La caja apareció el día del funeral de su abuela.
Dentro había cientos de cartas con fechas imposibles, nombres desconocidos y secretos que jamás debieron existir.
Cuando Luna abre una de ellas, despierta en una vida diferente. Una donde es cantante. Otra donde nunca nació. Otra donde alguien la ama desesperadamente.
Pero cada carta tiene un precio.
Con cada viaje, un recuerdo desaparece.
Y cuando descubre una carta escrita por ella misma desde el futuro, comprende una aterradora verdad:
Alguien está borrando historias.
Y ella podría ser la siguiente.
✨ "Toda historia tiene un final. Algunas tienen más de uno."
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Libro II – Capítulo 22: La Habitación Prohibida
La carta permanecía sobre la mesa.
Luna no podía apartar la vista de aquellas palabras.
"Las promesas hechas con el corazón... jamás desaparecen."
Las había leído diez veces.
Quizás veinte.
Y, sin embargo, cada vez que volvía a hacerlo sentía exactamente lo mismo.
Un calor extraño recorría su pecho.
Era como si aquellas palabras hubieran sido escritas únicamente para ella.
Aurora permanecía a su lado.
Observándola en silencio.
No quería interrumpir aquel momento.
Sabía que el corazón de Luna estaba recordando mucho antes que su memoria.
Y eso significaba que algo estaba cambiando.
Algo que ni siquiera la Biblioteca podía controlar.
El Escriba caminaba de un lado al otro del inmenso salón.
Nunca antes lo habían visto tan inquieto.
El Guardián cruzó los brazos.
—Sigues pensando en esa carta.
—No es la carta lo que me preocupa.
Respondió el Escriba.
—Entonces, ¿qué?
El anciano levantó lentamente la vista.
—Quien la escribió.
El silencio volvió a apoderarse del lugar.
Aurora respiró profundamente.
—¿Crees que realmente puede ser él?
—No lo sé.
Pero alguien está utilizando una tinta que desapareció hace siglos.
Y eso no debería ser posible.
Luna volvió a observar el sobre.
Esta vez notó algo que antes había pasado por alto.
En uno de los bordes había un pequeño símbolo grabado.
Una pluma.
Y debajo...
Una llave.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
—¿Qué significa esto?
Aurora tomó el sobre.
Lo observó durante unos segundos.
Su expresión cambió inmediatamente.
—No...
El Guardián se acercó.
—¿Qué ocurre?
Aurora levantó lentamente el sobre.
—Este símbolo solo aparecía en un lugar.
Luna sintió un escalofrío.
—¿Dónde?
El Escriba respondió.
—En la Habitación Prohibida.
La Biblioteca entera pareció guardar silencio.
Ni un solo libro se movía.
Ni una sola página giraba.
Era como si el edificio mismo estuviera escuchando aquella conversación.
Luna dio un paso adelante.
—Quiero verla.
El Escriba negó de inmediato.
—No.
—¿Por qué?
—Porque lleva cerrada desde hace más de mil años.
—Entonces es momento de abrirla.
Aurora sonrió apenas.
Siempre había sido igual.
Cuando Luna tomaba una decisión...
Nadie conseguía hacerla cambiar de idea.
Los cuatro comenzaron a caminar por la Biblioteca.
Atravesaron pasillos que Luna nunca había visto.
Escaleras cubiertas de polvo.
Salas completamente vacías.
Libros tan antiguos que sus cubiertas parecían hechas de piedra.
Mientras avanzaban, Luna sentía que el lugar le resultaba familiar.
No sabía por qué.
Pero tenía la sensación de haber recorrido aquellos pasillos cientos de veces.
El Escriba se detuvo frente a una enorme puerta de madera negra.
No tenía manija.
Solo una cerradura con forma de pluma.
—Llegamos.
Murmuró.
Luna observó la puerta.
Sobre la madera había una frase escrita en letras doradas.
"Solo quien escriba con el corazón podrá volver a entrar."
La joven acercó lentamente la mano.
En cuanto sus dedos tocaron la puerta...
Toda la Biblioteca comenzó a vibrar.
Las estanterías se iluminaron.
Miles de libros se abrieron al mismo tiempo.
Y la cerradura desapareció.
La puerta se abrió lentamente.
Un aroma a papel antiguo inundó el pasillo.
Luna fue la primera en entrar.
La habitación era enorme.
Mucho más grande de lo que parecía desde afuera.
Había cientos de escritorios.
Miles de hojas en blanco.
Plumas de todos los colores.
Mapas antiguos.
Relojes detenidos.
Y fotografías.
Fotografías de personas desconocidas.
O eso creyó al principio.
Porque cuando se acercó...
Descubrió algo imposible.
En todas aparecía ella.
En algunas era una niña.
En otras una anciana.
En otras una joven.
Siempre escribiendo.
Siempre sonriendo.
Siempre acompañada por un hombre vestido de negro.
Luna sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
Tomó una de las fotografías con manos temblorosas.
En la parte de atrás había una fecha.
12 de octubre.
Sin año.
Y una frase.
"Nuestra primera historia."
Las lágrimas comenzaron a caer.
—¿Por qué no puedo recordarlo?
Susurró.
Aurora caminó lentamente hasta el centro de la habitación.
Allí había un escritorio distinto a todos.
Sobre él descansaba una caja de madera.
Era pequeña.
Oscura.
Y tenía la misma cerradura con forma de pluma.
El Escriba abrió los ojos.
—Esa caja...
Pensé que había desaparecido.
Luna sintió un impulso irresistible.
Se acercó.
La tocó.
La tapa se abrió sola.
Dentro no había cartas.
Solo un cuaderno de cuero negro.
Muy gastado por el tiempo.
En la portada podía leerse un título escrito con tinta plateada.
"Diario del Primer Lector."
El corazón de Luna comenzó a latir con fuerza.
—¿Primer Lector?
Aurora sonrió con tristeza.
—Así lo llamaban antes de convertirse en el Hombre de Negro.
Luna abrió lentamente el cuaderno.
Las primeras páginas estaban llenas de dibujos.
Paisajes.
Árboles.
La Biblioteca.
Y una joven de ojos brillantes escribiendo junto a una ventana.
Era Aurora.
O Luna.
Ya no existía diferencia.
Siguió pasando las hojas.
Hasta que encontró una página doblada.
La abrió con cuidado.
Solo había una frase escrita con una caligrafía elegante.
"Hoy conocí a una mujer capaz de escribir mundos enteros... y creo que acabo de entregar mi corazón sin darme cuenta."
Luna llevó una mano a su boca.
No podía dejar de llorar.
Aquellas palabras no parecían escritas por un héroe.
Sino por un hombre profundamente enamorado.
En ese instante...
Una corriente de aire recorrió la habitación.
Las hojas del diario comenzaron a pasar solas.
Cada vez más rápido.
Hasta detenerse en la última página.
No estaba escrita.
Una pluma negra apareció lentamente sobre el papel.
Y, como si una mano invisible la sostuviera, comenzó a escribir.
Todos observaron en silencio.
Las palabras aparecieron una tras otra.
"Si estás leyendo esto..."
"Es porque al fin encontraste el camino hasta mí."
Luna sintió que el corazón se detenía.
Porque aquella escritura...
Era exactamente la misma de las cartas.
Y significaba una sola cosa.
Él seguía allí.
En algún lugar.
Esperándola.
Continuará...