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Protege Mi Corazón

Protege Mi Corazón

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor eterno / Completas
Popularitas:66.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Vanesa Casarino

Elena Rossi, la princesa consentida de los Rossi, tras la disolución de la trinidad, busca un nuevo comienzo académico en Manhattan. Sin embargo, el pasado de los Rossi es un lazo de sangre imposible de cortar, y las mafias locales no tardan en rastrear sus pasos en Nueva York.

Para sobrevivir en este nueva etapa de su vida, Elena no estará sola. Cuenta con el amparo constante de Christopher Sterling, un frío y letal custodio profesional encargado de su seguridad perimetral. En medio de balaceras en callejones húmedos y persecuciones a alta velocidad, la estricta relación jerárquica y el protocolo de un contrato laboral por su padre empiezan a desmoronarse.

Entre la adrenalina del peligro y la soledad de las noches, un sentimiento profundo e indomable transformará a la heredera y a su sombra en un equipo indestructible y un amor que atravesará todas las barreras que les pondrá la vida en el camino.

NovelToon tiene autorización de Vanesa Casarino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 10

El estruendo de las sirenas de las camionetas que Franco había mandado desde Chicago terminó por ahuyentar a los atacantes que quedaban en pie. El eco de las cubiertas chirriando contra el pavimento húmedo de la zona norte de Manhattan marcó el final del enfrentamiento en el depósito, dejando un silencio denso, interrumpido solo por el goteo constante de la llovizna que se filtraba por las chapas rotas del techo

Tres hombres corpulentos, con los abrigos oscuros típicos de las cuadrillas de los muelles, ingresaron con las armas en la mano para asegurar el perímetro, pero yo ya había bajado la pistola, manteniéndola pegada a la pierna mientras sentía el calor del cañón contra mis dedos

No me temblaba el pulso, la adrenalina me había dejado una claridad fría en la mente, esa misma resolución con la que mi familia pisaba fuerte en cada terreno que reclamaba

Christopher Sterling se acercó a mí a pasos rápidos, dejando de lado por completo esa distancia protocolar de tres metros que solía mantener en los pasillos universitarios. Su mirada recorrió mi cuerpo de arriba abajo, buscando cualquier rastro de sangre o alguna renguera que delatara una herida oculta debajo del tapado gris. Tenía las facciones rígidas y la respiración agitada, un estado que jamás le había visto durante el tiempo que llevamos acá

— Le dio en el blanco de forma perfecta, señorita Elena — pronunció con la voz un poco más baja de lo habitual, intentando recuperar el tono formal ante la presencia de los refuerzos que ya revisaban el utilitario blanco en la entrada — Su puntería salvó la línea de retirada. Si usted no cubría ese flanco, nos hubieran encerrado en el asiento delantero

— Te dije que no me iba a quedar de brazos cruzados, Christopher — le respondí, guardando el arma en la funda de cuero con un movimiento pausado — Los Rossi no pagamos custodios para que mueran por nosotros mientras nos escondemos en el piso del auto. Ahora saquemos los balances contables de la biblioteca y volvamos al departamento. Este lugar me está dando dolor de cabeza

El viernes amaneció con una calma sospechosa. La cuadra del edificio en Manhattan parecía haber vuelto a la normalidad de la rutina diaria, con los porteros barriendo las veredas y los taxis amarillos circulando sin apuro hacia el distrito financiero. Sin embargo, dentro del departamento, el ambiente se sentía cargado de una electricidad diferente

Después de lo que había pasado en el depósito abandonado, Christopher ya no se limitaba a esperarme en el palier, ahora compartía el café de la mañana en la barra de la cocina, vigilando las cámaras del circuito cerrado a través de su tableta portátil pero con el oído atento a cada uno de mis movimientos en el living

Me vestí con un pantalón clásico oscuro, una blusa de seda azul y un blazer entallado, acomodando el armazón de la pistola en la cintura con la misma naturalidad con la que solía colgarme la cartera en las mañanas de Chicago

Mientras desayunábamos en silencio, noté que él me observaba de reojo, no con la desconfianza técnica de un empleado de seguridad que revisa los accesos del personal, sino con una fijeza pesada, una atención que se demoraba en los detalles de mis manos o en la forma en que me recogía el pelo con una colita tirante

Había algo que se estaba rompiendo en su estructura profesional, una barrera impuesta por las órdenes de mi padre Fabián que ya no alcanzaba para contener la intensidad de las horas que pasábamos encerrados en este piso alto

— Hoy no tenemos clases en el campus, señorita Elena — comentó Christopher, dejando el vaso sobre el granito negro de la barra — Pero el reporte del centro de control indica que los remanentes de las bandas del puerto siguen buscando nuestra ruta de escape. Mi recomendación es que permanezca en la biblioteca del edificio adelantando las lecturas del trimestre y que me deje la inspección de los vehículos a mí solo durante la tarde

— No me voy a quedar encerrada como si estuviera bajo arresto, Christopher — le contesté, sosteniéndole la mirada con esa firmeza indomable que me caracterizaba — Tenemos que ir a las oficinas de la aduana este para certificar los balances históricos de la sociedad de Chelsea. Es un trámite manuscrito que requiere mi firma presencial y no lo voy a delegar por un par de amenazas en el retrovisor. Prepará el coche de repuesto, nos movemos en veinte minutos

El viaje hacia el sector de las agencias marítimas fue tenso, con la niebla del río volviendo a cubrir los rascacielos del centro. Christopher manejaba con los nudillos blancos de la fuerza que aplicaba sobre el volante, doblando por las esquinas con una brusquedad que delataba que su cabeza no estaba pensando en los protocolos de la gerencia, sino en el peligro inminente que significaba llevarme expuesta en mitad de la costa este

Llegamos al edificio de las oficinas aduaneras pasadas las dos de la tarde, un complejo enorme de pasillos angostos, techos bajos y ventanillas de vidrio esmerilado que recordaban a las viejas dependencias del puerto norte de Illinois

El trámite fue rápido, pero el verdadero problema empezó cuando nos disponíamos a cruzar el playón de estacionamiento trasero para regresar al sedán gris plata. La niebla se había cerrado tanto que apenas permitía ver las siluetas de los camiones de carga alineados contra los muelles de descarga

De la nada, el sonido de un motor de alta cilindrada rompió la monotonía del ambiente, seguido por el estruendo de un disparo que impactó directo en la columna de concreto que estaba a escasos centímetros de mi cabeza, salpicándome la cara con esquirlas de piedra y polvo gris

— ¡Elena, al suelo! — el grito de Christopher no fue una orden protocolar, fue un rugido de pánico puro que le desgarró la garganta mientras se lanzaba hacia adelante para cubrirme con todo el peso de su cuerpo blindado

Pero esta vez los atacantes habían aprendido la lección del callejón anterior. No vinieron de frente, tres hombres armados aparecieron desde los flancos, aprovechando la ceguera de la niebla para rodearnos antes de que Christopher pudiera sacar su arma grande del interior del saco

Uno de los delincuentes, un tipo enorme con una cicatriz en el pómulo, se metió entre nosotros dos, aprovechando que el envión de la caída me había dejado separada de la cobertura del coche. Me planté firme, intentando desenfundar la pistola corta de la cintura, pero el atacante me propinó un golpe seco en la muñeca que me hizo soltar el metal contra el asfalto húmedo, tomándome del cuello con una violencia que me cortó la respiración de golpe

Fue en ese preciso segundo cuando lo ví, la estructura del custodio profesional se desmoronó por completo en Christopher Sterling. Al ver que el tipo de la cicatriz me levantaba del suelo y me ponía

el arma contra la sien, su rostro se transformó en una máscara de desesperación y furia salvaje que iba mucho más allá de los deberes de un contrato manuscrito. Sus ojos oscuros se abrieron con un terror absoluto, un miedo espantoso que no era por su propia vida, sino por la posibilidad real de ver mi sangre correr sobre el piso del muelle

— ¡Sueltala! ¡Te juro por mi vida que si le hacés un solo rasguño no vas a salir vivo de Manhattan! — rugió Christopher, dando un paso al frente sin importarle que los otros dos delincuentes le estuvieran apuntando directo al pecho con sus armas cortas

Su voz temblaba, no de cobardía, sino de una angustia profunda y descontrolada que delataba el sentimiento que había venido cultivando en las noches de silencio en el departamento, en cada café compartido en la barra y en cada mirada sutil a través del espejo retrovisor. Ya no le importaba el control perimetral, ni las órdenes de mi padre Fabián, ni el prestigio de su puesto en las oficinas de Chicago, en ese momento, el mundo entero se reducía a mi seguridad, a la necesidad desesperada de mantenerme a salvo porque la sola idea de perderme le resultaba insoportable para su propia existencia

El tipo de la cicatriz esbozó una sonrisa burlona, usando mi cuerpo como escudo mientras retrocedía hacia la caja de una camioneta que esperaba con el motor en marcha

— Tirá el arma al piso, custodio, o la pequeña Rossi no llega a revisar los números del próximo trimestre de su familia

Aprovechando el segundo de distracción que el agresor se tomó para hablar, y viendo la desesperación de Christopher que parecía dispuesto a recibir todas las balas con tal de darme una oportunidad, utilicé la fuerza de mis piernas para dar un pisotón violento sobre el empeine del atacante, obligándolo a perder el equilibrio por el dolor. Al sentir que su agarre se aflojaba sobre mí cuello, me deslicé hacia abajo con agilidad, dejando su pecho completamente descubierto ante la línea de tiro de mi protector

Christopher no desperdició esa fracción de segundo que mi maniobra le había regalado. Con un movimiento de una velocidad y una violencia inauditas, levantó su arma grande y gatilló tres veces seguidas con una precisión letal. Los proyectiles derribaron al tipo de la cicatriz de forma instantánea, haciéndolo caer pesado contra el playón húmedo, mientras los otros dos cómplices, al ver la furia asesina con la que el custodio avanzaba disparando sin buscar cobertura, decidieron subirse a la camioneta en movimiento y escapar a toda velocidad perdiéndose entre las torres de la avenida costera

Christopher no corrió detrás del vehículo, tiró el arma al suelo con desprecio y se abalanzó sobre mí, tomándome de los hombros con unas manos que temblaban como hojas secas bajo la llovizna de la tarde. Me levantó del asfalto con una fuerza tremenda y me pegó a su pecho, rompiendo toda distancia, todo protocolo y toda jerarquía de la firma familiar

Sentí el latido frenético de su corazón golpeando contra mi costilla, una marcha loca que delataba la magnitud del susto que se había llevado en mitad de la niebla

— Pensé que te perdía, Elena... Dios mío, pensé que no llegaba a sacarte de ahí — me susurró al oído con una voz quebrada, abandonando por completo el "señorita Rossi" y hundiéndose en el hueco de mi cuello con una desesperación que me conmovió las entrañas — Me importan un bledo los balances, los muelles de Chicago y las órdenes de tu padre. Si te pasa algo a vos, yo no tengo nada más que hacer en este lugar

Me quedé quieta en sus brazos por unos instantes, rodeando su espalda con mis manos mientras sentía la calidez de su abrigo contra mi rostro húmedo por la llovizna. La analista fría y calculadora de la corporación se disolvió en ese abrazo tosco y desesperado, me di cuenta de que el amparo que Christopher me ofrecía no era el de un blindaje pagado a fin de mes, sino el de un hombre que se había enamorado de mi fortaleza en la soledad de nuestras noches de Manhattan

Al separarnos un poco para mirarnos a los ojos, descubrí en su mirada oscura una verdad tan profunda y un peligro tan hermoso que supe, con total certeza, que nuestra rutina diaria del departamento a la universidad había cambiado para siempre y que las balas de los enemigos eran el menor de los problemas que íbamos a tener que enfrentar juntos de ahora en adelante.

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Veronica Araceli Salinas cabrera
al parecer este par ya decidieron estar juntos
KCCC
hermoso
mariel⚘️
linda novela 😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭😘😘😘😘hermoso bebe
mariel⚘️
😘😘😘😘😘😘😘
mariel⚘️
🤭🤭😘😘😘😘
mariel⚘️
🤠🤠😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭
mariel⚘️
👍👍
mariel⚘️
l😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
🤠🤭
mariel⚘️
👍
Gavy Berrío
hermosa novela la recomiendo
Geo Guzmán
muy buena historia gracias
Geo Guzmán
👏👏👏👏 bonito cap muy tiermo
Gavy Berrío
buen cap me gustó
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
😘
mariel⚘️
😘😘😘
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