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Mi Querida Enemiga!

Mi Querida Enemiga!

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Atracción entre enemigos
Popularitas:530
Nilai: 5
nombre de autor: RealtiveRat

Un listón morado. Un brazalete rojo. Y una regla que ninguno debe romper.

​En la prestigiosa Academia Élite Amagi, la guerra entre chicos y chicas no es un juego: se dividen en pabellones opuestos, compiten por cada rincón del campus y nadie se atreve a cruzar "La Línea Roja".

​Al frente de esta rivalidad están Aoi Kisaragi, la implacable y elegante presidenta de las chicas, y Ren Kageyama, el imponente y serio líder de los chicos. Para todos en el colegio, son rivales acérrimos que no se pueden ni ver.

​Pero detrás de su mirada fría y su postura inquebrantable, Ren guarda el secreto más peligroso de la academia: lleva más de un año perdidamente enamorado de Aoi.

​¿Qué pasará cuando un encuentro fortuito a solas amenace con sacar a la luz su secreto? En un internado donde amar al enemigo es una traición, mantener las apariencias será su batalla más difícil.

NovelToon tiene autorización de RealtiveRat para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Distancia En El Balcón

La puerta de madera del viejo balcón crujió bajo la presión de la mano de Ren.

El silencio de la noche envolvía la parte trasera de la biblioteca, iluminada únicamente por el reflejo de la luna llena.

—¿Tú...? —repitió Aoi, dando un paso hacia atrás mientras abrazaba el libro contra su pecho—. ¿Qué haces aquí, Kageyama? Si alguien de mi pabellón o del tuyo nos ve juntos a estas horas, sabes bien lo que va a pasar.

Ren permaneció en el umbral, sin saber exactamente cómo reaccionar. Ver a la presidenta implacable vistiendo ropa cómoda de descanso, con su cabello rubio suelto y sin la frialdad con la que solía mirarlo de día, le provocó un cortocircuito interno.

(¡Maldita sea! ¡Está demasiado cerca! ¡Actúa normal, Kageyama, actúa normal!), gritaba la mente de Ren, mientras que por fuera mantenía una expresión seria, erguida y totalmente tranquila.

—Tranquilízate, Kisaragi —dijo Ren con voz pausada, dando un paso dentro del balcón y cerrando la puerta con cuidado tras de sí—. Nadie viene a este lugar. Es el único rincón del colegio donde no hay patrullas de guardia.

—Eso no responde a mi pregunta —replicó ella, entrecerrando sus ojos azules con desconfianza—. Este es mi lugar de lectura. ¿Me estás siguiendo?

Ren arqueó una ceja, fingiendo indiferencia mientras se apoyaba de espaldas contra el barandal de piedra.

—¿Seguirte? Por favor. Llevo viniendo a este balcón desde el primer semestre para... respirar aire fresco. Si supiera que estabas aquí, habría traído mi consola portátil para no aburrirme.

Aoi lo miró fijamente por unos segundos, analizando su postura. La rigidez de Ren parecía la misma de siempre, la del imponente líder del Pabellón Negro que jamás cedía un centímetro en las reuniones.

Lo que ella no podía ver era el sudor frío en la nuca de Ren ni cómo su corazón retumbaba como un tambor.

—Como sea —suspiró Aoi, cerrando su libro con un chasquido suave—. Ya me iba. Puedes quedarte con el balcón.

Dó un paso hacia la salida, pero al pasar al lado de Ren, tropezó ligeramente con la esquina de una caja de madera que alguien había dejado tirada cerca de la puerta.

—¡Ah...!

Instintivamente, Ren reaccionó con la rapidez de un atleta: estiró el brazo y la sujetó firmemente por la cintura antes de que tocara el suelo.

El tiempo pareció detenerse por un segundo.

El rostro de Aoi quedó a escasos centímetros del pecho de Ren. Por primera vez, ella pudo notar el calor de su cuerpo y el ligero aroma a menta que desprendía. Levantó la mirada, encontrándose directamente con los ojos marrones de él.

A Ren se le cortó la respiración. Tenerla tan cerca era una prueba de fuego para su autocontrol.

(¡No la mires a los labios, no la mires a los labios!), se repetía en pánico internamente, desando gritar de los nervios como un chico cualquiera.

—T-Tenes que mirar por dónde caminas, Kisaragi —logró decir Ren, forzando un tono serio y rasposo para ocultar su voz temblorosa.

Aoi pestañeó dos veces, recuperando el aliento. En cuanto procesó la posición en la que estaban, sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso y se separó de golpe, dándole un empujón suave en el pecho.

—¡P-Puedo cuidarme sola! —exclamó en un susurro furioso, acomodándose el cabello rápidamente—. Y no me vuelvas a tocar así.

—Solo evité que te fracturaras un tobillo. De nada —respondió Ren, cruzándose de brazos y volviendo a poner las manos en los bolsillos para que ella no notara que le temblaban los dedos.

Aoi apretó el libro contra su pecho, mirando hacia el suelo con el rostro caliente. No entendía por qué su corazón latía tan rápido, pero se convenció a sí misma de que era solo por el susto de la caída y la molestia de ser vista en una situación vergonzosa por su mayor rival.

—Mañana en la reunión de delegados... no pienses que esto cambia algo —dijo ella, tratando de recuperar su voz firme sin mirarlo directamente a los ojos.

—No esperaba menos, Kisaragi —contestó Ren con una inclinación de cabeza—. Nos vemos mañana.

Aoi abrió la puerta del balcón y se escabulló rápidamente por el pasillo en sombras, desapareciendo en la oscuridad.

En cuanto los pasos de ella se alejaron por completo, Ren se dejó caer sentado contra la pared del balcón, llevándose ambas manos a la cara y soltando un largo suspiro de alivio.

—Estuvo a punto de darme un paro cardíaco... —susurró Ren para sí mismo, sonriendo de lado mientras miraba la luna—. Diablos... qué linda es....

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