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Debajo De Tus Sábanas

Debajo De Tus Sábanas

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Traiciones y engaños
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Todos sabían que Víctor Moreira se había convertido en un hombre solitario tras su reciente y complicado divorcio con Ángela. Desde entonces, se había concentrado exclusivamente en una sola cosa: ser un padre intachable, enfocado en su trabajo y, sobre todo, en proteger el bienestar de su hija Angélica, una adolescente de quince años.
Pero nadie sabía sobre esos deseos sexuales que se encendieron con cada mirada recibida por Cecilia Morales, su nueva secretaria de veinte años. Una joven que fingía ser tímida, discreta y sumamente profesional ante el mundo, cuando en realidad ocultaba fantasías intensas y deseaba a ese hombre mayor y con autoridad solo para ella.

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Capitulo 16

La tormenta que azotaba los cristales del piso doce parecía el eco perfecto de la electricidad que consumía el despacho principal. El parpadeo de los relámpagos iluminaba de forma intermitente las paredes de caoba, proyectando sombras largas y sensuales que envolvían a la pareja en un oasis de absoluta clandestinidad. Afuera, la ciudad se ahogaba bajo el agua; adentro, el aire se había vuelto tan denso y caliente que cada respiración costaba un esfuerzo consciente.

Cecilia permanecía inmóvil, con la espalda apoyada contra el respaldo de la pesada silla ejecutiva. Sus muñecas seguían firmemente restringidas por la bufanda de seda oscura que Víctor había anudado con precisión milimétrica. Sentir la textura suave pero implacable de la tela aprisionando su piel, sumado a la imposibilidad de moverse libremente, encendía cada rincón de su imaginación. El vestido de punto acanalado gris perla se había subido ligeramente, revelando la curva de sus muslos y el inicio de las medias de nylon, una imagen que desafiaba directamente el puritanismo con el que se conducía durante el día.

Víctor dio un paso hacia ella, rompiendo la distancia. Su imponente presencia física de treinta años cobraba una fuerza monumental bajo la penumbra del despacho. Sin el saco del traje y con la camisa negra entreabierta en el cuello, emanaba un aura de masculinidad ruda, madura y peligrosamente dominante. No había rastro del jefe que firmaba balances o lidiaba con los reclamos de su exesposa Ángela; en ese instante, era un hombre tomando el control absoluto de lo que consideraba suyo.

Colocó sus manos grandes y cálidas a ambos lados de los brazos de la silla, inclinándose hasta que sus rostros quedaron a escasos centímetros. El aroma amaderado de su loción, mezclado con la fragancia dulce a vainilla de Cecilia, creó una combinación embriagadora.

—Mírate, Cecilia —le ordenó Víctor, con una voz de mando tan ronca y profunda que hizo que un escalofrío recorriera la columna de ella—. Hace unas horas estabas allá afuera, respondiendo el teléfono con esa voz sumisa y recatada, pretendiendo que no nos conocemos. Y ahora estás aquí, atada en mi silla, temblando solo porque estoy cerca.

Cecilia entreabrió los labios, soltando un suspiro entrecortado. Levantó la vista, sosteniéndole una mirada cargada de un atrevimiento salvaje que contrastaba deliciosamente con su incapacidad de moverse.

—Me gusta que me mires así, Víctor... —confesó en un susurro atrevido—. Me vuelve loca saber que, mientras todo el mundo te respeta y te teme en esta empresa, yo soy la única que conoce el fuego que escondes cuando se cierra esa puerta. Me fascina que me domines.

Víctor apretó la mandíbula, sintiendo que el hilo de su preciado autocontrol se rompía por completo. La honestidad con la que ella abrazaba sus fetiches, la entrega total a su autoridad, era lo más adictivo que había experimentado jamás. Su vida anterior había estado llena de manipulaciones y reproches; con Cecilia, la intimidad era un terreno libre de juicios, un espacio donde su necesidad de proteger y controlar encontraba el encaje perfecto.

Con un movimiento lento y deliberado, Víctor desató el nudo de la bufanda, liberando sus manos. Pero antes de que Cecilia pudiera bajarlas, él la tomó firmemente de la cintura, levantándola en vilo con una facilidad pasmosa que demostró su fuerza física. La sentó de un golpe seco sobre el borde del escritorio de caoba, haciendo a un lado los reportes que habían servido de excusa para quedarse.

Las piernas de Cecilia se abrieron instintivamente para rodear las caderas de su jefe, permitiendo que el vestido gris se deslizara aún más. Víctor se acomodó entre sus muslos, acorralándola contra la madera, pegando sus cuerpos hasta que no quedó un solo milímetro de separación.

—Te di una regla, Cecilia —le recordó él, tomándola del mentón con los dedos firmes para obligarla a mirarlo desde abajo—. Te dije que en esta habitación no te mueves ni me tocas a menos que yo lo autorice.

—Lo sé, señor... —respondió ella, mordiéndose el labio inferior con una sumisión fingida que solo avivaba las llamas—. Castígueme si cree que fui desobediente.

Víctor soltó un gruñido bajo, posesivo, y atrapó sus labios en un beso voraz. Fue un reclamo crudo, profundo y hambriento, un beso que sabía a posesión y a deseo reprimido durante días de miradas discretas en los pasillos. Cecilia correspondió con urgencia, enredando sus manos en el cabello oscuro de Víctor, gimiendo contra su boca mientras sentía cómo las manos de él viajaban con firmeza por sus caderas, delineando la curva de su cuerpo bajo la tela acanalada.

El beso se volvió más lento, más pesado, saboreando el peligro de la situación. Víctor bajó por su mandíbula, plantando besos calientes que descendieron por su cuello, deteniéndose en el pulso acelerado de su garganta. Cecilia echó la cabeza hacia atrás, aferrándose a los hombros anchos de su jefe, deleitándose con la maravillosa sensación de estar completamente indefensa ante él.

Las manos de Víctor bajaron por la abertura lateral del vestido, acariciando la piel desnuda de su pierna con una mezcla de rudeza y adoración cruda. Subió la tela con lentitud insoportable, sabiendo perfectamente cómo hacerla desesperar por su tacto.

—Eres una tentación maldita, Cecilia —le murmuró contra la piel, con la respiración entrecortada—. En la oficina eres impecable, pero aquí eres mía. Solo mía.

—Siempre he sido tuya, Víctor —le contestó ella en un ruego ronco, abriendo los ojos para encontrarse con esas pupilas oscuras inyectadas de pasión—. Muéstrame qué más quieres ordenar esta noche. No quiero que te detengas.

Víctor la miró desde arriba, con la camisa entreabierta y ese porte de superioridad natural que tanto la desarmaba. Le acarició la mejilla con el pulgar, dictando el ritmo del juego que ambos habían aceptado jugar debajo de las sábanas de la discreción corporativa. Fuera de ese despacho, las responsabilidades como padre y los problemas del divorcio lo esperarían en la puerta; pero en la penumbra de la noche, con la tormenta de fondo, el control absoluto de sus vidas le pertenecía únicamente a la pasión que compartían en secreto.

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Kookie
ojalá subas capitulos muchos
Kookie
tuvieron un bebé
Kookie
ya se la ganó
Kookie
tanto tiempo pasó
Kookie
entiendo a Ceci
Kookie
ya empezó el juego
Kookie
la odiosa de su ex esposa
Kookie
se está poniendo bueno
Kookie
la niña le dió su merecido a esa bruja
Kookie
no tenía que irse
Kookie
más trasfondo de la madre
Kookie
uffffff
Kookie
Ya le confesó 🤭🤭
Kookie
Más capitulos plis
SAQ
Red
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