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Mi Querida Enemiga!

Mi Querida Enemiga!

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Atracción entre enemigos
Popularitas:530
Nilai: 5
nombre de autor: RealtiveRat

Un listón morado. Un brazalete rojo. Y una regla que ninguno debe romper.

​En la prestigiosa Academia Élite Amagi, la guerra entre chicos y chicas no es un juego: se dividen en pabellones opuestos, compiten por cada rincón del campus y nadie se atreve a cruzar "La Línea Roja".

​Al frente de esta rivalidad están Aoi Kisaragi, la implacable y elegante presidenta de las chicas, y Ren Kageyama, el imponente y serio líder de los chicos. Para todos en el colegio, son rivales acérrimos que no se pueden ni ver.

​Pero detrás de su mirada fría y su postura inquebrantable, Ren guarda el secreto más peligroso de la academia: lleva más de un año perdidamente enamorado de Aoi.

​¿Qué pasará cuando un encuentro fortuito a solas amenace con sacar a la luz su secreto? En un internado donde amar al enemigo es una traición, mantener las apariencias será su batalla más difícil.

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El Brazalete Rojo y el Listón Morado

El comedor central de la Academia Élite Amagi no era un lugar para comer en tranquilidad; era un campo de batalla invisible.

A pesar de que todos vestían el mismo uniforme institucional de color verde esmeralda y corte elegante, la diferencia entre ambos bandos era abismal.

A la izquierda, las chicas lucían un listón morado clarito atado al cuello, impecable y estilizado. A la derecha, los chicos llevaban un pañuelo rojo amarrado con firmeza alrededor del brazo izquierdo.

Divididos por una amplia franja de mármol en el suelo —conocida por todos como "La Línea Roja"—, los dos bandos compartían el mismo aire, pero nunca la misma mesa.

En medio de la multitud, las miradas chocaban. Pero la tensión real se concentraba en el centro del salón, donde las dos figuras más influyentes de la academia estaban cara a cara.

—Te estás interponiendo en el camino, Kageyama —dijo Aoi Kisaragi, acomodándose el listón morado de su uniforme mientras lo miraba con una frialdad calculada.

Aoi, la presidenta del bando femenino, vestía su traje verde sin una sola imperfección. Su postura erguida y su mirada afilada imponían respeto instantáneo.

Ren Kageyama, el presidente del bando masculino, dio un paso al frente sin pestañear. Ajustó ligeramente el pañuelo rojo de su brazo izquierdo y, con las manos en los bolsillos y una expresión serena pero dominante, no dio ni un milímetro de espacio.

—Este sector del pasillo está reservado para la logística de los chicos durante el almuerzo, Kisaragi —respondió Ren con voz firme y profunda—. Si las chicas quieren pasar al jardín, tendrán que dar la vuelta o pedir permiso amablemente.

Alrededor, los murmullos estallaron entre los estudiantes.

"¡Ahí están otra vez!", "¡Los dos presidentes van a chocar!", "¡No le cedas nada, Presidenta Kisaragi!", "¡Hazte respetar, Kageyama!".

Para todo el colegio, Ren Kageyama era un muro infranqueable. Un líder serio, calculador y el rival número uno de Aoi Kisaragi. Todos veían en sus ojos una rivalidad feroz.

Pero ninguno de ellos podía leer sus pensamientos.

(Diablos... hoy se peinó diferente), pensó Ren, mientras mantenía su rostro completamente serio y frío frente a ella. (¿Por qué tiene que verse tan increíble cuando se enoja? Ese color verde y el listón morado le quedan demasiado bien... me va a matar un día de estos...)

Ren apretó disimuladamente el puño dentro del bolsillo para mantener la postura. Llevaba más de un año enamorado en secreto de la chica a la que se suponía que debía odiar.

Aoi dio un paso más cerca de La Línea Roja, cruzándose de brazos.

—¿Pedir permiso? En tus sueños. La semana pasada tus chicos ocuparon la cancha de entrenamiento fuera de horario. Considera este paso bloqueado como la compensación.

—Eso fue un ajuste de itinerario aprobado por la dirección —replicó Ren, dando medio paso adelante. Quedaron a escasos centímetros de distancia, mirándose fijamente a los ojos.

La tensión entre ambos hacía que nadie se atreviera a hacer ruido.

—Ajuste o no, no voy a retroceder, Kageyama.

—Yo tampoco, Kisaragi.

Un duelo de miradas sostuvo el aire por unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, la campana de regreso a clases resonó por los altavoces, rompiendo el trance.

Aoi soltó un leve suspiro de molestia, dio media vuelta sobre sus talones y caminó de regreso con su grupo.

—Nos veremos en la reunión del comité central, Kageyama. Y no pienses que las chicas cederán el presupuesto del club de arte.

—Estaré esperando, Kisaragi —respondió Ren con tono neutral, viéndola marchar.

En cuanto las chicas desaparecieron por el pasillo, los chicos rodearon a Ren dándole palmaditas en la espalda.

—¡Bien hecho, Presidente! ¡No les dejaste pasar ni un centímetro! —¡Esa Kisaragi siempre quiere tener el control de todo, pero tú no te dejas!

Ren solo asintió en silencio, fingiendo que le importaba la disputa por el pasillo, mientras su cabeza seguía atrapada en la imagen de Aoi.

Horas más tarde, la noche cayó sobre el internado.

El reloj marcaba pasadas las nueve. Las reglas de la academia eran estrictas: nadie podía estar fuera de sus dormitorios después del toque de queda, y mucho menos rondar por las zonas de encuentro mixtas.

En la parte posterior de la vieja biblioteca —un edificio antiguo que casi nadie usaba—, Ren caminaba a pasos silenciosos llevando una pequeña linterna apagada en la mano.

Subió las escaleras de madera hasta la parte alta, donde había un pequeño balcón oculto entre la vegetación de la fachada. Era su lugar secreto para alejarse del ruido de los chicos.

Pero cuando empujó la puerta del balcón, se detuvo en seco.

Bajo la luz de la luna, sentada en el borde del ventanal con las piernas cruzadas y un libro entre las manos, estaba Aoi Kisaragi. Ya no llevaba el listón morado ni la chaqueta verde del colegio, sino una ropa cómoda de descanso y el cabello suelto cayéndole por los hombros.

Al escuchar el crujido de la puerta, ella levantó la vista de golpe, abriendo los ojos de par en par al reconocerlo.

—¿Tú...? —susurró Aoi, poniéndose de pie en un segundo—. ¿Qué haces aquí, Kageyama? Si alguien nos ve juntos a estas horas...

Ren se quedó paralizado en la entrada, mirando a la chica que ocupaba todos sus pensamientos.

El corazón de Ren empezó a martillar dentro de su pecho. Su secreto mejor guardado estaba a punto de quedar al descubierto!!!

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