Soy Adalyn en este mundo, cuando llegue me dijeron que estaba embarazada y resulta que va a ser el futuro héroe que acabará con el emperador y su tiranía. El padre es el duque y mano derecha del emperador pero yo protegere a mi hijo.
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La noche antes (Parte 1)
La noche anterior al baile, Ren no durmió.
No lo intentó demasiado. Conocía sus propios patrones lo suficiente para saber que había noches en que el sueño era una batalla perdida de antemano, y que batallar contra ellas era peor que simplemente aceptarlas.
Se sentó junto a la ventana.
El jardín de noche era diferente al de día. Más quieto, más honesto, con esa cualidad de los espacios cuando nadie los observa y dejan de ser lo que parecen para ser lo que son.
Ren pensó en todo.
El mayordomo. El frasco de Dracon en el bolsillo interior del vestido rojo que Maren había entregado esa tarde con la precisión prometida y sin comentarios adicionales. Los cuchillos en su lugar. La lista de cuarenta nombres. El equilibrio exacto para las preguntas del Emperador. El Príncipe Julius que había pedido que la ubicaran cerca de la mesa imperial y de quien nadie, ni siquiera Dracon, sabía qué esperar.
Y Kael.
Siempre Kael en algún lugar del análisis, como una variable que no terminaba de colocarse en ninguna categoría definitiva.
Ten cuidado con el vino.
Hazlo bien.
El equilibrio exacto es diferente para cada persona.
Piezas. Todas piezas. Sin el cuadro completo todavía.
¿De qué lado estás?
......................
El sonido llegó pasada la medianoche.
Pasos en el corredor. Los reconoció de inmediato — era imposible no reconocerlos ya, después de semanas aprendiendo los ritmos de esa mansión. Pero esta vez eran diferentes. No tenían el propósito directo de siempre. Eran más lentos. Los pasos de alguien que camina porque necesita caminar, no porque tenga un destino.
Pasaron frente a su puerta.
Se detuvieron.
Ren no se movió de la silla junto a la ventana.
El silencio duró lo que duran ciertas decisiones cuando se toman en los bordes de la medianoche.
Luego los pasos continuaron.
Y luego se detuvieron de nuevo.
Y luego, con tres golpes que eran distintos a todos los anteriores — no los cinco rápidos e irregulares de la urgencia ni los tres precisos de la notificación sino algo intermedio, algo que no era exactamente ninguna de las dos cosas — tocaron su puerta.
Ren miró la puerta durante un momento.
—Adelante.
Kael entró.
Llevaba el uniforme sin la chaqueta exterior — solo la camisa, las hombreras quitadas, con el aspecto de alguien que ha estado despierto durante horas y no se ha molestado en mantener la imagen de quien no lleva horas despierto. Tenía en la mano un documento doblado que sostenía con esa tensión específica de quien lleva algo que no sabe muy bien cómo entregar.
Se detuvo al ver que Ren estaba despierta y sentada junto a la ventana.
Algo en su expresión — esa expresión de piedra, esa expresión que Ren había pasado semanas aprendiendo a leer en sus bordes — cedió levemente. Como si hubiera llegado preparado para una cosa y encontrara otra y esa otra fuera, por razones que él mismo no había identificado todavía, menos difícil.
—No dormías —dijo.
—No —dijo Ren.
Pausa.
—Yo tampoco —dijo Kael.
No era una confesión. No tenía el tono de las confesiones. Era solo un hecho dicho en voz alta porque en la medianoche antes del baile ciertos hechos pesaban menos que otros.
Kael caminó hacia la silla al otro lado de la ventana — la que Sophia usaba durante el día — y se sentó con el documento todavía en la mano.
Ren lo miró.
buenisima historia
me encanta la protagonista..
más capítulos xfavor