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El Regreso De Nicole

El Regreso De Nicole

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

El destino trajo de vuelta a quien el corazón nunca había dejado de esperar.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9 La carta sobre la mesa

Pasó el resto de la tarde y la noche siguiente sin que él volviera a dirigirme la palabra.

Comimos en silencio, cada uno en un extremo de la mesa.

Cuando la niña intentó acercarse a mí, él la llamó suavemente hacia su lado, y yo sentí que ya no tenía derecho ni a estar cerca de lo que más amaba.

Sus palabras duras resonaban una y otra vez en mi mente: no eres ella, no te corresponde, no intentes ocupar su lugar.

Y aunque sabía la verdad, no podía decirla, y parecía que en mi silencio le daba la razón.

A la mañana siguiente, cuando todavía todo estaba en calma, comprendí que no podía seguir allí.

Si mi presencia les dolía, si lo que hacía por amor se tomaba como una ofensa, debía marcharme.

No quería causarles más daño del que ya llevaban.

Me levanté muy despacio para no hacer ruido.

Recogí mis muy pocas pertenencias: la misma ropa con que llegué, el pequeño pañuelo lila que me habían dado mis abuelos, nada más.

No me llevé nada que no fuera mío.

Me detuve un instante ante la puerta del cuarto de la niña, miré su silueta durmiendo y sentí que se me desgarraba el pecho, pero me contuve.

Sabía que volvería, cuando el momento fuera justo.

Fui hasta la sala, me senté frente a la mesa donde solíamos desayunar y saqué una hoja limpia y un lápiz.

Escribí muy despacio, con cuidado, tratando de poner solo lo que mi corazón podía decir sin revelar el secreto:

Perdónenme.

No quise ofender, ni ocupar sitio que no es mío.

Solo vi el dolor en los ojos de su hija y no supe quedarme quieta.

No puedo estar aquí si mi presencia les hace daño.

Me voy.

Les deseo toda la felicidad del mundo.

Cuídense mucho.

Cuídala mucho.

No olviden que nunca dejé de quererlos.

Valeria”

La doblé con ternura, la dejé justo en el centro de la mesa, apoyada contra la taza que él usaba siempre.

Di una última mirada a todo lo que era mi hogar, crucé la puerta y cerré muy suavemente tras de mí.

Caminé hasta llegar a la casa de mis padres en Maipú.

El camino se me hizo eterno.

Llegué cuando el sol apenas empezaba a subir.

Al verme aparecer así, con los ojos hinchados y sin decir una palabra, mi madre abrió los brazos y me recibió sin preguntar nada todavía.

Mi padre cerró el portón detrás de mí y me acompañó hasta la sala.

Allí, por fin, me dejé caer y lloré todo lo que había contenido.

Les conté lo ocurrido: el acto, mi decisión de ir, su enojo, sus palabras hirientes, cómo comprendí que debía irme sin poder explicar la verdad.

—Siento que traicioné su memoria —decía entre sollozos—, cuando solo quería consolar a nuestra hija.

—No hiciste nada malo —dijo mi madre acariciándome el cabello—.

Solo fuiste madre.

Y eso él todavía no puede verlo.

Duele esperar, lo sé.

Pero no te vayas lejos.

Quédate aquí, donde nada te hará daño.

Me instalaron en mi antigua habitación, tal como la dejé: con sus cortinas claras, los tonos rosados y celestes que siempre me gustaron.

Me senté junto a la ventana y miré hacia el rumbo de nuestra casa.

Sabía que Nicolás encontraría la carta al despertar, que leería mis palabras y quizás entonces entendería un poco más, aunque no supiera quién se las escribía.

Me quedé allí todo el día, sin salir, sin buscar nada más.

Solo tratando de calmar este dolor que me partía por dentro.

Sabía que había hecho lo correcto marchándome, pero eso no evitaba que el alma se me quedara allá, junto a ellos.

Aquí, en casa de mis padres, estaría a salvo hasta que el tiempo nos permitiera encontrarnos de nuevo.

Aquí esperaría, sin prisas, hasta que él pudiera ver más allá del nombre y de la apariencia, hasta que su propio corazón le dijera que quien se marchó, era la misma a la que esperaba.

Por ahora, solo el silencio y la espera.

Por ahora, solo estaré aquí, hasta que el destino decida abrir de nuevo esa puerta.

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Fedra Paublott
no entiendo el cumple 19 años me imaginé un hombre de mas edad osea ellos tuvieron a la niña muy jóvenes se que se puede
Lois fuentes coloma: cuando falleció ella tenía 15 años y su bb 4 meses
total 1 replies
yenifer perdomo
muy linda felicidades 🥰
Lois fuentes coloma: muchas gracias qué bueno que le gustó
total 1 replies
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