En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....
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Capítulo 7 — El despertar
El ruido continuó durante varios segundos.
No era un golpe.
Tampoco parecía un rugido.
Era algo más profundo.
Una vibración que atravesaba las paredes del Orfanato Santa Lucía y hacía temblar ligeramente el suelo bajo los pies de Eryan y Lina.
Los libros de las estanterías comenzaron a moverse.
Algunos cayeron al suelo.
Una lámpara se balanceó sobre sus cabezas.
—Eryan... —susurró Lina.
Él no respondió.
Seguía mirando la piedra que tenía entre las manos.
Ya no brillaba.
Pero la pequeña grieta que había aparecido en su superficie permanecía allí.
—Tenemos que irnos.
—¿A dónde?
Eryan levantó la mirada.
No sabía.
El pasillo estaba oscuro.
Desde abajo llegaban voces.
—¡Cierren las puertas!
—¡Que nadie salga del edificio!
—¡Busquen a los niños!
Eryan sintió que el miedo le recorría el cuerpo.
—Tenemos que encontrar a Kael.
Lina abrió los ojos.
—¿Ahora?
—Si esa cosa se despertó por mi culpa...
Miró hacia la puerta.
—Tenemos que asegurarnos de que él esté bien.
Lina lo observó durante unos segundos.
Después asintió.
—Entonces vamos.
Salieron de la biblioteca.
El edificio había cambiado.
Los niños corrían por los pasillos.
Algunos lloraban.
Los cuidadores intentaban llevarlos de regreso a los dormitorios.
Pero nadie parecía saber qué estaba sucediendo.
Las lámparas se apagaban y encendían.
Las paredes vibraban.
Una pequeña grieta apareció en una de las columnas.
Eryan tomó la mano de Lina.
—No te separes de mí.
—No pensaba hacerlo.
Bajaron por las escaleras.
Pero antes de llegar al ala oeste, escucharon pasos.
Eryan tiró de Lina hacia una habitación vacía.
Se escondieron detrás de una puerta.
Dos hombres pasaron corriendo.
—¡El sello está fallando!
—¿Cuánto tiempo tenemos?
—¡No lo sé!
—¿Y el niño?
—¡No podemos dejar que se acerque!
Eryan contuvo la respiración.
Esperaron hasta que los hombres desaparecieron.
Lina lo miró.
—¿Qué niño?
Eryan negó con la cabeza.
—No lo sé.
Pero algo dentro de él le decía que hablaban de él.
---
Llegaron finalmente al pasillo del ala oeste.
La puerta estaba abierta.
Ya no había guardias.
Eryan avanzó lentamente.
El lugar estaba completamente oscuro.
—¿Kael?
Nadie respondió.
—¡Kael!
Silencio.
Eryan bajó las escaleras.
Lina lo siguió.
Cuando llegaron abajo, descubrieron algo extraño.
Las jaulas estaban abiertas.
Los niños habían desaparecido.
—¿Dónde están? —preguntó Lina.
Eryan sintió que el corazón se le aceleraba.
Entonces escuchó una voz.
—Aquí.
Venía desde el fondo del corredor.
Eryan corrió.
Encontró a Kael detrás de una columna.
El niño estaba sentado en el suelo.
Tenía el cabello oscuro y desordenado.
Su ropa estaba vieja y rota.
Parecía tener aproximadamente nueve años.
Pero lo que más llamó la atención de Eryan fueron sus ojos.
Eran de un color gris muy claro.
Casi plateado.
—¿Estás bien?
Kael asintió.
—Estoy bien.
—¿Dónde están los demás?
—Se los llevaron.
—¿Quiénes?
Kael bajó la mirada.
—Los hombres.
Eryan apretó los puños.
—¿Adónde?
—No lo sé.
Kael levantó la cabeza.
—Pero antes de irse dijeron algo.
—¿Qué?
—Que el despertar había comenzado.
Eryan sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
Kael lo miró directamente.
—No lo sé.
Después señaló la pared.
—Pero ellos sí.
Eryan siguió la dirección de su dedo.
Había un símbolo.
El mismo círculo.
Las tres líneas.
Pero esta vez estaba iluminado.
Una tenue energía violeta recorría las piedras.
Eryan se acercó.
La piedra que llevaba en el bolsillo comenzó a calentarse.
Kael retrocedió.
—No te acerques.
Eryan se detuvo.
—¿Por qué?
—Porque la última vez que brilló...
Kael tragó saliva.
—...alguien desapareció.
Eryan sintió que la sangre se le enfriaba.
—¿Quién?
Kael negó con la cabeza.
—No lo sé.
---
Un estruendo sacudió el edificio.
El suelo se movió.
Lina cayó al suelo.
Eryan la ayudó a levantarse.
—¿Estás bien?
—Sí.
Entonces escucharon algo.
Un sonido parecido a un susurro.
Pero no provenía de una persona.
Venía de la pared.
Eryan.
El niño se quedó inmóvil.
—¿Lo escuchaste?
Lina negó con la cabeza.
—¿Qué?
La voz volvió.
Eryan...
Esta vez Kael también la escuchó.
El niño abrió los ojos.
—¿Quién está hablando?
Eryan miró la pared.
No había nadie.
La voz parecía estar dentro de su cabeza.
Ven.
Eryan dio un paso.
Lina lo sujetó.
—No.
—Me está llamando.
—Precisamente por eso.
Eryan miró a Kael.
El niño parecía aterrorizado.
—¿Qué hacemos?
Eryan no sabía.
Pero entonces recordó las palabras de Aldren.
Aprende.
Quizá aquello era algo que necesitaba comprender.
Se acercó a la pared.
La piedra de su bolsillo comenzó a emitir luz.
Una pequeña grieta apareció.
Después otra.
Y otra.
El símbolo se abrió lentamente.
Detrás no había una habitación.
No había un pasillo.
Había oscuridad.
Una oscuridad tan profunda que parecía no tener final.
Lina retrocedió.
—Eso no es normal.
Eryan tampoco podía apartar la mirada.
Dentro de aquella oscuridad comenzaron a aparecer pequeñas luces.
Como estrellas.
Miles.
Quizá millones.
Eryan sintió algo extraño.
No miedo.
Por primera vez sintió familiaridad.
Como si ya hubiera estado allí.
Como si una parte de él reconociera aquel lugar.
—Eryan...
Lina tomó su mano.
—No entres.
Eryan la miró.
—No voy a hacerlo.
La puerta comenzó a cerrarse.
Pero antes de desaparecer completamente, Eryan vio algo.
Una figura.
Muy lejos.
Una persona parada entre las estrellas.
La misma figura que había visto en la piedra.
Esta vez estaba mucho más cerca.
La figura levantó una mano.
Y Eryan sintió una palabra en su mente.
Espera.
La puerta desapareció.
El pasillo volvió a quedar en silencio.
---
—¿Qué fue eso?
Lina estaba pálida.
Eryan no sabía qué responder.
Kael se acercó lentamente.
—Tú puedes abrirla.
Eryan lo miró.
—¿Qué?
—La puerta.
—Yo no hice nada.
Kael negó.
—Sí lo hiciste.
—No sé cómo.
Kael permaneció callado.
Después dijo:
—Entonces debes aprender.
Eryan recordó las palabras de Aldren.
Era exactamente lo que le había dicho.
Aprende.
Pero ¿aprender qué?
Antes de poder preguntar, escucharon pasos.
Esta vez eran muchos.
Eryan miró hacia el corredor.
—Tenemos que escondernos.
Los tres corrieron.
Entraron en una pequeña habitación vacía.
Eryan cerró la puerta.
Poco después, varios hombres pasaron.
—¡Encuéntrenlos!
—¡El niño no puede escapar!
—¿Cuál?
—¡El de los ojos violetas!
Eryan sintió un escalofrío.
Lina lo miró.
Kael también.
Ya no había dudas.
Lo estaban buscando a él.
---
Pasaron varios minutos antes de que el corredor quedara en silencio.
Eryan abrió la puerta.
—Tenemos que encontrar a Aldren.
—¿Por qué? —preguntó Lina.
—Porque sabe cosas.
Kael los siguió.
Subieron las escaleras.
Pero cuando llegaron a la biblioteca...
Aldren no estaba.
La habitación estaba completamente desordenada.
Los libros estaban tirados por el suelo.
Una ventana estaba rota.
Eryan corrió hacia el escritorio.
Había una hoja de papel.
La tomó.
Solo tenía unas pocas palabras.
"Si la puerta despierta, no confíes en nadie."
Eryan sintió un vacío en el estómago.
—¿Dónde está Aldren?
Nadie respondió.
---
Durante las siguientes horas, el orfanato permaneció cerrado.
Ningún niño podía salir.
Los adultos decían que se había producido un accidente.
Que el edificio estaba siendo revisado.
Pero Eryan sabía que mentían.
Había visto demasiado.
Por la noche, regresó al dormitorio con Lina y Kael.
La directora había permitido que Kael estuviera allí temporalmente porque supuestamente las habitaciones inferiores estaban siendo reparadas.
Eryan sabía que aquello era mentira.
Pero no iba a quejarse.
Por primera vez, Kael tenía una cama.
Una manta.
Y una ventana.
El niño se sentó.
Observó el cielo.
—Nunca había visto las lunas.
Lina se acercó.
—¿Nunca?
Kael negó.
—No desde aquí abajo.
Eryan sintió tristeza.
—Ahora puedes verlas.
Kael sonrió ligeramente.
—Son bonitas.
Los tres permanecieron frente a la ventana.
Las dos lunas brillaban sobre Arven.
La plateada.
Y la azul.
Eryan pensó en todo lo que había ocurrido.
Solo habían pasado unos días.
Pero sentía que su vida estaba cambiando.
Había descubierto secretos.
Había conocido a Kael.
Había visto algo que parecía otro mundo.
Y ahora sabía que algunas personas lo estaban buscando.
Pero todavía no sabía por qué.
---
Cuando todos se durmieron, Eryan permaneció despierto.
Sacó la piedra.
La observó.
La pequeña grieta seguía allí.
Pero ahora había algo nuevo.
Una línea diminuta aparecía sobre la superficie.
Eryan acercó la piedra a la luz.
Parecía una escritura.
No reconocía el idioma.
Entonces escuchó un ruido.
Toc.
Eryan levantó la cabeza.
Toc.
Venía de la pared.
La misma señal que había escuchado antes.
Eryan se levantó.
Se acercó.
Apoyó la mano sobre la pared.
Y escuchó una voz.
Esta vez no era la voz desconocida.
Era la de Kael.
Pero Kael estaba dormido.
—Eryan...
El niño se quedó helado.
La voz volvió.
—Eryan...
Después una frase.
—No dejes que abran la puerta.
Eryan retiró la mano.
Miró hacia la cama de Kael.
El niño seguía dormido.
Entonces la piedra volvió a brillar.
Una imagen apareció.
No era la ciudad.
No era la figura.
Era un cielo.
Pero esta vez había algo diferente.
En medio de las estrellas había dos lunas.
Una plateada.
Una azul.
Exactamente iguales a las que brillaban sobre Aetherya.
Eryan sintió que el corazón se detenía.
La imagen desapareció.
Y por primera vez, una pregunta apareció en su mente que no pudo ignorar:
¿Y si aquel lugar que había visto no era otro mundo?
Quizá era algo más.
Quizá era un lugar que conocía.
Quizá era un lugar al que había pertenecido alguna vez.
Y quizá...
había una razón por la que podía reconocerlo.
Eryan cerró la mano alrededor de la piedra.
Todavía no sabía quién era.
Todavía no sabía de dónde había venido.
Pero una cosa comenzaba a quedar clara.
Su pasado no estaba muerto.
Solo estaba esperando el momento adecuado para encontrarlo.
Continuará...