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GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Amor a primera vista / Pérdida de memoria / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Sofía Miller, la brillante directora creativa de Big Eye Creative, y Sebastián Lombardi, el reservado CEO que lucha por salvar la empresa de su padre, se ven obligados a trabajar juntos. En el proceso, la tensión laboral se transforma en un amor apasionado. Sin embargo, la misma noche en que él le propone matrimonio, un rival provoca un trágico accidente de coche.Al despertar, Sofía recibe un doble impacto: Sebastián está en coma y ella espera un hijo suyo. Un año después, el CEO abre los ojos, pero una amnesia severa ha borrado su último año de recuerdos. Sebastián no reconoce a Sofía y cae en las redes de Daphne, su calculadora exprometida que vuelve para quedarse con su fortuna.Protegida en secreto por el abuelo de su bebé, Sofía regresa a la oficina y a la clínica para dar una batalla silenciosa. ¿Podrá el recuerdo de su amor y el latido de su hija Lucía romper el hielo de su memoria, o se perderá para siempre? Una historia de traición, intriga y reconquista.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 4. SECRETOS SOBRE EL ESCRITORIO

Como cada mañana, me levanté temprano. Seguí mi rutina mecánica de asearme, tomar un café rápido y marcharme directo hacia la empresa. Por dentro, era un manojo de nervios. Hoy tenía que enseñarle mis primeras ideas a Sebastián y, con ello, demostrarle que era completamente digna del puesto de directora que desempeñaba. Hoy comenzaban quince días de trabajo sin descanso junto a él. Estábamos por iniciar una batalla contrarreloj para diseñar una campaña que enamorara a Sailing Dreams y nos hiciera merecedores de su confianza.

Cuando salí del ascensor y llegué a mi oficina, me encontré a Gladis esperándome con el rostro pálido y las manos inquietas.

—Señorita Sofía, el señor Sebastián la está esperando adentro de su despacho desde hace más de diez minutos —susurró, notablemente angustiada.

—¿Qué? ¿Cómo no me has avisado al móvil? —pregunté, abriendo los ojos de par en par.

—Lo intenté varias veces, jefa, pero me daba apagado o fuera de cobertura.

—No puede ser... —busqué rápidamente el teléfono en mi bolso y, efectivamente, la pantalla estaba completamente negra. Terminé tan tarde de preparar los documentos la noche anterior que olvidé por completo conectarlo al cargador—. Está bien, Gladis, no te preocupes. Yo lidiaré con esto.

Me dirigí hacia la puerta de mi propio despacho. Apoyé la mano en el pomo de metal y respiré profundamente antes de girarlo. Tenía que calmar los latidos de mi corazón. Al entrar, lo primero que visualicé fue su alta figura recortada contra el gran ventanal. Vestía una camisa blanca perfectamente entallada que marcaba su ancha y musculosa espalda, combinada con un pantalón de vestir gris que dibujaba una silueta firme. Era innegable que bajo esa ropa formal se ocultaba un cuerpo escultural.

—Buenos días, Sofía —su voz fuerte y varonil me hizo volver rápidamente del trance en el que me había sumergido mientras lo observaba—. Espero que no te moleste que te esté esperando aquí, pero me sentía realmente impaciente por conocer tus ideas sobre la campaña.

—Buen día, Sebastián —respondí, intentando recuperar mi postura profesional—. La verdad es que me sorprendió encontrarte aquí, pero entiendo perfectamente que el tiempo apremia. Si me permites, encenderé mi ordenador para mostrarte el enfoque que he pensado para la publicidad.

—Perfecto, vamos a ello.

Tomé asiento en mi escritorio, abrí el portátil y comencé a buscar los archivos. Sebastián no se sentó en la silla de enfrente; en su lugar, caminó hacia mi lado y se posicionó justo a mi espalda. Inclinó la cabeza sobre mi hombro para mirar la pantalla, provocando que mi piel se erizara por completo al sentir el roce indirecto de su aliento. En un segundo, mis sentidos se embriagaron con su perfume, una fragancia amaderada e intensa que nubló mis pensamientos. Mis nervios aumentaron exponencialmente. Ese sutil contacto hacía estremecer todo mi cuerpo y me costaba un mundo mantener la concentración en las diapositivas.

Tragué grueso, aclaré mi voz y comencé a explicarle la presentación que había ideado. Afortunadamente, la pasión por mi trabajo terminó venciendo a la timidez. Nos sumergimos tanto en el análisis que las horas pasaron volando. Antes de darnos cuenta, ya era la hora del almuerzo. Sebastián pidió comida para los dos a un restaurante cercano y, media hora después, mi asistente entraba al despacho con los paquetes aromáticos. Nos tomamos un respiro y comenzamos a comer en una esquina del escritorio.

—Estoy muy impresionado contigo, Sofía —comentó Sebastián, mirándome con genuino respeto mientras dejaba sus cubiertos a un lado—. Realmente defiendes con creces el puesto que tienes. Sin embargo, hay algo que me tiene un poco inquieto desde ayer y me gustaría preguntarte sobre ello, si no te molesta.

—No, para nada —respondí, dándole un sorbo a mi bebida—. Siéntete libre de preguntar lo que quieras. Al fin y al cabo, eres mi jefe.

—Bueno... Tu apellido es Miller, ¿cierto?

—Sí, así es —fruncí el ceño, enderezando la espalda—. Pero no entiendo qué tiene que ver mi apellido con el trabajo. ¿Acaso estuviste revisando mi expediente personal en Recursos Humanos? —me mostré visiblemente ofendida. ¿Después de tantos años demostrando mi valor en esta empresa, todavía tenían dudas sobre mí?

—Discúlpame, por favor, y no te enfades —pidió él de inmediato, levantando las manos en señal de paz—. Debes comprender que yo llevo poco tiempo asumiendo el mando total de la agencia y, por ende, no conozco el trasfondo de todos los trabajadores. Esta campaña es de vida o muerte para nosotros; necesitaba asegurarme de que la mente creativa estaba preparada para el reto. Como te acabo de decir, me has demostrado con creces que eres brillante. Pero ese no es el punto. Lo que realmente quería saber es si tienes alguna relación de parentesco con Nicolás Miller, el CEO de Inter Tech.

Observé cómo, por una fracción de segundo, la mirada de Sebastián se volvió seria y profunda al pronunciar ese nombre.

—¡Vaya, veo que realmente te has tomado muchas molestias en investigarme a fondo! —solté con una sonrisa amarga—. Sí, ese apellido es mío por él. Es mi padre. Lo que sigo sin comprender es para qué necesitabas escarbar en mi vida privada.

—Sinceramente, Sofía... No alcanzo a comprender por qué, teniendo tu padre la segunda compañía tecnológica más importante de todo el país, tú estás trabajando aquí como empleada en lugar de dirigir un imperio a su lado —admitió, mostrando cierta incomodidad pero manteniendo una enorme curiosidad en los ojos.

Dejé escapar un largo suspiro. No me gustaba ventilar mi intimidad, pero entendía que su inquietud era lógica dado el contexto.

—Está bien. No suelo hablar de esto con nadie, pero te lo contaré. ¿Conoces la empresa Software Paradise?

—Por supuesto. Es una de las grandes gigantes de la tecnología nacional. ¿Pero qué tiene que ver?

—Tiene que ver todo. Porque también es de mi padre. Ambas empresas le pertenecen a él en un cincuenta por ciento. La otra mitad es de su gran amigo y socio de toda la vida, el CEO Alexei Romanov. Levantaron ese imperio juntos desde que salieron de la universidad. Como podrás imaginar, hombres con esa mentalidad no quieren que lo que construyeron salga de la familia. Y ahí es donde entro yo.

Me crucé de brazos, recordando el peso de mi pasado.

—Tanto mi padre como Alexei estaban ansiosos por tener herederos. El primero en llegar fue Alex, el único hijo de Alexei. Dos años más tarde, nací yo. Desde el día en que di mi primer respiro, esos dos hombres planificaron que, en cuanto termináramos las carreras universitarias, Alex y yo nos casaríamos para fusionar las acciones de por vida. Por suerte, años después mi madre quedó embarazada de mi hermano menor, por lo que él heredará el puesto de CEO de mi padre. Pero la boda concertada nunca se canceló. Por eso, en cuanto cumplí la mayoría de edad, empaqué mis cosas, me fui de casa, busqué un trabajo común y me pagué yo misma la carrera que yo quería estudiar. Así fue como terminé tocando las puertas de Big Eye Creative.

Sebastián se quedó en silencio, procesando mis palabras con evidente asombro.

—¡Wao! No pensé que en estos tiempos todavía se realizaran ese tipo de contratos matrimoniales. ¿Y qué piensas hacer si tu padre presiona?

—Seguir trabajando aquí y continuar con mi vida —sentencié con firmeza—. No pienso casarme con alguien a quien no amo. Además, Alex es un mujeriego empedernido que solo quiere el matrimonio para poder manejar mis acciones y controlar mi parte de la empresa. No me merezco una vida así.

—¡Tienes toda la razón! —coincidió Sebastián, mirándome con una calidez que me tomó por sorpresa—. Cuentas con todo mi apoyo, Sofía. Si alguna vez necesitas ayuda con esa situación, solo pídemela. Y ahora que hemos terminado de comer, prosigamos. Tenemos un gigante que vencer con esta campaña.

El resto de la tarde transcurrió entre bocetos, correcciones y risas compartidas que aligeraron la tensión. Las horas pasaron tan rápido que, cuando nos dimos cuenta, las luces de los demás despachos ya estaban apagadas. Nos dirigimos juntos al ascensor y Sebastián, en un gesto caballeroso, se ofreció a llevarme a casa en su coche, algo que acepté con timidez.

Los días siguientes mantuvieron ese mismo ritmo frenético. Entrábamos a las ocho de la mañana y salíamos casi a las diez de la noche. Era una cantidad de trabajo brutal para que cada detalle estuviera perfecto: maquetar las diapositivas, revisar la paleta de colores y coordinar con la imprenta los dosieres físicos que acompañarían la presentación digital.

El tiempo voló entre café y desvelos. Hoy era el día previo a la gran cita con el CEO de Sailing Dreams. Como era costumbre en la agencia, reunimos a todos los miembros y directores en la sala de juntas para realizar una exposición interna de prueba. Era el momento de corregir cualquier cabo suelto.

Al terminar de pasar la última diapositiva y dar las explicaciones pertinentes, la sala se inundó de un aplauso cerrado y unánime. Mis compañeros nos felicitaban con sonrisas sinceras; la campaña había quedado sencillamente espléndida, emotiva y perfecta. Ahora, solo faltaba el veredicto final. Mañana nos jugaríamos el destino de la empresa.

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