Lilith Gray lo perdió todo dos veces: Primero a su familia en la masacre de la manada Darkfire, y luego su corazón, cuando el hombre que le juró amor eterno la rechazó al encontrar a su "Compañera" predestinada.
Seis años después, la niña frágil había muerto. Ahora todos la conocian como "La Aniquiladora", una guerrera de élite que solo vive para el deber y el combate. Su objetivo es claro: convertirse en la Guardiana Real del Rey Rowan, el Licántropo más temido y poderoso del mundo.
Pero en la ceremonia de su nombramiento, el destino le juega una última carta. Al primer roce, el vínculo se desata: el Rey no quiere solo su lealtad, la quiere a ella. Lilith deberá elegir entre su libertad como guerrera o el poder absoluto como la Reina que nunca buscó ser.
¿Podrá entregarse al hombre por quien tanto lucho en proteger?
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Capítulo 013: Por ti
Lilith Gray
Cerré la puerta de mi habitación con un estruendo que pareció retumbar en todo el pasillo del hotel. Me apoyé contra la madera, jadeando, con los pulmones ardiendo como si hubiera corrido un maratón de mil kilómetros bajo el sol. Mis manos temblaban, y no era de miedo. Era una mezcla tóxica de rabia, adrenalina y una confusión que me estaba desgarrando el alma en dos.
Me llevé los dedos a los labios. Todavía podía sentir el fuego de Rowan quemándome la piel. Ese beso no había sido una caricia; había sido una invasión, una declaración de guerra. Podía sentir el fantasma de sus manos grandes apretando mi cintura contra el frío metal del ascensor, la dureza de su cuerpo reclamando el mío, y ese miembro suyo, rígido de excitación, presionando contra mi muslo. Diosa Luna... se me encendió la sangre solo de recordarlo. Fue embriagador. Fue delicioso. Y por eso mismo, era peligroso.
—No —susurré a la oscuridad de la habitación—. No voy a ser eso.
Me alejé de la puerta, caminando de un lado a otro como un animal enjaulado. Mi propósito siempre fue claro. Desde que vi las cenizas de Darkfire, desde que vi a mis padres morir, juré que me convertiría en el escudo de los débiles. Quería ser una guerrera de élite, una máquina letal que protegiera las fronteras, no un adorno en un palacio de mármol. No quería un vínculo que me obligara a calentar una cama y a seguir a un hombre como un perro faldero mientras él toma todas las decisiones.
¿Qué sería de mis sueños si aceptaba ser su Luna? Las manadas más pequeñas necesitan protección, y las fuertes necesitan saber que alguien vigila sus excesos. Yo quiero una era de paz, quiero evitar que otros niños sientan el frío que yo sentí. Y sé que nadie podría hacerlo mejor que yo desde el campo de batalla. Pero si soy la Reina... seré solo una sombra detrás del trono.
“¡ERES UNA TONTA!”, el grito de Artemis resonó en mi cabeza con la fuerza de una explosión. “¡ES NUESTRO COMPAÑERO! ¡EL QUE LA DIOSA DESIGNÓ PARA NOSOTRAS! Y casi lo pierdes... casi nos matas de dolor con ese rechazo estúpido. ¡No te lo perdonaré, Lilith!”.
—¡Háblame con respeto, Artemis! —gruñí en voz alta, sentándome en el borde de la cama—. No me ignores, no te atrevas.
“Puedo ignorarte todo lo que quiera, porque no tienes lógica”, siseó ella, aunque ahora su voz sonaba cargada de una tristeza profunda. “Es nuestro compañero. ¿No sentiste cómo encajamos? ¿No sentiste cómo nuestro poder se multiplicó solo con tocarlo?”.
—¡¿Y no sentiste el olor de esas hembras en él?! —le espeté, con las lágrimas de frustración empezando a nublarme la vista—. ¡Dime, Artemis! ¡¿No te enoja?! Yo soy virgen. A pesar de todo el tiempo que estuve con James, nunca dejé que me tocara ni que me follara porque quería que fuera especial, quería esperar. ¿Y él? El gran Rey Rowan no pudo esperarnos. Se ha revolcado con media capital. Su piel apesta a perfumes de otras. ¡Eso no tiene ninguna explicación!
“Eso es algo que él nos puede explicar si le dieras un segundo para hablar en lugar de salir corriendo”, respondió Artemis, un poco más calmada pero firme.
—No hay explicación que valga para la falta de honor —sentencié, apretando los puños sobre las sábanas de seda—. Y además, sabes lo que sufrí por James. Él fue quien me dio fuerza cuando perdí a mamá y a papá. Fue quien más afecto y amor me dio en mis años más oscuros. Yo me enamoré de ese apoyo. Entiéndeme... así como a ti te duele que casi lo rechazo, a mí me duele mi corazón humano por ver a James con otra justo hoy. Me siento traicionada por el destino. Me da un compañero poderoso cuando mi corazón todavía tiene cicatrices abiertas.
Me levanté y empecé a desvestirme, tirando el uniforme de gala al suelo con desdén. Cada prenda que caía me hacía sentir más vulnerable y, a la vez, más furiosa.
—Si soy su Luna, no seré una guerrera —continué, hablando más para mí misma que para mi loba—. Seré una paridora de herederos, una figura diplomática que sonríe en los banquetes. ¡Yo quiero luchar! Quiero que las manadas sepan que cuentan conmigo. No quiero ser "la mujer de". Quiero ser Lilith Gray, la líder que trae la paz.
Hubo un silencio prolongado en mi mente. Podía sentir la agonía de Artemis, su necesidad biológica de estar con Rowan luchando contra mi ambición humana. Finalmente, soltó un aullido bajo, cargado de resignación.
—Mira, Artemis —dije en un susurro, entrando al baño—, te hago una promesa. No intentaré rechazarlo de nuevo. No lo ignoraré por completo, por ti, para que no sufras ese vacío mortal. Pero ahora yo no lo quiero. No voy a caer en sus brazos solo porque nuestras hormonas lo dicten. Deseo ser su soldado mil veces más de lo que deseo ser su amante. Mañana es el torneo final y voy a ganar mi puesto en la Guardia por mérito propio, no por ser la "elegida" del Rey.
“Está bien, Lilith”, respondió Artemis al fin, su voz vibrando con una sabiduría antigua. “Acepto tu oferta. Pero date la oportunidad de entender que esto nos hace más fuertes, no más débiles. Un compañero como Rowan no es una cadena, es un complemento. Su poder es el tuyo. No te alejes de eso por orgullo. Ganar el torneo es necesario, pero ganar tu lugar a su lado también lo es”.
—Ya veremos —murmuré.
Abrí la llave de la ducha y dejé que el agua cayera. No tibia, ni agradable. La puse lo más fría que el sistema permitía. El impacto del agua helada contra mi piel caliente fue un electrochoque necesario. Cerré los ojos y dejé que el frío entumeciera mis músculos y, con suerte, mis pensamientos.
Pero era imposible. Cada vez que el agua resbalaba por mis pechos, recordaba la sensación de su torso firme contra el mío. Cada vez que pasaba la esponja por mi cintura, sentía la presión de sus dedos marcándome. Mi cuerpo recordaba a Rowan con una memoria que mi mente intentaba borrar. Era una lucha interna agotadora.
¿Cómo iba a mirarlo mañana a los ojos durante el torneo? Él era el Rey. Él sería el juez de mi destino. Clark me lo había advertido: "Nadie queda igual después de conocer a Rowan". Y tenía razón. El hombre era un huracán que acababa de arrasar con mi estabilidad.
Y a James... verlo allí con Cara había sido el clavo final en el ataúd de mi pasado. Verlo tan pequeño, tan insignificante al lado de la magnificencia de Rowan, me hizo darme cuenta de que mi dolor por él era más una costumbre que un sentimiento real. Pero eso no significaba que estuviera lista para saltar al fuego de un vínculo.
Salí de la ducha, temblando por el frío, y me envolví en una toalla blanca y gruesa. Me miré en el espejo. Mis ojos plateados brillaban con una determinación feroz.
—Mañana es el torneo final —me dije a mi reflejo—. Mañana demuestro que soy una Alfa pura de Darkfire. Mañana demuestro que mi lealtad es al reino, no a un hombre.
Me acosté en la cama, pero el sueño no venía fácilmente. El aroma de Rowan parecía haberse quedado impregnado en mi nariz, una mezcla de sándalo, madera quemada y una feromona masculina tan potente que hacía que mis dedos se enterraran en las sábanas.
“Duerme, pequeña guerrera”, susurró Artemis, ya más tranquila. “Mañana el mundo verá de qué estamos hechas. Y él también lo verá. No podrá evitar admirar lo que ha encontrado”.
—Eso espero —susurré antes de que el cansancio finalmente me venciera—. Porque si intenta detenerme, Rey o no, va a descubrir por qué me llaman la Aniquiladora.
Me dormí con la imagen de Rowan en el ascensor, con su mirada hambrienta y su poder desbordado. Sabía que el torneo de mañana no sería solo una prueba de habilidad. Sería un campo de batalla emocional donde cada golpe, cada mirada y cada palabra sería un paso más en un juego de poder que apenas comenzaba. Yo quería ser su soldado, él quería que fuera su reina. Solo uno de los dos ganaría esta guerra, y yo no estaba acostumbrada a perder.
golosa /Drool/
Haber de qué cuero, sale más correas /Proud/
el terminará postrándose...serás tú /Tongue/