Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...
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capítulo 16
Denmet comenzó a sentir que el miedo se mezclaba con la curiosidad.
—¿Qué ocurrió?
Murat abrió la boca.
Pero una voz lo interrumpió.
—¡Denmet!
Güner apareció corriendo desde el otro extremo del jardín.
Murat giró la cabeza.
Durante un segundo, su expresión cambió.
No esperaba que Güner llegara tan rápido.
—Parece que tendremos que continuar esta conversación.
Denmet dio un paso hacia Güner.
—¡Güner!
Murat la sujetó del brazo.
La joven gritó.
—¡Suéltame!
Güner corrió hacia ellos.
—¡Déjala!
Murat empujó a Denmet.
Güner logró sostenerla antes de que cayera.
Cuando levantó la mirada, Murat ya estaba corriendo hacia la parte trasera de los jardines.
—¡No!
Güner entregó a Denmet a Emre, que acababa de llegar.
—¡Quédate con ella!
Y comenzó a perseguirlo.
—¡Güner! —gritó Denmet.
Pero él ya había desaparecido.
Güner corrió entre los árboles.
Murat conocía los terrenos.
Demasiado bien.
Aquello no tenía sentido.
¿Cómo podía moverse con tanta facilidad dentro de la propiedad?
De pronto, Güner lo vio junto a una vieja construcción abandonada.
—¡Detente!
Murat se giró lentamente.
—Siempre das órdenes.
Güner respiraba con dificultad.
—¿Qué quieres de Denmet?
—¿Por qué te importa tanto?
—Responde.
Murat sonrió.
—Mira quién ha cambiado.
Güner dio un paso hacia él.
—¿Dónde está la memoria?
Murat levantó las manos.
—¿De verdad crees que eso es lo importante?
—Lo que contiene puede demostrar quién intentó matar a Fraize.
—Puede demostrar mucho más.
Güner frunció el ceño.
—¿Qué sabes sobre Denmet?
La sonrisa de Murat desapareció.
—Su madre sabe la verdad.
—¿Qué verdad?
—Pregúntale.
—¡Murat!
El hombre soltó una risa.
—¿Sabes qué es lo más triste?
Güner lo observó.
—Creíste que Fraize te había traicionado.
El rostro de Güner se endureció.
—No hables de ella.
—Pero estabas equivocado.
—¡Cállate!
—Fraize nunca fue el verdadero problema.
Güner se acercó.
—¿Entonces quién?
Murat lo miró directamente.
—Tu familia.
Aquellas palabras hicieron que Güner se detuviera.
—¿Qué?
—Mira alrededor.
Murat señaló la mansión.
—Todo lo que amas está construido sobre mentiras.
—¿Qué estás diciendo?
—Tu padre sabía más de lo que imaginas.
El rostro de Güner cambió.
—Mi padre está muerto.
—Y se llevó muchos secretos con él.
Güner apretó los puños.
—Si quieres algo, dímelo.
—Ya lo haré.
Murat dio varios pasos hacia atrás.
—Pero antes tienes que preguntarte algo.
—¿Qué?
Murat sonrió.
—¿Quién era Leyla antes de convertirse en la madre de Denmet?
Güner se quedó inmóvil.
—¿Qué significa eso?
—Significa que conoces menos a Denmet de lo que crees.
De repente, se escuchó el sonido de una sirena.
Murat miró hacia la distancia.
—La policía.
Güner aprovechó para correr hacia él.
Pero Murat reaccionó rápidamente.
Sacó una pequeña navaja y la sostuvo frente a él.
—No.
Güner se detuvo.
—No quiero hacerte daño.
—Entonces aléjate.
—Dame una razón para no detenerte.
Murat sonrió.
—Porque si me entregas a la policía...
Su expresión se volvió fría.
—Denmet nunca sabrá quién es realmente.
Güner se quedó paralizado.
Murat aprovechó aquel instante.
Corrió hacia un viejo portón lateral.
Güner fue tras él.
Pero cuando llegó, el hombre había desaparecido.
Denmet esperaba en el gran salón.
Emre estaba junto a ella.
—Deberías sentarte.
—No puedo.
—Güner sabe cuidarse.
—No me preocupa eso.
Emre la miró.
—¿Entonces qué?
Denmet dudó.
—Murat dijo que yo siempre fui parte de esta historia.
Emre se puso serio.
—¿Qué más dijo?
—Que conocía a mi madre.
—¿Y?
—Me mostró una fotografía.
Denmet sacó el teléfono y mostró la imagen que había alcanzado a fotografiar antes de que Murat se marchara.
Emre la observó.
Su expresión cambió.
—¿Qué ocurre?
—Nada.
—Emre.
Él le devolvió el teléfono.
—No sé quién es.
Denmet lo miró fijamente.
—Estás mintiendo.
—Denmet...
—¡Todos están mintiendo!
Su voz resonó por el salón.
Nermin apareció preocupada.
—Señorita...
—No.
Denmet negó con la cabeza.
—Estoy cansada.
Se giró hacia Emre.
—Cansada de que todos decidan qué puedo saber.
Emre bajó la mirada.
—Hay cosas que...
—¡No quiero volver a escuchar esa frase!
El silencio se hizo presente.
Denmet respiró profundamente.
—Voy a descubrir la verdad.
Nadie respondió.
—Con ustedes o sin ustedes.
Güner regresó a la mansión poco después.
Tenía el rostro tenso.
—Se escapó —dijo.
Denmet se acercó.
—¿Estás bien?
Güner levantó la mirada.
Ella había dejado de hablarle de usted.
El cambio pareció sorprenderlos a ambos.
—Sí.
—¿Qué te dijo?
Güner dudó.
—Muchas cosas.
—¿Sobre mí?
—Sí.
Denmet tragó saliva.
—Entonces dime.
Güner la miró.
Recordó las palabras de Murat.
Denmet nunca sabrá quién es realmente.
—No puedo.
Denmet cerró los ojos.
La decepción volvió a aparecer.
—Claro.
Comenzó a alejarse.
Pero Güner la sujetó suavemente del brazo.
—Denmet.
Ella se giró.
—No quiero volver a hablar contigo hasta que dejes de ocultarme la verdad.
Aquellas palabras hicieron que Güner soltara su brazo.
—No quiero perderte.
Denmet lo miró.
El corazón le dolió.
—Entonces deja de alejarme tú mismo.
La joven subió las escaleras.
Güner permaneció inmóvil.
Por primera vez comprendió que sus secretos no estaban protegiendo a Denmet.
Estaban destruyendo la confianza que ella comenzaba a tener en él.
Esa noche, Denmet no pudo dormir.
Las palabras de Murat regresaban una y otra vez.
¿Quién era Leyla antes de convertirse en la madre de Denmet?
Se levantó de la cama.
Tomó su teléfono.
Llamó nuevamente a su madre.
Esta vez, Leyla respondió.
—Denmet.
—Mañana voy a verte.
—No.
—No puedes seguir huyendo.
—Hija...
—Mañana.
Denmet colgó.
Su decisión estaba tomada.
Al día siguiente descubriría la verdad.
Pero no sabía que Leyla ya no se encontraba en casa.
Esa misma noche, alguien había llegado antes.
Una figura esperaba dentro de su pequeño apartamento.
Leyla entró y cerró la puerta.
—¿Quién está ahí?
Las luces se encendieron.
Leyla dejó caer su bolso.
—No...
Murat se encontraba sentado en la sala.
La miraba fijamente.
—Hola, Leyla.
La mujer comenzó a temblar.
—¿Cómo me encontraste?
Murat sonrió.
—Nunca dejé de buscarte.
Leyla retrocedió.
—Aléjate de mi hija.
—Eso depende de ti.
—No tienes derecho.
Murat se levantó.
—Después de lo que hiciste, tengo todos los derechos.
Leyla negó con lágrimas en los ojos.
—Yo no hice nada.
Murat se acercó lentamente.
—Entonces dímelo otra vez.
Leyla chocó contra la pared.
—Murat...
—¿Quién es realmente el padre de Denmet?
El mundo pareció detenerse.
Leyla cerró los ojos.
Y una lágrima recorrió su rostro.
Porque la pregunta que había temido durante toda su vida...
Finalmente había regresado.
CONTINUARÁ...