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Siempre Te Espere

Siempre Te Espere

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor de la infancia / Pareja destinada
Popularitas:589
Nilai: 5
nombre de autor: sarais

novela juvenil de romance que demuestra que tanto se puede esperar a una persona por amor , también lo que es capaz de hacer una persona por proteger a ser que ama desde la niñez en sus vidas habrá mucho tropiezos y tendrá que salir de ese mundo oscuro para llegar a la persona que siempre la espero

NovelToon tiene autorización de sarais para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El punto sin retorno

Había pasado mes .

Un mes desde aquella pelea.

Un mes desde la discusión de Eros y franco .

Ese día .

Eros entró nuevamente a la clínica con la misma sensación amarga. El olor a desinfectante ya le resultaba familiar.

Se detuvo frente a la habitación.

Nada.

Las máquinas seguían marcando el mismo ritmo mecánico. El cuerpo inmóvil. Sin reacción.

—Despierta… —murmuró en voz baja, más frustrado que esperanzado.

Necesitaba que hablara.

Necesitaba que contara lo que realmente había pasado esa noche.

Pero el silencio del hospital era implacable.

Horas después, en la empresa, estaba frente a Mia.

Ella lo observaba con preocupación

—No puedes seguir ocultándolo —dijo finalmente—. Tienes que decirle la verdad a tu padre.

Eros apoyó las manos sobre el escritorio.

—Si se entera por otro lado será peor.

—Va a ser peor de cualquier manera si explota sin control.

Eros cerró los ojos un segundo.

Sabía que tenía razón.

El peso de todo estaba creciendo demasiado.

____________

Ese mismo día, Amber estaba en casa de sus padres.

Había ido con la excusa de una visita rápida, pero en realidad necesitaba respuestas.

Buscó a Melody en la habitación.

—Necesito que me digas exactamente qué pasó esa noche —le pidió en voz baja.

Melody de que hablas ?

__Sabes de que hablo melody

__Se lo que tú tal vez sabes

__esa es la cosa , sabes bien que ese día no puede ir a ese clud pero se que hubo una pelea lo que no sabía era que eros estaba incluído.

—Ya sabes lo básico.

—No. Quiero todo.

Melody suspiró.

Le contó lo que sabía: la discusión, el altercado, cómo el muchacho terminó golpeado, cómo lo habían intentado separar antes de que todo se saliera de control.

No fue como dicen —concluyó—.

Amber procesó cada palabra.

Si eso salía a la luz… podía liberar a...

El teléfono vibró.

Franco.

¿Dónde estás?

No estás en casa.

¿Qué estás diciendo y a quién?

Amber sintió el estómago apretarse.

Otro mensaje.

No juegues conmigo.

En casa, Franco caminaba de un lado a otro

Imaginaba conversaciones.

Confesiones.

Traiciones.

En su mente, Amber ya lo estaba “echando de cabeza”.

Cuando ella regresó, la tormenta ya estaba formada.

Apenas cruzó la puerta, Franco la enfrentó.

—¿Qué estás contando?

—Nada.

—¡No me mientas!

La empujó antes de que pudiera reaccionar.

Fuiste a hablar de mí? ¿Con tu familia? ¿Con él?

—No—

El golpe fue directo.

No como antes.

Más fuerte.

La tomó del cabello, la lanzó contra el suelo.

Los insultos fueron brutales.

Eric empezó a llorar.

Franco lo encerró en la habitación, cerrando con seguro.

Para que no vea lo que provoca su madre —escupió.

Amber intentó levantarse, pero otro empujón la hizo caer.

Su labio se abrió contra el borde de la mesa.

Sangre.

El dolor fue punzante.

Pero el no se detuvo hasta que sintió que Amber ya con eso aprendería .

Y entonces Franco se detuvo.

Respirando agitado.

La miró en el suelo.

Y salió de la casa dando un portazo.

Silencio.

Solo el llanto de Eric detrás de la puerta cerrada.

Amber temblaba.

Le dolía el cuerpo.

Pero más le dolió entender que ya no era una advertencia.

Era destrucción.

Se arrastró hasta la pared, buscó su teléfono con manos temblorosas.

Por primera vez, no dudó.

Marcó.

Eros contestó al segundo tono.

—¿Amber?

Su voz se quebró.

—Ven… por favor.

No explicó.

No hizo falta.

Cuando Eros llegó, la puerta estaba entreabierta.

Entró.

Y lo que vio lo dejó inmóvil un segundo.

Amber en el suelo.

Moretones visibles.

El labio partido.

Sangre seca.

Y el niño llorando detrás de una puerta cerrada.

La furia en sus ojos verdes fue inmediata.

Se acercó a Amber con cuidado.

—¿Quién fue? sabía quién era pero aún así preguntó.

No necesitaba la respuesta.

Ella lo miró, con lágrimas mezcladas con sangre.

Y ahí, en ese instante, decidió.

—Ya no voy a mentir más.

El punto sin retorno había llegado.

_____________

No hizo preguntas inútiles.

Primero abrió la habitación donde estaba Eric. El niño salió corriendo hacia Amber, llorando. Eros lo cargó con un brazo y con el otro ayudó a Amber a levantarse.

—Nos vamos —dijo con una voz que no era normal en él.

Era fría. Controlada. Peligrosa.

La llevó hasta el auto. Sentó a Amber con cuidado en el asiento del copiloto. Eric quedó atrás, aún sollozando.

Cuando arrancó, el silencio dentro del vehículo era denso.

Pero dentro de él no había silencio.

Había fuego.

Cada vez que miraba de reojo el labio partido de Amber… Cada vez que veía Eric con sus ojitos rojos de tanto loro y fatigado por lo mismo

Cada vez que veía el moretón formándose en su mejilla…

Cada vez que recordaba que Franco había encerrado al niño…

La rabia crecía.

Lo voy a matar.

El pensamiento no fue impulsivo.

Fue claro.

Frío.

Lo voy a matar.

Apretó el volante con fuerza. Sus ojos verdes se oscurecieron.

Pero respiró.

No.

Primero Amber.

Primero Eric.

Primero ponerlos a salvo.

Después…

Después vería.

—Ya estás conmigo —murmuró sin dejar de mirar la carretera.

Amber apenas podía sostenerse consciente, pero lo escuchó.

Y por primera vez en mucho tiempo, no sintió miedo.

Cuando el auto se detuvo frente a la casa de sus padres, la puerta ya se estaba abriendo.

Marian salió primero.

Y cuando vio el rostro de su hija…

El grito le salió del alma.

—¡Dios mío!

Corrió hacia ella.

Las manos le temblaban mientras tocaba su rostro con cuidado, como si temiera romperla más.

—¿Qué te hizo? ¿Qué te hizo? decía entre lágrimas jasma pensó ver a unas de sus princesas así las cuido tanto y a hora por primera vez sintió un dolor de madre cuando le tocan a su pequeña .

Eric se aferró a las piernas de Marian, llorando.

Detrás apareció Nehemia, y luego Aslan.

La expresión de ambos cambió de inmediato.

La frustración se volvió furia.

Lo voy a buscar —murmuró Aslan, dando un paso hacia atrás.

Eros lo detuvo con una mirada.

Una mirada que decía: no todavía.

Entonces salió Diego.

Y cuando vio a su hija… el mundo se le cayó.

No gritó.

No habló.

Solo caminó hacia ella con su ojos intentando no derramas una lágrima.

Amber apenas alcanzó a decir:

Papá…

Diego la abrazó con un cuidado que contrastaba con la violencia que ella traía encima.

Luego, sin decir nada más, la cargó en brazos.

Como cuando era niña.

Como cuando se raspaba las rodillas y corría a él.

La llevó hasta su antigua habitación.

La recostó con suavidad y fue cuando ya no pudo y se preguntó que hizo tan mal para fuera su hija la que sufriera esos golpes.

Marian entró detrás, llorando, buscando hielo, buscando algo, cualquier cosa que calmara el daño.

En la sala, Nehemia caminaba de un lado a otro

Esto ya no se queda así.

Aslan golpeó la pared con el puño.

—Se acabó.

Eros permanecía de pie.

Quieto.

Pero por dentro era un huracán.

Lo voy a hacer pagar.

No era una amenaza vacía.

Era una promesa.

Pero primero iba a asegurarse de que Amber y Eric estuvieran completamente fuera del alcance de Franco.

Porque esta vez no era una discusión.

No era control.

Era violencia que pudo haber terminado peor.

Y todos en esa casa lo sabían.

El silencio que cayó después no fue de miedo.

Fue de guerra contenida.

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