Isabella es una joven ambiciosa que lucha contra los estereotipos del mundo.
Ella se abre paso por su inteligencia, demostrando que no solo es una cara bonita. Dejando a sus enemigos con la boca abierta.
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Descubrimientos.
A las tres de la mañana, las luces del piso treinta y uno de Vanguard & Associates eran las únicas que permanecían encendidas en el skyline de Century City. Sobre la mesa de la oficina de Isabella no había espacio para tazas de café vacías; solo carpetas de auditoría forense, diagramas de flujo transaccional y tres pantallas conectadas en tiempo real con las bolsas de valores de Londres y Hong Kong.
Dante De Luca se había quitado el saco del traje de tres piezas. Con las mangas de su camisa blanca remangadas hasta los antebrazos y la corbata ligeramente floja, caminaba de un lado a otro como un depredador enjaulado. Era un hombre acostumbrado a dictar el paso, a aplastar a sus asociados con órdenes rápidas y a ver cómo los demás colapsaban bajo la presión de sus plazos de entrega.
Pero Isabella Vance no estaba colapsando.
Dante se detuvo junto al borde de su escritorio de cristal. La observó en silencio durante un minuto entero. Isabella se había recogido el cabello oscuro en un moño alto e imperfecto, dejando al descubierto la línea limpia de su cuello y la simetría perfecta de su perfil. Había una belleza innegable en ella, una elegancia natural que la luz de las pantallas suavizaba, dándole un aspecto casi hipnótico. Cualquier otro hombre en Century City se habría distraído con la cercanía de sus labios o la intensidad de sus ojos oscuros bajo las pestañas largas.
Pero lo que realmente mantenía a Dante paralizado no era su estética. Era la velocidad de su cerebro.
—Mira esto, Dante —dijo Isabella sin levantar la vista del teclado, llamándolo por su nombre de pila por primera vez, con una naturalidad que a él, extrañamente, no le molestó—. Christopher Vance-Lowell no solo usó el fondo de cobertura en las Caimán. Las transferencias espejo que hizo hacia la cuenta personal de Julian no se ordenaron desde Los Ángeles. Los códigos de enrutamiento SWIFT provinieron de una filial bancaria en Macao.
Dante se inclinó sobre el hombro de Isabella, invadiendo su espacio. Su perfume a madera y tabaco inundó el aire, pero ella no pestañeó. Los ojos verdes del abogado penalista recorrieron las líneas de código financiero que ella acababa de aislar.
—Macao... —murmuró Dante, su voz perdiendo toda la soberbia teatral y adoptando el tono de un estratega militar—. El Banco de Desarrollo de Asia Oriental. El ochenta por ciento de sus acciones pertenecen a la corporación estatal china de telecomunicaciones. Si Christopher movió los fondos a través de ellos para devaluar las acciones de Vance-Lowell Holdings, no es solo un fraude corporativo. Es un intento de transferir el control de patentes tecnológicas de satélites estadounidenses a una entidad extranjera no autorizada.
Isabella se giró en su silla, quedando a escasos centímetros del rostro de Dante. Sostuvo su mirada felina con una calma helada.
—Exacto. Christopher pensó que camuflar el dinero en el circuito del lavado penal tradicional lo ocultaría del FBI. Lo que su codicia no le dejó ver es que, al usar esa ruta específica para abaratar las acciones de su hermano, activó de manera automática la sección 721 de la Ley de Producción de Defensa.
Dante la miró fixedly, con una mezcla de sorpresa y un respeto que jamás había sentido por ningún colega en su carrera. La visión analítica de Isabella no era simplemente académica; era tridimensional. Mientras él buscaba debilidades procesales en el código penal para defender a Julian de la cárcel, Isabella estaba rediseñando el mapa geopolítico para destruir al acusador. Ella no miraba la jugada de ajedrez del rival; miraba al dueño del club donde se jugaba el torneo.
—Eres aterradoramente brillante, Isabella —admitió Dante, su tono bajando a un susurro sincero que rozaba la complicidad—. He trabajado con los directores de las firmas de la Ivy League, hombres que cobran millones por diseñar defensas corporativas, y ninguno de ellos tiene la capacidad de conectar el derecho penal fiduciario con la seguridad nacional en menos de seis horas.
—La simetría es la base de todo, Dante —respondió Isabella, esbozando una sonrisa sutil, la primera sonrisa genuina que le dedicaba desde que se conocieron—. Si el ataque de Christopher fue perfectamente equilibrado para destruir a su hermano, nuestra defensa tiene que ser una fuerza de igual magnitud que desvíe el golpe. Tu arrogancia te hace buscar la confrontación directa en la corte; mi naturaleza me obliga a buscar el equilibrio del tablero antes de que el juez golpee el mazo.
Dante soltó una breve carcajada, maravillado por el descaro y la precisión de la joven abogada.
—Bueno, señorita Libra —dijo Dante, enderezándose y ofreciéndole una taza de agua termal—. Tu mapa del tablero es perfecto. Ahora déjame demostrarte por qué soy el abogado mejor pagado de esta costa. Con estos datos de Macao, voy a redactar la moción para el Departamento del Tesoro de una manera que hará que el director del CFIUS firme la orden de emergencia antes de que el fiscal de Los Ángeles termine su café de la mañana.