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Herencia De Sangre Y Deseo

Herencia De Sangre Y Deseo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Cuando la mafia y el amor se cruzan...

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El precio de una traición

Mansión Mancini – Día 3 sin noticias Madrugada gris. El reloj marcaba las 04:16.

La tensión podía cortarse con un cuchillo.

Las luces tenues de la biblioteca apenas iluminaban los rostros tensos de los hombres reunidos. El fuego en la chimenea no alcanzaba para dar calor. Solo aumentaba la sensación de encierro.

—¡¿Ninguna señal?! —rugió Vittorio, lanzando una copa contra la pared de piedra. El cristal estalló y el eco del estruendo se arrastró como un rugido por el salón.

—Nada, señor —respondió uno de los hombres con tono neutro, la cabeza gacha—. Registramos dos de las mansiones de Salvatore. Están vacías. Limpias. Como si nunca hubieran sido habitadas.

Vittorio se pasó las manos por el rostro. Su barba crecía desordenada. No dormía desde el día que Isabella desapareció.

—¡No puede haberse esfumado! ¡Él no va a matarla, no todavía! ¡Pero nos está dejando sin opciones!

Luca, de pie junto a la estantería, no decía nada. Observaba el fuego, inmóvil, con el rostro de piedra. Pero por dentro, era un volcán a punto de estallar.

—¿Qué vas a hacer? —murmuró Vittorio, con la voz quebrada, sin mirarlo—. ¿Seguir esperando sentado? Luca levantó la vista. Por primera vez en días, su mirada fue letal.

—Dame acceso total a la red de movimientos de Dante. Cámaras, satélites, rutas. Lo que sea. Si hay un error… lo voy a encontrar.

—¿Y si no hay errores?

—Los voy a provocar.

Vittorio asintió. Por dentro, temblaba. Porque el cazador que había creado… ahora era un lobo suelto. Y empezaba la cacería.

Ubicación desconocida – Día 4, media mañana

La luz entraba oblicua por los ventanales altos del salón principal.

Isabella estaba sentada en el sofá, con las piernas recogidas y la mirada fija en el suelo.

—¿Qué hacés? —preguntó Dante al entrar, sosteniendo dos cafés.

—Contando las baldosas. Trescientos veinte. Las conté cuatro veces.

—¿Y esperás que te crea?

—No. Pero no me importa.

Dante sonrió levemente. Le tendió el vaso.

—No es amabilidad. Es cafeína. Nadie sobrevive esta casa sin cafeína.

Ella lo tomó, sin agradecer. El calor entre sus manos fue un alivio inesperado.

—¿Cuánto tiempo más vas a seguir con esta farsa? —preguntó, sin mirarlo.

—¿Cuál farsa?

—Esto. Tenerme acá. Fingir que no pasa nada. Hacerte el encantador con tus silencios misteriosos. Dante se sentó en el sillón frente a ella. Su postura era relajada. Pero sus ojos... ardían.

—¿Querés saber la verdad?

—Quiero saber por qué estoy acá. Qué te hizo mi padre que justifique todo esto. Dante bajó la vista. Algo se tensó en su mandíbula.

La copa de café tembló apenas entre sus dedos.

—Hace diez años tenía un hermano. Elio. El mejor de nosotros. Quería hacer las cosas diferente. Tu padre le prometió un trato limpio. Seguridad. Una alianza. Él creyó. Yo también.

Pero fue una trampa.

Isabella sintió que se le helaba el estómago.

—¿Qué pasó?

—Lo emboscaron. Lo torturaron. Y dejaron su cuerpo colgado de un puente. Como advertencia. Como burla. Fue Vittorio quien firmó ese trato.

Un silencio brutal se apoderó del salón.

—Lo vi —continuó Dante, con la voz baja—. Estaba irreconocible. Pero sus ojos seguían abiertos. Isabella no supo qué decir.

Sintió que algo en ella se quebraba.

—¿Y yo? ¿Soy venganza?

—Al principio, sí. Sabía que eras importante para él. Su debilidad. Pensé que con tenerte, lo iba a desarmar.

—¿Y ahora?

Dante no respondió enseguida.

Le sostuvo la mirada con una intensidad nueva. Como si lo que fuera a decir le costara más que cualquier confesión anterior.

—Ahora… ya no estoy seguro de quién es la presa. Ella desvió la mirada.

Por primera vez, el miedo dio paso a otra cosa. Una inquietud distinta. Más peligrosa.

Mansión Mancini – Día 6, atardecer

La lluvia caía como agujas sobre el techo.

Luca irrumpió en la sala de control, empapado, los ojos encendidos.

—Cruce registros de rutas y satélites. Hay una propiedad en la costa norte. No está a nombre de nadie… oficialmente.

—¿Y?

—Está activa. Movimiento eléctrico mínimo, pero constante. Patrullas de noche. Vallas invisibles al radar. Vittorio se levantó.

—¿Dónde?

Luca señaló un punto en el mapa.

—Preparen un equipo. Nadie entra hasta que yo dé la orden. Y si mi hija está ahí… quiero a Salvatore vivo.

—¿Y si no lo está?

—Entonces vamos a derribar cada pared de esa casa… hasta encontrarla.

Ubicación desconocida – Día 7, noche

La ducha echaba vapor mientras Isabella se vestía con una bata blanca. El espejo estaba empañado, pero aun así se veía los ojos.

Cansados. Demasiado lúcidos.

Salió al cuarto.

Y lo encontró allí.

Dante estaba de pie, apoyado contra la pared, con los brazos cruzados. Vestía de negro, otra vez.

Como la sombra que era.

—Tenés que aprender a cerrar con llave —dijo sin moverse.

—Y vos tenés que dejar de aparecer donde no te llaman.

—No vine a pelear.

—¿Entonces?

Dante dejó algo sobre la mesa. Un cuaderno de cuero.

—Para que no tengas que seguir contando baldosas.

—¿Qué es esto?

—Un diario. Para que escribas lo que no decís. Nadie lo va a leer. Ni yo.

—¿Y qué te hace pensar que tengo algo que decir?

—Tu silencio grita. Solo te falta escucharte. Ella no dijo nada.

Tampoco lo echó.

Y Dante… por primera vez… no intentó dominarla. Solo se fue.

Pero la dejó con algo peor que una amenaza. La dejó con un espacio en blanco.

Para que escribiera su verdad.

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Eneida Acosta
y las siguientes??? me dejo en suspenso
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