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Sariel. Él Inicio De La Eternidad

Sariel. Él Inicio De La Eternidad

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:52
Nilai: 5
nombre de autor: victoria illescas

Sariel portador del séptimo rayo, es elegido por el dios del amor para ser su guardián en la tierra humana, mientras trata de ser el observador cósmico del creador , conocerá la fragilidad de su esencia al conocer el sentimiento que solo los mortales estaban condenados a sentir , él amor , acompaña al guerrero de amatista a encontrar su verdadera misión entre él cielo, la tierra y el infierno en ese extensa línea de la Eternidad

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capítulo 20. Exilió

Capítulo 20. Exilió

Lejos del Balcón de las Estrellas, en un rincón de los campos de entrenamiento donde la luz se tornaba de un violeta profundo, Sariel envainaba su arma con una determinación que rayaba en la desesperación. Zadquiel lo observaba en silencio, sintiendo a través de su vínculo gemelo cómo la energía del rayo púrpura de su hermano vibraba con una nota de despedida.

- He tomado una decisión, Zadquiel ,dijo Sariel, sin mirar a su hermano

- No puedo seguir respirando este mismo aire sin que el pecho me estalle. El rayo se está volviendo errático porque mi voluntad está dividida entre mi deber y lo que siento por Alanis.

Zadquiel dio un paso hacia él, sintiendo una punzada de dolor en su propia esencia.

- ¿A dónde piensas ir, hermano?

- A los confines , respondió Sariel con firmeza. Me uniré a los centinelas que luchan contra la oscuridad en las fronteras exteriores. Allí, donde el vacío es absoluto, mi luz tendrá un propósito real y no se perderá en este anhelo inútil. La batalla me obligará a concentrar toda mi energía, y quizás así, el rayo púrpura recupere su pureza al servicio del cielo.

Sariel se giró por fin, y sus ojos reflejaban una nobleza que partía el alma.

- Pero no puedo irme como un cobarde, Zadquiel. Antes de partir, buscaré a Alanis. Le pediré perdón por insultar su dignidad con mi beso, le diré que el amor que siento por ella me quema, le diré la razón de mi silencio y el porqué de mi partida. Se lo diré para que sea libre de mi sombra, y luego me marcharé para siempre.

- Miguel no la ama y yo me apartaré para no desviarla de su misión

Zadquiel bajó la cabeza, sintiendo una ironía cruel que Sariel no podía percibir. , no tenía idea de que, en ese mismo instante, los arcángeles estaban juzgando a Miguel por ese mismo amor que el sentía por Alanis

- Sariel… comenzó Zadquiel, con la voz cargada de una advertencia que no se atrevía a soltar por completo, a veces el sacrificio que creemos más noble es el que más caos provoca. ¿Estás seguro de que hablar con ella ahora es lo mejor?

- Es lo único honesto que me queda, hermano , sentenció Sariel, llevo días sintiendo la culpa de lo que hice, dijo Sariel ajustándose la armadura. Despídeme de los demás. Cuando el sol se oculte tras los Jardines de Cristal, yo ya estaré camino a las fronteras.

La tensión entre los gemelos se volvió casi eléctrica, un reflejo de la inestabilidad que el rayo púrpura proyectaba sobre el suelo de cuarzo. Zadquiel sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal; la conexión que compartían le enviaba oleadas de una determinación suicida por parte de Sariel.

- ¡No puedes hacerlo, Sariel!, exclamó Zadquiel, sujetando a su hermano por los antebrazos para obligarlo a detenerse

- Ese “sacrificio” que planeas no es más que una huida. Si vas ahora con Alanis y le entregas tu corazón justo antes de marcharte a las sombras, le dejarás una carga que ella no pidió llevar. ¿Acaso eso es amor? ¿Dejarla con la culpa de tu exilio?

Sariel intentó zafarse, su mirada encendida con un fuego violeta que Zadquiel no había visto nunca.

- ¡Es mejor que este silencio que nos está matando a los dos!, rugió Sariel. Tú mismo lo dijiste: el rayo se vuelve pesado porque callo. Si hablo y me voy, el canal se limpia. Ella podrá seguir su ascenso sin que mi sombra se interponga, y yo encontraré la paz en la batalla. Esto Es lo más noble que puedo hacer por Alanis

Zadquiel apretó el agarre, sintiendo cómo la energía de su gemelo quemaba sus propias manos.

- ¿Nobleza? Sariel, estás asumiendo que ala necesita que te apartes, pero no tienes idea de lo que está ocurriendo en el consejo en este mismo instante. El equilibrio de los cielos no se arregla con mártires, se arregla con la verdad. Si te vas a los confines, me dejas a mí con la mitad de una conexión rota. No solo te sacrificas a ti, me condenas a mí a cargar con un rayo incompleto. ¡Quédate y enfrenta la tormenta aquí, con nosotros!

Sariel se quedó petrificado, la respiración agitada y el pecho subiendo y bajando con violencia. La mención de la conexión gemela fue lo único que logró perforar su coraza de dolor. Miró a Zadquiel a los ojos, viendo en ellos el reflejo de su propia agonía.

- Zadquiel… susurró Sariel, flaqueando por un segundo. No quiero condenarte. Pero si no le digo que me e voy por que la amo, si no le explico por qué mi luz se apaga cada vez que la veo sonreír a Miguel, terminaré convirtiéndome en la oscuridad que juré combatir. Solo déjame decir adiós. Una confesión, un último vistazo a su luz, y luego el olvido de las fronteras. Es mi última voluntad como tu hermano.

Sariel se soltó con un movimiento brusco y decidido, desplegando sus alas ahora teñidas de amatista. Sin esperar respuesta, se elevó hacia el Balcón de las Estrellas, ignorando los gritos de Zadquiel que intentaban advertirle que aquello que encontraría allí no sería la escena de amor que él imaginaba proteger.

Sariel buscó la esencia de Alanis , la encontró y voló con una velocidad que cortaba el viento, su rastro púrpura dejaba una estela eléctrica en el aire. Mientras tanto, en el balcón de las estrellas, la barrera de luz impuesta por los arcángeles seguía separando a Miguel y Alanis. El ambiente era de una solemnidad fúnebre, los líderes del cielo no cedían, y el castigo del exilio para Miguel ya era una sentencia firme.

De pronto, un estallido de energía violeta golpeó el borde del balcón. Sariel aterrizó con la fuerza de un meteorito, sus alas agitadas y su pecho subiendo y bajando con violencia.

- ¡Miguel! ¡Hermanos!, exclamó Sariel, sin notar en el primer segundo la barrera ni la expresión de horror en el rostro de Alanis —. He venido a…

Se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron con desmesura al ver a Miguel de un lado de la luz traslúcida y a Alanis del otro, ambos con los rostros desencajados por la angustia. El silencio que siguió fue más pesado que cualquier trueno.

- ¿Qué es esto? , susurró Sariel, su aura empezaba a fluctuar erráticamente. Alanis, yo… yo venía a decirte que me marcho. Que me voy a los confines para que tú puedas seguir con tu ascenso sin que mi amor por ti sea una sombra

Miguel bajó la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada a su hermano pequeño. Fue Gabriel quien habló, con una voz que pretendía ser justa pero que sonaba como una sentencia de muerte para la esperanza de Sariel.

- Sariel, llegas tarde a tu propio sacrificio , dijo Gabriel. Tu hermano mayor ya ha confesado lo que tú callabas. El consejo ha dictado sentencia y Miguel parte al exilio por el amor que siente hacia Alanis. Un amor que, al parecer, compartían ambos en secreto, fracturando el equilibrio de estos jardines

Sariel no podía creerlo, sintió como si el rayo púrpura en su interior se convirtiera en hielo. Miró a Miguel, luego a Alanis, y finalmente a sus propias manos que temblaban de rabia y dolor.

- ¿Tú también, Miguel? , preguntó Sariel, y su voz ya no era un susurro, sino un lamento que hizo vibrar los cristales del balcón

- ¿El hermano al que yo admiraba, por el que estaba dispuesto a dar mi propia luz en las fronteras, me ocultaba esto?

-¡Sariel, por favor! ,gritó Alanis desde detrás de la barrera, con lágrimas en los ojos. ¡No es como piensas! Él quería protegerte… ambos queríamos…

Sariel rugió de dolor, y una explosión de energía violeta pura emanó de su cuerpo, agrietando el suelo bajo sus pies

En ese momento, Zadquiel aterrizó tras su hermano, tratando de sujetarlo mientras el rayo púrpura se volvía negro en los bordes por la furia de Sariel. La escena que se estaba viviendo en el tercer cielo era el caos absoluto, Miguel exiliado, Alanis en silencio y Sariel, el más puro de todos, rompiéndose frente a los ojos de los arcángeles... Continuará

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