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TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor-odio / Atracción entre enemigos / Reencarnación
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.

El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.

Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.

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Mentirillas Piadosas Para La Paz Mundial

Las miradas en blanco iban a juego con el silencio amenazante en la habitación. Julie yacía recargada en el brazo de Oriel, sintiéndose apenas aliviada de tener a alguien acompañándola en su camino sobre la cuerda floja.

El comandante y la emperatriz estaban en los asientos de justo enfrente, silenciosos, mirando la manera en la que la piel de porcelana de Odette se volvía pálida y enfermiza. Los remedios y medicamentos quedaron en completa prohibición luego de que Odette tuviera su segunda ronda de vómito en el baño privado del rubio. Por el momento, tazas de agua con miel ayudaban al menos un poco para la rehidratación.

—Lo que digo es —comenzó el comandante—. Yo permití que Odette se trasladara al palacio porque tú, Oriel, prometiste ayudarla a adaptarse a este lugar antes de su boda —masculló—. ¿Y qué encuentro ahora? ¡Mi hija espera un heredero indeseado!

—Comandante Montgomery —llamó la emperatriz a su lado, con un tono suave a diferencia suya—. Creo que todos aquí entendemos el punto —dirigió la mirada a los más jóvenes—. Ahora, lo más importante es manejar la situación.

—¿Cuál es el problema de tener un heredero? —indagó Julie, casi musitando, con sus enormes ojos violeta ahogados en la curiosidad.

Los mayores la miraron en silencio. Su padre puchereó con los ojos rojizos, mientras que la emperatriz titubeó en su gesto, haciéndola boquear cuán pescado recién atrapado.

—Oh, uh —la mujer elegante aclaró la garganta—. La llegada temprana de un heredero no es buena señal para nosotros porque puede tomarse como estrategia en contra de uno o del otro —trató de explicar, señalándose a sí misma—. El consejo puede tomar este suceso precipitado como un intento tuyo para atrapar a mi hijo y hacer que, de alguna manera, tu padre pueda tomar peso dentro de nuestro poder.

—Son problemas de la política, joya mía —agregó su padre—. La idea de un bebé en tu vientre me llena de alegría; sin embargo, no era el momento —frunció el ceño, dirigiéndose al otro—. La boda tendrá que adelantarse por tu estupidez, primer heredero.

Oriel apretó la mandíbula, tragándose las ganas de culpar única y exclusivamente a Odette. No obstante, recibió el apretón ajeno, haciéndolo reconsiderar sus pensamientos.

—Yo soy el más avergonzado de la situación, comandante —reverenció—. Odette y yo nos embriagamos ante la pureza de nuestros sentimientos que no fuimos conscientes de las consecuencias.

Los labios de Odette temblaron en una combinación de vergüenza y diversión. Se cubrió la boca fingiendo una leve tos que evidenció sus sentimientos, y solo provocó que las orejas de todos los presentes se pintaran del rojo más vivo existente.

—Entendemos que los dos sean dos jóvenes apasionadamente enamorados —retomó la mayor, con el rubor trepando en sus pómulos—. Debido a la situación, lo mejor es que adelantemos la boda, al menos hasta que Lord Sky regrese junto al cura para que pueda hacerte una revisión… al fin y al cabo, llevas al heredero real en el vientre.

—A este paso, más de la mitad del reino estará sabiendo de las novedades para mañana —intervino el mayor—. Los enemigos y cuervos estarán rondando demasiado cerca del palacio.

Las uñas de Odette se aferraron a la manga del rubio. Oriel se mordió la lengua y rechinó los dientes con tal de no gritarle que se detuviera. Para buena suerte de Julie, pareció que Elis entendió su preocupación porque al segundo siguiente, Oriel colocó su propia mano sobre la ajena, tratando de hacer algo minúsculo para que no terminara desmayada ahí mismo.

—Por efectos de seguridad y responsabilidad, he decidido que Odette se instalará aquí y dejará sus viejos aposentos para mantenerla a salvo en todo momento durante la espera —propuso Oriel.

Los ojos saltones abundaron en la habitación. Julie se alejó con espanto, saltando instintivamente fuera del sofá, cayendo al suelo de manera torpe que terminó por alarmarlos a todos.

—¿Estás bien? —preguntó Oriel, ayudándole a levantarse.

La frente fruncida del rubio aclaró los pensamientos de la azabache. Julie entendió que la propuesta había sido por mero sentido del deber, así que alzó la mirada con la suave sonrisa en los labios y la inocencia bañándole las pupilas.

—Lo lamento, yo —suspiró—. Sentí un pequeño piquete en el abdomen.

—¿¡Un piquete!? —se exaltó su padre, levantándose—. ¿Te duele mucho? ¡Aguanta, mi preciada joya, mandaré a alguien para que traiga a Sky ahora mismo!

El hombre tomó su espada y la ajustó en su cinturón. Miró a su hija, pero antes de siquiera poder darse la vuelta, la manga de su saco fue sostenida con firmeza, haciéndolo detenerse.

—Montgomery, por favor, absténgase de hacer un alboroto —resopló la emperatriz—. Los cólicos son normales en la mujer —explicó, soltándolo—. Los dejaremos descansar por ahora.

—Tu madre volverá en el amanecer; nos quedaremos en el palacio para atender cualquiera de tus deseos, mi apreciada joya —informó el hombre, volviendo a lanzar sus maldiciones más puras hacia el que sostenía a su hija—. Los envenenamientos están siendo demasiado populares ahora mismo, y no pretendo dejarte sin protección, mi niña.

La sonrisa de la azabache le respondió. Esta se soltó del agarre de Oriel y avanzó hasta llegar a los brazos de su padre. Afortunadamente, el cuerpo de Odette entendió sus intenciones y la sensación de alivio la apaciguó un instante.

El sentimiento de un vacío profundo, justo después de alejarse, la dejó confundida. Se reafirmó a sí misma la importancia de que los mayores se fueran, así que volvió al costado de Oriel para despedirlos de manera decente, sin intenciones de detenerlos más.

Apenas la puerta se cerró, Julie lanzó lejos a Oriel, sacudiendo sus brazos como si tratara de limpiar la sensación del toque ajeno sobre su piel.

—¿Qué fue esa mierda de sugerencia? —preguntó Julie, mirándolo desde su sitio—. Ni de loca me quedo aquí.

—Tienes que hacerlo, Julie —bufó el otro—. Tampoco me agrada la idea de verte la jodida cara todo el tiempo, pero ya has escuchado a tu padre, cualquiera intentará envenenarte y el esfuerzo de hasta ahora se irá al garete.

—Está bien —suspiró—. Entonces, jódete y quédate en el sofá

—¿Perdiste la cabeza? Yo dormiré en mi cama, tú dormirás en el suelo.

—Tú eres el imbécil que nos puso en esta situación, así que tu lugar es el maldito suelo.

Julie no esperó a una respuesta, se lanzó a la cama y se adueñó del sitio, abrazando a la almohada con la fuerza suficiente para casi fusionarse con ella.

—Haz lo que quieras, llamaré a las doncellas para que traigan tus pertenencias más importantes.

Julie escuchó, pero no respondió. Se quedó quieta y se mantuvo así durante un momento, al menos, solo hasta que Elis decidiera dejarla sola, pues debía armar un plan de supervivencia para la situación.

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