Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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¡A TRABAJAR!
KRISTEN WHITAKER
Cómo era de esperarse, mi madre me peinó con más atención de la que pondría en un día normal como cualquier otro.
Cuando me miré al espejo, sonreí porque me veía linda, pero al saber que era para ir a cenar a casa de los McCade, mi ánimo decayó brutalmente.
Al entrar en la casa de los vecinos no vi las cajas, lo cual fue positivo.
--Dante, ven a saludar a Kristen-- pidió su madre
Él caminó hacia mí arrastrando los pies. Eso bastó para enfadarme.
--Hola-- saludó por obligación
--Hola-- respondí únicamente porque mis padres me estaban mirando
Yo me sentía incómoda y aburrida. Los adultos parecieron notarlo.
--Dante, ¿por qué no le enseñas a Kristen tu habitación?-- propuso su madre
Mi madre sonrió como si fuera una idea maravillosa y sabía que no debía contradecirla. Seguí a ese niño molesto porque no tuve más opción.
Él entró primero y dejó la puerta abierta para mí. No fue un caballero como mi papá con mi mamá.
--Tu habitación es fea-- dije con sinceridad, sabiendo que mis padres no estaban cerca
Era mi pequeña venganza porque él había insultado a mi muñeca.
Lo vi sonreír.
--Porque eres una princesa y esta es una habitación de niño grande
Lo vi sonreír con orgullo mientras señalaba sus cosas.
--Es fea. Los dinosaurios no tenían automóviles
Señalé hacia una esquina donde tenía coches con dinosaurios en el interior.
--Me gustan así
--Es feo
Noté que su sonrisa se borraba. Había conseguido molestarlo tal como él siempre hacía conmigo.
Perfecto.
La cena transcurrió con nuestros padres animados, hablando de muchas cosas, mientras nosotros permanecíamos sentados, mirándonos con enfado. Dante no quería que yo estuviera en su casa. Yo tampoco tenía ningún interés en estar allí, pero los dos estábamos obligados.
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Los días comenzaron a transcurrir de la misma manera. Nuestros padres eran cada vez más cercanos y hasta habían ido a pescar juntos. Nuestras madres muchas veces iban juntas al supermercado o a la peluquería.
El cambio mayor fue cuando ellos dejaron de ser llamados "nuestros vecinos" y se convirtieron en "nuestros amigos".
Lamentablemente, eso significaba que nos veíamos demasiado seguido. Yo odiaba aquello. Sus padres parecían buenos y eran amables, pero su hijo ni siquiera se peinaba. Él seguía siendo demasiado desprolijo para ser mi amigo.
Luego llegaron las clases. La madre de Dante trabajaba en una escuela diferente a la que él asistiría y mi madre, siempre tan buena, generosa y colaboradora, se ofreció a acompañarlo a él también.
Cabe destacar que mamá no trabajaba, solamente papá. A diferencia de los McCade.
Como Dante había perdido un año, según dijo su madre, comenzó primer grado teniendo siete años, a diferencia de mí, que lo hice con seis.
Lo más molesto era que él acababa sus tareas demasiado rápido y sin mucha dificultad. Cada vez que hacía eso, me miraba y sonreía desde su pupitre, únicamente para molestarme.
Con el transcurso de los meses, yo me esforcé para aprender más rápido, aunque eso significó pedirle a mi madre que me ayudara a practicar y que preparara ejercicios adicionales para ayudarme. Funcionó.
Únicamente por competir contra Dante fue que logré convertirme en la niña más estudiosa de nuestro salón.
Entonces, en agosto, llegó mi cumpleaños y, como Dante era el niño que debía asistir porque sus padres también irían a mi fiesta únicamente por ser íntimos amigos de mis padres, tuve mi primera venganza.
Cumpleaños de princesas. Nadie entraba si no estaba vestido de esa manera. Creí que eso mantendría a Dante alejado.
Spoiler: no funcionó.
Su madre le había puesto una corona de princesa y una especie de capa rosa con brillos.
Nos causó gracia. A todas.
Al cabo de varios minutos, él empezó a sonreír. Eso traería una venganza. Lo sabía.
Y dicha venganza ocurrió en diciembre, para su cumpleaños número ocho, cuando él tenía una fiesta de disfraces de Toy Story. Pero ¿saben qué hizo este engendro malvado? Le dijo a mi madre que sería de Shrek.
¿Pueden adivinar quién fue con un gran disfraz de ogro?
Allí entendí algo más sobre este vecino insoportable. Él podía esperar para vengarse y lo hacía con todo gusto.
Y así, durante ese mismo año, vimos a nuestros padres todavía más cercanos, manteniendo conversaciones más largas de lo habitual. Ellos hacían cuentas en papeles y hablaban de cosas que nosotros no alcanzábamos a entender.
Fue por eso que Dante y yo nos acercamos. Tuvimos una tregua de diez minutos después de una guerra declarada desde hacía mucho tiempo. El objetivo era saber qué estaban planeando e impedirlo.
Entonces llegaron nuestras vacaciones de verano. Ese era el momento más esperado y, con ellas, la promesa de un viaje emocionante, una aventura familiar inolvidable.
Recuerdo ese día como si hubiera sido ayer. Subimos a nuestro coche. Yo llevaba mis crayones, una libreta y mi muñeca favorita hasta que noté que el automóvil de los McCade iba delante del nuestro.
--¿Por qué estamos detrás de ellos?-- pregunté
--Es una sorpresa, cariño. Ya lo verás-- dijo mi madre y sonrió
El trayecto duró poco para lo que esperaba. No era un viaje a un lugar lejano y, lo peor, era que el automóvil de los McCade se mantuvo delante del nuestro durante todo el camino.
Nuestros padres nos llevaron a un campo.
¡A trabajar!
Ellos habían planeado criar animales juntos. Los dos habían invertido dinero en aquel lugar. Papá y Richard McCade comenzaron a quitar maleza y también a arreglar los corrales, mientras que nuestras madres empezaron a limpiar el interior del rancho.
A nosotros nos enviaron a las que serían nuestras habitaciones para limpiar y ordenar nuestra ropa.
Oficialmente, nuestros padres querían hacernos sufrir porque no nos soportábamos y ahora ni siquiera estaríamos lejos el uno del otro durante las vacaciones.
¿Eso era lo peor?
Oh, no.
Lo peor fue enterarnos de que cada fin de semana iríamos allí... durante años.
saluditos...
Gracias autora por compartir tu talento con nosotros 🙏👏