Ella es la mayor de seis hermanos y siempre ha tenido una vida difícil.. Pero tiene la posibilidad de volver a vivir en un nuevo mundo y poder ser feliz ayudando a otros.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Incomodidad 2
La cena continuó.
Y, contra todo pronóstico, empeoró.
No porque la comida estuviera mala. Al contrario, el cocinero de los Harrington había preparado una cena deliciosa, con carnes tiernas, verduras asadas, pan recién horneado y una tarta de frutas que Rose habría disfrutado muchísimo en otras circunstancias.
El problema era el hombre sentado frente a ella.
Luke Harrington había decidido que, si quería conocer mejor a Rose, debía hacerle preguntas.
Muchas preguntas.
Y, al parecer, ninguna de las personas que lo conocían desde la infancia había conseguido explicarle que no todas las preguntas debían hacerse en voz alta, durante la cena, frente a sus padres y con la delicadeza de un interrogatorio militar.
—Entonces, ¿cuánto tiempo llevas ahorrando? —preguntó Luke mientras cortaba su carne.
Rose dejó los cubiertos un instante.
—¿Perdón?
—Para comprar una casa. Has dicho que tienes ahorros. ¿Cuánto has conseguido reunir?
El conde dejó de masticar.
La condesa levantó lentamente la mirada de su plato.
Rose, en cambio, sonrió con educación.
—Lo suficiente para considerar la posibilidad de alquilar una vivienda pequeña.
—¿Alquilar? Hace un momento dijiste que querías tener tu propio espacio. ¿No sería mejor comprar una casa? Si llevas tiempo trabajando y tienes un salario estable, quizá deberías evaluar tus opciones financieras antes de tomar una decisión.
Rose parpadeó.
[¿Perdón?].
No sabía si sentirse sorprendida o molesta.
¿Acababa de conocerla y ya estaba cuestionando sus decisiones financieras?
—Lo he considerado Pero prefiero asegurarme de tener suficientes ahorros antes de realizar una inversión importante.
—¿Cuánto consideras suficiente?
La joven apretó ligeramente los dedos alrededor de la servilleta.
[¡¿Y eso qué le importa?!].
Por supuesto, no lo dijo.
⸺Es que me refiero, no llevas mucho meses trabajando aquí y ya ahorraste para comprarte una casa
[Eso es sorprendente]
⸺He ahorrado todo lo que he podido.
[¿esta cuestionando mis ahorros]
⸺Aun asi, supongo que mis padres pagan lo bastante bien o quizas recibiste alguna herencia, ¿Cómo puedes tener lo suficiente para comprarte una casa?
[por eso es mejor que te quedes]
[¿desconfia de mi]
Luke no parecía darse cuenta de que sus preguntas estaban incomodándola. Desde su perspectiva, la conversación marchaba bastante bien. Rose respondía, él obtenía información y, por tanto, estaba consiguiendo conocerla.
¡Una estrategia impecable!
Al menos, según los estándares de un hombre que había pasado años rodeado de cadetes, oficiales y soldados acostumbrados a responder cuando alguien les preguntaba algo.
—Luke ¿no crees que es un poco pronto para hablar de las finanzas de Rose?
—Solo quiero entender su situación.
—Su situación está perfectamente bien
—No he dicho que no lo esté.
—Entonces, ¿por qué parece que estás buscando algún problema?
Luke frunció el ceño.
—No estoy buscando problemas.
Rose bajó la mirada hacia su plato.
[Quizá debería haberme marchado antes].
Intentó concentrarse en la comida. No quería ser descortés, mucho menos con los condes, quienes siempre habían sido amables con ella. Además, podía comprender que Luke quisiera saber quién era la mujer que vivía en la mansión.
Después de todo, él era el heredero.
Tenía derecho a interesarse por los asuntos de su familia.
Pero una cosa era comprenderlo y otra muy distinta disfrutar de aquella conversación.
—¿Y tu familia? ¿Vives sola porque no tienes parientes en la región?
Rose sintió que se le tensaban los hombros.
—Mi familia vive lejos.
No era exactamente una mentira. Al menos, no del todo.
Su madre seguía viva, en algún lugar, pero hacía mucho tiempo que Rose había dejado de considerarla parte de su vida cotidiana.
—¿No tienes hermanos?
—No.
—¿Y tu padre?
Rose hizo una pausa.
—No tengo..
Luke asintió, como si acabara de recibir una información que necesitaba para completar un informe.
—Entiendo. Entonces, ¿has tenido que mantenerte por tu cuenta desde hace mucho tiempo? Y aun asi, ahora tienes dinero para comprar una casa.
La pregunta cayó sobre la mesa con una brusquedad que Rose no supo cómo disimular.
No porque le avergonzara haberse mantenido sola.
Al contrario.
Estaba orgullosa de todo lo que había conseguido.
Pero no le gustaba que un desconocido comenzara a examinar su pasado como si tuviera derecho a conocer cada detalle.
—He trabajado desde joven
—Eso explica por qué eres tan eficiente con la administración.
—Luke
dijo la condesa, esta vez con un tono más firme.
—¿Qué?
—Come.
—Estoy comiendo.
—Pues mastica en silencio un momento.
El conde tuvo que llevarse la copa a los labios para ocultar una sonrisa.
Rose también habría querido reírse en otras circunstancias. De hecho, la respuesta de la condesa había sido tan buena que casi consiguió olvidar su incomodidad.
Casi.
Porque Luke, aparentemente incapaz de interpretar las advertencias de su madre, volvió a la carga unos minutos después.
—Por cierto, ¿sales mucho al pueblo?
Rose levantó la vista.
—De vez en cuando.
—¿Sola?
—Sí.
—¿Y tienes amigos allí?
—Algunos conocidos.
—¿Hombres también?
El silencio que siguió fue tan profundo que incluso el sonido de los cubiertos pareció desaparecer.
Rose lo miró fijamente.
Por primera vez durante la cena, su sonrisa vaciló de forma evidente.
[¿Qué clase de pregunta es esa?].
Luke, al advertir su expresión, intentó explicar su razonamiento.
—Quiero decir que, si vas a comprar una casa, sería conveniente conocer a las personas que viven cerca. No sabes quiénes pueden ser tus vecinos.
La explicación habría resultado razonable si hubiera comenzado por ahí.
Pero no lo había hecho.
Y Rose no podía leer los pensamientos de Luke para descubrir que, en realidad, había empezado a imaginarla paseando por el pueblo, hablando con otros hombres y sonriéndoles de aquella manera tan dulce que él había descubierto bajo el árbol.
Tampoco podía saber que aquella pregunta había nacido de una pequeña punzada de celos que Luke ni siquiera estaba dispuesto a reconocer.
En su cabeza, el joven estaba siendo prudente.
En la de Rose, el heredero de los Harrington estaba cuestionando sus ahorros, con quién se relacionaba, cómo vivía y qué hacía durante su tiempo libre.
[Definitivamente, no le caigo bien].
—Tendré en cuenta su consejo, lord Harrington.
La formalidad de su tratamiento no pasó inadvertida para la condesa.
Luke, en cambio, creyó que simplemente estaba siendo educada.
—Puedes llamarme Luke. Ya te lo dije antes.
Rose sonrió.
—Lo tendré en cuenta.
Pero no lo llamó Luke.
Y, por primera vez aquella noche, el joven comenzó a percibir que algo no estaba saliendo como esperaba.
me encanta muy divertida