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Demasiado tarde, Alfa, tu exesposa regresó

Demasiado tarde, Alfa, tu exesposa regresó

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Hombre lobo / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Aria Winters

Tres años de matrimonio. Un Alfa que nunca dijo «te amo». Y un divorcio firmado el mismo día en que ella descubre que está embarazada.

Aurora Bennett lo había dado todo por Alexander Sterling: su carrera, su juventud, su lugar como Luna de la manada Crescent Ridge. Pero cuando él la deja sin nada para volver con su primer amor, Aurora toma una decisión: desaparecer y criar a su hijo lejos de él, donde nadie pueda volver a usarlos.

Cinco años después, la doctora Bennett es una cirujana respetada que lo ha reconstruido todo desde cero. Hasta que el destino la devuelve al lugar que juró no pisar jamás, y frente a frente con el hombre que la abandonó.

Alexander no es el mismo. Ahora la mira como si no pudiera respirar sin ella, y quiere recuperar lo que perdió. Pero hay un niño de ojos azules que todavía no sabe quién es su padre, una esposa que no piensa soltarlo y un vínculo de pareja destinada que arde más fuerte que nunca.

¿Se puede perdonar a quien te rompió el corazón? ¿Y qué pasa cuando el Alfa que te dejó ir descubre que ya es demasiado tarde?

NovelToon tiene autorización de Aria Winters para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Capítulo 12

Suspiré y me senté detrás del escritorio.

—Es una larga historia, Matteo. Iba a perder mi trabajo si no lo aceptaba, y no he llegado hasta aquí para perder al final. No tenía otra opción. Y créeme, llevo dos semanas arrepentida. Tu hermano no me deja en paz, y muy pronto se va a enterar de lo de Noah. Es lo último que necesito. Me va a quitar a mi hijo.

—No puede, Aurora. Eres su madre.

—Pues no tuvo problema en abandonar a su esposa. ¿Qué te hace pensar que no abandonará también a su hijo?

—Sinceramente no sé qué sentir con todo esto, Aurora. Pero si mi hermano se entera de que yo sabía de su hijo y lo mantuve en secreto, me mata.

—Mira, voy a hacer lo posible por evitarlo. Han pasado dos semanas y no lo ha descubierto. Ojalá no lo haga.

—Ojalá.

—Conozco los riesgos, Matteo. Créeme, lo pienso todos los días. Es lo único en lo que pienso, y no puedo dormir de noche. Me está volviendo loca. Pero soy madre, y haré lo que sea necesario para proteger a mi hijo. No veo la hora de terminar con este lugar y volver a mi vida normal.

—Entiendo. Estás haciendo lo mejor para tu hijo. Y no te voy a juzgar. Es tu decisión, y tienes que hacer lo correcto. Solo sé que cuentas conmigo.

—Gracias, Teo.

Jessica entró a la oficina con unos expedientes en las manos, pero en cuanto quedó cara a cara con Matteo, se detuvo en seco y echó humo.

—¿Qué carajos haces aquí?

Punto de vista de Jessica

Antes de venir a esta manada no sabía que también era la de Matteo, ni que tendría el disgusto de verlo. Y hoy era el día.

Su cara, preciosa e insoportable, me devolvía la mirada.

—¿Así se saluda a un amigo?

—¿Amigo? No me hagas reír. Nunca fuimos amigos y nunca lo seremos. No te adelantes.

—Ay, Jess. Tan peleonera y hermosa como siempre. ¿Qué te pasó? ¿A alguien se le olvidó almorzar hoy?

—No. Y no estoy de humor para bromas, Matteo. Dime a qué viniste y lárgate.

—Pero yo soy dueño de este hospital, junto con mi hermano. ¿Por qué debería irme porque una empleada a la que le pago me lo pide? —replicó con descaro, y Dios mío, cómo quise borrarle de una bofetada esa cara de satisfecho.

Este bastardo había tenido el descaro de acostarse conmigo y tratarme como a una aventura de una noche hacía unos meses. Sin despedidas, sin llamadas ni mensajes, solo la dulce molestia entre mis piernas que me hizo saber que no eran imaginaciones mías. Fue real.

Él fue real.

Y no podía olvidar esa noche, ni aunque lo intentara.

Ahora ahí estaba, haciendo de rey, como se creía, y arruinándome la vida.

Odiaba que todavía me pareciera sexy, odiaba cómo su cuerpo perfectamente marcado seguía grabado en mi mente.

Odiaba cuánto lo deseaba, y que me moría por sentir sus manos fuertes por todo mi cuerpo.

Odiaba el efecto que tenía en mí.

Odiaba lo débil que me hacía sentir.

Era como si el universo pusiera a prueba mi paciencia y mi fe.

No era justo.

Con un resoplido, me volví hacia Aurora, que tenía las cejas por las nubes mientras veía nuestro intercambio con la diversión escrita en la cara, pero nada de esto tenía gracia.

Así que solté los expedientes que me había pedido antes, le di un beso en la mejilla y dije:

—Llámame cuando termines con él.

—Está bien. —Asintió y volvió a mirarlo.

Como si de verdad pudiera deshacerse de él, porque yo sabía que no se movería ni se iría hasta que terminara de jugar a sus juegos.

¿Por qué no se me había ocurrido que algún día me lo iba a topar y prepararme para la tortura? Qué estúpida.

Negué con la cabeza y decidí distraerme atendiendo a mis pacientes y terminando el papeleo.

Mientras antes terminara, más rápido me iría de ahí. Era mejor que quedarme dándole vueltas a un pasado sin futuro.

Nunca sería mío, y yo nunca lo tendría.

Esa era la dura verdad, y tenía que aceptarla y olvidar que existía.

Pero por más que lo intentara, su cara no se me iba de la cabeza.

Tenía que sacarlo de mi mente y dejar de pensar en él. Él no se enamoraba. Aurora me había advertido sobre los Sterling, porque había estado casada con su hermano. Pero claro, no la escuché.

Una romántica empedernida como yo no tenía nada que hacer con un mujeriego.

Pero había algo en él que me atraía.

Como una polilla a la luz. Mi corazón lo quería, pero mi cabeza me decía que corriera.

Y ojalá hubiera hecho caso a mi cabeza y no a mi corazón.

Fue mi mayor error, y me perseguía todos los días. Ahora estaba pagando el precio.

Porque no podía dejar de pensar en él, en esa noche, en cómo me fue guiando, en cómo sus dedos tocaban mi cuerpo como un instrumento bien afinado. En cómo su voz era la mezcla perfecta de aspereza y ronquera.

Con solo oírla se me endurecían los pezones y se me empapaba la entrepierna.

Era tan sexy.

Y las cosas que podía hacer con su cuerpo eran simplemente...

Mi mente me traicionaba y no podía concentrarme. Quizás lo que necesitaba era que me echaran un buen polvo. Quizás eso me sacaría de la cabeza todos los pensamientos sucios sobre Matteo.

No lo sabía, y la única forma de averiguarlo era probar la teoría.

Así que en cuanto terminara y se acabara el turno, arrastraría a Aurora conmigo al club para divertirnos un poco. Quizás mi mejor amiga tendría suerte y también encontraría su desahogo.

Lo necesitaba, sin duda.

Alexander la venía siguiendo como un acosador, y Aurora estaba estresada y abrumada.

No era una buena imagen, y el Alfa necesitaba aprender una lección.

No podía recuperar a su ex.

No esta vez.

Y yo me aseguraría de que se mantuviera lejos de ella.

Después de todo, era mi mejor amiga, y era mi deber protegerla.

Alexander y Matteo eran problemas, y teníamos que mantenernos lejos de ellos.

Después de hacer un chequeo rápido a mis pacientes, fui a mi oficina y empecé a llenar el papeleo.

Iba por la mitad cuando la puerta de mi oficina se abrió de golpe y entró paseándose el hombre del momento.

Matteo.

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