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Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Status: En proceso
Genre:Poder equitativo / Pareja destinada
Popularitas:526
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Amir era el tercer hijo de Elena y Zayn, hermano de Karim, Layla y Sara. Y aunque todos lo respetaban, lo admiraban y lo querían como al hombre más noble y leal que existía, él cargaba con una soledad que nadie más podía comprender. Había nacido para proteger. Desde niño, mientras Karim aprendía a sentarse en un trono y dictar leyes, mientras Layla aprendía a blandir la espada y desafiar al mundo, Amir aprendía a vigilar, a esperar, a estar alerta. Se había convertido en el Capitán General de la Guardia Real y el Guardián de los Límites, el hombre que conocía cada sendero, cada bosque, cada escondite y cada peligro en los tres reinos de Al-Jazair, Velarion y Zoraya.

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EL VIAJE A LAS TIERRAS PERDIDAS.

Habían pasado varios meses desde que Nalia llegara a Al-Jazair, y la vida en el palacio se había llenado de una luz y una magia que nunca antes se habían conocido. El amor entre Amir y ella crecía día a día, convirtiéndose en algo más fuerte, más profundo y más ardiente con cada amanecer. Se amaban en cada rincón, a cualquier hora, con una pasión que desafiaba el tiempo y el espacio, igual que hacían sus hermanos.

Zayn y Elena, los padres de Amir, observaban todo con una alegría inmensa. El rey y la reina, que ya habían visto crecer el amor de sus otros hijos, ahora veían en Amir la plenitud que siempre habían deseado para él. Elena, con su magia antigua y su sabiduría, sentía en Nalia una hermana de alma, una criatura de luz y poder que venía a completar su familia. Zayn, el guerrero que había unido el reino, veía en su hijo la fuerza renovada y la protección absoluta que solo el amor verdadero puede dar.

Karim y Amara, siempre cómplices, disfrutaban viendo cómo su hermano por fin tenía lo que se merecía. Sus hijos, los trillizos Kael, Lira y Derian, y los pequeños Zair y Miraya, adoraban a Nalia, que les enseñaba secretos de la naturaleza y juegos mágicos que nadie más conocía. Por su parte, Layla y Caelan, con sus hijos Elion, Thalia y Eren, sentían en Nalia una igual, una guerrera del alma, capaz de todo por proteger a los suyos.

Pero Nalia, aunque feliz, llevaba en el corazón una nostalgia que Amir había notado muchas noches, cuando la veía mirar al horizonte con sus ojos verdes llenos de recuerdos lejanos. Una tarde, mientras estaban recostados en la hierba del jardín, abrazados, con el cuerpo aún cálido y sensible tras haber hecho el amor entre las flores, ella le habló de ello.

—Amor mío —le dijo ella, acariciando su pecho desnudo, recostada sobre su hombro—, aquí soy feliz, más de lo que jamás soñé. Pero mi tierra, el Reino de los Umbrales, donde nací y crecí, está lejos, entre las dimensiones y los tiempos. Hace siglos que no vuelvo, y ahora que mi destino está cumplido, ahora que soy tuya... deseo que conozcas mi hogar. Deseo que mi gente te vea, que sepan quién es el hombre que conquistó mi corazón y mi eternidad.

Amir la miró, besando su frente, su nariz, sus labios dulces y aún húmedos por sus besos anteriores.

—Iré a donde tú vayas, mi vida —respondió él con firmeza—. Al fin del mundo, a través del tiempo, a cualquier lugar. Pero si vamos, iremos todos. Mi familia es mi fuerza, y ahora también es la tuya. Karim, Amara, Layla,  Caelan Y Sara, nuestros padres, nuestros hijos... todos irán con nosotros. Tu tierra conocerá el poder y el amor de los Al-Jazair.

Así lo decidieron. Y pocos días después, prepararon todo para el gran viaje. Nalia, usando su magia antigua, abrió un pasaje secreto en el corazón del Bosque de los Ecos, un portal brillante hecho de luz, polvo de estrellas y cantos mágicos. Todos entraron juntos: Zayn y Elena, fuertes y dignos; Karim y Amara, tomados de la mano, con sus hijos entre ellos; Layla y Caelan, atentos y protectores, con sus pequeños; Sara y Amir, que no soltaba a Nalia ni un segundo, llevándola pegada a su costado, con la mano firme en su cintura, posesivo y amoroso.

Al salir del otro lado, el paisaje los dejó sin aliento. Era un lugar de belleza indescriptible: montañas que tocaban el cielo, ríos de agua cristalina que brillaba como plata, bosques de árboles gigantescos con hojas de todos los colores, y un aire cargado de magia pura, tan densa que casi se podía tocar. El Reino de los Umbrales era un lugar donde el tiempo corría distinto, donde la vida era eterna y la naturaleza era diosa.

Pero mientras caminaban hacia la ciudad principal, construida entre cristales y flores gigantescas, Amir notó algo en la mirada de Nalia. Una sombra. Una tensión que antes no estaba. Y entonces, lo vio.

Desde lo alto de una colina, entre las ramas de un árbol antiguo, una figura los observaba. Era un ser de gran belleza, de rasgos finos y ojos oscuros como la noche, cabello largo y plateado, y una presencia que mezclaba elegancia y amargura. Vestía túnicas de colores oscuros, y sus manos, largas y pálidas, estaban apretadas en puños a los costados.

Nalia se detuvo en seco al verlo, y Amir sintió cómo su cuerpo se tensaba de golpe bajo su tacto.

—¿Quién es él? —preguntó él en voz baja, acercándose más a ella, poniéndose delante ligeramente, instintivamente protector.

Ella suspiró, y sus ojos verdes se llenaron de tristeza y dolor.

—Se llama Darian —respondió ella, mirando a ese ser que ahora bajaba la colina lentamente, acercándose a ellos—. Creció conmigo. Fuimos educados juntos, se suponía que estábamos destinados el uno al otro. Todos creían que un día nos uniríamos para gobernar este reino. Él me amaba... o al menos, creía amarme. Pero yo nunca sentí por él lo que una compañera debe sentir. Él era sabio, era fuerte... pero no era mi igual. Su corazón tenía sombras que el mío no podía iluminar. Y cuando yo supe que mi destino estaba lejos, en otro tiempo, esperando a un Guardián... me fui sin decirle nada, sin despedirme. Dejé atrás todo, incluido él.

Darian llegó hasta ellos, y su mirada no se apartó ni un segundo de Nalia. La recorrió de arriba abajo, con una mezcla de amor, deseo y rabia contenida, y luego sus ojos se posaron en Amir, llenos de odio y rivalidad.

—Has vuelto... —dijo Darian con una voz profunda y suave, pero cargada de veneno—. Después de siglos, has vuelto. Y no vienes sola. Traes extraños, traes gente de mundos inferiores... y lo traes a él.

Darian señaló a Amir con desprecio, y luego miró de nuevo a Nalia, con dolor y reproche.

—Te esperé, Nalia. Te esperé cada día, cada noche, durante cientos de años. Creyendo que volverías, creyendo que te darías cuenta de que yo soy el único que te merece, el único que puede estar a tu lado. Te esperé para construir nuestra vida, nuestro reino, nuestro amor... y vuelves con un humano, un guerrero de carne y hueso, alguien que no tiene ni la mitad de tu magia, ni de tu eternidad. ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste cambiarme por él?

Nalia dio un paso al frente, con dignidad, con la fuerza de quien sabe quién es y qué quiere. Amir quiso intervenir, pero ella le apretó la mano para pedirle calma.

—Nunca te prometí nada, Darian —dijo ella con voz firme y clara—. Fuimos amigos, fuimos compañeros... pero nunca te amé. El amor no se puede forzar, ni se puede esperar como si fuera una deuda. Amir no es un simple humano. Él es mi destino. Él es mi alma gemela. Y tiene más magia, más honor y más amor en su pequeño dedo que tú en todo tu ser. Y ahora él es mi esposo, mi compañero, mi todo. Y nadie, ni tú ni nadie, podrá cambiar eso.

Darian apretó los dientes, y su rostro hermoso se deformó por la rabia y los celos. Miró a Amir con una furia que parecía querer quemarlo vivo, y luego miró al resto de la familia: a Zayn, que lo miraba con la autoridad de un rey; a Karim y Layla, que ya tenían las manos cerca de sus armas, listos para defender a su hermano; a Caelan, que ya había detectado la oscuridad que comenzaba a crecer en el corazón de ese ser; y a los niños, que lo miraban con curiosidad pero también con desconfianza.

—¿Tu esposo? —repitió Darian con risa amarga—. Ya veremos. Ya veremos si eso dura mucho tiempo. Has traído a tu nueva familia aquí, a mi tierra... y has despertado a la serpiente que creías dormida. Te arrepentirás de haberme despreciado, Nalia. Y tú... —se giró hacia Amir, con ojos llenos de malicia— ...te arrepentirás de haber puesto tus manos sobre lo que yo siempre creí mío.

Darian se dio la vuelta y se marchó corriendo hacia el bosque, desapareciendo entre los árboles, dejando tras de sí una sensación de peligro inminente.

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Michel Yandi
está muy buena la historia 👏
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