Valeria sobrevive a un matrimonio gélido refugiándose en un cuarto secreto, donde plasma en lienzos los sueños húmedos que tiene con un hombre desconocido que la adora. Tras descubrir la cínica traición de su esposo, el dolor se transforma en una sed de venganza diseñada con la precisión de una obra de arte. En esta batalla por su amor propio, la línea entre la fantasía y la realidad se rompe cuando el hombre de sus pinturas aparece frente a ella, desatando un deseo prohibido que podría ser su salvación o su ruina.
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el cerco de la sombra
Capítulo 16:
El silencio en la suite del hotel se rompió con el zumbido de un celular sobre la mesa de mármol. Beatriz lo tomó con manos firmes, pero su mirada revelaba una mezcla de ansiedad y ambición. Al otro lado de la línea, la voz de ese aliado —un hombre cuyo nombre aún no se atrevía a pronunciar en voz alta, pero que movía los hilos con una frialdad aterradora— sonó como una sentencia.
Aquel hombre quería saber cómo iba el asunto de Julián, advirtiendo que no podían permitir que sus nervios arruinaran el plan ahora que estaban tan cerca de consolidar todo. Beatriz, mirando hacia la ciudad, le explicó que Julián estaba fuera de sí. Ella sabía que el miedo de Julián a perder su posición era lo que lo mantenía presionando a Valeria, aunque el pobre iluso no tuviera idea de que ella tenía sus propios planes para que ese divorcio nunca ocurriera. No iba a permitir que la separación de ellos ensuciara su propio camino al altar. Antes de colgar, Beatriz confirmó que la madre de Adrián ya estaba sobre aviso; ella misma se había encargado de convencer a la "vieja" de que su intervención era urgente.
Mientras tanto, en la sala, el ambiente era asfixiante. Julián estaba desencajado, con la respiración agitada y los ojos fijos en Valeria, quien lo miraba con una firmeza que él no lograba romper.
—Valeria, te lo suplico, escúchame —dijo Julián con la voz quebrada por el desespero—. Yo te amo, te quiero, eres mi compañera. No podemos tirar a la basura estos diez años de matrimonio tan bonitos que hemos tenido. Dime, ¿qué podemos hacer para salvar lo nuestro? Recuerda cuando empezamos de la nada, dame una última oportunidad... todavía podemos ser esa pareja feliz.
Valeria lo miró fijamente, y esta vez no guardó silencio. Su voz salió firme, cargada de una verdad que le dolió más que cualquier grito.
—¿Diez años bonitos, Julián? ¿O diez años en los que yo me hice pequeña para que tú te sintieras grande? —Valeria dio un paso hacia él, obligándolo a sostenerle la mirada—. Hablas de lo que "nosotros" construimos, pero te olvidas de lo que yo hice por ti. ¿Se te olvida que yo renuncié a todo para que pudieras llegar a ser el CEO de la empresa de mis padres? ¿Se te olvida que puse mi herencia y mi confianza en tus manos para que tú brillaras mientras yo me quedaba en la sombra? Me olvidé de mis sueños para que tú cumplieras los tuyos manejando los hoteles y restaurantes que eran de mi familia. Y ahora que por fin he tomado una decisión por mí misma, vienes a hablarme de amor. Lo que tú tienes es miedo a quedarte sin el poder que mi apellido te dio. Mi decisión no va a cambiar.
Julián se quedó mudo, golpeado por la realidad de una mujer que ya no reconocía como suya.
En ese momento, Beatriz llegó a la casa de Adrián. La muchacha del servicio le abrió la puerta y ella, con la seguridad de quien se siente dueña del lugar, caminó directo hacia la sala. Encontró a Adrián sentado solo en el sofá, con la mirada perdida en el fondo de un vaso de whisky. Beatriz se acercó a él con una sonrisa ensayada e intentó darle un beso, buscando ese contacto que reafirmara su compromiso, pero Adrián, de manera muy amable y decente, giró la cara sutilmente, haciendo que el beso terminara en su mejilla.
—Lo siento, Beatriz —dijo Adrián con voz suave pero distante—, el whisky me ha dado un dolor de cabeza terrible y necesito estar tranquilo un momento. No es el momento para esto.
Beatriz, aunque sintió el rechazo, no demostró ninguna molestia. Se recompuso al instante, manteniendo su máscara de perfección. Se sentó cerca de él y soltó la noticia con total naturalidad.
—No te preocupes, querido. Solo venía a comentarte que acabo de hablar con tu madre. Estaba muy inquieta y me avisó que en unos días llega aquí. Viene decidida a que hablemos seriamente sobre el compromiso de mano y no va a aceptar más excusas.
Beatriz hizo una pausa deliberada, disfrutando de la tensión que crecía en el aire, antes de soltar el golpe final.
—Y no solo ella, Adrián. Mis padres también van a llegar. Quieren estar presentes para cuando se formalice la propuesta de compromiso. Tenemos que estar preparados para recibirlos a todos; esto tiene que ser perfecto para nuestras familias.
Adrián dio un sorbo largo a su trago, sintiendo cómo el cerco de su madre y de sus futuros suegros se cerraba sobre él. Con los padres de Beatriz y su propia madre en camino para vigilar cada uno de sus movimientos, el escape parecía ahora una misión imposible.