Laura murió después de descubrir la verdad.
Durante diez años, su esposo Manuel y su supuesta mejor amiga, Ariana, la engañaron, destruyeron sus sueños y estuvieron detrás de la tragedia que acabó con su familia. Protegidos por el poder de los Betancourt, nunca pagaron por sus crímenes.
Pero Laura despertó diez años atrás.
Esta vez conoce sus secretos. Sabe quiénes son. Sabe lo que harán.
Y no piensa volver a ser su víctima.
Para derrotarlos necesitará el mismo poder que una vez los protegió. Por eso pondrá sus ojos en Don Álvaro Betancourt, el padre de Ariana.
Se convertirá en su amante.
No por amor.
Por venganza.
Laura no vino a negociar. Regresó para destruirlo todo, aunque tenga que quemar su propio corazón en el camino.
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La farsa y la mirada
El camino de regreso a la universidad me dio tiempo para pensar, para recordar todo lo que antes pasé por alto.
Había ido a casa de Ariana muchas veces. Demasiadas. Ella siempre decía que no entendía las matemáticas, que la historia se le olvidaba, que sin mí jamás habría logrado entrar a la universidad. Y era verdad. Yo pasaba horas explicándole, repasando con ella, ayudándola a preparar cada examen. No lo hacía por interés ni por obligación: lo hacía porque creía que era mi mejor amiga. Lo que no sabía entonces era que, además de mi ayuda, contaba con algo mucho más poderoso: la generosa donación de su padre a la institución. Ariana no entró solo por mis apuntes. Entró porque Don Álvaro Betancourt abrió las puertas con su nombre y su dinero.
Y en todas esas visitas, había algo que siempre sentí, pero que nunca quise reconocer.
Cada vez que él llegaba a casa, cada vez que pasaba por la sala donde estudiábamos, sus ojos se detenían en mí. No era la mirada amable de un padre que ve a la amiga de su hija. Era distinta. Más larga. Más atenta. Me ofrecía té, me preguntaba cómo iba todo, se detenía a hablarme unos minutos… sin cruzar jamás un límite visible, sin decir nada inapropiado. Pero esa mirada… esa mirada no era inocente.
En mi otra vida, Ariana me lo contó muchas veces, entre lágrimas y rabia. Su padre no había sido fiel nunca. Secretarias, asistentes, jóvenes que pasaban por su vida y desaparecían. Ninguna importaba de verdad… hasta que llegó Dominica. Ella fue la que lo envolvió, la que lo convenció de dejarlo todo. Se divorció de la madre de Ariana, les dio dinero, una pensión generosa, todo lo material que pudieran necesitar… pero se las llevó la dignidad. Aún recordaba la voz rota de Ariana, abrazada a mí, llorando:
—Esa maldita mujerzuela… solo porque es joven y bonita. ¿Por qué mi padre tiene que ser tan tonto? ¿Por qué nos abandona así?
Seis años. En mi otra vida, eso faltaba para que el divorcio ocurriera. Seis años de silencios, de apariencias, hasta que Deborah apareció y rompió todo.
Pero esta vez… esta vez no esperaré.
Una idea empezó a formarse en mi mente, fría, nítida, sin rastro de duda.
¿Y si yo me adelanto? ¿Y si yo me convierto en esa mujer antes de que ella aparezca?
Soy joven. Soy hermosa. Y tengo razones que Deborah jamás tuvo. No busco su dinero: busco justicia. Busco destruir el pilar sobre el que Ariana apoya todo su poder. Si logro que Don Álvaro se fije en mí, si hago que me prefiera, que deje a su esposa, que rompa su hogar… entonces Ariana quedará sin su mayor protección. Su madre sufrirá la misma humillación que planeó para la mía. Y el hombre que todo lo podía… estará en mis manos.
—¿Qué sonríes? —me preguntó una compañera al sentarme a mi lado.
—Nada —respondí, borrando la expresión de golpe—. Solo pensando.
Pensaba en todo lo que tenía a mi favor: él ya me miraba de esa forma. El terreno estaba abonado. Su matrimonio era de pura apariencia, como Ariana misma me había contado. Solo necesitaba dar el paso correcto, en el momento exacto.
Usaría mis armas. Mi juventud. Mi cara. Mi capacidad de fingir lo que él quisiera ver. Seré dulce, seré atenta, seré la mujer que él sueña… y cuando esté completamente enamorado, cuando me crea suya… entonces destruiré todo lo que ama. Su familia. Su nombre. Su lealtad hacia su propia hija.
Ariana lloró por Dominica. Pues que llore por mí. Que vea cómo su propio padre prefiere a la mujer que ella cree su mejor amiga. Que sienta en su propia carne lo que es perderlo todo.
—Eso haré —susurré para mí misma, mientras la clase comenzaba—. Seré yo quien rompa su hogar. Seré yo quien le quite a su padre. Y no pararé hasta que cada uno de ellos pague.
Miré hacia donde estaba Ariana, conversando con otras, riendo como si nada. No tenía ni idea de que la guerra ya había comenzado. No tenía ni idea de que yo ya había decidido ser su pesadilla.
Sonreí. Una sonrisa suave, amable… y letal.
es increíble como puede manipular así
espero con ansias los siguientes capítulos
con esa familia , y no termines vos perdiendo tu vida en una trampa de ellos 🤔😕