NovelToon NovelToon
Eternos

Eternos

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Pareja destinada / Reencarnación
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesenia Stefany Bello González

La primera vez que se encontraron, murieron.

La segunda vez, también.

Y aun así volvieron a buscarse.

A lo largo de tres vidas, tres épocas y tres historias distintas, dos almas destinadas a amarse desafiarán al tiempo, a la muerte y al destino para volver a encontrarse.

No recuerdan quiénes fueron.

No recuerdan cómo se perdieron.

Pero sus corazones sí.

Porque algunas conexiones son más fuertes que el olvido.

Más fuertes que la distancia.

Más fuertes incluso que la muerte.

ETERNOS es una historia sobre almas gemelas, segundas oportunidades y un amor capaz de atravesar siglos enteros.

Porque hay amores que terminan.

Y hay otros que duran para siempre.

NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Paciente

Abigail

—No estoy segura de esto —digo mientras lo ayudo a incorporarse.

—Quiero ir al baño… y necesito limpiarme un poco.

—Te limpiaré yo misma. No puedes meterte en una bañera y mucho menos en la laguna. Las heridas no han sanado totalmente.

Caleb me sonríe de lado.

—Lo que tú quieres es tocarme.

Me muerdo los labios para no reír.

—Sí, tan mal… Apenas puedo mantener mis manos para mí misma.

Caleb mira su cuerpo inclinado, luchando para mantenerse en pie, y vuelve a sonreír de lado.

—Pero te entiendo. Yo tampoco podría.

Esta vez no puedo evitarlo y me río.

—Eres insoportable.

—Y tú estás sonrojada.

—Estoy cargando a un hombre que pesa lo mismo que un caballo.

—Eso no responde mi observación.

Pongo los ojos en blanco y paso uno de sus brazos sobre mis hombros.

—Camina.

—Qué mandona eres.

—Camina, Caleb.

Salimos de la cabaña lentamente.

El suelo todavía está húmedo por la tormenta de los días anteriores y el aire huele a tierra mojada y pino.

Lo conduzco hasta la pequeña letrina de madera que construimos detrás de los arbustos hace años.

—¿Necesitas ayuda para entrar?

—Abi.

—¿Qué?

—Todavía conservo algo de dignidad.

—Perfecto. Porque yo la perdí arrastrando tu enorme cuerpo por medio bosque.

Caleb se ríe. Una risa verdadera. Y durante un segundo me quedo observándolo.

Me gusta cuando ríe… Me gusta demasiado.

—Deja de mirarme así —dice.

—¿Así cómo?

—Como si estuvieras pensando algo peligroso.

—Tú eres quien piensa cosas peligrosas.

—Yo solo quiero usar la letrina sin que me vigilen.

—Pues apresúrate.

—Mandona —me acusa.

—Lento —devuelvo.

—Bruja —replica.

—Tonto.

Su sonrisa se ensancha antes de desaparecer dentro de la pequeña construcción.

Espero afuera, escuchando los pájaros y el viento entre los árboles. Y cuando sale unos minutos después, parece más agotado que antes.

—Ven —le digo suavemente.

Lo ayudo a regresar.

Esta vez no protesta cuando lo siento en una silla junto al fuego. Caliento agua en la olla y luego la vierto en una jofaina de madera.

—¿Qué haces?

—Limpiarte.

—Abi...

—No empieces.

—Puedo hacerlo solo.

—Claro que puedes.

—Entonces...

—Entonces tardarás una hora y volverás a abrirte las heridas.

Toma aire para protestar.

Lo señalo con un dedo antes que diga algo.

—Ni una palabra.

Sorprendentemente, obedece.

Mojo el paño de agua mientras me doy cuenta de que nunca cuidar de alguien se sintió tan... ¿natural?

Tomo el paño mojado y lo paso por su pecho. Luchando contra los nervios que siento subir por mi pecho.

Es hermoso.

Fuerte.

Más fuerte que el soldado.

Sus brazos son más musculosos y su abdomen es…

—Abi —susurra.

Levanto mis ojos a los suyos, que están oscuros.

—No me mires así —masculla con la mandíbula firme.

Levanto mi barbilla. —¿Así cómo?

—Como si quisieras hacer conmigo las cosas que solo he leído en libros y escuchado a algunos amigos… Cosas que muero hacer contigo.

Dejo el trapo quieto en el comienzo de sus abdominales.

—¿No has…? Ya sabes…

—No —responde.

Sonrío cuando un rubor cubre su atractivo rostro. —Eso explica muchas cosas.

—¿Qué cosas?

—Tu timidez… el avance lento de tus manos cuando nos besamos… Digo, estaba desnuda… cualquiera hubiese…

—No soy cualquiera.

—Lo sé —digo y sujeto su rostro—. Me gustó —declaro—. Me gustas.

Su mano toma mi cintura y sus ojos navegan por mi rostro y luego bajan a mi busto.

Siento como toda mi piel se inflama con el calor que veo en su mirada.

—No me mires así —susurra.

—¿Así cómo?

—Como si fueras a besarme.

Una sonrisa tira de mis labios.

—¿Y eso sería tan terrible?

—Para mí, sí.

Frunzo el ceño.

—¿Por qué?

Caleb deja escapar una pequeña risa.

—Porque no estoy seguro de poder detenerme.

El aire parece volverse más pesado entre nosotros.

Su mano sigue en mi cintura. La mía sigue apoyada en su pecho. Y, de pronto, soy demasiado consciente de la cercanía.

—Caleb...

—Lo digo en serio.

Sus ojos encuentran los míos.

Honestos. Demasiado honestos.

—Llevo dos días acostado en esta cama pensando en ti.

Mi corazón da un pequeño salto.

—Eso no suena saludable —me aventuro a decir.

—No lo es.

Sonrío.

Él no lo hace, porque está siendo completamente sincero.

—Pienso en tus ojos. En tu voz. En cómo hueles a lavanda cuando te acercas. En cómo me besaste. —Mi respiración se vuelve irregular—. Y cada vez que lo recuerdo quiero volver a hacerlo.

Trago saliva.

—Yo también.

La confesión sale antes de que pueda detenerla.

Caleb cierra los ojos durante un segundo. Como si escuchar eso hubiera sido demasiado.

—¿Ves el problema? —pregunta casi molesto.

—¿Qué problema?

—Que apenas puedo caminar hasta la letrina sin parecer un anciano de setenta años.

No puedo evitar reír.

—Eso es cierto —digo.

—Gracias por el apoyo.

—De nada.

—Y tú estás aquí, sentada frente a mí, mirándome de esa forma.

—¿Qué forma?

—La misma que hace que olvide respirar.

Mi sonrisa desaparece lentamente, porque ya no estamos bromeando. Y porque entiendo exactamente lo que quiere decir.

—Caleb.

—¿Sí?

Me inclino y apoyo mi frente contra la suya.

—No voy a ninguna parte. —Él se queda inmóvil, escuchándome—. No tienes que apresurarte.

—Pero quiero.

—Lo sé.

Paso mis dedos por su cabello. Suavemente.

—Yo también quiero —confieso. Su respiración se corta—. Pero quiero hacerlo cuando puedas sostenerte de pie sin ayuda.

Una carcajada escapa de sus labios.

—Eso es bastante razonable.

—Y cuando no tenga que cambiarte las vendas después.

—Eso hiere mi orgullo.

—Tu orgullo sobrevivirá.

—No estoy tan seguro.

Sonrío y deposito un beso suave sobre su frente.

—Sana primero, Solo Caleb.

Sus ojos se cierran.

Y durante un instante parece encontrar paz en esas palabras.

—Está bien.

—¿Está bien?

—Sí.

Abre los ojos y me observa como si yo fuera algo extraordinario.

—Porque después no pienso seguir siendo paciente.

Una risa escapa de mis labios.

—Qué amenaza tan terrible.

—No es una amenaza.

—¿No?

—No.

Su mano encuentra la mía. Y de pronto toda diversión desaparece de su rostro.

—Es una promesa.

Mi corazón tropieza, porque Caleb no sonríe. No está coqueteando. No está bromeando.

Simplemente me está mirando.

Como si fuera la única persona en el mundo.

Como si yo fuera algo valioso, algo digno de ser cuidado, algo digno de ser amado… Y nadie me había mirado así antes.

Nunca. Ni siquiera una vez.

—Caleb...

Él aprieta mis dedos.

—No sé qué es esto, Abi. —Su voz es apenas un susurro—. Pero sé que cuando cierro los ojos te veo a ti. —Mi respiración se corta—. Y sé que cuando desperté pensé que estaba muerto... hasta que escuché tu voz.

Las lágrimas amenazan con aparecer, porque nadie debería decir cosas tan hermosas con tanta honestidad.

—Y sé que, si me hubieras dejado en aquel barranco, habría muerto sin haber conocido lo único bueno que me ha ocurrido en toda mi vida.

Mi pecho duele. Duele de una forma extraña.

Hermosa.

Peligrosa.

Entonces apoyo mi frente contra la suya y cierro los ojos. Porque por primera vez desde aquella noche, siete años atrás, no siento miedo. Solo paz.

—Sana primero, Solo Caleb —susurro—. Sana rápido.

Y cuando abro los ojos, descubro que él me sigue mirando igual. Como si ya hubiera tomado una decisión.

Como si, sin saberlo todavía, acabara de entregarme su corazón.

1
Erika Badel
excelente
patry
estoy 😭😭😭😭
patry
ese bastardo tiene que morir 😡
patry
hay noooo 😭😭😭
patry
que bueno que le cuente
Erika Badel
super interesante
patry
gracias querida autora me encantó como va la historia
patry
se quiere comer 🤣🤣🙈
patry
gracias por este increíble capítulo
patry
bien sabe quien manda 🤣
patry
hay que porquería de basura
patry
eso es cierto
patry
que asco de padre
patry
no quedará saberlo
Esther Grace
que maldito desgraciado 🤬🤬🤬
patry
hay me encanta esta futura parejita
Elcy Milena ❤️
😭😭que sufrimiento para alguien tan indefenso.
Patricia Spaltro
ya te cautivó mi rey
Patricia Spaltro
ya lo creo que es así
Patricia Spaltro
si que es atrapante me encanta
Yesenia Bello González: Gracias por leer y por la puntuación 💛 😊 💕 🙌 💜 ♥️ 💛
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play