Me vendí a un mafioso por un año para salvar la librería de mi madre, pero él decidió que si soy su esposa, soy suya para siempre.
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La semilla
Elena estaba de 8 semanas y 3 días y ya odiaba a todo el mundo.
No odiar de verdad. Odiar de embarazada de 8 semanas que vomita 6 veces al día, que no puede oler el perfume de Lorenzo porque dice que huele a "vodka con sangre" aunque es perfume de 400 dólares, y que no puede entrar a la librería porque el olor a libro viejo, que amaba más que a nada, ahora le da náusea y eso le rompe el corazón.
El doctor calvo dijo que era normal. Que el primer trimestre es el infierno. Que las hormonas Volkov Moretti son fuertes.
Lorenzo no lo entendió como "es normal". Lo entendió como "mi esposa está sufriendo y alguien tiene que pagar".
A las 6 am del lunes, semana 8, Elena vomitó por quinta vez. En el baño de mármol, con la camiseta gris de Lorenzo que ya le quedaba grande porque había bajado 2 kilos de tanto vomitar, con el broche de libro de Irina puesto incluso para dormir porque decía que así el bebé sentía que su bisabuela lo cuidaba.
Lorenzo estaba detrás, sosteniéndole el pelo, con cara de que iba a matar a alguien.
"Se acabó", dijo. "Voy a comprar la empresa de libros viejos que te da alergia y la quemo."
"No puedes quemar los libros viejos, Lorenzo. Son de 1800. Y no me da alergia, me da náusea. Es distinto."
"Entonces compro una librería nueva sin olor. Con libros nuevos que huelen a plástico. Para que no vomites."
"No quiero libros nuevos. Quiero mis libros viejos. Solo que mi hijo no quiere que los huela. Mi hijo es un Volkov, le gustan cosas nuevas y caras."
Lorenzo la cargó del suelo del baño, como todos los días a las 6 am, y la llevó a la cama de 6 almohadas que ahora eran 8 porque a las 8 semanas la espalda ya dolía.
"Hoy no vas a la librería", dijo, tapándola con una cobija aunque era junio y hacía calor.
"Tengo que ir. Sara no sabe cerrar la caja. Y llegaron los de Jane Austen primera edición que..."
"No. Hoy te quedas. Regla número veinte."
"¿Cuál es la regla número veinte? Ya tenemos veinte reglas, no me acuerdo."
"Regla número veinte: cuando tu esposa de 8 semanas vomita 5 veces antes de las 7 am y odia el olor a libro viejo que amaba, se queda en casa con su esposo que huele a vodka con sangre y ve películas."
Elena se acurrucó contra él, con náusea todavía, pero con su olor que ahora, después de vomitar, ya no olía a vodka con sangre, olía a Lorenzo.
"¿Qué películas?"
"Las que quieras. ¿Quieres ver Orgullo y Prejuicio otra vez? ¿La de 2005? ¿La que te sabes de memoria?"
"Sí. Pero tú te vas a dormir a los 10 minutos."
"No. Hoy no me duermo. Hoy la veo contigo y con semilla de amapola que ya es del tamaño de una frambuesa, me dijo el doctor ayer. Ya no es amapola. Es frambuesa."
El doctor les había dado una lista. Semana 3: semilla de amapola. Semana 6: lenteja. Semana 8: frambuesa. Lorenzo se la sabía de memoria y cada mañana medía la panza de Elena, que seguía plana, con una cinta métrica que compró, y decía "hoy frambuesa, mañana arándano, pasado mañana uva, luego fresa, luego limón, luego... ¿cuándo es sandía?"
"En la semana 39 es sandía", decía Elena, con los ojos cerrados, con náusea. "Falta mucho para sandía."
A las 10 am, con Orgullo y Prejuicio a la mitad y con Lorenzo despierto por milagro, sonó el timbre. No era Viktor. Viktor nunca toca timbre, entra.
Era Dmitri.
Elena no lo había visto desde la boda falsa. Había engordado, tenía barba, olía a cigarro barato y a rencor. Venía con dos hombres que no eran de los Volkov de antes, eran nuevos, con tatuajes en el cuello que Lorenzo miró y reconoció como de la bratva de Moscú que no quería a los Volkov de Chicago.
"¿Qué quieres?", preguntó Lorenzo, poniéndose de pie frente a la cama, tapando a Elena con su cuerpo, con la mano ya en la pistola de la mesita aunque estaba en pijama.
Dmitri no lo miró a él. Miró a Elena, a su panza que no se notaba pero que él sabía que estaba ahí porque Viktor se lo había dicho a Irina y Irina se lo había dicho a todo el mundo en un brindis.
"Vine a felicitar a mi hermanito. Dicen que va a ser papá. De una bastarda que ni siquiera es Volkov de sangre. Felicidades. Qué lindo. Un bastardo de un bastardo."
Elena se sentó en la cama, con la cobija hasta el cuello, con ganas de vomitar otra vez pero de rabia ahora, no de embarazo.
"Sal de mi casa, Dmitri."
"¿Tu casa? ¿Esta casa que mi padre construyó con sangre y que tú compraste con el dinero que le diste a mi hermano por casarte con él? ¿Tu casa?"
Lorenzo dio un paso. Dmitri levantó las manos.
"Tranquilo, hermanito. No vengo a pelear. Vengo a traer regalo para mi sobrino frambuesa."
Sacó de su chaqueta un sobre. No negro. Blanco. Sucio. Lo tiró sobre la cama. Cayó sobre los pies de Elena.
"Es la prueba de ADN de tu madre, Elena. La que Aleksei guardó. La que dice quién es tu padre de verdad. Porque no es Nikolai. Nikolai te pagó para decir que eras de él para proteger a Viktor. Tu padre no es Volkov. Es un guardaespaldas. Un sirviente. Un don nadie que le limpia las botas a mi familia desde los 15 años."
Elena no tocó el sobre. Lorenzo no tocó el sobre. El sobre se quedó sobre la colcha blanca, manchándola.
"Ábrelo", dijo Dmitri, sonriendo. "O no lo abras y sigue viviendo mintiéndote que eres Volkov y que tu hijo va a heredar 900 millones. Pero si no lo abres, yo voy al tribunal el 20 de diciembre con ese papel y digo que tu hijo no es Volkov y te congelo todo. Tus 8 librerías, tus 37 millones, hasta los hotcakes quemados que hace mi hermano."
Se dio la vuelta y se fue, con sus dos hombres de tatuajes en el cuello, riéndose, dejando la puerta abierta y dejando el sobre blanco sobre la cama de 8 almohadas.
Silencio en la habitación. Solo el sonido de Orgullo y Prejuicio donde Mr. Darcy decía "You have bewitched me, body and soul".
Elena miró el sobre. Con letra de su madre atrás, que decía "Para Elena, cuando tenga que saber la verdad sobre Viktor. Perdóname por tercera vez."
Lorenzo miró el sobre. Miró a Elena. Con 8 semanas y 3 días de embarazo, con náusea, con panza de frambuesa.
"¿Lo abrimos?", preguntó Elena, con voz chiquita, como la del día que debía 487 mil.
Lorenzo tomó el sobre, lo apretó en su mano grande, a punto de romperlo sin abrirlo, como hizo con la demanda negra meses después, pero se detuvo.
"No. Hoy no. Hoy eres frambuesa. Hoy ves Orgullo y Prejuicio. Hoy vomitas 6 veces y odias los libros viejos. Hoy no necesitamos saber quién es tu padre. Hoy tu padre soy yo, que te sostiene el pelo cuando vomitas. Y mañana, si quieres, lo abrimos. ¿Trato?"
Elena asintió, llorando otra vez, por hormonas, por miedo, por Dmitri, por el sobre que decía Viktor.
Lorenzo guardó el sobre blanco en la caja fuerte, junto al contrato de 12 meses, junto a la carta de Suiza, junto a la prueba de embarazo y junto al calcetín perdido de Aleksei que todavía no nacía pero que ya tenía calcetín guardado.
Y se metió en la cama, con Elena con náusea, con frambuesa de 8 semanas pateando todavía sin patas, y puso Orgullo y Prejuicio desde el inicio otra vez.
A las 3 am, Elena se despertó con antojo. No de pan de muerto. De aceitunas con Nutella. Lorenzo bajó a la cocina, con pistola en la pijama, y le hizo aceitunas con Nutella aunque le dio asco solo de verlo.
A las 6 am, vomitó otra vez. 6 veces. Récord.
A las 9 am, Viktor llegó para llevarlos al doctor. Elena no le dijo nada del sobre. Pero lo miró distinto. Lo miró como se mira a un padre que no sabías que era tu padre.