alexander ya no veía los suburbios con el desprecio de las primeras semanas. Ahora, cada callejón adoquinado y cada taberna de mala muerte eran el escenario de una cacería formal. Llevaba en el bolsillo de su casaca el informe traducido de la inteligencia del sur, el pergamino que había destrozado todas sus teorías sobre una simple ratera escurridiza. No había esperado el amanecer, ni el consejo de su padre, el Emperador Christopher. El temperamento posesivo del príncipe heredero exigía una resolución inmediata, una confrontación directa donde ya no quedaran hilos sueltos ni máscaras de encaje entre ambos.

Para este despliegue, Alexander no había escatimado en recursos. Treinta hombres de la élite de las *Black Shadows* se movían en un silencio absoluto, como una marea de espectros oscuros que clausuraba sistemáticamente cada ruta de escape, cada pasaje subterráneo y cada tejado transitable en un radio de cuatro manzanas alrededor del cabo sur. La orden del príncipe había sido tajante: cercar el perímetro, no intervenir bajo ninguna circunstancia y dejar que el objetivo corriera exactamente hacia la única salida disponible.

El antiguo faro abandonado de la punta del muelle.

La estructura de piedra negra se alzaba como un coloso en ruinas contra el cielo de la medianoche, batida por el oleaje furioso y la llovizna persistente. Alexander empujó la pesada puerta de madera carcomida, cuyos goznes emitieron un quejido sordo, y entró al recinto. El aire en el interior apestaba a salitre, moho y maderas podridas. Sin encender una sola antorcha, guiado únicamente por los destellos intermitentes de la luna que se filtraban por las aspilleras de los muros, el príncipe comenzó a subir los escalones de caracol de la torre. El eco de sus botas de montar resonaba con una deliberada fijeza. Quería que ella supiera que venía. Quería que sintiera el peso de su aproximación.

Al llegar a la cámara superior, justo debajo de la vieja linterna del faro, la silueta esbelta de la joven se recortaba contra el gran ventanal arqueado. Vestía de nuevo sus ropas holgadas de lona oscura, con el pañuelo gris cubriéndole la mitad del rostro. Sostenía un catalejo de latón en la mano, vigilando los botes del puerto, pero al escuchar los pasos de Alexander, guardó el instrumento con una parsimonia estudiada.

—Vaya, el lobito rubio ha aprendido a seguir el rastro sin necesidad de usar migajas de pan —comentó ella, su voz ronca y cargada de ese sarcasmo habitual que buscaba desestabilizarlo—. Pero lamento decirte que esta noche no hay subastas clandestinas ni cargamentos falsos para que juegues al héroe, Alexander. Deberías volver a tu cama de seda antes de que la humedad te arruine el cabello.

Alexander no respondió con otra provocación. No hubo una sonrisa de suficiencia, ni el amago de desenvainar su espada corta. Cruzó el espacio de la cámara con zancadas felinas, sus ojos claros fijos en la mirada gris de la chica con una intensidad tan destructiva que ella, por primera vez, dio un medio paso hacia atrás, topando con la barandilla de hierro del ventanal.

Sin darle tiempo a reaccionar, Alexander acortó la distancia final. Extendió ambos brazos y la tomó por los hombros con una fuerza brusca y posesiva, atrapándola contra la estructura metálica y obligándola a sostenerle la mirada a escasos centímetros.

—Se acabaron las burlas —siseó Alexander, su voz grave bajando a un registro ronco que vibró en el espacio cerrado—. Se acabaron los harapos de los muelles, los escondites en el sector prohibido y el juego de la ladrona misteriosa... Princesa.

Al pronunciar el título real, los dedos de Alexander bajaron hacia el rostro de la chica. Con un movimiento rápido y certero, tiró del pañuelo gris, dejándolo caer al suelo y revelando por completo las facciones de la joven.

La princesa menor del reino enemigo se quedó inmóvil, con la respiración contenida y los ojos grises abiertos de golpe por el impacto de verse descubierta. El nombre de su linaje, los títulos de la corona del sur y la verdad de su sangre acababan de ser pronunciados por el heredero del Imperio en mitad de un faro abandonado. La fachada sarcástica y la altanería de la ratera de los suburbios se desmoronaron en un parpadeo, dejando ver la crudeza de una mujer que cargaba con el peso de una dinastía proscrita.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó ella, su voz perdiendo toda la ironía, quedando reducida a un murmullo tenso y herido.

—Mis espías interceptaron los registros de la heráldica del sur tras el ataque al Norte —respondió Alexander, manteniendo sus manos firmes sobre sus hombros, negándose a otorgarle un solo centímetro de distancia—. Sé quién eres. Sé lo que buscas. Sé que el pergamino negro era vuestra firma de auxilio y que el capitán del Norte y la estratega son tus hermanos. ¿Por qué me lo ocultaste? ¿Por qué preferiste arrastrarte por la mugre de los puertos antes de exigir la audiencia imperial que te corresponde por derecho?

La princesa soltó un suspiro tembloroso, y una amargura profunda ensombreció su mirada. Apoyó las manos contra el pecho de Alexander, no para empujarlo, sino para sostenerse mientras la realidad de su tragedia se desbordaba.

—Porque una audiencia formal no habría servido de nada, Alexander —confesó ella, la voz quebrada por la fatiga de semanas de persecución—. El consejo de tu padre habría tardado meses en deliberar el tratado, y nosotros no tenemos meses. Mi pueblo está muriendo. La facción que tomó nuestra capital no busca un simple cambio de corona; es una secta mística y usurpadora que utiliza artes oscuras y una violencia mística que no imaginas. Quemaron nuestros templos, degollaron a nuestra guardia real en sus camas y persiguen nuestra sangre porque es la única que puede sellar sus pactos de poder. Mi hermano y mi hermana mayor tuvieron que huir conmigo entre los cadáveres de nuestros sirvientes. Si los usurpadores nos atrapan, utilizarán nuestra muerte para consolidar una maldición que arrasará también con las fronteras de tu Imperio. Estamos malditos, Alexander. No somos invitados; somos una plaga que trae la guerra detrás.

La crudeza del relato y las lágrimas contenidas que brillaban en los ojos grises de la princesa habrían conmovido a cualquier diplomático, pero en Alexander provocaron una reacción mucho más salvaje.

En lugar de retroceder por el peligro político o dar la orden de arresto para proteger al estado, el príncipe heredero la atrajo hacia su cuerpo con una ferocidad territorial absoluta. La envolvió entre sus brazos, presionándola contra su pecho con una fuerza que buscaba resguardarla de todo el horror que ella acababa de describir. Apoyó la barbilla sobre su cabello, sintiendo los latidos acelerados del corazón de la princesa chocando contra su propio jubón de seda.

—Me importa un demonio su misticismo y me importan un demonio sus usurpadores —declaró Alexander, su voz resonando con la soberbia indomable de la dinastía reinante—. Estás en el Imperio de la casa Valerius, y en este territorio nadie toca lo que yo decido proteger.

El príncipe la separó apenas unos milímetros, tomándole el rostro entre las manos, obligándola a mirarlo directamente a los ojos claros, que destellaban con una resolución implacable.

—Escúchame bien, princesa —sentenció Alexander, cada palabra cayendo con el peso de un pacto de sangre—. Mañana mismo el ejército imperial marchará hacia el sur. Yo mismo comandaré a las *Black Shadows* y te juro, por mi corona y por mi vida, que el Imperio aplastará a tus enemigos hasta que no quede un solo usurpador en pie sobre la tierra de tus padres. Reclamaremos tu reino con el filo de nuestras espadas. Pero quiero que te quede claro una cosa: a partir de esta noche, ya no corres sola. Ya no eres la ladrona de nadie. Me perteneces a mí, y de mis manos no te va a arrancar ninguna guerra.

La princesa lo miró, desarmada por completo ante la posesividad implacable y el juramento del heredero. El calor de los dedos de Alexander en sus mejillas disipó el frío del faro abandonado, sellando entre la llovizna y el rugido del mar un pacto que cambiaría el destino de los dos reinos para siempre.

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Judy
Hermosa segunda parte!!!!
Judy
Me encantó la historia!!! Felicitaciones!! Pero me quedé con ganas de un poquito más, saber más del matrimonio y desendencia de las tres parejas. Espero con ansias la historia de los gemelos y que hables un poco más del resto de la familia. Un consulta Christopher el emperador solo un solo hijo, Alexander???
Sabri Nahir Zapata Zini
Excelente continuación!!
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Sin desperdicio simplemente sensacional
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Sensacional como siempre
Aura Prieto MPH
😈
Aura Prieto MPH
LOS GEMELOS SON TERRIBLES JAJAJAJAJAJA
Limaesfra🍾🥂🌟
fue una historia sensacional. Gracias y felicitaciones🌺💐
Limaesfra🍾🥂🌟
bien ahi, recuperando el reino
Limaesfra🍾🥂🌟
guauu emoción al tope
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Capítulos emocionantes
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Alexander tan posesivo como su padre
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Siii me encantaría leer la historia de los gemelos apostadores
Limaesfra🍾🥂🌟
se que es su hno pero creo que el ya exagera. Es un tonto re tonto
Limaesfra🍾🥂🌟
al fin no??😬🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
les falta un poco de humildad
Limaesfra🍾🥂🌟
es una fascinante historia
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
uuuu Lucero sera emperatriz🤪🤪
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣
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