Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Lord Devlin 1
La puerta del carruaje se abrió.
El sonido fue claro.
Definitivo.
Rachel sintió cómo el corazón le latía con fuerza en el pecho.
Y entonces.. Damian la soltó. Con suavidad.
Como si nada hubiera pasado.
Como si unos segundos antes no la tuviera entre sus brazos.
Rachel se enderezó de inmediato, intentando recuperar la compostura, aunque el leve temblor en sus manos la traicionaba.
Pero lo que vino después… no lo esperaba.
Damian bajó primero.
Con total naturalidad.
Como dictaba el protocolo.
Y luego, al girarse hacia ella, extendió la mano.
—Lady Mason.
Su tono era impecable.
Formal.
Casi irreconocible comparado con el hombre del carruaje.
Rachel lo miró un segundo.
Sorprendida.
Pero colocó su mano sobre la de él.
Y descendió.
En cuanto sus pies tocaron el suelo.. un leve estremecimiento recorrió su cuerpo.
Una mezcla de emoción, nervios… y algo más que no supo nombrar.
Damian lo notó.
Claro que lo notó.
Y una pequeña sonrisa apareció en sus labios. Sutil.
Pero imposible de ocultar del todo.
Rachel retiró la mano con rapidez, intentando ignorarlo.
Pero no tuvo tiempo de decir nada.
Porque entonces..
—¡RACHEL!
El grito rompió el aire.
Ambos padres.
Corriendo hacia ella.
Sin protocolo.
Sin formalidad.
Solo miedo.
El vestido de su madre ondeando con prisa, su padre avanzando con pasos firmes pero desesperados.
Rachel abrió apenas los ojos.
—Madre… Padre…
Y en el siguiente instante.. la abrazaron.
Fuerte.
Apretándola como si temieran que desapareciera.
—¡Estás bien! Nos dijeron que hubo un ataque…
—Que tu carruaje fue interceptado… Pensamos…
No terminó la frase.
No hizo falta.
Rachel suavizó su expresión.
Y, por primera vez desde que llegó… dejó de pensar en todo lo demás.
En Damian.
En el viaje.
En lo ocurrido.
Y simplemente… respondió al abrazo.
—Estoy bien… De verdad.
Sus manos se apoyaron en los brazos de sus padres.
—No pasó nada.
Pero ellos no parecían convencidos.
La miraban.
La tocaban.
Como asegurándose de que estaba completa.
A salvo.
Y Rachel… se conmovió.
Porque en ese momento.. no importaba nada más.
Solo eso.
El amor evidente en sus ojos.
El miedo que habían sentido.
Y el alivio de tenerla de vuelta. A salvo.
Muy cerca, Damian observaba la escena en silencio.
Sin intervenir.
Pero con una mirada distinta.
Más seria.
Más profunda.
Porque ahora entendía algo con claridad..
Rachel Mason no solo era fuerte.
No solo era diferente.
También era… profundamente amada.
Y eso… lo cambiaba todo.
Cuando el abrazo finalmente se suavizó, el duque Mason alzó la mirada.
Y entonces lo vio.
Damian.
De pie a unos pasos, firme, discreto, sin interrumpir… pero claramente presente.
El duque se recompuso de inmediato.
Volvió a su postura formal.
A su papel de duque..
Y avanzó hacia él.
—Lord Devlin.
Su voz fue respetuosa, pero con un peso evidente.
—Debo agradecerle.
Damian inclinó apenas la cabeza.
—No es necesario.
—Lo es.. Defendió el carruaje de mi hija… y la trajo de regreso sana y salva.
Hubo un breve silencio.
—Eso… no lo olvidaré.
Rachel, a un lado, observaba.
Con una ligera tensión en el cuerpo.
Sus ojos se movieron hacia Damian, casi sin querer.
[¿Qué hará…?]
Pero él… no mostró nada fuera de lugar.
—Cumplí con lo que correspondía.. Lady Mason estuvo en peligro. Era mi deber actuar.
Su tono era impecable. Medido. Distante.
Como si en ningún momento… hubiera habido otra cosa.
La madre de Rachel intervino entonces, con una sonrisa amable..
—Lord Devlin, por favor… debe entrar. Permítanos recibirlo como corresponde.
Rachel giró el rostro de inmediato.
—Madre, no creo que sea necesario..
Y luego miró a Damian.
—Seguramente Lord Devlin está ocupado.
La forma en que lo dijo… fue deliberada. Formal. Distante.
Casi marcando una línea.
Pero algo cambió.
Muy sutil.
Muy rápido.
Damian la miró.
Y por un segundo.. su expresión se tensó apenas.
[Lord Devlin.]
No “Damian”.
No como antes.
No como en el carruaje.
No como en la habitación.
Algo en esa distancia… le molestó.
Más de lo que esperaba.
Rachel no lo notó de inmediato.
Pero él sí. Y eso bastó.
Volvió la mirada hacia los duques.
—Acepto la invitación.
La respuesta fue inmediata.
Sin dudar.
Rachel parpadeó.
Sorprendida.
[¿Por qué? ¿Tan rápido?]
El duque sonrió, satisfecho.
—Será un honor recibirlo.
Lady Mason asintió con calidez.
—Por favor, acompáñenos.
Rachel se quedó un segundo en silencio.
Procesando. Y cuando volvió a mirar a Damian… lo encontró ya caminando junto a sus padres.
Como si siempre hubiera pertenecido allí.
Como si esa decisión… hubiera sido completamente natural.
Pero ella sabía que no lo era.
Y por alguna razón que no terminaba de entender… eso la puso aún más nerviosa.
Asi, el grupo avanzó hacia el interior de la mansión Mason.
Todo volvió a su orden habitual.. sirvientes alineados, puertas abiertas, el murmullo elegante de una casa noble funcionando con precisión.
Pero bajo esa apariencia perfecta… había muchas cosas ocurriendo al mismo tiempo.
El duque Mason caminaba junto a Damian, su tono ahora más serio, más enfocado.
—¿Cómo ocurrió exactamente el ataque?
Damian respondió con claridad.
—Fue una emboscada. Bien posicionada. No parecía un grupo improvisado.
El duque frunció ligeramente el ceño.
—¿Organizados?
—Lo suficiente para ser una amenaza real.. No era un simple robo al azar.
El duque asintió, pensativo, ya procesando implicancias más grandes.
Mientras tanto… Lady Mason se había quedado unos pasos atrás.
Junto a Rachel. Y no estaba distraída.
En absoluto.
Una de las doncellas se inclinó discretamente hacia ella, susurrándole algo al oído.
Un informe. Breve. Pero suficiente.
Lady Mason frunció apenas el ceño.
Y giró de inmediato hacia su hija.
—Rachel.
Su voz cambió.
Más suave… pero más atenta.
Rachel lo notó.
Y eso fue suficiente para ponerla en alerta.
—¿Sí, madre?
—Las doncellas me han dicho que no te sentías bien.
Rachel sonrió. Rápido.
—Estoy bien, de verdad..
—Y que te caíste —añadió su madre, sin dejarla terminar.
Silencio.
Rachel se quedó quieta. Por un segundo.
[Esto otra vez no]
—Fue nada, madre, en serio..
—Incluso dijeron que caminabas con dolor.
Rachel sintió cómo el calor subía de golpe a su rostro.
Sus mejillas se tiñeron de rojo. Inmediato. Incontrolable.
Y casi sin querer… sus ojos se desviaron.
Hacia él. Damian.
Que caminaba apenas unos pasos más adelante.
Y que, claramente… había escuchado.
Porque cuando sus miradas se cruzaron.. él sonreía.
No una sonrisa abierta.
Sino una leve.
Ladeada.
Con un matiz… imposible de ignorar.. Orgullo.
Rachel lo miró un segundo más.
Con una mezcla de vergüenza… y amenaza silenciosa.
[Ni se te ocurra decir nada.]
Pero él no habló. No lo necesitaba. Eso era peor.
Rachel volvió rápidamente la atención a su madre.
—De verdad, no es nada.. Me resbalé un poco, eso es todo.
Lady Mason no parecía completamente convencida.
—¿Estás segura?
—Sí.
Rachel sostuvo su mirada.
Con firmeza.
—Completamente segura.
Hubo un pequeño silencio.
Lady Mason la observó unos segundos más.
Analizando.
Midiendo.
Pero finalmente… asintió.
—Está bien.
Aunque no del todo convencida.
—Pero más tarde te revisará el médico.
Rachel abrió la boca..
—Madre…
—Es solo por precaución.
No había espacio para discusión.
Rachel suspiró por dentro.
Pero sonrió.
—Como diga.
Lady Mason suavizó su expresión, satisfecha.
Y volvió a avanzar.
Rachel se quedó un segundo atrás..
Respirando.
Recuperándose.
Y entonces.. sin girarse completamente.. acercándose a poco a Damian..
murmuró apenas..
—Esto es tu culpa.
Sabía que él escucharía.
Y, efectivamente… la leve risa de Damian, apenas contenida, llegó hasta ella. Baja.
Casi imperceptible.
Pero suficiente.
Y eso solo hizo que Rachel se sonrojara un poco más… mientras intentaba, con toda su dignidad, seguir caminando como si nada hubiera pasado.