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Matemos Las Ganas

Matemos Las Ganas

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Completas
Popularitas:25.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Novela no apta para 🔞🔞🔞

"Cinco años de silencio no fueron suficientes para apagar el fuego."
Mía es la heredera perfecta; Julián, el hombre que ella traicionó cuando él no tenía nada. Ahora, él ha vuelto: es un abogado poderoso, letal y viene de la mano de la prima de Mía.
Atrapados en una red de mentiras, ella finge amar al mejor amigo de él mientras Julián la devora con la mirada en cada rincón de la mansión. Entre pasillos oscuros y encuentros prohibidos, el odio se mezcla con una pasión incontenible.
Las excusas se terminaron. Es hora de dejar de huir y matar las ganas, aunque el precio sea destruirlo todo.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El silencio que nos destruyó

Cinco años atrás.

La lluvia golpeaba contra los ventanales de la mansión Van Doren con la fuerza de mil látigos. Dentro de su habitación, Mía tenía el corazón en la garganta. Se había puesto un abrigo oscuro sobre su vestido sencillo y sostenía su pequeña maleta con nudillos blancos. Miró por la ventana hacia el viejo invernadero, al final del jardín. Allí, bajo la penumbra y el agua torrencial, podía distinguir una silueta apoyada contra la pared de cristal.

Era Julián. Estaba allí, puntual, esperándola para escapar de esa cárcel de oro.

Mía respiró hondo y abrió la puerta de su habitación con sigilo. Pero en cuanto puso un pie en el pasillo, las luces se encendieron. Su padre, Ricardo Van Doren, estaba allí, sentado en un sillón de terciopelo, esperándola con una calma que le heló la sangre.

—¿A dónde vas, Mía? —preguntó él, sin levantar la voz.

—Me voy, papá. No puedes detenerme —respondió ella con una valentía que se desmoronaba por segundos.

Ricardo no se levantó. Simplemente dejó caer una carpeta sobre la mesa ratona.

—Julián Rivas es un muchacho ambicioso, pero su madre no tiene la misma suerte. Está en la clínica de la fundación. ¿Sabes lo que pasaría si yo dejo de pagar su tratamiento médico y el respirador esta misma noche?

Mía se quedó paralizada. El aire se volvió pesado, irrespirable.

—No te atreverías... —susurró ella, sintiendo cómo el mundo se le venía abajo.

—Pruébame. Si cruzas esa puerta trasera para reunirte con él, llamaré al hospital. Para cuando lleguen a la estación de autobuses, la madre de Julián será solo un cadáver por el que él tendrá que llorar. Y la culpa será tuya, Mía. Solo tuya.

Mía miró hacia la ventana. Podía ver a Julián moviéndose, mirando su reloj, frotándose los brazos por el frío. Él estaba sufriendo bajo la lluvia, esperando por ella, sin saber que su vida y la de su madre pendían de un hilo que Mía sostenía en sus manos.

—Si te quedas, si dejas que se vaya pensando que te arrepentiste, yo seguiré pagando todo. Ella vivirá —sentenció su padre, acercándose a ella—. Pero si alguna vez intentas decirle la verdad, si intentas explicarle por qué no fuiste, destruiré a Julián. Haré que no encuentre trabajo ni de barrendero en este país. Lo hundiré tanto que deseará no haber nacido.

Mía soltó la maleta. El sonido del golpe contra la alfombra fue el sonido de su alma rompiéndose. Se dejó caer de rodillas, sollozando en silencio mientras veía, a través del cristal empañado, cómo pasaban los minutos.

Desde la ventana, vio a Julián caminar de un lado a otro. Lo vio mirar hacia la casa, buscando una señal, una luz, algo que le dijera que ella iba en camino. Pero Mía se quedó en las sombras, obligada por el amor más puro y doloroso a parecer la más cruel de las mujeres.

Vio cómo, finalmente, Julián bajaba la cabeza. Su mochila, empapada, colgaba de su hombro como un peso muerto. Él se quedó allí un largo rato, bajo la lluvia inclemente, hasta que finalmente se dio la vuelta y se marchó, desapareciendo en la oscuridad del jardín. Se fue pensando que Mía Van Doren era una cobarde que prefería su herencia antes que a él. Se fue odiándola.

Presente.

Mía parpadeó, regresando bruscamente al salón de la boda. El brindis de su padre seguía sonando como un eco lejano y molesto. Sentía el pecho oprimido, como si el corsé del vestido la estuviera asfixiando de verdad.

Miró a Julián, que estaba sentado a unos metros, riendo con frialdad ante un comentario de Marcos. Él no sabía nada. Durante cinco años, él había alimentado su éxito y su sed de poder con el odio que sentía por ella. Julián creía que ella lo había dejado plantado por capricho, por dinero, por falta de agallas.

Cada vez que él la miraba ahora, con ese desprecio mezclado con deseo carnal, Mía sentía ganas de gritarle la verdad. Quería decirle que ella había sacrificado su felicidad para que su madre pudiera vivir un año más. Pero la amenaza de su padre seguía vigente, grabada a fuego en su mente: "Si él se entera, lo destruiré".

Julián alzó su copa de whisky y, por encima del borde del cristal, sus ojos se clavaron en los de Mía. Fue una mirada cargada de un desafío oscuro. Él se puso de pie y, sin dejar de mirarla, le hizo una seña casi imperceptible con la cabeza hacia el balcón que daba al salón de fumadores.

Era una orden, no una invitación.

Mía sintió un escalofrío. Marcos estaba distraído hablando con su padre sobre inversiones. Vanessa estaba ocupada retocándose el maquillaje por décima vez. Era el momento.

Se levantó con las piernas temblando. Sabía que ir hacia él era caminar directo al fuego, pero el peso de los secretos y las ganas acumuladas durante cinco años eran más fuertes que su miedo. Caminó hacia el balcón, sintiendo que cada paso la alejaba de su vida segura y aburrida.

Al salir al aire fresco de la noche, la penumbra la envolvió. Julián estaba allí, apoyado en la barandilla de mármol, con la espalda hacia ella. El humo de su cigarro se elevaba perezosamente en el aire.

—Viniste —dijo él, sin girarse. Su voz era una vibración baja que la hizo estremecer—. Pensé que después de lo que pasó en el reservado, estarías demasiado asustada de que tu papito te castigara.

—No estoy asustada, Julián —mintió ella, acercándose un paso.

Él se giró lentamente. La luz de la luna bañaba sus facciones, resaltando la dureza de su mandíbula y la oscuridad de sus ojos. Dio un paso hacia ella, invadiendo su espacio personal, obligándola a retroceder hasta que su espalda chocó con la pared fría.

—Mientes —susurró él, acorralándola con sus brazos a cada lado de su cabeza—. Estás aterrorizada. Pero no de tu padre, ni de Marcos. Tienes miedo de que, si te toco otra vez, no seas capaz de volver a fingir que esa vida de muñeca de porcelana te hace feliz.

Julián bajó la cabeza, su boca rozando la oreja de ella. Mía cerró los ojos, luchando por no gemir ante su cercanía.

—¿Te acuerdas de la última vez que me esperaste bajo la lluvia, Julián? —preguntó ella, con una nota de desesperación en la voz que no pudo ocultar.

Él se tensó. El ambiente se volvió gélido en un segundo.

—Yo no te esperé, Mía. Yo aprendí lo que valen tus promesas —escupió él con amargura—. Aprendí que para una Van Doren, la gente como yo solo somos juguetes para pasar el rato hasta que el deber llama.

Él la tomó de la barbilla, obligándola a mirarlo. Sus ojos destellaban un odio ardiente, pero también una necesidad física que era casi dolorosa de presenciar.

—Por eso estoy aquí —continuó él, su pulgar acariciando su labio inferior con una presión excesiva—. No he vuelto por tu perdón, ni por tu amor. He vuelto para demostrarte que ahora yo soy el que tiene el poder. Y que si quiero tenerte contra esta pared, gimiendo mi nombre hasta que te olvides de quién eres, lo voy a hacer. Y tú me vas a dejar, porque tus ganas son tan grandes como tu hipocresía.

Mía quiso llorar. Quería decirle que ella también estuvo bajo esa lluvia, pero del otro lado del cristal, gritando en silencio. Pero solo pudo quedarse allí, prisionera de su mirada, sabiendo que el hombre al que había salvado era ahora el hombre que más deseaba y, al mismo tiempo, el que más la odiaba por una mentira que ella estaba obligada a mantener viva.

1
Yadira Alvarez
veremos como se desarrolla todo 💖
Yadira Alvarez
veremos como se desarrolla empezó muy arriba espero no se desmorone después 🥰
Aracelyhj Hdez
Excelente
Liliana Ester Doretto
me encantó!!
alicia andrade
muy bonita, así deben ser no tan largas XK aburren , te felicito me 3ncanto
Milagros Peña
hermosa novela y corta, como me gustan
Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas de la historia 🥰🥰
Maris Benitez
Que dolor 🥹🥹 m😥😥😥😥😰😰
Maris Benitez
Maldito infeliz el padre 😤😤🤬🤬😡😡
DALIA NAHIR ORDOÑEZ CAMACHO
Te felicito, es una de las pocas que no duraron 30 mil años , tubo de todo un poco espero otras gracias 🥰😂
DALIA NAHIR ORDOÑEZ CAMACHO
Te felicito, es una de las pocas que no duraron 30 mil años , tubo de todo un poco espero otras gracias 🥰😂
Joana Rosas
excelente 🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
Lucy alejo
me atrapó está lectura y no la deje hasta terminar muchas gracias autora por esta maravillosa novela que nos regaló, la recomiendo 🌹🌹🌹🌹🥰
Lucy alejo
me encantó bonita cortita pero muy bien redactada la felicito autora 🌹🌹
Lucy alejo
🥰🥰🥰😍
Lucy alejo
marco está preso y ya por fin van a ser felices sin la sombra del pasado
Lucy alejo
así es todo es su culpa sabiendo como era marco y no le importo entregarle a su hija para su propio beneficio, ahora no se de golpe de pecho 🙄
Lucy alejo
que bueno que llegó a tiempo Julián
Lucy alejo
que no les pase nada 🙏🏻
Lucy alejo
buenísima 🥰🥰🥰😍
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