Tres amigos de la infancia. Un amor en secreto que finalmente se anima a nacer. Y un resentimiento silencioso dispuesto a destruirlo todo. Camila brilla con luz propia, Bruno es el chico de pocas palabras que daría la vida por ella, y Milena es la sombra que espera el momento exacto para actuar. Lo que empieza como un romance de escuela secundaria terminará atrapado en una red de manipulación, celos y una trampa mortal en lo profundo. Descubrí hasta dónde se puede llegar cuando la envidia se disfraza de amistad.
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capiitulo 10: La trampa de la Otoñada
Faltaban apenas veinticuatro horas para la Fiesta de la Otoñada. El Colegio Comercial era un hervidero de adolescentes yendo y viniendo con globos, guirnaldas de colores tierra y tarros de pintura. El patio techado se llenó del olor a madera cortada y engrudo. Los chicos de 1° "A" habían trabajado duro en el stand, y el diseño de Camila, que simulaba un bosque rústico, venía ganando todos los elogios de los profesores.
Fieles al pacto de la barda, Bruno y Camila mantenían el acting a la perfección. Dentro del aula, Bruno seguía siendo la sombra del fondo y Camila se apoyaba en Thiago para clavar los carteles altos del stand.
Milena, convencida de que su plan corría sobre rieles, caminaba por el patio con aire de suficiencia. Veía a Camila estresada con la organización y a Bruno mirando desde lejos, y sentía que el control de la situación era suyo. Pero la ambición le ganó a la paciencia, y decidió dar la estocada final antes de la fiesta.
El jueves por la tarde, aprovechando que el preceptor los dejó quedarse una hora más después del timbre para terminar los detalles, Milena vio que Thiago salía al patio a buscar más cinta adhesiva. Camila se quedó sola adentro del stand, terminando de pintar un cartel de madera. Fue el momento exacto que Milena estaba esperando.
Con paso lento y cara de preocupación ensayada, Milena se metió al stand y se paró al lado de Camila.
-Qué lindo te está quedando, Cami -dijo con voz suave-. Posta, te pasaste con la organización.
-Gracias, Mile -respondió Camila sin mirarla, concentrada en el pincel para que no se le notara la tensión en la mandíbula-. Hay que meterle pata porque mañana se inaugura temprano.
-Sí, total... Che, te quería decir algo -Milena bajó la voz, entrelazando las manos-. Estuve charlando con Bruno recién en el pasillo. La verdad, Cami, me da una pena tremenda cómo se puso de violento y de resentido con vos.
Camila congeló la mano con el pincel en el aire. El corazón le empezó a latir con fuerza, pero se obligó a respirar hondo para mantener el personaje.
-¿Qué te dijo ahora? -preguntó Camila, dándose la vuelta despacio y sosteniéndole la mirada.
-No sabés lo ordinario que fue -soltó Milena, fingiendo indignación y lástima-. Me dijo que mañana, en medio de la fiesta, te va a armar un bardo tremendo. Que va a tirar abajo el stand y que le va a ir a pegar a Thiago delante de todo el colegio para dejarte en vergüenza por "atrevida". Dice que si vos no sos de él, no vas a andar de novia con ningún cheto en su cara. Está re loco, Cami. Yo traté de pararlo, pero está sacado con los celos.
Camila la miró fijo, sintiendo un asco profundo en el estómago. La mentira era tan burda, tan dañina, que le costaba creer que la persona que tenía enfrente se hubiera criado con ellos en la misma vereda de Neuquén. Inventar que Bruno era un violento capaz de arruinarlo todo solo para separarlos definitivamente.
-¿Bruno te dijo eso? -preguntó Camila, actuando una voz temblorosa, como si estuviera a punto de llorar.
-Te lo juro por lo que más quieras, amiga -remató Milena, dándole un paso al frente y apoyándole una mano en el hombro-. Por eso te digo... mañana ni le hables. Si se acerca, ignoralo o llamamos al preceptor. Ese pibe no te merece, Cami. Dejalo que se hunda solo en el fondo del aula con su resentimiento. Vos quedate acá adelante con Thiago, que te cuida mejor.
Camila bajó la cabeza, amagando limpiar una lágrima falsa, para que Milena no le viera los ojos encendidos de rabia.
-Gracias por avisarme, Mile. No sé qué haría sin tus consejos -susurró Camila.
-Para eso están las mejores amigas, Cami -le sonrió Milena, dándole una palmadita afectuosa en la espalda antes de darse la vuelta y salir del stand con el pecho inflado de victoria. Ya estaba hecho. Mañana, Camila odiaría a Bruno para siempre por la supuesta amenaza.
En cuanto Milena desapareció por el pasillo del Comercial, Camila soltó el pincel sobre el tarro de pintura y caminó decidida hacia el fondo del patio, donde los talleres estaban oscuros. Detrás de una de las columnas altas, una silueta la esperaba en la penumbra.
Bruno dio un paso adelante. Había escuchado la última parte de la conversación desde el pasillo del costado, tal como lo habían planeado. Tenía los puños apretados dentro de la campera azul y los ojos inyectados en bronca, pero al ver a Camila, se controló.
-Me hizo quedar como un monstruo, Cami -dijo Bruno, con la voz gruesa distorsionada por la impotencia-. Dijo que te iba a fajar el stand y a armar un bardo... No puedo creer las cosas que inventa.
-Tranquilo, Brunito -Camila le tomó las manos, transmitiéndole la seguridad que a él le faltaba-. Cayó redonda en su propia trampa. Pensó que me iba a asustar y que mañana te iba a denunciar con los profesores.
Camila lo miró con una sonrisa decidida, una sonrisa que prometía guerra para el día siguiente.
-Mañana es la Fiesta de la Otoñada, Bruno. El stand está listo, todo el curso va a estar ahí, y va a ser el momento perfecto para que se le caiga la careta a la reina del drama. ¿Estás listo?
Bruno la miró fijo, la tomó de la cintura y le dio un beso rápido, sellando el final de la espera.
-Más que listo, Cami. Que empiece la fiesta.