Ella renace en un nuevo mundo, y quiere ser la mejor hermana menor.. en esta nueva oportunidad para vivir.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
*Todas las novelas son independientes**
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Mariposas
Despues del recorrido por los establos y una breve reunión en la que Naomi debió esforzarse y concentrarse mucho mas para no quedarse con la boca abierta mirando al rubio socio comercial, finalmente pudo volver a la mansión.
El carruaje de la familia Darcy avanzaba lentamente por el camino que llevaba de regreso a la mansión.
El sol de la tarde comenzaba a inclinarse sobre los campos de Bernicia, tiñendo de dorado la hierba y los caminos de tierra.
Naomi iba sentada junto a la ventana del carruaje.
Con la espalda recta.
Las manos apoyadas con elegancia sobre su falda.
Cualquier persona que la viera desde fuera pensaría que simplemente estaba disfrutando del paisaje después de una reunión exitosa.
Pero dentro de su mente… las cosas eran muy distintas.
Porque cada pocos segundos recordaba algo de esa mañana.
La forma en que David había sostenido su cintura para ayudarla a bajar del caballo.
La cercanía de su voz cuando le explicaba cómo sujetar las riendas.
La calma con la que se movía entre los caballos, como si todo ese mundo le perteneciera.
Naomi cerró los ojos un momento.
Y luego suspiró.
—Esto es absurdo..
Apoyó la cabeza contra el respaldo del carruaje y, de repente, recordó algo que había leído en su primera vida.
Era una frase que circulaba mucho en internet.
Una frase divertida que la había hecho reír cuando era estudiante.
Sonrió suavemente al recordarla.
—“Si sientes mariposas… toma agua y ahógalas”.
La idea le pareció tan ridícula que soltó una pequeña risa.
Sí.
Eso era exactamente lo que estaba sintiendo.
Las famosas mariposas en el estómago.
Esa sensación nerviosa que hacía que su corazón se acelerara y su estómago se encogiera cada vez que David hablaba.
Naomi abrió los ojos y miró el paisaje otra vez.
La sonrisa se volvió un poco más tranquila.
Porque después de pensarlo con claridad… la situación no era complicada.
David no había mostrado ningún interés romántico.
Ni una insinuación.
Ni una mirada prolongada.
Ni una conversación fuera de los negocios.
Había sido amable.
Profesional.
Respetuoso.
Nada más.
Y Naomi no era una adolescente ingenua.
Era una mujer que había vivido dos vidas.
Una comerciante capaz de negociar con nobles y mejorar el negocio familiar en pocos meses.
Así que no iba a hacerse ilusiones innecesarias.
—Me encanta mi socio…
Porque negarlo sería absurdo.
David Devlin era guapo.
Inteligente.
Serio en los negocios.
Y además tenía esas manos grandes que todavía aparecían en su memoria con demasiada claridad.
Naomi suspiró otra vez.
—Pero eso no significa nada.
Se cruzó de brazos con una pequeña expresión decidida.
Había tomado una decisión.
Una decisión práctica.
Una decisión inteligente.
Ella se alejaría un poco de ese negocio.
No lo abandonaría.
Pero dejaría que Nelson se encargara de la mayoría de las reuniones con David.
Después de todo…
El negocio de los Darcy no dependía solo de ella.
Su hermano era perfectamente capaz.
Y Nelson tenía algo que Naomi valoraba profundamente.
Era prudente.
Confiable.
Y además… no se distraería con lo guapo que era David Devlin.
Naomi dejó escapar una pequeña risa ante ese pensamiento.
[Sí. Era lo mejor.]
Mucho mejor.
Porque cuando Naomi había llegado a esta segunda vida…
Lo había hecho con un propósito muy claro.
Había perdido a su hermano en su primera vida.
Y esa pérdida había dejado un vacío enorme en su corazón.
Pero ahora…
Los dioses le habían dado algo imposible.
Una nueva oportunidad.
Y en esta vida también tenía un hermano.
Nelson.
Su verdadero tesoro en esta existencia.
Naomi miró el cielo dorado a través de la ventana del carruaje.
Sus ojos se suavizaron.
—Vine a esta vida para ayudar a mi hermano… No para sufrir por un hombre. No para perseguir sentimientos que quizás ni siquiera eran correspondidos.
Así que respiró profundamente.
Y con esa misma disciplina que había usado para mejorar las rutas comerciales…
Decidió ahogar esas mariposas.
Dejaría que el negocio continuara.
Pero se mantendría un paso atrás.
Porque proteger su corazón… también era una forma de ser inteligente.
Y Naomi Darcy, después de todo… siempre elegía la decisión más racional.
El carruaje de la familia Darcy finalmente se detuvo frente a la mansión.
Los sirvientes se apresuraron a abrir la puerta y ayudar a Naomi a bajar. Ella agradeció con una pequeña inclinación de cabeza y caminó hacia el interior con paso tranquilo, aunque por dentro todavía estaba organizando sus pensamientos.
La casa estaba en calma esa tarde.
El sonido de sus zapatos sobre el piso de madera resonaba suavemente en el pasillo mientras avanzaba hacia el despacho donde normalmente trabajaba su hermano.
Nelson Darcy estaba sentado tras el escritorio revisando varios documentos cuando la puerta se abrió.
Al verla entrar levantó la vista de inmediato.
—¿Cómo fue la visita a los establos?
Naomi cerró la puerta tras de sí y caminó hasta sentarse frente a él.
Por un momento guardó silencio.
Nelson la observó con atención.
La conocía demasiado bien.
Sabía que algo estaba pasando.
—¿El negocio salió mal?
Naomi negó con la cabeza.
—No.
—¿Entonces?
Ella respiró hondo antes de hablar.
—Hermano… necesito pedirte algo.
Nelson dejó la pluma sobre el escritorio inmediatamente.
—Claro. ¿Qué ocurre?
Naomi apoyó los brazos sobre la mesa.
—Quiero que tú te hagas cargo de los negocios con los Devlin.
Nelson parpadeó sorprendido.
—¿Qué?
La miró con más atención.
—¿Pasó algo con David Devlin?
Su tono cambió ligeramente.
Más protector.
—¿Fue maleducado contigo? ¿Dijo algo inapropiado?
Naomi levantó una mano enseguida.
—No, no, no. Nada de eso.
Nelson frunció el ceño.
—¿Entonces?
Naomi suspiró.
Ella nunca le mentía a su hermano.
Ni en su primera vida.
Ni en esta.
Así que decidió decir la verdad.
—El problema es exactamente el contrario.
Nelson ladeó la cabeza sin entender.
—¿El contrario?
Naomi se recostó en la silla con una pequeña expresión resignada.
—David Devlin es demasiado guapo… y demasiado encantador.
El silencio que siguió duró apenas un segundo.
Luego Nelson la miró.
Y después de procesar lo que acababa de escuchar… soltó una carcajada enorme.
—¡¿Ese es el problema?!
Naomi lo miró con expresión seria.
—Estoy hablando muy en serio.
Pero Nelson seguía riendo.
Se inclinó hacia atrás en la silla, cubriéndose el rostro con una mano.
—Perdón… perdón…
Intentó calmarse.
Pero todavía se le escapaban pequeñas risas.
—Entonces… ¿quieres que me haga cargo del negocio porque el hombre es demasiado guapo?
Naomi cruzó los brazos.
—Exactamente.
Nelson volvió a reír.
—No estoy bromeando..
—Lo sé, lo sé.. Pero no esperaba algo así.
Naomi lo miró con expresión firme.
—No es un asunto trivial.
Nelson levantó una ceja divertido.
—Explícate.
Naomi suspiró y luego dijo con total naturalidad:
—Me gusta.
Nelson dejó de reír por un momento.
—¿En serio?
Naomi asintió.
—Mucho.
Luego añadió con sinceridad absoluta..
—Pero él no ha mostrado ningún interés.
Nelson la observó con calma.
—¿Y por eso quieres alejarte?
—Sí.
Naomi apoyó la barbilla en la mano.
—No quiero complicar las cosas.
Luego añadió con tono práctico..
—El negocio es bueno. Muy bueno. Pero no necesito estar presente en todas las reuniones.
Nelson asintió lentamente.
Eso tenía sentido.
Pero entonces Naomi sonrió ligeramente.
—Además recordé algo que leí por ahí..
Nelson se inclinó un poco hacia adelante.
—¿Qué cosa?
Naomi lo miró con una pequeña sonrisa divertida.
—Un consejo sobre el amor.
Nelson parecía intrigado.
—¿Y cuál era?
Naomi se encogió de hombros.
—Decía.. “Si sientes mariposas… toma agua y ahógalas”.
Nelson se quedó inmóvil un segundo.
Procesando la frase.
Y luego… estalló en carcajadas.
—¡¿Ahogar las mariposas?!
Se inclinó sobre el escritorio riendo sin poder detenerse.
—¡Eso es terrible!
Naomi no pudo evitar reír también.
—Es muy práctico.
—¡Es lo más absurdo que he escuchado!
Naomi se encogió de hombros.
—Pero funciona.
Nelson la miró con una gran sonrisa.
—Entonces… ¿quieres que yo me encargue de los Devlin mientras tú… ahogas las mariposas?
Naomi asintió con absoluta dignidad.
—Exactamente.
Nelson volvió a reír.
Pero luego levantó una mano con gesto solemne.
—De acuerdo.
Se inclinó hacia adelante apoyando los codos en el escritorio.
—Acepto hacerme cargo de los negocios con los Devlin.
Naomi sonrió aliviada.
—Gracias.
Nelson todavía parecía divertido.
—Aunque debo decir algo.
Naomi lo miró.
—¿Qué?
Nelson sonrió con picardía.
—Nunca imaginé que mi brillante hermana comerciante sería derrotada por… mariposas en el estómago.
Naomi tomó un documento del escritorio y se lo lanzó suavemente.
—Cállate.
Nelson lo atrapó riendo.
Y por un momento, el despacho de los Darcy se llenó con el sonido de las carcajadas de los dos hermanos.
Una risa cálida.
Cómplice.
La risa de dos personas que, sin importar el mundo o la vida en la que estuvieran… siempre volverían a encontrarse como familia.