Daiana llega a la pequeña ciudad de los mitos con un solo objetivo: terminar su carrera. Cuando encuentra la casa de sus sueños (espaciosa, lujosa y extrañamente barata), no duda en firmar el contrato. Poco le importa que los vecinos hablen de una presencia, de una entidad que nunca abandonó el lugar; ella es una mujer de ciencia, racional y escéptica, incapaz de creer en cuentos de fantasmas.
Al principio, los pequeños sucesos (objetos que cambian de lugar, corrientes frías en habitaciones cerradas) son fáciles de ignorar. Daiana los etiqueta como producto del estrés o del cansancio acumulado por los estudios. Pero la negación se vuelve imposible cuando llegan las noches.
Sus sueños han dejado de ser simples proyecciones de su mente para convertirse en una realidad abrasadora. En la penumbra de su habitación, siente caricias que no debería sentir y una presencia que la obliga a gemir en la oscuridad. Despierta siempre igual: jadeando, con la intimidad palpitando de deseo.
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Capitulo 15: Anatomía de una anomalía
La penumbra de la mansión ya no se siente como una jaula, sino como un refugio. Sin embargo, el silencio que reina en el salón principal, ahora que el estruendo de la teletransportación se ha disipado, es pesado. La adrenalina empezo a abandonar el cuerpo de Daiana, dejando tras de sí un temblor fino en sus manos y una cascada de preguntas que amenazan con desbordar su mente analítica.
Dorian esta allí, de pie frente a ella. Su figura, todavía una amalgama de sombras danzantes y destellos de luz, parece haberse estabilizado. Se muebe con una solidez inusitada, como si la intensidad de sus emociones hubiera anclado su existencia a la realidad física de la estancia.
Daiana se pasó las manos por el rostro, intentando recuperar el aliento. Sus ojos, todavía dilatados por el terror de haber estado a centímetros de la muerte a manos de Marcial, buscaron la silueta de Dorian.
__Dorian__. Dijo ella, su voz apenas un susurro que se perdió en la inmensidad de la sala.
__Tienes que explicarme esto. Todo__.
El ser de sombras ladeó la cabeza. Su rostro, cuyos rasgos son un esbozo que cambia sutilmente con cada parpadeo de Daiana, suavizó su expresión. Se acercó a ella, y esta vez, Daiana no retrocedió. Necesita entender.
__¿Cómo sabías sobre los "Guardianes de la Balanza"?__. Continuó ella, dando un paso hacia él.
__¿Cómo sabías incluso de la existencia de Marcial, si se supone que has estado encerrado aquí durante tres siglos? Dijiste que él es el líder, que ya debe tener un plan para destruirme. Pero si nunca has salido de esta mansión... ¿cómo es posible que conozcas los movimientos de un hombre que vive en el presente?__.
Dorian suspiró, y el sonido fue como el viento arrastrándose a través de un bosque antiguo.
__No conocía a Marcial__. Admitió él, su voz vibrando en la atmósfera.
__Hasta hace poco, para mí, él era solo un ruido más, un pulso de intención malévola que se filtraba a través de las barreras que me mantienen confinado. Pero sí conocía a la secta. Los Guardianes de la Balanza no son nuevos, Daiana. Han existido desde antes de que yo fuera lo que soy__.
Daiana frunció el ceño, su mente científica intentando categorizar la información.
—Entonces, ¿qué eres tú? Dijiste que eras un error, un híbrido__.
Dorian caminó hacia el ventanal, mirando hacia el pueblo de Sereia, que se extiende como un mapa de luces lejanas bajo la luna.
__Fui el resultado de una ambición desenfrenada__. Comenzó él, con un tono carente de autocompasión, pero cargado de una melancolía profunda.
__Hace trescientos años, hubo un ritual. Un grupo de practicantes de artes arcanas, los ancestros de estos "Guardianes", intentaron forzar una unión que la naturaleza nunca debió permitir: la fusión de la luz pura con las sombras primordiales. Querían crear un arma, un ser que pudiera controlar ambos planos y ellos a su vez controlarlo. Pero fallaron. O, mejor dicho, tuvieron un éxito tan monstruoso que no pudieron controlarlo__.
Él levantó sus manos, esas extremidades de estática y penumbra.
__Yo no nací de un vientre, Daiana. No tuve infancia, ni humanidad. Fui convocado a la existencia a través de ese ritual prohibido. Soy el error que quedó cuando la luz y la oscuridad chocaron y se negaron a mezclarse. Para ellos, yo era una abominación, una fisura en el tejido de la realidad que amenazaba su orden. Me sentenciaron a esta mansión, la cual fue construida como una prisión alquímica, diseñada para absorber mi energía y evitar que mi "error" se expandiera. Nunca debí existir, y por eso me encerraron__.
Daiana sintió un nudo en la garganta. La historia es absurda, una fantasía gótica, y sin embargo, al ver a Dorian, no puede negar la verdad física que emana de él.
__Durante estos tres siglos__. Prosiguió Dorian, volviéndose hacia ella.
__He aprendido a observar. Aunque no puedo cruzar el umbral de esta propiedad, mi conciencia no está limitada por las paredes de piedra. He aprendido a extender mis sentidos, a escuchar las vibraciones que recorren Sereia. He sentido la arrogancia de los Guardianes pasar de generación en generación. Cuando Marcial se convirtió en el concejal, su firma energética se volvió tan ruidosa, tan llena de una sed de control absoluta, que fue imposible no identificarlo como la fuente del peligro__.
__Y ellos... ellos quieren destruirte__. Murmuró Daiana, un escalofrío recorriéndole la espalda.
__Ellos quieren mantener el status quo__. Corrigió Dorian.
__Creen que son los salvadores de la ciudad , que al suprimir la magia, al "equilibrar" las fuerzas, están protegiendo a la humanidad. Pero es una mentira. La oscuridad que ellos dicen combatir es la misma que alimentan con su miedo y su secretismo. He visto cómo se filtran entre la gente, cómo manipulan las voluntades, cómo ahogan cualquier destello de lo sobrenatural, incluso cuando es benevolente. He hecho aliados en los márgenes, Daiana. Seres que viven en las sombras de este pueblo, criaturas que han sido perseguidas por los Guardianes solo por ser lo que son. Ellos también esperan el día en que esta secta caiga__.
Daiana se dejó caer en un viejo sillón de terciopelo, abrumada. Hace solo unos días, su mayor preocupación era si su tesis desmintiendo la existencia sobre el folclore local sería aceptada por el comité académico. Ahora, el destino de una ciudad entera, y la existencia misma de la realidad tal como la conocía, parecen descansar sobre sus hombros.
__¿Por qué yo?__. Peguntó ella, mirando a Dorian.
__Podrías haber elegido a cualquiera. ¿Por qué una investigadora escéptica?__.
Dorian se acercó y, con una delicadeza que le quitó el aliento, se arrodilló ante ella. Aunque su cuerpo es una amalgama de fuerzas inestables, el calor que irradia es intensamente real.
__Porque tú no eres una observadora pasiva, Daiana__. Dijo él, sus ojos (si es que se podían llamar así, pues eran más bien abismos de luz estelar) clavados en los de ella.
__Tú tienes la capacidad de cuestionar. Tienes la mente entrenada para ver patrones donde otros solo ven caos. Los Guardianes cuentan con que la gente tema lo que no entiende. Pero tú... tú no te has ido corriendo. Te has quedado. Has intentado comprender. Tu creencia en mí, tu curiosidad, es lo que me está dando la solidez necesaria para dejar de ser un prisionero etéreo. Tú eres la catalizadora que el equilibrio de este lugar necesita. Si logramos exponernos, si logramos demostrar que la convivencia es posible, la secta perderá su poder. El miedo se disolverá__.
Daiana miró sus manos. Por primera vez, se dio cuenta de que el mundo que ella conoce ( el mundo de la lógica, de la física, de los hechos comprobables) es solo una capa superficial. Debajo, todo es mucho más complejo, mucho más oscuro, y terriblemente hermoso.
Tiene miedo. Un miedo atávico que le eriza la piel. Pero también siente algo nuevo, algo que no había experimentado en su vida académica: un propósito absoluto. La ira por lo que Marcial intentó hacerle, la humillación de saber que había sido utilizada como un peón en un juego que ni siquiera entiende, empezó a transformarse en una determinación gélida.
__Marcial cree que soy una intrusa__. Dijo Daiana, y su voz, aunque suave, resonó con una firmeza que sorprendió incluso a Dorian.
__Cree que puede eliminarme como se elimina un dato erróneo en una investigación__.
Se puso de pie. La mansión pareció responder a su cambio de humor; las velas encendidas en los candelabros oscilaron, emitiendo una luz azulada y vibrante.
__No voy a dejar que destruya lo que tenemos__. Continuó, mirando a Dorian.
__No voy a dejar que juegue con la vida de nadie más bajo el disfraz de "equilibrio". Si quieren guerra, la tendrán. Pero no lo haremos bajo sus reglas__.
Dorian sonrió, una expresión de triunfo salvaje que hizo que las sombras a su alrededor se agitaran con alegría.
__Esa es la arquitecta de su caíd__. Murmuró él, extendiendo una mano que ella tomó sin dudar. El contacto fue una descarga eléctrica, un recordatorio del vínculo que los une ahora de forma indisoluble.
__La realidad de Sereia está esperando a ser reescrita, Daiana. Los Guardianes han mantenido este pueblo en una penumbra artificial durante siglos, convencidos de que son los únicos que tienen la llave. Es hora de enseñarles que la puerta nunca estuvo cerrada para quienes realmente se atreven a abrirla__.
Daiana asintió, sintiendo cómo el vínculo con Dorian, esa conexión visceral y sobrenatural, se tensó. Ya no es la científica que busca desmentir lo paranormal. Es la mujer que ha encontrado, en la oscuridad más profunda, una razón para luchar.
__Dime qué hacer__. Dijo ella, preparada para dejar atrás su vida anterior, lista para reclamar el destino que acaba de aceptar.
__Empecemos a desmantelar su balanza__.
La mansión guardó silencio, como si contuviera la respiración, esperando el primer movimiento de los dos nuevos arquitectos de su destino. La guerra no ha comenzado, pero en este instante, en la seguridad de la penumbra, el resultado ya esta marcado. Los Guardianes de la Balanza no saben lo que han desencadenado al intentar romper el vínculo; no tienen idea de que, al elegir a Daiana como su enemiga, han firmado su propia sentencia.