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De Lastre A Reina

De Lastre A Reina

Status: En proceso
Genre:Hijo/a genio / Traiciones y engaños
Popularitas:10.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Betsi

Cuando la persona que dice amarte se convierte en un extraño y te abandona embarazada diciendo que solo eres un ancla y un lastre en su vida, solo te queda una cosa por hacer: "Convertirte en Reina"

NovelToon tiene autorización de Betsi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El eco del vacío

La noche en que Julián se marchó, el silencio en el departamento no fue una ausencia de ruido, sino una presencia física que me asfixiaba. Me quedé sentada en el suelo de la pequeña estancia, justo donde mis rodillas habían impactado contra la madera vieja cuando la puerta se cerró. Mis ojos estaban fijos en el rastro que las ruedas de su maleta nueva habían dejado en el polvo del piso. Era una marca efímera, pero en mi mente se sentía como una cicatriz permanente.

El aroma del estofado seguía impregnando el aire, pero ahora me resultaba nauseabundo. Era el olor de mi ingenuidad. Cada especia, cada verdura picada con amor, representaba un minuto de mi vida que le había regalado a un hombre que acababa de llamarme "lastre". Me levanté con los huesos entumecidos, sintiendo un peso en el vientre que no era solo físico. Era la conciencia de que ahora mi cuerpo era el único refugio para una vida que el mundo ya había rechazado antes de conocer.

Caminé hacia el dormitorio, esperando encontrar algún rastro de él, pero Julián había sido quirúrgico. Se había llevado su ropa, sus libros de ingeniería, incluso el perfume que yo le había regalado para su último cumpleaños. No quedaba nada de él, excepto el vacío. Me desplomé en la cama, en el lado que aún conservaba un poco de su calor, y por primera vez en mi vida, lloré sin contenerme. No fue un llanto delicado de heroína de película; fueron sollozos desgarradores que me sacudían el cuerpo, gritos ahogados contra la almohada para que los vecinos no escucharan cómo se me rompía el alma.

—¿Por qué? —le preguntaba a la oscuridad—. ¿En qué momento dejé de ser la mujer de su vida para convertirme en un obstáculo?

No hubo respuesta. Solo el zumbido de la heladera vieja y el latido acelerado de mi propio corazón. Pasé la noche en vela, navegando entre la furia y la desesperación. Recordé cada vez que me negué un abrigo nuevo porque él necesitaba un software de diseño, cada vez que trabajé turnos dobles en la agencia de seguridad para que él pudiera dormir un poco más antes de un examen. Mi amor no había sido un sentimiento, había sido un servicio. Y ahora que el servicio ya no era necesario, el cliente se había retirado sin siquiera dar las gracias.

Al amanecer, cuando la luz gris de la República de Altea comenzó a filtrarse por las cortinas raídas, algo cambió dentro de mí. Las lágrimas se secaron, dejando una costra de sal en mis mejillas y una frialdad nueva en mi pecho. Me puse de pie y me dirigí al baño. Abrí el grifo del agua fría y sumergí mi rostro en ella hasta que el dolor del frío anestesió el dolor del alma.

Me miré al espejo. Mis ojos estaban hinchados, sí, pero había una chispa de acero que no reconocía. Saqué del bolso el sobre del laboratorio médico que Julián ni siquiera se había dignado a mirar. Lo abrí y leí de nuevo el resultado: Positivo.

—Él cree que eres un ancla, Ángel —susurré, tocando mi vientre con las puntas de los dedos—. Pero él no sabe nada de barcos. Un ancla es lo que evita que uno se hunda en la tormenta. Tú y yo no vamos a naufragar.

Me vestí con mi uniforme de la agencia de seguridad "El Baluarte". Era un uniforme sencillo: pantalones oscuros, camisa gris y zapatos resistentes. Me peiné el cabello en una cola de caballo tirante, ocultando cualquier rastro de vulnerabilidad. Salí del departamento sin mirar atrás. No desayuné; mi estómago estaba cerrado por una determinación que sabía a hiel.

Caminé hacia el edificio de la agencia, una mole de concreto que se alzaba en la zona industrial de la ciudad. El trayecto me pareció más corto que de costumbre. Al entrar, el olor a metal, a café fuerte y a desinfectante me dio una extraña sensación de seguridad. En este lugar, las emociones eran debilidades. Aquí, lo único que importaba era la vigilancia y el control.

Me dirigí directamente a la oficina de la Comandante Martha Benítez. Martha era una leyenda en el sector. Excombatiente, con una cicatriz que le recorría la sien como un mapa de batallas pasadas, era una mujer que no conocía la piedad, pero sí la lealtad. Ella me había contratado como administrativa porque vio en mis ojos una disciplina que la mayoría de los jóvenes de hoy no tenían.

Golpeé la puerta con firmeza.

—Adelante —rugió su voz desde el otro lado.

Entré. Martha estaba revisando unos monitores de vigilancia mientras fumaba un cigarrillo electrónico, algo que solo hacía cuando estaba bajo mucho estrés. Al verme, se detuvo. Sus ojos, afilados como cuchillas, recorrieron mi rostro de inmediato.

—Santoro —dijo, dejando el dispositivo sobre el escritorio—. Llegas veinte minutos antes de tu turno. Y traes una energía que podría encender esta oficina sin necesidad de electricidad. ¿Qué pasó? ¿Tu brillante ingeniero finalmente consiguió el puesto en la capital?

—Él se fue, Comandante —dije, sentándome frente a ella sin que me lo pidiera. Mi voz era plana, desprovista de la emoción que me había consumido la noche anterior—. Se fue porque dice que soy un lastre para su carrera. Se llevó sus títulos, sus maletas y su supuesta superioridad. Pero olvidó que yo soy la que manejaba la logística de esta casa mientras él solo soñaba con motores.

Martha se reclinó en su silla, observándome con una mezcla de sorpresa y respeto. Ella sabía lo que era ser abandonada por un sistema o por un hombre; su historia en el frente de guerra estaba llena de traiciones políticas.

—Los hombres de su clase son como los autos que diseñan, Isabella —comentó con amargura—. Brillan por fuera, pero el motor es frío y consume todo a su paso. ¿Qué piensas hacer? ¿Pedirme una licencia por depresión? Porque si es así, ya puedes irte retirando. Aquí no hay espacio para víctimas.

—No vine a ser una víctima —respondí, inclinándome hacia adelante—. Vine a proponerle un negocio. He estado revisando los informes de la agencia durante meses mientras archivaba sus facturas. El Baluarte se está quedando atrás, Comandante. Seguimos vendiendo "músculo" y "armas" en un mundo que ahora se mueve por información y miedo digital.

Martha arqueó una ceja.

—Continúa.

—Los empresarios de Altea no temen que alguien les dispare en la calle; temen que les roben la información o que sus familias sean interceptadas en los trayectos que los algoritmos de GPS hacen predecibles. Propongo crear una división de "Inteligencia Preventiva y Seguridad Invisible". No guardias con uniforme, sino analistas de riesgo que diseñen rutas, que infiltren sistemas y que protejan a los clientes antes de que el peligro siquiera aparezca.

Saqué un cuaderno donde había estado garabateando ideas durante mis noches de insomnio, incluso cuando creía que lo hacía para ayudar a Julián. Eran esquemas de logística, análisis de puntos ciegos en la ciudad y estrategias de contrainteligencia.

—Usted tiene los hombres y la reputación —continué, con la voz ganando fuerza—. Yo tengo la visión y, lo más importante, no tengo nada que perder. Julián cree que soy un lastre porque no entiende que la fuerza no está en quien corre más rápido, sino en quien controla el camino.

Martha tomó el cuaderno y comenzó a pasar las páginas. El silencio en la oficina se volvió denso. Podía escuchar el tic-tac del reloj en la pared, marcando los segundos de mi antigua vida que se desvanecían para dar paso a la nueva.

—Estás embarazada, ¿verdad? —preguntó Martha sin levantar la vista.

Me tensé.

—Sí. Tres semanas.

—Un hijo es una debilidad si dejas que lo sea —dijo ella, cerrando el cuaderno con un golpe seco—. Pero también es el mejor motor que existe. He visto hombres rendirse en el campo de batalla, pero nunca he visto a una madre retroceder cuando su cría tiene hambre.

Se puso de pie y caminó hacia la ventana, observando el horizonte de la ciudad donde las grúas de construcción trabajaban sin descanso. Julián probablemente estaría en una de esas oficinas de cristal, creyéndose el rey del mundo.

—Te daré tres meses, Santoro —sentenció Martha, girándose hacia mí—. Te daré un presupuesto pequeño, acceso a la base de datos y a dos de mis mejores informantes. Si en noventa días no has traído un contrato que justifique esta "división invisible", volverás a archivar papeles o te irás a la calle con tu bebé. Pero si funciona...

—Si funciona, seré su socia —concluí por ella.

Martha sonrió. No era una sonrisa amable; era la sonrisa de un lobo que reconoce a otro.

—Si funciona, Isabella, cambiaremos las reglas del juego en esta ciudad. Ahora ve a trabajar. Tienes un imperio que construir y un "ingeniero" al que demostrarle lo caro que sale llamar lastre a la mujer equivocada.

Salí de la oficina sintiendo que el aire entraba en mis pulmones con una pureza nueva. El dolor seguía allí, una punzada sorda en mi pecho, pero ahora tenía una armadura. Al caminar por el pasillo hacia mi escritorio, mi mano rozó mi vientre de nuevo.

—¿Viste eso, Ángel? —pensé—. Mañana ya no seremos los mismos.

Esa tarde, mientras Julián Valenzuela firmaba su contrato millonario en la capital, creyéndose libre de sus cadenas, Isabella Santoro comenzaba a tejer la red que, años más tarde, lo haría arrodillarse ante ella sin que él siquiera sospechara quién movía los hilos.

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Emperatriz Reales
No entiendo nada, son unos huevos sin sal, ella no cree en nadie, el no se separa de una novia de 15 años de compromiso, viejos los dos y todavia no les llega la edad para casarse, no entiendo nada
Lilia Guerra
Facundo das penita ajena Autora he leído todas tus historias y son mis favoritas pero a esta no le encuentro ni 👣 ni cabeza 🗣️ es totalmente diferente a las anteriores 🤔🤔 gracias autora activa 👍🎁
Emperatriz Reales: No es clara lo q se trasmite, una mujer engañada, abandonada, sale adelante, hasta ahí estuvo bien, pero todo complicado, la vida sigue, 🤣 un tipo no se decide, no entiendo, arrepentido, una locura
total 1 replies
mariela
Ahora Julian después de que abandonaste a Isabella embarazada vienes a irrumpir en la vida porque no sabes que hacer con el hecho que tienes ese hijo que abandonaste junto a su madre no lo merece siendo ella no dejo ni que lo vea no tiene derecho.
mariela
Elena y Facundo esta como la canción es verdad que la costumbre es mas fuerte que el amor y todavía esta inseguro de lo que siente por Isabella y ahora que anda Julian rondando esta celoso aparte que Angel al no tener hijos se convirtió en algo importante en su vida total que por costumbre o lástima no deja a Elena.
Sandra Maritza Mesa
yo tampoco entiendo esa relación trato de verla por todos ángulos y no encuentro respuesta llevan 15 años párese unos buenos conocidos
Sandra Maritza Mesa
es enserio es idiota o se hace 🤣🤣 necesita escuchar que le digan que si desgraciado
Sandra Maritza Mesa
que señora tan atrevida pare suegra tóxica 🤣las mujeres pelean cuando siente que lo que tiene no le pertenece.
Sandra Maritza Mesa
hay ahora sí llore de tanta felicidad y esperanza 👏👏👏🙏
Sandra Maritza Mesa
hay casi lloro de la preocupación hay Facundo te vas a meter poquito a poquito 👏👏🙏
Sandra Maritza Mesa
esa es 👏👏se que lo van a lograr
Sandra Maritza Mesa
ella era su base, quiero ver la cara de idiota,y perder una gran mujer y a su hijo 🤣👏👏
Sandra Maritza Mesa
me encanta las novelas que destruyen por dentro a alguien pero el karma es mi esperanza, que empodera y transforma, desgraciado lo veré arrastrado simplemente no la amaba porque cual era el problema de salir adelante juntos ahora le tocaba a él ayudar la a ella es un imbécil pero quiero verlo arrastrado 🤣 está buena 👏👏
Claudia Patricia Cruz Saa
Entonces sí eran pareja o no
Autora dramatisas mucho en cada capítulo y describes demasiado cosas que no son tan importantes y esto evita que avances con la historia y aclares lo verdaderamente importante
Sandra Maritza Mesa: si loca 🤣 no solté la novela hasta que llegue aquí, quiero máaaaaaaaaaas está buena 👏👏
total 1 replies
Isela Aguirre
excelente inicio felicidades autora saludos
Lilia Guerra
listo Facundo y Elena son pareja
ósea marido y mujer
Lilia Guerra
sigo sin entender la relación de Facundo y Elena no sé sin novio marido y mujer, compañero de trabajo, amigos 🤔🤔
necesito claridad en esa relación
Lilia Guerra
sigo sin entender la relación de Facundo y Elena 🤔🤔
gracias autora activa 🎁👍
mariela
Desde su embarazo y el negocio que hicieron hay química el problema es Elena que no deja a Facundo sabiendo que el agradecimiento no es amor.
mariela
Que comodidad Julian el no sabia claro que sabias que cuando te fuiste ella te dijo que estaba embarazada pero como ella era un lastre en tu vida te hiciste la vista gorda no me importa y ahora que ves a Ángel interactuando con Facundo con familiaridad te da escozor de lo que te haz perdido nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Lilia Guerra
He leído todos los capítulos
y todavía no entiendo esa relación
de Facundo y Elena🤔🤔
Emperatriz Reales: No hay ninguna relacion, dos tontos enamorados el con un compromiso de antaño, 15 años comprometidos y no tienen edad para casarse, angel los va alcanzar en edad, y isabela, no se sabe q sienye
total 1 replies
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