Luciana Moretti fue en su vida anterior una joven del siglo XXI: introvertida al principio, pero con un sentido del humor desbordante, una lengua afilada sin filtros y una fuerza interior que pocos imaginaban. Estaba estudiando historia de las civilizaciones antiguas, viviendo una vida tranquila pero llena de curiosidad, hasta que un accidente con un libro antiguo y un cristal en una biblioteca la llevó a morir… y despertar en el cuerpo de la tercera hija de la familia Moretti, una de las familias más ricas, influyentes y poderosas de Aethelgard.
Aquí, es conocida como la “don nadie”: sin grandes dones, ignorada por todos, considerada extraña y poco agraciada por sus padres y hermanas mayores. Sus padres, el señor y la señora Moretti, son inmensamente ricos, pero también vanidosos, ambiciosos y bastante ingenuos, obsesionados con mantener su estatus y aliarse con la realeza. Sus hermanas, Sofía y Valeria, son hermosas, elegantes… e hipócritas hasta el extremo: dulces en público.
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Mi habitación, magia renovada y hermanas que no aprenden. I
—¡Q-qué hermoso! —balbuceó Sofía, con los ojos brillantes de envidia y admiración—. ¡Luciana… esto… esto es magia verdadera! ¡Nunca he visto nada igual! ¡Tu habitación… parece un palacio! ¡Es más bonita que la de madre, más bonita que la de cualquiera!
Valeria asintió con tanta fuerza que se le cayeron un par de horquillas del pelo, y dijo con esa voz melosa que gastaba cuando quería algo: —¡Sí, hermana! ¡Es maravilloso! Y… y el señor Van Doren es increíble, ¿verdad? Qué… qué suerte tienes. Nosotras… eh… veníamos a decirte que, si necesitas algo, lo que sea, nosotras estamos aquí para servirte. Podemos peinarte, podemos arreglarte la ropa, podemos leerte libros si estás cansada… lo que tú quieras. De verdad, nos encantaría ayudarte en todo lo que podamos.
Yo las miraba con esa calma que las ponía tan nerviosas, sentada en el borde de mi cama nueva y preciosa, con Samuel de pie a mi lado, apoyado en una columna con los brazos cruzados y una sonrisita divertida en los labios. Era tan obvio lo que querían: querían estar cerca, querían aprender magia, querían que les hiciéramos cosas bonitas a ellas también, querían brillar un poquito de la luz que ahora nos rodeaba.
—Qué amables sois —les dije con dulzura, disfrutando del momento—. Pero no os preocupéis, de verdad. Por ahora no necesito nada. Samuel se encarga de todo lo que yo necesito. Y vosotras… bueno, vosotras tenéis ya bastante con aprender a portaros bien y a respetar a los demás, ¿verdad? Recordad lo que pasó la última vez que hablasteis sin saber.
Se pusieron rojas como tomates, bajaron la cabeza y empezaron a balbucear disculpas y cosas sin sentido. Pero claro, ellas son ellas, y no podían estar calladas mucho tiempo. De repente, Valeria vio la escultura brillante en la mesa del centro, esa hecha con los restos del cristal, y se le iluminaron los ojos de una forma que ya conocía demasiado bien: avaricia.
Dio un paso despacito hacia la mesa, estiró la mano como si fuera a tocarla y dijo con voz dulce y fingida: —¡Qué cosa tan maravillosa! ¿Verdad, hermana? Brilla más que todo lo que tenemos. Luciana… ¿crees que… crees que, si toco un poquito, me dará suerte? ¿O me hará bonita? ¿O me dará poder? Siempre he querido tener magia… seguro que con esto yo también podría ser especial…
¡ERROR! 🚩
En cuanto su dedo estuvo a un centímetro de la superficie brillante, Samuel se movió. No gritó, ni hizo movimientos bruscos. Simplemente, con un parpadeo, apareció justo delante de ella, tan rápido que ni siquiera lo vimos moverse, y agarró su muñeca con una mano, con una fuerza suficiente para detenerla, pero sin hacerle daño. Su cara ya no era divertida, ni amable. Era fría, dura, aterradora. Y su voz salió bajita, casi un susurro, pero que heló la sangre a las dos:
—NO.
Una sola palabra. Pero pesó más que mil rocas. Valeria se quedó paralizada, con los ojos muy abiertos, temblando como una hoja, sin atreverse ni a respirar. Samuel la miró fijamente a los ojos y le dijo despacio, marcando cada sílaba:
—Esa cosa que quieres tocar… es lo que quedaba de mi prisión. Es lo que me tuvo encerrado siglos y siglos. Y sobre todo… es algo que ella rompió. Ella lo hizo pedazos con su amor y su poder. Todo lo que hay aquí, todo lo que brilla, todo lo que tiene magia… es de ella. Solo de ella. Tú no puedes tocarlo. Tú no puedes tenerlo. Tú no puedes siquiera desearlo, porque no es para ti. ¿Entendido esta vez? ¿O quieres que te lo explique de otra forma que te quede más grabado en la memoria?
—¡E-e-entendido! ¡M-m-muy entendido! —lloriqueó Valeria, con lágrimas en los ojos, intentando quitar su mano de su agarre sin conseguirlo—. ¡Lo siento! ¡No volverá a pasar! ¡Yo… yo solo quería ver… no sabía…!
Samuel la soltó de golpe, como si le diera asco haberla tocado, y se limpió la mano en su ropa con desprecio. —Pues ya lo sabes. De ahora en adelante: miráis, escucháis, aprendéis… pero no tocáis nada que sea de mi reina. Y ahora… será mejor que os vayáis. Antes de que se me acabe la paciencia del todo.
No se lo dijeron dos veces. Sofía agarró a su hermana del brazo, ambas hicieron una reverencia tan profunda que casi se caen de morros, y salieron corriendo de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con un ¡PAM! de miedo.
Yo me eché a reír con ganas, recostándome en mi cama nueva y suave, mientras Samuel se giraba hacia mí, recuperando al instante toda su dulzura y amor, y venía a tumbarse a mi lado, apoyando la cabeza en su mano para mirarme mejor.
—No aprenden, mi amor —me dijo sonriendo, acariciándome el pelo con ternura—. Siguen pensando que todo lo que brilla es para ellas. Siguen creyendo que la magia es un adorno para verse más guapas o conseguir marido. Pero bueno… ya se les irá pasando. Y si no se les pasa, ya nos encargaremos nosotras de que entiendan las reglas del mundo.
Le acaricié la cara, sus ojos, su barba suave, disfrutando de tenerlo aquí, tan cerca, tan mío. —Has sido muy duro con ellas, ¿sabes? —le dije con una sonrisa pícara.
Él se rió bajito y me dio un beso en la mano. —He sido muy suave, mi vida. Si hubiera sido duro, ahora mismo estarían convertidas en estatuas mirando esa puerta para siempre. Pero… como tú eres buena y generosa, solo se han llevado un buen susto. Y hablando de magia… —su voz cambió un poco, se volvió más seria, más emocionada, y sus ojos brillaron con esa luz de maestro y hechicero—. Ahora que estoy libre, ahora que estamos juntos de verdad… ha llegado el momento. Ha llegado el momento de que aprendas. De que entiendas todo lo que llevas dentro. De que domines ese poder inmenso que rompió mi prisión, que me sacó de la oscuridad y que es mucho más grande de lo que tú misma crees.
Se sentó bien, me tomó ambas manos entre las suyas y me miró con una intensidad que me puso la piel de gallina.
—Luciana… tú no eres solo mi liberadora. Tú no eres solo mi amor. Tú eres algo mucho más grande. Y ahora, vamos a empezar a descubrirlo todo juntos. ¿Estás lista? Porque esto… esto va a cambiarlo todo.
Lo miré a los ojos, sentí esa energía increíble que fluía entre nosotros, sentí el poder que corría por mis venas, y sonreí con todas mis fuerzas. —Estoy lista, Samuel. Contigo a mi lado, estoy lista para cualquier cosa.
Y así, en esa habitación transformada, nuestro lugar seguro, empezó la verdadera aventura. Empezó mi aprendizaje, nuestro camino juntos, el descubrimiento de quién era yo realmente, y todo lo que nos esperaba. Y os aseguro que lo que venía a partir de ahí era mucho más grande, más peligroso, más mágico y mucho, mucho más divertido que todo lo que habíamos vivido hasta ahora.
después de siglos de estar encerrado a que olera su boca... caray
estás en el pasado que ya es historia, con cosas históricas más viejas. que regalo del destino .
está Lucia como niña en dulcería
que sucedió?
murió a través del tiempo?
Gracias /Smile//Smile/