Un joven sufre un accidente automovilístico después de una noche Que se borracha porque pierde la mujer que amaba y queda en coma durante dos años. En el hospital, una doctora se encarga de su cuidado diario y nunca pierde la esperanza de que despierte.
Con el tiempo, su dedicación crea un vínculo especial entre ambos, más allá de lo médico. Cuando el chico finalmente despierta, comienza una nueva etapa de recuperación donde poco a poco ambos descubren que lo que los une se convierte en amor.
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Capítulo 16: El día que me asusté de verdad
Habían pasado tres meses desde que Valeria y yo comenzamos oficialmente.
Tres meses donde sinceramente yo me había vuelto demasiado loco por esa china.
Y sí, lo acepto.
Todo el tiempo quería verla.
Si estaba en la universidad pensaba en ella.
Si estaba en la casa quería hablar con ella.
Si me demoraba en responderme ya me hacía falta.
Era raro, porque yo nunca había sido así con nadie.
Pero Valeria tenía algo que me daba tranquilidad.
Como si verla arreglara un poquito todo el desorden que yo tenía por dentro.
Ese día decidimos salir a pasear.
Desde temprano fui a recogerla.
Cuando salió de la casa con un jean claro, una chaqueta negra y el cabello suelto, yo me quedé mirándola como un bobo.
Ella soltó una risa.
—“¿Qué tanto mira?”
Yo negué con la cabeza sonriendo.
—“Nada… que usted está demasiado linda.”
Y automáticamente se puso roja.
Eso nunca cambiaba.
Se subió al carro en el asiento del copiloto y arrancamos.
El clima en Manzanares estaba frío pero bonito. La neblina bajaba suave por las montañas y la carretera se veía tranquila.
Íbamos hablando de cualquier cosa.
Ella me contaba historias del colegio, de unas amigas, de planes que tenía cuando terminara el bachillerato.
Y yo simplemente la escuchaba feliz.
Porque honestamente me encantaba escucharla hablar.
En un momento ella me miró sonriendo.
—“¿Sabes algo?”
—“¿Qué?”
—“Te has vuelto intenso.”
Yo solté una risa.
—“¿Intenso yo?”
—“Sí. Todo el tiempo quieres verme.”
Yo sonreí de lado.
—“¿Y eso es malo?”
Ella negó riéndose.
—“No… solo me da ternura.”
Yo fingí indignación.
—“¿Ternura? Respete pues.”
Ella comenzó a reírse más duro.
Y yo terminé riéndome también.
Después de manejar un rato llegamos a un mirador pequeño rodeado de montañas. El lugar estaba tranquilo, apenas con unas cuantas personas tomando fotos.
Nos bajamos del carro.
El aire frío pegó fuerte.
Valeria automáticamente se acercó más a mí.
—“Hace demasiado frío.”
Yo la abracé por los hombros.
—“Pues venga acá.”
Ella sonrió suave y apoyó la cabeza en mi pecho mientras caminábamos despacio.
Y sinceramente…
ese momento se sentía perfecto.
Sin peleas.
Sin problemas.
Sin nada malo.
Solo ella y yo.
Nos sentamos un rato en una banca mirando el paisaje.
Valeria estaba más callada de lo normal.
Yo la miré.
—“¿Todo bien?”
Ella asintió rápido.
—“Sí, sí.”
Pero se veía un poquito pálida.
Yo fruncí el ceño.
—“¿Segura?”
Ella sonrió leve.
—“Sí, tranquilo.”
Seguimos hablando un rato más, aunque noté que ella respiraba un poquito raro.
Pensé que tal vez era el frío.
Hasta que de repente…
ella se quedó quieta.
Muy quieta.
—“¿Vale?”
La miré bien.
Y ahí fue cuando sentí el susto subir de golpe.
Su cara perdió color.
—“Princesa…”
Ella apenas me miró.
Y de un momento a otro…
se desmayó en mis brazos.
—“¡Valeria!”
La agarré rápido antes de que cayera al piso.
El corazón se me fue al suelo.
—“¡Ey, ey, mírame!”
Nada.
Ella estaba inconsciente.
Yo sentí el cuerpo helarse completo.
—“¡Valeria, por favor!”
La acomodé rápido en mis brazos mientras intentaba despertarla.
La gente alrededor comenzó a mirar.
Y yo ya estaba entrando en pánico.
—“Mi amor, despierta…”
Nada.
Los minutos se sintieron eternos.
Yo le acariciaba la cara nervioso, intentando mantener la calma.
—“Respira… respira…”
No sabía qué hacer.
Sentía las manos temblando horrible.
Pasaron unos minutos más.
Como veinte minutos que parecieron horas.
Y finalmente…
ella comenzó a moverse poquito.
Abrió los ojos despacio.
Yo solté el aire de golpe.
—“Ay gracias a Dios…”
Ella me miró confundida.
—“¿Qué pasó…?”
Yo tenía el corazón acelerado horrible.
—“Princesa, usted qué tiene?”
Ella intentó incorporarse un poco.
—“No… no sé…”
Yo seguía demasiado preocupado.
—“¿Cómo que no sabe? Usted se desmayó.”
Ella se pasó la mano por la cabeza.
—“Creo que no es nada malo…”
Yo la miré serio.
—“¿Nada malo? Casi me mata del susto.”
Ella intentó sonreír suave.
—“Perdón…”
Yo respiré profundo intentando tranquilizarme.
Porque sinceramente el miedo que sentí en esos minutos fue horrible.
La ayudé a sentarse mejor.
—“¿Le duele algo?”
Ella negó.
—“Solo me mareé…”
Yo seguía sin estar tranquilo.
—“No, mañana mismo vamos al médico.”
Ella hizo cara pequeña.
—“No exageres.”
Yo la miré serio inmediatamente.
—“No estoy exagerando.”
Ella se quedó callada.
Y yo respiré hondo otra vez mientras le acomodaba el cabello detrás de la oreja.
Porque en esos minutos donde estuvo inconsciente…
yo entendí algo que me asustó demasiado:
ya no sabía qué haría si algo malo le pasaba a ella.